LITURGIA DEL DOMINGO
Sinopsis de Homilías de D. Pablo Martínez Martínez
Año 2007-08 - CICLO A


TIEMPO ORDINARIO
TIEMPO DE PASCUA
SEMANA SANTA
TIEMPO DE CUARESMA
TIEMPO ORDINARIO
TIEMPO DE NAVIDAD
TIEMPO DE ADVIENTO


Fuente: Parroquia de San Valero
23.11.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo
Ciclo A
Evangelio: Mt 25, 31-46
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles se sentará sobre el trono de su gloria. Todos los pueblos serán llevados a su presencia; y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, preso y fuisteis a estar conmigo. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos emigrante y te acogimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Luego dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui emigrante y no me acogisteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces responderán también ellos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o emigrante o enfermo o en prisión y no te asistimos? Y él les contestará: Os aseguro que cuando no lo hicisteis con uno de esos pequeñuelos, tampoco conmigo lo hicisteis. Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna».


Termina el año litúrgico. Cada año litúrgico es un resumen de la historia del mundo considerada bajo la Luz de Dios. Último y definitivo paso de esta historia, tan nuestra, será encontrarnos a rostro descubierto con la Verdad. El “juicio final”.

“Cuando venga el Hijo del Hombre en su Gloria....” San Mateo describe la Última Venida de Cristo en su Gloria de Dios. Con ÉL, “todos los ángeles”. Pastor y Juez, no sólo de Israel, como hemos escuchado en la [primera lectura y en el salmo], sino de todas las Naciones. Rey universal. Nos ha dicho San Pablo: Todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango el día de su Venida. Luego, el fin. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte.

La divinidad de Jesucristo, al igual que su humanidad, es en el Evangelio evidencia de Fe. Sentado en “el Trono de Gloria”, llama hermanos suyos a los hombres; lo que a “ellos” hicisteis a mí me lo hicisteis, sobre todo a los mas humildes.

“Serán congregadas ante Él todas las Naciones”. Por encima de quienes rigieron su destino temporal, todos los hombres que han constituido los diversos pueblos, tienen un solo Dios y Señor, que los llama a un único Reino trascendente. A la tarde del Juicio no cuenta el haber pertenecido a una u otra raza, tribu o institución, sino la respuesta personal de cada uno a la ley divino-humana impresa en el fondo de la conciencia.

“Entonces dirá el Rey....”. El Evangelio dice cuatro veces, —dos en boca de Cristo y otras dos en boca de los hombres—, el porqué de la definitiva sentencia eterna, para que se clave en la memoria y en el corazón de cada uno de nosotros. Sentencia afirmativa: “Entra en el gozo de tu Señor” porque ayudaste al hermano que tenía hambre y sed, al que carecía de vivienda o vestido, al enfermo, al privado de libertad. Sentencia negativa al que no lo hizo así.

La Misericordia es, en este mundo, la realidad concreta del Amor. Más exigente aún que la Justicia. El Amor es la sinceridad de la Fe. Cristo, Dios y Hombre, vive en cada uno de los hermanos y en cada uno le debemos servir. Mucho bien nos haría leer a Juan Pablo II a lo largo de la Encíclica “Rico en Misericordia”.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, ayúdame en la vida a ser peregrino atento; a ejercer la Misericordia, para alcanzar después en la muerte, la gozosa alegría que me dispensará el Señor en el último día.



Fuente: Parroquia de San Valero
16.11.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXXIII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 25, 14-30
Jesús dijo esta parábola a sus discípulos:: «El Reino de los Cielos es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus criados y les confió su hacienda. A uno dio cinco millones, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad; y se fue. El que había recibido cinco se puso en seguida a trabajar con ellos y ganó otros cinco. Asimismo el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno solo fue, cavó en la tierra y enterró allí el dinero de su señor. Después de mucho tiempo, volvió el amo de aquellos criados y les tomó cuenta. Llegó el que había recibido cinco millones y presentó otros cinco, diciendo: Señor, me diste cinco millones; aquí tienes otros cinco que he ganado. El amo le dijo: ¡Bien, criado bueno y fiel!; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor. Se presentó también el de los dos millones, y dijo: Señor, me diste dos millones; mira, he ganado otros dos. Su amo le dijo: ¡Bien, criado bueno y fiel!; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor. Se acercó también el que había recibido un solo millón, y dijo: Señor, sé que eres duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Tuve miedo, fui y escondí tu millón en la tierra. Aquí tienes lo tuyo. Su amo le respondió: Siervo malo y holgazán, ¿sabías que quiero cosechar donde no he sembrado y recoger donde no he esparcido? Debías, por tanto, haber entregado mi dinero a los banqueros para que, al volver yo, retirase lo mío con intereses. Quitadle, pues, el millón y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese criado inútil echadlo a las tinieblas exteriores. Allí será el llanto y el crujir de dientes».


En el Evangelio de este domingo hemos escuchado la Parábola de los Talentos que nos da a entender cual ha de ser la vocación del cristiano durante toda la vida, que es buscar la Gloria de Dios, es decir, trabajar por la Extensión de su Reino. Tres perspectivas se presentan a nuestra consideración: el tiempo—el encuentro con el Señor—el final del tiempo (la eternidad).

El tiempo que dura la vida de cada uno. Antes de proclamarlo, Jesús vivió largos años en Nazaret el Evangelio del trabajo. Trabajo con sus manos y con su pensamiento. En su hogar jamás tuvo lugar la pereza, como tampoco la frivolidad. Las parábolas de Jesús Maestro reflejan la finalidad del trabajo, que, tiene que ser, “dar fruto”. Como el trigo, como la vid. Porque el hombre es colaborador de Dios. Fruto que redunde siempre en servicio a Dios y a los hermanos los hombres. Sabiendo Jesús que sus paisanos tenían clara idea de que el dinero también tiene que “fructificar”, les propuso esta parábola. Un propietario se ausenta y confía su hacienda a varios administradores. San Mateo expresa las cifras en “talentos”, unidad máxima de entonces, que equivalía a unos treinta quilos de plata. Al regresar, el propietario felicita y premia a los que han administrado con diligencia; y reprueba al perezoso inútil.

El encuentro con el Señor. En esta parábola tal como la entendió, la Iglesia de los Apóstoles, y la resume por escrito San Mateo según acabamos de escuchar, el Señor es Cristo. El “mucho” tiempo de su Ausencia es la vida de la Iglesia en el mundo y la de cada cristiano dentro de ella. El encuentro con el Señor será la hora de su venida. La gloriosa Venida del Señor que se va realizando en el paso de cada uno a la eternidad. Los “talentos” sigifican la concreta capacidad de hacer el bien que Dios ha confiado a cada uno.

El Gozo definitivo. Sublime ofrenda la de los servidores de Cristo, que, al fin de la jornada, le devuelven su propia vida –TESORO DE DIOS— enriquecida al ciento por uno. Diligente fidelidad a la Gracia que recibieron. Diligencia que significa “amor”. No se les felicita por la “cantidad” que ofrecen, tan diversa, sino por el amor con que han realizado su trabajo. A todos les dice por igual: “entra en el Gozo de tu Señor”, ETERNAMENTE. Por contraste, el perezoso inútil. Intenta cubrir su egoísmo, con la crítica y el insulto. Pierde la eternidad porque ha perdido su tiempo. Si no ha querido trabajar y fatigarse, si no ha sido “diligente”, es porque no amaba al Señor.

Madre mía Virgen del Pilar, Tú que con diligencia, presteza y amor, te prestaste en todo momento a trabajar en la extensión del Reino de Dios y de atender a los hombres tus hermanos. Solamente recordaré, para provecho mío propio y de todos vosotros, el momento en que, enterada de que Isabel estaba en cinta, acudiste con presteza para atenderla en tal necesidad. Ayúdanos a imitarte.



Fuente: Parroquia de San Valero
09.11.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán
Ciclo A
Evangelio: Jn 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: - «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: -«¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: -«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: -«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo habla dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.


En la Iglesia Católica se le da el nombre de Basílica a ciertos templos. Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de Letrán. Esta basílica es la Catedral del Papa y la más antigua de todas las basílicas de la Iglesia Católica. En su frontis, tiene esta leyenda: "Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad y del mundo".

El Profeta Ezequiel anuncia que la Gloria de Dios vuelve al Templo, y Dios habitará en medio de su Pueblo para siempre. La fuente y la vida que manan del Templo, son imagen de Cristo, que es el verdadero templo, del que brota la fuente de agua viva. Jesús mismo dijo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí”; y en otro lugar añadirá: “Yo soy el camino, la verdad y la Vida”.

Jesucristo Templo de la Divinidad. “El celo de tu casa me devora”. Jesús, lleno de celo por la Casa de Dios, los echó del Templo diciendo: “Mi casa es casa de oración y vosotros la habéis convertidos en un mercado”. Con estas palabras resumieron los Discípulos aquella reacción de su Maestro contra quienes habían convertido en mercado los atrios del Templo. El Templo es la Casa de Dios. Espacio consagrado, donde la presencia de Dios tiene que hacerse palpable. Quien entra en el Templo, debe dar, a esta presencia, su pensar y sentir, toda palabra y toda actitud. Por ser Hijo de Dios, Cristo llamaba al Templo “La casa de mi Padre”. En él fue presentado niño por María; en el consagró su juventud. Unos cuantos prepotentes del alto sacerdocio judío habían montado allí su negocio. Sobre todo la familia de Anás. No le perdonaron aquel acto de denuncia. Fue una de las razones, seguramente la principal, de la condena contra Jesús dictada por el Sanedrín. El “celo” o amor ardiente por la casa de Dios lo “devoró”; es decir, fue la causa de su muerte.

“Hablaba del Templo de su Cuerpo”. Podéis destruir este “Templo”, que yo lo levantaré (lo “resucitaré”) en tres días. Se refería a su Muerte y Resurrección. Su “Cuerpo” quiere decir la plena realidad concreta de su ser. A partir del Misterio Pascual, el Cuerpo de Jesús Glorificado es el “Templo” de la Divinidad.

San Pablo explica a los Corintios, y a todos nosotros, que el cristiano es templo de Dios, levantado sobre el fundamento único, que es Jesucristo. El Templo material es signo de esta realidad espiritual, que es cada cristiano. Somos todos, y cada uno, templos de Dios, Consagrados a Dios desde el Bautismo. Somos verdaderas “piedras vivas” de la Iglesia, que debe crecer con nuestra colaboración. Debemos irradiar a Cristo y atraer hacia Él a otras personas.

Que la Virgen del Pilar nos alcance la gracia de saber estar en el Templo, en actitud constante de oración, y de sentirnos miembros vivos de la Iglesia.



Fuente: Parroquia de San Valero
02.11.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXXI Semana del Tiempo Ordinario
Commemoración de Todos los Fieles Difuntos
Ciclo A
Evangelio: Jn 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
- Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
- Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.


Celebramos hoy con toda solemnidad la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Nuestra Santa Madre la Iglesia, siempre mirando por el bien de sus hijos, ha establecido esta celebración, que aún cayendo en Domingo, la antepone para darnos a entender el interés y aprecio que tiene y que a nosotros nos inculca por ellos.

Si ayer festejamos a todos los santos y, especialmente a todos aquellos que no contemplamos en los altares pero que gozan de Dios para siempre, de la misma manera que cada uno de ellos. Hoy nuestra mirada se dirige a todos los fieles difuntos para ofrecer la Misa por todos ellos que viven, en el Purgatorio, purificando sus faltas y anhelando pasar a contemplar a Dios y vivir en Él y con todos los santos para siempre.

El hecho de la muerte, con toda su crudeza, nos revela algo que todos sabemos: que la vida del hombre es como una sombra que pasa. El tiempo consume rápidamente nuestra vida y nos seguimos preguntando: ¿cuál es el sentido de la existencia? ¿Merece la pena si todo acaba en la muerte? ¿Merece la pena tanto trabajo y sufrimiento? Hoy acabamos de escuchar en el Evangelio a Jesús, que nos dice: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones y voy a prepararos sitio para que, donde esté yo, estéis también vosotros. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Nosotros, aquí, en la Iglesia, desde hace más de dos mil años, estamos seguros de haber encontrado una respuesta a esas preguntas, una respuesta que se nos ha dado gratuitamente. Una respuesta a la altura de la dignidad del ser humano. Esta respuesta está en Cristo Jesús muerto y resucitado, en el Jesús real que vivió en este mundo haciendo el bien, y que lo mataron para darnos a nosotros la VIDA. Esa VIDA, que vieron y experimentaron los Apóstoles, testigos que hasta hoy nos han transmitido como buena noticia. San Pablo, escribiendo a los fieles de Corinto, les dice: “Aquí se siembra un cuerpo en corrupción y resucita en incorrupción. Se siembra en vileza y resucita en gloria. Se siembra en debilidad y resucita en fortaleza”. También nos dice en otro pasaje: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el entendimiento humano llega a comprender lo que Dios ha preparado para los que le aman”. Dios transformará en criaturas nuevas a quienes murieron en Cristo. Los textos litúrgicos señalan que les ha devuelto aquel vestido de inocencia recibido en el Bautismo. Los creyentes en Cristo, caminamos hacia la eterna compañía de Dios; donde cada cual será él mismo, pero liberado de las imperfecciones de esta tierra. El Apocalipsis señala: “Seremos ciudadanos de una tierra nueva y un cielo nuevo”. Y añade: “Donde no habrá ya muerte, ni habrá llanto, ni gritos, ni fatiga, porque el mundo viejo ha pasado”.

Ésta es la enseñanza de Jesucristo que se nos da a través de la Iglesia por Él fundada. Claro está, que muchos de nosotros necesitaremos una purificación en el Purgatorio, que es un estado de los que mueren en amistad con Dios, pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan purificarse para entrar en la eterna bienaventuranza. De ahí la necesidad de esta celebración, a favor de todos estos difuntos, por los que rezamos y ofrecemos sobre todo el sacrificio de la Eucaristía, especialmente en este mes de Noviembre dedicado a ellos, sobre todo los nueve primeros días del mes.

Virgen del Pilar aboga a favor de todas las almas del Purgatorio, en todo momento y en especial en este día.


Fuente: Parroquia de San Valero
01.11.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Todos los Santos
Ciclo A
Evangelio: Mt 5, 1-12a
Al ver las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos; y se puso a enseñarles así: «Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de Dios. Dichosos los afables, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los afligidos, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcazarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por ser justos, porque de ellos es el reino de Dios. Dichosos seréis cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros toda suerte de calumnias por causa mía. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».


La sociedad nos ofrece ejemplos sobresalientes de hombres y mujeres que sobresalen en el mundo del deporte y del espectáculo, atrayendo la admiración de millones de fans. También la Iglesia nos presenta en la pantalla de la Liturgia, multitud de personas que merecen la admiración de millones de creyentes. Los santos son los que brillan en el arte más divino y en la competición más humana: LA SANTIDAD. Hoy se presentan todos juntos para provocar su imitación; y sobre todo aquellos que no tienen altar ni imagen y que, no por eso, desmerecen en nada de los que nos son tan familiares en nuestras oraciones (quizás parientes nuestros, amigos, conocidos).

Porque, si para ser fans de los ases del deporte, basta verlos desde una butaca o graderío, para ser cristianos no basta admirar a los santos en sus peanas, sino que es preciso imitarles en la vida de cada día. Y es que la santidad es la vocación más esencial del ser humano. “Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”, nos dice San Pablo, cuyo año jubilar estamos celebrando. La santidad no es exclusiva, como un coto cerrado para unos pocos escogidos, sino una llamada universal para todos aquellos que quieran ser fieles a su humanidad y cristianismo.

La Liturgia de la Iglesia peregrina se une hoy a la de la Iglesia celestial para celebrar a Cristo Señor, fuente de la santidad y de la gloria de los elegidos, “muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas”. Todos están “marcados en la frente” y “vestidos con vestiduras blancas”, lavadas “en la sangre del Cordero”. Marca y vestidos son símbolos del Bautismo que imprime en el hombre el carácter inconfundible de la pertenencia a Cristo y que, purificándolo del pecado, lo reviste de pureza y de gracia en virtud de su sangre. Pues la santidad no es otra cosa que la maduración plena de la gracia bautismal, y así, es posible en todos los bautizados. A cada uno de nosotros nos toca hoy crecer en la fe recibida, a imitación sobre todo de Nuestra Madre Inmaculada la Virgen del Pilar, que creció hasta ser la LLENA DE GRACIA.



Fuente: Parroquia de San Valero
26.10.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXX Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 22, 34-40
En aquel tiempo cuando los fariseos oyeron que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, doctor en la ley, le preguntó para tentarlo: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el principal y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se resume toda la ley y los profetas».


Para el pueblo de Israel, la “Ley” era el valor determinante; expresión del pensamiento de Dios. La perfección humana se alcanza a través de su cumplimiento y es garantía de felicidad. Jesús, como perteneciente al pueblo de Israel, la asumió y la cumplía. La llamaba “Voluntad del Padre”. La interpretaba como quien es Maestro y Señor. Por eso, sus adversarios lo tildaron de poco respeto a la “Ley”. A propósito de élla, le dirigían en público preguntas capciosas.

Hoy, en el Evangelio que acabamos de escuchar, le preguntaron para ponerlo a prueba: Maestro ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley”? Entre la infinidad de “mandamientos” ¿cuál es el principal? (Una respuesta desenfocada lo desacreditaría ante los Doctores y lo podía comprometer ante la Autoridad). “Jesús contestó:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. Estas palabras eran raíz y entraña del alma de su pueblo. Las rezaban todas las mañanas y todas las noches. Escritas en su vestido y sobre el dintel de su hogar. Morían con ellas en los labios. Amar a Dios es plenitud del hombre. Dios único y eterno centro de su vida... Amar a Dios, incluye la fidelidad, gratitud, adoración, y el mismo pensar y querer.

“El segundo es semejante al primero: amarás al prójimo como a ti mismo”. El primer mandamiento no puede ir solo, porque el segundo es semejante a él. Un discípulo del Evangelio no puede amar a Dios sino a través del prójimo. Y el prójimo es toda persona humana. Amar es querer bien y hacer el bien; sobre todo a quien más lo necesita.

“Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”. En “La Ley y los Profetas”, estaba contenida toda la Revelación en el pueblo de Jesús. Eran Palabra de Dios. El amor cristiano no suprime ningún valor; los eleva todos. Cuanto es bueno, recto y justo, igual en los momentos heroicos como en la sencillez de cada día, el discípulo del Evangelio lo realiza no por fuerza ni por rutina sino con plena y cordial libertad, que es aliento de la presencia de Dios.

Aprendamos de nuestra Madre Inmaculada, la Virgen del Pilar, que amó ardorosamente siempre y en todo momento a su Dios y Señor, sin descuidar amar y atender también al prójimo, como lo hizo en las bodas de Caná y en otras muchas circunstancias. Imitémosla y, si se nos hace difícil, imploremos su eficaz ayuda con la esperanzadora oración del “Acordaos” o “Bajo tu amparo”.



Fuente: Parroquia de San Valero
19.10.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXIX Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 22, 15-21
Entonces los fariseos se retiraron y se pusieron de acuerdo para ver cómo podían cazarle en alguna palabra. Y le enviaron a sus discípulos, con los herodianos, a que le preguntaran: —Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas de verdad el camino de Dios, y que no te dejas llevar por nadie, pues no haces acepción de personas. Dinos, por tanto, qué te parece: ¿es lícito dar tributo al César, o no? Conociendo Jesús su malicia, respondió: —¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo. Y ellos le mostraron un denario. Él les dijo: —¿De quién es esta imagen y esta inscripción? —Del César —contestaron. Entonces les dijo: —Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.


Los tiempos que nos toca vivir, actualizan esta respuesta de Jesús a los que, con mala intención, le hacen la preguntan si es lícito pagar impuesto al César o no. “Al César lo que es del César; a Dios lo que es de Dios”.

Jesús les contesta: “¡Hipócritas! ¿por qué me tentáis?”. El pueblo de Israel se sentía humillado y enojado al tener que pagar tributos, sumamente abusivos, para el Cesar de Roma. Unos fariseos mandan a unos de su escuela, haciendo ver que Jesús les daría una indiscutible y clara respuesta al preguntarle. Antes de hacer la pregunta, simulando un gran respeto hacia Él, le dicen: Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias.

Los fariseos habían decidido eliminarlo. Si se declaraba a favor del César, perdía el aprecio y el favor del pueblo que era lo único que le protegía. Responder que es lícito, era ponerse en contra del pueblo puesto que el tributo era signo eficaz de sometimiento al imperio romano y entonces mismo lo hubieran denunciado a Pilatos y era segura la sentencia de muerte: lo que buscaban y al fin, pasados unos días, consiguieron.

“Dad al César lo que es del César”. Jesús, como solía ocurrir en el modo de hablar de Israel, responde a la pregunta con otra pregunta. Jesús pide que le enseñen la moneda del impuesto. ¿De quién son esta cara y esta inscripción? Del César, le respondieron. Pues dad al César lo que es del César. Con su estilo de vida, que el pueblo no ignoraba, ha contestado él mismo a su misma pregunta

“A Dios lo que es de Dios”. De esta manera Jesús, al mismo tiempo que da respuesta a la pregunta que le hacen, aprovecha para ir más allá. Le preguntan sobre las cuestiones del César y el les habla de Dios aunque no le hayan preguntado sobre Él. El meollo de la respuesta está en las últimas palabras: ”Dad a Dios lo que es de Dios”. Y el “césar” queda así reducido a su propia condición: la de no ser Dios. Y, por tanto, no-dueño de aquellos valores intocables que son “patrimonio del alma” —de la persona humana— y de los que la persona humana ha de dar cuenta a Dios.

San Pablo, en su segunda carta a los Corintios C 5, 14 y 15 nos dice: “El amor de Cristo nos apremia, al pensar que uno murió por todos para arrancar a todos los hombres del pecado y para que no vivan ya para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

¡Madre mía del Pilar, que, desde tu concepción estás repleta de todos los valores de Dios que son patrimonio del alma, que no viva yo para dar culto a nada ni a nadie sino a Dios!

Hoy la Iglesia celebra el día del DOMUND “Jornada mundial por la Evangelización de los pueblos”.



Fuente: Parroquia de San Valero
12.10.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXVIII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 22, 1-14
Jesús les habló de nuevo con parábolas y dijo:
—El Reino de los Cielos es como un rey que celebró las bodas de su hijo, y envió a sus siervos a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. Nuevamente envió a otros siervos diciéndoles: «Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y mis reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas». Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon: quien a su campo, quien a su negocio. Los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y los mataron. El rey se encolerizó, y envió a sus tropas a acabar con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Luego les dijo a sus siervos: «Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. Así que marchad a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis». Los siervos salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda; y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda?» Pero él se calló. Entonces el rey les dijo a los servidores: «Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí habrá llanto y rechinar de dientes». Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.


La Parábola de este Domingo nos habla del “Banquete de bodas” en el Reino de Dios. Tres cosas a considerar. El Señor invita al Banquete; A quiénes llama; A quiénes escoge.

El Señor invita al Banquete. El profeta Isaías nos habla en la primera lectura, como acabamos de escuchar, del Señor que prepara para todos los pueblos un festín de suculentos manjares, indicándonos con esta imagen terrena lo que es el Reino de los cielos al que nos invita. Como veis ya en el Antiguo Testamento era familiar en Israel la alegoría del Banquete de bodas. Es signo de abundancia compartida; felicidad en torno a la mesa. La parábola de hoy anuncia la fiesta de bodas del hijo de Dios, celebrando la Alianza del Mesías con su Pueblo. Ésta es la idea principal de la parábola: Dios llama a sus amigos los hombres. “¡Venid a la boda!”. Todos y cada uno de nosotros recibimos esa invitación. Dios quiere estar con nosotros, ser para nosotros. Nos invita a su intimidad. “¡Dichosos los llamados a la Mesa del Señor!” nos repite cada vez antes de acercarnos al Altar para recibirle en la Comunión. Desde que vino a nuestro mundo el Mesías – el Hijo de Dios, Jesús de Nazaret – la Mesa del Señor con nosotros es su Alianza. Comunión en su Palabra y Amor. Evangelio y Eucaristía. Redención. Gloria.

A quiénes llama. El pueblo judío en su conjunto, a pesar de haber sido “los llamados”, en primer lugar, no aceptaron el Evangelio de Jesús. No sólo no aceptaron la invitación que les trasmitieron los enviados o Apóstoles, sino que “les echaron mano y los maltrataron hasta matarlos”. En labios de Jesús, la parábola acusaba a los dirigentes del pueblo, que contradecían su Mensaje de Salvación, mientras mucha gente sencilla lo aceptaba con afecto. Los Enviados, han salido ya por los caminos del mundo notificando a todos, también a los paganos, la invitación del Evangelio; y una multitud de “llamados” ha venido de todas partes y se ha sentado a la Mesa del Señor en la Iglesia de los Apóstoles.

A quiénes escoge. Termina diciendo que los “llamados” son muchos, que equivale a “todos”. Pero la mayor parte no pasan a ser “escogidos”, porque sentarse a la Mesa del Señor compromete a aceptar su estilo y sus normas. Y un sin número prefiere quedarse en su comodidad. Tampoco falta quien osa presentarse ante Dios sin “traje de fiesta”. (Alusión a la túnica bautismal. Signo de lo que el Catecismo llama sencillamente “estar en gracia de Dios”). Los que aspiramos a ser “escogidos”, pidamos al Padre que extienda su misericordia sobre los otros “muchos”, que también han sido y siguen siendo “llamados”.

Virgen del Pilar, auxiliadora de los llamados en cualquier tajo del Reino de Dios, estimúlanos con tu ejemplo y protégenos con tu asistencia para tomar parte un día y para siempre de los elegidos.



Fuente: Parroquia de San Valero
12.10.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Ntra. Sra.
la Virgen del Pilar
Ciclo A
Evangelio: Lc 11, 27-28
Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»
Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.»


Es sabido que, según la tradición, Santiago, apodado por el propio Cristo “hijo del trueno”, empezó pronto su misión evangelizadora y, llevado de su ímpetu, llegó hasta la Hispania romana, con el objetivo de predicar el Evangelio en los confines del mundo conocido, en el fin de la tierra. También es sabido que fracasó rotundamente y que, totalmente desanimado, decidió volver a Israel. Estando en Cesaraugusta, la actual Zaragoza, a orillas del Ebro, quizá ya con todo preparado para embarcar hacia el Mediterraneo y en Tortosa coger un barco hacia Israel, María se le presentó cuando todavía Ella vivía en carne mortal.

Esta venida de María fue decisiva para el apóstol cansado y, como consecuencia, para la evangelización de una tierra, la española, que nunca olvidaría la intervención de la Virgen y que, andando el tiempo, pasaría a ser designada como “tierra de María”.

María es la que dice: “Aquí estoy, soy la columna de descanso, soy tu punto de apoyo. Descarga en mí tus temores, que soy tu madre, Apóyate en mí y vuelve a empezar”. Lo más original de la Virgen en el pilar de Zaragoza, fue que se dirigió a un evangelizador fracasado y se le ofreció como ayuda para que volviera a comenzar la obra de la evangelización.

Ya veis como podemos ver a María como auténtico “auxilio de los cristianos”. Ella nos ayuda a ser seguidores de su Hijo, imitadores de Jesús, amantes del Dios que Ella llevó en sus entrañas. Nos ayuda a ser evangelizadores, a ser apóstoles, a ser misioneros. Nos ayuda a seguir cuando estamos cansados, cuando nos parece que es inútil proclamar el mensaje cristiano porque los oídos están cerrados.

Acudamos hoy a la Virgen del Pilar en su Basílica, ante la columna que le sirve de apoyo y que nos mantiene a nosotros en pie, sin desfallecer, a pesar de la multitud de tropiezos con los que nos encontramos.



Fuente: Parroquia de San Valero
05.10.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXVII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 21, 33-43
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Oíd otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la cercó con una valla, cavó en ella un lagar, edificó una torre para guardarla, la arrendó a unos viñadores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, mandó sus criados a los viñadores para recibir su parte. Pero los viñadores agarraron a los criados, y a uno le pegaron, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. Mandó de nuevo otros criados, más que antes, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les mandó a su hijo diciendo: Respetarán a mi hijo. Pero los viñadores, al ver al hijo, se dijeron: Éste es el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su herencia. Lo agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?». Le dijeron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le paguen los frutos a su tiempo». Jesús les dijo: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; esto ha sido obra del Señor, una maravilla a nuestros ojos?» «Pues bien, os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios para dárselo a un pueblo que pague sus frutos.


Otra parábola de Jesús, en torno a la “Viña”. En la “Viña” también se inspiran el Salmo responsorial y el “cántico de amor” de Isaías. Textos antiguos del pueblo de Israel, que se proclamaban durante las fiestas de acción de gracias por la vendimia. En el Cántico de la Viña de Isaías se deja ver otra alegoría: la de Israel esposa de Yahvé. El profeta hecha en cara al Pueblo (“Esposa”) la mayor infamia a que puede rebajarse quien ha jurado amor: la de ser infiel. La parábola de Jesús glosa el cántico de Isaías en perspectiva histórica. Tal como la resume San Mateo la simplificamos en tres periodos: Antes de la venida del Mesías; la venida del Mesías; y después.

  1. —Antes de la venida del Mesías. Dios escogió un pueblo predilecto. En lenguaje alegórico, plantó la ”Viña” más hermosa, selecta y protegida. La confió a unos viñadores. Los responsables del Pueblo. Esperaba los frutos con ilusión. Por frutos se entiende una vida digna de quienes saben que son ciudadanos de Dios. Para ello envió una y otra vez a sus servidores, los Profetas. Por toda respuesta, los responsables de la “Viña” menospreciaron, maltrataron y hasta mataron a los Enviados de Dios.

  2. – Misión, Muerte y Exaltación de Cristo. Por un extremo gesto de confianza, y por último, Dios envía a Israel a su propio Hijo. Por respuesta, lo agarraron, lo empujaron fuera de la “Viña” y lo mataron. Estas líneas son un resumen del drama de Jesús. Pero, precisamente en virtud de su sacrificio, el Padre lo ha constituido “piedra angular” del mundo. Esta parábola no acusa al pueblo sencillo de Israel, que en gran parte escuchaba con gusto el Evangelio. Condena a los malos “viñadores”, o sea, a aquellos dirigentes, que teniendo poder y responsabilidad, traicionan por intereses egoístas el destino de su propio Pueblo.

  3. – “El Reino de Dios se dará a un Pueblo que produzca sus frutos”. Al escribir estas palabras, San Mateo pensaba en la Iglesia “Pueblo de Dios”, abierto a todo el mundo. Su razón de ser, como la de la “Viña” que cantó el Profeta Isaías, está en “dar frutos” de Bondad. Si queréis profundizar más en el sentido de estas últimas palabras, leeros la alegoría de la “Vid verdadera” en el Evangelio de San Juan (15, 1-17). Sus sarmientos (que somos nosotros) tienen por condición de fecundidad permanecer en la Palabra y Amor de Cristo. Permanecer se llama FIDELIDAD.

Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, la fiel servidora, la esclava del Señor, danos a todos tus hijos la fuerza de permanecer como Tú siempre fieles a tu Hijo Jesús.



Fuente: Parroquia de San Valero
28.09.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXVI Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 21, 28-32
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a lo ancianos del pueblo «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; se acercó al primero y le dijo: Hijo, vete a trabajar hoy a la viña. Y él respondió: No quiero. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al otro hijo y le dijo lo mismo, y éste respondió: Voy, señor; pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?». Le contestaron: «El primero». Jesús dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán en el reino de Dios antes que vosotros. Porque Juan vino por el camino de la justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas han creído en él. Pero vosotros, aun viendo esto, no os habéis arrepentido ni creído en él».


En el Evangelio de hoy encontramos otra parábola en la que toman parte tres personas, un padre y dos hijos.

El padre quiere que sus dos hijos trabajen en su viña que han de heredar el día de su muerte. Se acercó al primero y le dijo: “hijo ve hoy a trabajar en la viña”. Todos los que prestaban atención a la parábola sabían que la Viña era Israel, Pueblo elegido de su Padre. Lo hizo universal al extender a todo el mundo esta llamada de ser Pueblo de Dios. Dios nos llama a cada uno de nosotros los hombres a trabajar por su pueblo. Nos dice: “ve hoy a trabajar en la Viña”. Hoy, sin más tardanza, sin esperar a mañana, pensando que sea un día quizás más llevadero. Trabajar es buscar, con empeño, la Salvación de los que conviven con nosotros, dar a conocer la Verdad y construir la Paz, en una palabra, EVANGELIZAR. Dios habla al corazón de cada uno de nosotros llamándonos hijo y nos da una vocación concreta de hacer el bien. También Jesús, cuando vino al mundo, obedecía el mandato del Padre: “Hijo, ve hoy a trabajar en la Viña”.

El que responde: “¡No quiero ir!”; pero luego se arrepiente y va. Insolente al principio con su padre. Sombra del pecador. De los “pecadores” que con su conducta dicen “no” al Señor, el Evangelio menciona los publicanos y prostitutas, que muchos de ellos se convirtieron y entraron por el Camino de la Salvación, mientras los hipócritas se quedaban fuera.

El hijo que responde: “¡Voy Señor!”; pero no cumple. Hipócrita. De aquellos que “dicen y no hacen”. El Evangelio atribuye esta acción a los dirigentes religiosos y políticos de Jerusalén, que se cerraron al Mensaje de la Salvación. Imagen suya son los que siendo como ellos buenos recitadores de palabras divinas y buenos actores de ritos, le dicen a Dios una y mil veces:”hágase tu voluntad”, para seguir haciendo ellos la suya propia.

Quizá esta parábola, de sencilla catequesis, nos reproche algo en el secreto de la conciencia. Mas, por encima de ello, nos ha de inspirar un sentimiento principal: la gratitud al Padre Dios que nos concede el honor, “hoy” y cada día de llamarnos a trabajar por su Reino.

San Pablo en este domingo nos dice :“Si queréis darme el consuelo de Cristo, si nos une el mismo Espíritu, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir”.

Virgen del Pilar, Madre Nuestra: Tú que sin tardanza ninguna y diligentemente escuchaste al Padre que por medio de la misiva del Ángel te envió a trabajar en lo más duro de su Viña y le contestaste con un rotundo, ayúdanos a nosotros a responder de la misma manera al llamamiento que nos hace a cada uno.



Fuente: Parroquia de San Valero
21.09.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXV Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 20, 1-16
«El Reino de los Cielos es como un hombre, dueño de una propiedad, que salió al amanecer a contratar obreros para su viña. Después de haber convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió también hacia la hora tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo». Ellos marcharon. De nuevo salió hacia la hora sexta y de nona e hizo lo mismo. Hacia la hora undécima volvió a salir y todavía encontró a otros parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí todo el día ociosos?» Le contestaron: «Porque nadie nos ha contratado». Les dijo: «Id también vosotros a mi viña». A la caída de la tarde le dijo el amo de la viña a su administrador: «Llama a los obreros y dales el jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros». Vinieron los de la hora undécima y percibieron un denario cada uno. Y cuando llegaron los primeros pensaron que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, se pusieron a murmurar contra el dueño: «A estos últimos que han trabajado sólo una hora los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor». Él le respondió a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conviniste conmigo en un denario? Toma lo tuyo y vete; quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno?» Así los últimos serán primeros y los primeros últimos.


Hoy nos presenta el Señor, como entonces a sus discípulos, esta parábola: “El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña”. La viña y la vid eran símbolo nacional de Israel. Los símbolos, son vehículos de luz que hablan al alma. Jesús usaba parábolas para que todos le pudieran entender, sobre todo en torno a la viña y a la vid. Cuando les presentaba así sus enseñanzas, hasta los más sencillos comprendían que les hablaba de su Pueblo. Pueblo elegido por Dios para extender por todo el mundo su Reinado de Amor, Justicia y Paz.

Ser llamados a trabajar en su viña quiere decir entregarse en alma y vida a la extensión de su Reino. Creer en el Evangelio y vivirlo. El jornal a percibir no es material sino la GRACIA; Gracia de participar del Reino de Dios. Satisfacción y felicidad que excede a toda riqueza material.

En las parábolas, en diferentes ocasiones, Jesús se hace el protagonista. En esta parábola es Él, el que, a diferentes horas del día (a la mañana, al medio día, a media tarde y hasta “al caer de la tarde”), vino como Dueño de la Viña para llamar a los que todavía estaban parados porque nadie los había contratado. Estos últimos eran los marginados religiosamente hablando; los que eran llamados “pecadores” por quienes se tenían por justos. Entraron y “trabajaron” con ahínco en su primera parcela. De entre ellos salieron elegidos muchos de los discípulos, que formaron el auténtico Pueblo de Dios, germen de la Iglesia. Jesús los acogió con el mismo amor que a los primeros y hasta con predilección. Algunos que se tenían por fieles desde antiguo, un sector de los fariseos, murmuraron. Esto sucedía con frecuencia en el Evangelio. No lo hacían por sentido de justicia, sino por envidia. La envidia es el cáncer del amor fraterno. Y sin amor fraterno no hay Pueblo de Dios. La parábola de hoy es un aviso a los que padecen esa enfermedad espiritual de la envidia. Los que por considerarse “primeros” en su estimación, pasan a ser “últimos” ante Dios.

A nivel humano se podría discutir la conducta del amo; pero las parábolas del Evangelio son pura transparencia de una enseñanza religiosa. Quiere decir que Dios llama a todos a “trabajar” en su Reino. Aunque sea a última hora, que entren a trabajar en la Iglesia. San Pablo nos dice: “Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir. Pero si el vivir esta vida me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Por un lado deseo estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio”.

Virgen del Pilar, enséñanos y ayúdanos a decir, con el himno de Vísperas del oficio de las Horas: que a jornal de GRACIA NO HAY TRABAJO GRANDE.



Fuente: Parroquia de San Valero
14.09.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Ciclo A
Evangelio: Jn 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»


En esta fiesta solemne de la Exaltación de la Santa Cruz, nosotros hemos de gloriarnos en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo; en Él está nuestra salvación, vida y resurrección; Él nos ha salvado y liberado.

La Carta a los Efesios nos da a conocer el misterio cristiano de la Salvación: diálogo entre la Gracia de Dios y la Fe con que el hombre la abraza y la vive.

Adoctrinando a Nicodemo, el Maestro expone este misterio de Salvación desde tres perspectivas: la de Dios Padre “AMOR”, la de Cristo “SACRIFICIO”, la nuestra “FE”.

  1. —“Tanto ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo, el Unigénito”. En la sinceridad del Evangelio, amar significa darse. El concepto “mundo” incluye a todos los hombres, como pecadores que somos. El Padre que está en los cielos nos ama con inmenso Amor. Tan inmenso como su propio Hijo, que es su mismo Ser. Dios se nos ha dado a los hombres en Cristo Jesús. Nadie tiene un más alto aprecio de la Humanidad que quien sabe y siente que Jesús vive en medio de ella y es nuestro Dios. Acto de Amor del Padre, prendido en el corazón del “mundo”. Toda iniciativa humana que nazca de sincero Amor (Paz en la Justicia, Progreso en orden al Bien, Libertad en la Verdad) es aliento de Cristo.

  2. —“Así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre”. Ser levantado en alto es una expresión para indicar la Crucifixión de Jesús. Hablando a un experto en la Biblia como Nicodemo, el Maestro le recuerda lo de aquella serpiente de bronce que Moisés elevó en el desierto y era un “signo de Salvación”. Los heridos de muerte que la miraban con confianza, recobraban la salud. Aquel signo bíblico se realiza ahora plenamente a favor de los que miran con Fe, con absoluta confianza, al Hijo de Dios crucificado por nuestra salvación.

  3. —“Al que cree en Él, no se le condena; pero el que no cree ya está condenado...”. Cree quien acepta con todo su entender, obrar y sentir, el Amor de Dios que se nos ha hecho presente en el Sacrificio de Jesús. Negarse es rechazar la Salvación.

Virgen del Pilar Madre Nuestra amorosa, a la par que el Padre, Tú también, al pie de la Cruz, nos diste a tu Hijo Jesús para manifestarnos el Amor que nos tienes. Enséñanos a ser agradecidos a tan infinito Amor del Padre y tuyo y a aceptarlo, correspondiendo con una entrega generosa de nuestra persona a ambos (al Padre y a Ti).



Fuente: Parroquia de San Valero
07.09.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXIII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 18, 15-20
«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.
Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.
«Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
«Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.
Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»


En el Evangelio de hoy Jesús instruye a sus discípulos sobre la manera de actuar pastoralmente en cada Comunidad en el caso en el que un fiel cristiano se comporte como pecador público.

“Si tu hermano peca repréndelo a solas entre los dos.” No se refiere a aquellas “motas en el ojo”, por las que no sería necesario llamar la atención. Tampoco a las pequeñas triquiñuelas, que hay que tratar con paciencia.

Se trata de un caso grave, que produce un escándalo continuado, que hace incompatible la permanencia de un determinado miembro en la Iglesia. Situación que se le presentó a San Pablo en Corinto. (1ª Co 5, 9-13). Al escribiros en mi carta que no os relacionarais con los impuros, no me refería a los impuros de este mundo en general o a los avaros, a ladrones o idólatras. De ser así, tendríais que salir del mundo. ¡No!, os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, ultrajador, borracho o ladrón. Con ésos ¡ni comer! Pues ¿por que voy a juzgar yo a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis? A los de fuera Dios los juzgará. ¡Arrojad de entre vosotros al malvado! Callar redundaría en complicidad (1ª lectura). El Evangelio indica un procedimiento que es el que seguían otras asociaciones contemporáneas en Israel. Empezar por una entrevista personal, de corazón a corazón. Insistir luego ante un número mínimo de testigos. Si persiste en su actitud, hacer que sepa y confirme la reprensión toda la Iglesia en cuyo ámbito se ha producido el escándalo. Si la menosprecia, él mismo ha manifestado que quiere ser tenido por pecador público (“como un pagano”). Podrá incorporarse cuando vuelva y pida perdón.

“En la tierra... en el Cielo...”. Siguen dos aseveraciones del Señor. Promete a sus Discípulos en la tierra la eficaz colaboración del Padre Dios que está en el Cielo. La primera extiende a los otros Discípulos unidos con Pedro, hoy Benedicto XVI, la facultad de “atar y desatar” que poco antes había otorgado a sólo Pedro. En la segunda les dice que el Padre escuchará siempre la oración que le dirijan todos en común.

“Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos”. Razón profunda de la Iglesia. Jesús el Señor está en ella. El Cielo y toda su realidad, hecho presencia con todas las realidades de la tierra. “Dios con nosotros”.

Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, haznos dóciles a las correcciones fraternas por parte de tu Hijo Jesús y por tu deseo ardiente de que seamos de tal manera que te escuchemos cuando nos dices: “Haced lo que Él os diga”.



Fuente: Parroquia de San Valero
31.08.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 16, 21-27
En aquel tiempo, comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que él tenía que ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos del pueblo, de los sumos sacerdotes y de los maestros de la ley, ser matado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle:
«¡Dios te libre, Señor! ¡No te sucederá eso!».
Pero él, volviéndose, le dijo:
«¡Apártate de mí, Satanás!, pues eres un obstáculo para mí, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Luego dijo a sus discípulos:
«El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará. ¿Qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué dará el hombre a cambio de su vida? Porque el hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.


En los domingos anteriores, especialmente por la respuesta de Pedro, ha quedado claro que Jesús es el Mesías. Lo que no estaban dispuestos es a aceptar que El Mesías ha de establecer el Reino de Dios pasando por la cruz.

Hoy Jesús les habla, exclusivamente a sus Discípulos, sobre el signo de la cruz. Ellos se niegan a aceptar y no comprenden. Pero Jesús, el Maestro, no cede en su empeño. En el Evangelio de hoy, que acabamos de escuchar les dice, con toda claridad que:

“Tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho”. Jesús había aceptado que Simón Pedro lo llamase “el Mesías”. Mesías-Rey; Mesías-Buen Pastor. Jesús aceptó todas las aspiraciones de su pueblo. Pero las elevó a un rango infinitamente superior. Sabe lo que el Padre quiere y ese es su deber como Hijo: hacer su voluntad. Y la voluntad de su Padre es que tiene que ir a Jerusalén. No forjará su Reino ni con la violencia, ni con la política, sino a través del misterio de la Cruz y Resurrección. Misterio que entraña la salvación del mundo.

Hoy San Pablo en su carta a los Romanos, que forma parte de las lecturas litúrgicas de este día, nos dice: “Hermanos: os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; y no os ajustéis a este mundo, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios”.

“Tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres”. Pedro cuenta con él mismo, con su valentía y con su espada (pensamientos de los hombres). Pensando ayudar a Jesús, sintiéndose su aguerrido defensor en la extensión de su Reino, se pone al servicio de Satanás. No obstante, al fin, Pedro morirá en una Cruz, como buenísimo discípulo suyo.

Entonces dijo a los discípulos: “Si alguien quiere venir en pos de Mí...”. Niéguese a sí mismo=Cargue con su cruz=Y me siga. —La Pasión de Jesús se prolonga en la de sus discípulos. Bien merece la pena seguir por este camino que nos indica Jesús pues al aceptarlo, conseguimos la VIDA ETERNA.

Tú, Santísima Virgen del Pilar, que entendiste a la primera y aceptaste sin titubeo el camino de la Cruz, enséñanos a nosotros tus hijos este único camino de salvación y danos la fortaleza que es necesaria para abrazarlo.



Fuente: Parroquia de San Valero
24.08.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXI Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 16, 13-20
En aquel tiempo al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?».
Ellos le dijeron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas».
Él les dijo:
«Vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de Dios; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Entonces ordenó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.


Vamos a seguir paso a paso lo que Jesús expone a sus discípulos a través del diálogo que mantiene con ellos en la intimidad. ¿QUIÉN ES JESUS? es la pregunta que les hace.

“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”. Ven en Él una extraordinaria personalidad. Unos dicen que es Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o un gran profeta. Tienen un gran concepto de Él pero no lo conocen, no saben quien es por mucha admiración que les causa. En fin no lo comprenden. Si hoy nos preguntara Jesús lo mismo. ¿Qué diríamos que piensan de Él las personas que hoy vivimos en el mundo en el que estamos?

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Les dice a los discípulos. Y responde Pedro por todos los demás. Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Ésta es la profesión de Fe de la Iglesia. Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el Cielo. Si ha conocido al Hijo de Dios es porque se lo ha revelado el único que lo conoce: el Padre del Cielo; Aquel que dice que estas cosas se las revela Dios no a los sabios ni entendidos sino a los sencillos y humildes de corazón. Si queremos que el Padre nos revele y dé a entender quién es Jesús, aceptemos su enseñanza con profunda fe y sencillo corazón.

“¿Quién conoció la mente del Señor?” “¿Quién fue su consejero?” “¿Quién le ha dado primero para que él le devuelva?” Él es el origen, guía y meta del Universo. A Él la gloria por los siglos.

“Sobre esta “Piedra” edificaré mi Iglesia “. Jesús da a Simón el sobrenombre de Pedro, que significa Piedra firme, bien asentada. Tanto lo repitieron los primeros cristianos, que acabó por convertirse en su nombre personal. Llamar a alguien “roca” en que se apoya un edificio o una institución, es hablar de su firmeza. La Iglesia no puede tener otra firmeza que la de Cristo. Pero Cristo quiso hacer partícipe de élla a su primer Apóstol, Pedro, hombre que mostró más de una vez su fragilidad. Dios vence a los fuertes sirviéndose de los débiles. La alusión a las “llaves” y, a la de “atar y desatar”, explican su misión en la Iglesia. Misión, Oficio y carisma, que, mientras la Iglesia lea el Evangelio, entenderá que sigue siendo actual.

En estos momentos difíciles que nos toca vivir en la Iglesia, te pedimos Madre, Virgen del Pilar, por Benedicto XVI, por toda la Iglesia, por la Juventud y por cada uno de nosotros. Ampáranos y ven con nosotros a caminar.



Fuente: Parroquia de San Valero
17.08.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XX Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 15, 21-28
Después que Jesús salió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar:
—¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija está poseída cruelmente por el demonio.
Pero él no le respondió palabra. Entonces, se le acercaron sus discípulos para rogarle:
—Atiéndela y que se vaya, porque viene gritando detrás de nosotros.
Él respondió:
—No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo:
—¡Señor, ayúdame!
Él le respondió:
—No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.
Pero ella dijo:
—Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces Jesús le respondió:
—¡Mujer, qué grande es tu fe! Que sea como tú quieres.
Y su hija quedó sana en aquel instante.


El “Evangelio de la cananea” es recuerdo de una entrañable obra de bondad. Un conjunto de circunstancias hacen incómoda la presencia de Jesús en Galilea. Consciente de que su misión personal de Mesías tiene que limitarse, de momento, al pueblo de Israel, dedica su actividad al pequeño grupo de discípulos que lo acompañan. Pero una pobre mujer, que tiene a su hija gravemente enferma y sin esperanza humana, le suplica un milagro. Jesús se encuentra ante el humano conflicto—tan frecuente—en que la ley del corazón, puede y debe sobreponerse a los programas y normas. Pone en alta tensión la fe de la madre, hace constar que se trata de un caso excepcional y concede la gracia que le pide.

Cuando San Mateo escribe esta página, muchos paganos aceptan el Evangelio. La Iglesia Apostólica se abre gozosa al universalismo. Presenta a la “cananea” como ejemplo sublime, en contraste con la frialdad de tantos hijos de Israel. Es conmovedor el diálogo entre Jesús y la cananea.

“No he venido sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”. Y la cananea le contestó: “también los perros comen las migajas de la mesa de sus amos”. Y Jesús le dijo: “¡Oh, mujer, grande es tu Fe! Que se cumpla para ti lo que quieres”. San Mateo ha acusado la actitud de muchos que se niegan a la Fe. También la “poca fe” de los Discípulos. Se refería siempre a israelitas. Ahora proclama la gran Fe de una extranjera y pagana. Antes de elogiar esa gran Fe, el evangelista la ha descrito hecha oración humilde. La oración es la voz de la Fe. Y cuando falta la oración, muere la Fe; como muere el fuego sin la llama. Muchos que aseguran haber perdido la Fe, si fueran sinceros dirían que todo consistió en dejar la oración cuando la tenían.

La sabiduría del Apostolado está en sintonizar con los planes de Dios, como nos diría San Pablo, que no siempre coinciden con nuestra mentalidad. Con la anchura de corazón con que Jesús vió en la Fe excepcional de la cananea un signo de la voluntad del Padre. La “gran Fe” es un don tan principal, que eleva al hombre hasta el nivel del querer de Dios, y le concede escuchar de sus labios: ”QUE SE CUMPLA PARA TI LO QUE QUIERES...”

Virgen del Pilar, Madre mía, Tú también fuiste bendita por haber creído. Como Tú, Madre mía, y como la cananea, quiero yo vivir de la Fe que arranca los dones de Dios.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.08.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Asunción
de la Virgen María
Ciclo A
Evangelio: Lc 1, 39-56
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo:
«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
Y dijo María:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María permaneció con ella unos tres meses y se volvió a su casa.


Toda la celebración de hoy, y procuraré que también la homilía, tenga un tono de alegría, de victoria y de esperanza. El triunfo de la Madre de Jesús es un poco nuestro triunfo y el de toda la humanidad... Precisamente porque estamos viviendo tiempos difíciles, en que no abundan las buenas noticias, y la humanidad puede decirse que anda desorientada y desanimada, los cristianos hacemos bien en celebrar esta fiesta de la Virgen, como un acto positivo de reafirmación de nuestra esperanza, dejándonos contagiar de su alegría. VICTORIA EN TRES NIVELES:

  1. Victoria de Cristo Jesús: El Señor resucitado tal como nos lo presenta San Pablo, es el punto culminante del plan salvador de Dios. La “primicia”, el primero que triunfó plenamente de la muerte y del mal, pasando a la nueva existencia, con su Cuerpo glorioso.

  2. Victoria de la Virgen María, que, como primera seguidora de Jesús y la primera salvada por Él, participa ya de la victoria de su Hijo, elevada también Ella a la gloria definitiva en cuerpo y alma. Ella que supo decir un “SÍ” radical a Dios, que creyó en Él y le fue plenamente obediente en su vida. En verdad “ha hecho obras grandes” en Ella.

  3. Pero también nuestra victoria. Porque el triunfo de Cristo y de su Madre es también el triunfo de la Iglesia y de toda la humanidad. Al igual que el “sí “de María fue representativo del nuestro; así también el “sí” de Dios a Ella glorificándola, es también un sí a nosotros; nos señala el destino que Dios quiere para todos. La Fiesta de hoy, debería contagiarnos su esperanza. La Asunción de María es un grito de Fe en que es posible la salvación y la felicidad; que va en serio el programa salvador de Dios. Es la prueba de que el destino del hombre no es la muerte sino la Vida Eterna. Alma y Cuerpo. En María ya ha sucedido. En nosotros también sucederá si seguimos sus pasos. Tenemos plena confianza en Dios: lo que ha hecho en Ella quiere hacerlo también en nosotros. La historia de cada uno de nosotros “tiene final feliz”que se prolonga por toda la eternidad.

Desde el Cielo, Virgen del Pilar, Madre de todos y cada uno de nosotros, atráenos con tu mirada tras de Ti y haz que, como Tú, siendo fieles cumplidores de la voluntad de Dios, gocemos un día de tu compañía por toda la eternidad.



Fuente: Parroquia de San Valero
10.08.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XIX Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 14, 22-33
Después que se sació la gente, Jesús obligó a los discípulos a que se embarcaran y se le adelantaran rumbo a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y una vez que la despidió, subió al monte, a solas, para orar; al caer la tarde, estaba solo allí. Mientras, la barca se hallaba ya en medio del lago, batida por las olas, porque el viento era contrario. Hacia las tres de la madrugada se dirigió a ellos andando sobre el lago.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el lago, se asustaron y decían:
«¡Es un fantasma!», y se pusieron a gritar llenos de miedo.
Jesús les dijo:
«Tranquilizaos. Soy yo, no tengáis miedo».
Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas».
Él dijo: «Ven».
Pedro saltó de la barca y fue hacia Jesús andando sobre las aguas. Pero, al ver la fuerza del viento, se asustó y, como empezaba a hundirse, gritó: «¡Sálvame, Señor!».
Jesús le tendió la mano, lo agarró y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?».
Cuando subieron a la barca, el viento se calmó. Y los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente tú eres el hijo de Dios».


Una vez terminada la multiplicación de los panes y recogidas las sobras, al anochecer, Jesús despide a la gente y ordena a sus discípulos que vuelvan en barca sin Él.

Él se retira al monte para hacer oración. —“Subió al monte, a solas, para orar. Ya de noche, estaba allí, solo”. Solo: es decir, con el Padre. Cierto que la multitud aquella tarde se ha entusiasmado con Él; pero no le comprenden. Tampoco los Discípulos le comprenden. Si la Multiplicación de los Panes hace pensar, en cierto modo, en la Cena Eucarística, la oración del monte presagia la oración del Huerto en Getsemaní. De madrugada, vuelve al encuentro de los Discípulos, que bregan contra un fuerte vendaval y un alto oleaje. Jesús ha querido poner a prueba la fe de sus discípulos.

“La barca iba ya muy lejos de tierra, azotada por las olas”. Desde aquel monte o pequeña elevación sobre el lago, Cristo podía ver la angustia de sus Discípulos; pero deja pasar el tiempo y da largas a su encuentro. San Mateo, a través de este serio percance, sugiere una meditación sobre la Iglesia zarandeada por dificultades sin cuento La barca azotada por las olas es transparencia de la Iglesia perseguida. Sufrimiento de Jesús en su Cuerpo Místico. Y el Señor está, no ya dormido (como en el primer relato de la tempestad), sino ausente....

“¡Animo! Soy Yo: no tengáis miedo” Éste es el momento central. Ya alborea. Cristo camina sobre las aguas por el “lago”. Al oírlo decir: “SOY YO”, Nombre divino: Yahvé, los de la “barca” lo adoran y confiesan Hijo de Dios. Presencia de Cristo Glorioso en la Iglesia azotada por la persecución, “¡Animo!; no tengáis miedo”, dice entonces como hoy a los creyentes de poca Fe. San Mateo personifica “la poca Fe” de los que creen en la oscilante actitud de Pedro; ardiente en el Cenáculo, temeroso en él. Patio de Caifás. La fortaleza invencible de “Pedro” como Roca de la Iglesia se la da únicamente la mano de Cristo. Y en cuanto Cristo junto con Pedro, de su mano, sube a la “barca”, cesa el vendaval...

San Pablo en su segunda carta a Timoteo, capítulo 1, 12-13 le dice y a nosotros también: “Por Cristo Jesús, estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día. Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí, en la fe y en la caridad de Cristo Jesús”.

Virgen del Pilar, cuando nos veas a nosotros zarandeados, como Iglesia que somos de tu Hijo Jesucristo, por el mal en sus múltiples formas que nos toca vivir, tiende tu mano a cada uno de nosotros, y súbenos a la barca de la Iglesia donde, con el Señor, se está seguro.



Fuente: Parroquia de San Valero
03.08.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XVIII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 14, 13-21
En aquel tiempo al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se fue de allí en una barca a un lugar tranquilo y solitario; la gente, al enterarse, lo siguió a pie desde las ciudades. Al desembarcar y ver a tanta gente, se compadeció de ella y curó a sus enfermos. Al caer el día, se le acercaron sus discípulos y le dijeron:
«Estamos en un descampado y ya es muy tarde; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse algo de comer».
Jesús les dijo:
«No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer».
Ellos le dijeron:
«Sólo tenemos aquí cinco panes y dos peces».
Él dijo:
«Traédmelos».
Mandó que la gente se echase sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo y los bendijo; partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Todos comieron y se hartaron; y se recogieron doce canastos llenos de las sobras. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.


La multiplicación de los panes y todo lo que hacía Jesús era a la vez realidad y signo. Historia y Enseñanza. El recuerdo de este hecho, su relato, es una Meditación sobre el pueblo de Dios.

“Se retiró de allí, en barca, hasta un lugar desierto”. Jesús quería estar a solas con sus discípulos. Pero la gente de las poblaciones, junto a la Ribera del lago, se dio cuenta, corrieron hacia donde creían que se dirigían Jesús y sus discípulos en barca, llegaron antes, y, lo que era un sitio tranquilo y apartado, lo vio Jesús convertido en un gentío inmenso, “le dio lástima y curó a los enfermos”. El pueblo sencillo y llano, sentía una espontánea atracción hacia el Señor. Aquel pueblo amaba a Jesús, no porque entendiese su doctrina, sino porque intuía que Jesús lo amaba. Hablaba con ellos. Pasaban horas en su compañía. Los discípulos, que querían descansar, dándose cuenta que se acababa el día, y tenían que comer, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”, y Jesús les replicó:

“Dadles vosotros de comer”. Acababan de decirle: “Estamos en un lugar desierto”. Decir “desierto” es recordar el Éxodo. Jesús les quiere decir que no va a repetir el signo del maná. Les dice a ellos, a los que ha constituido colaboradores suyos en la misión de conducir al Pueblo: “Darles vosotros de comer”. Consigna del Evangelio que va dirigida a todos los responsables del Pueblo de Dios. “Le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba, y, tomando los cinco panes y los dos peces, los bendijo, los partió y se los dio a los discípulos. Los discípulos se los dieron a la gente”. El Señor nos pide que ayudemos con lo que tenemos; Él se encargará de hacer lo demás.

“Comieron todos y se saciaron”. Esta expresión se repite también en el Magnificat: “a los hambrientos los llenó de bienes”. Y en la cuarta Bienaventuranza según San Mateo. El evangelista describe una inmensa Cena de Fraternidad; un banquete sin desigualdades entre todos, en torno al Mesías, bajo el cielo de todos: “Cinco mil” es cifra de multitud. San Pablo nos dice: ¿Quien nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro. Los gestos de Jesús nos anuncian la Eucaristía, Pan de Cristo que se reparte a todos, significa y exige una sincera Fraternidad humana, donde no haya Hambrientos junto a saciados.

La Virgen María, Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza, forma parte singular del Pueblo de Dios. A Ella le pedimos que nos dé hambre de Dios y que nos sacie con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesucristo.



Fuente: Parroquia de San Valero
27.07.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XVII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 13, 44-52
El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.
Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.
Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que se echa en el mar y recoge todo clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera. Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
»¿Habéis entendido todo esto?
—Sí –le respondieron.
Él les dijo:
—Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.


Acabamos de escuchar las tres últimas parábolas de San Mateo. Hablan del Reino de Dios (San Mateo lo llama Reino de los Cielos). Lo pedimos en el Padre Nuestro: “venga a nosotros tu Reino”. El Reino de Dios es Dios mismo al que amamos, gozamos y poseemos. Las dos primeras hablan de su valor; la tercera, del riesgo de perderlo.

1ª. Parábola. “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo...” Esta primera nos muestra: la alegría de aquel labrador; el porqué de su alegría; y su precio. LA ALEGRÍA es el rostro de la felicidad. El Evangelio es alegría por definición. Si no nos lo parece, es que todavía no lo hemos descubierto. EL MOTIVO ha sido encontrar un tesoro. En todos los pueblos hay memoria o leyenda de tesoros escondidos. La imagen de un tesoro es signo de un inmenso valor. El “tesoro” del que habla el Evangelio es “el Reino de Dios”. Si alguno de nosotros tiene la experiencia (creo que seremos bastantes si no todos) de haber descubierto a Dios, sabe que no hay felicidad que se le pueda comparar. EL PRECIO: “va y vende todo cuanto tienes y compra aquel campo”. Poseer a Dios vale pero cuesta. No se llega a Él sin sacrificio. Los mártires, por Él, dieron su vida. Los Apóstoles dejaron sus bienes, su oficio, su hogar. El que no renuncia a algo por Dios, nunca tendrá a Dios.

2ª. Parábola. “El Reino de Dios se parece a un comerciante que va en busca de perlas finas....” Lección muy parecida a la de la parábola de antes. La del tesoro, parece sugerir un descubrimiento por pura sorpresa. La de la “perla” sugiere la alegría, más intensa, del que halla lo que anda buscando, hace tiempo, con ilusión. “Buscar el Reino de Dios” es supremo quehacer del hombre, perfecta sabiduría, como nos ha dicho la primera lectura del Libro de los Reyes. Por lo demás, nos dice hoy San Pablo, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, (ésta es la perla que buscamos), para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó.

3ª. Parábola. “El Reino de los Cielos se parece a la red que echan en el mar...” En el mundo, y también en la Iglesia que está en el mundo, conviven el mal y el bien. La perfecta separación (que algunos desearían anticipar) no vendrá hasta el Juicio Final. El que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que tiene la sabiduría de ir armonizando en su hacienda lo nuevo con lo antiguo.

Virgen del Pilar, te pedimos que nos muestres dónde se esconde el tesoro y la perla fina, que es tu Hijo Jesús y que nos lleves hasta Él cueste lo que cueste, como nos ha manifestado San Pablo.



Fuente: Parroquia de San Valero
20.07.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XVI Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 13, 24-43
En aquel tiempo Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de Dios es semejante a un hombre que sembró buena semilla en un campo. Mientras sus hombres dormían, vino su enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. Pero cuando creció la hierba y llevó fruto, apareció también la cizaña. Los criados fueron a decir a su amo:
¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? Él les dijo:
Un hombre enemigo hizo esto.
Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a recogerla?
Les contestó: ¡No!, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero».
Les propuso otra parábola: «El reino de Dios es como un grano de mostaza que toma un hombre y lo siembra en su campo. Es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal suerte que las aves vienen y anidan en sus ramas».
Les dijo otra parábola: «El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas de harina hasta que fermenta toda la masa».
Jesús decía a la gente todas estas cosas en parábolas, y no les decía nada sin parábolas, para que se cumpliera lo que había anunciado el profeta:
Abriré mi boca para decir parábolas y publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron:
«Explícanos la parábola de la cizaña del campo».
Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre. El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno. El enemigo que la siembra es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores los ángeles. Como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así también será al fin del mundo. El hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los que son causa de pecado y a todos los agentes de injusticias y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.
¡El que tengaoídos que oiga!»


El Evangelio de hoy nos habla de la coexistencia, en este mundo, del bien y del mal. La parábola nos quiere decir que no nos dejemos llevar de la falacia, que todo es bueno, ni del engaño fácil, que todo es malo.

En los últimos tiempos antes de venir Jesús al mundo, la espera del Mesías se había radicalizado en dos posturas: la que se atribuían los fariseos que fomentó entre ellos una espiritualidad que decían que el Reino de Dios será solo para los que el Mesías encuentre “justos” o santos y por lo tanto el Mesías eliminará del Reino de Dios a todos los no justos o santos. La otra postura era el celotismo (podríamos decir guerrilleros del pueblo contra el imperio romano) y otras formas de violencia al servicio del ideal mesiánico.

Jesús, enraizado como nadie en el alma de su pueblo, supo trascender por encima de los errores de su pueblo. Salta a la vista, a lo largo del Evangelio, que estos errores se respiraban entre sus mismos discípulos. Maestro de serenidad, practicó la parábola antes de enseñarla. Salta a la vista que algún día no faltarían impacientes que fueran a decirle a su manera: “¿quieres que arranquemos la cizaña?”. Entonces o cuando le pareció oportuno les dio la difícil lección, que, meditada y vivida por la Iglesia apostólica, hemos leído hoy en el Evangelio.

La clave de esta enseñanza está en la doble fase de realización del Reino de Dios: su crecimiento progresivo en la historia y su definitiva consumación en el más allá. Entonces la cizaña será para el fuego... ¡pero no invoquéis antes de su hora el fuego de Dios sobre la cizaña! Los que aspiran al Reino del Padre, dejadles que crezcan y maduren en paz como buen trigo, sin envidiar ni imitar la cizaña que les rodea.

Como todas las comparaciones, también la de la cizaña es incompleta e ilumina sólo una parte de la realidad. Porque en la realidad humana la cizaña siempre está a tiempo de volverse trigo. El libro de la SABIDURÍA dice: nada atrae a la conversión como la poderosa bondad de Dios y la humilde paciencia activa de sus hijos.

San Pablo, en su Carta a los Romanos, que acabamos de leer, nos dice que: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables”.

Virgen del Pilar, enséñanos a dejarnos llevar por el Espíritu, que viene en nuestra ayuda, como nos dice hoy San Pablo. En su tiempo cosecharemos la Vida Eterna y aquí el gozo y la paz del buen trigo.



Fuente: Parroquia de San Valero
13.07.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XV Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 13, 1-23
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno a él una multitud tan grande, que tuvo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la playa. Y se puso a hablarles muchas cosas con parábolas:
—Salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y comenzó a dar fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga.
Los discípulos se acercaron a decirle:
—¿Por qué les hablas con parábolas?
Él les respondió:
—A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo con parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
Con el oído oiréis, pero no entenderéis;
con la vista miraréis, pero no veréis.
Porque se ha embotado el corazón
de este pueblo,
han hecho duros sus oídos,
y han cerrado sus ojos;
no sea que vean con los ojos,
y oigan con los oídos,
y entiendan con el corazón y se conviertan,
y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron.
Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso es el que oye la palabra, y al momento la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril. Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.


El Evangelio nos dice que Jesús salió de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente a oírlo, que tuvo que subirse a una barca y les habló mucho rato en parábolas.

“¿Por qué les hablaba en parábolas...?” Porque Jesús habló casi siempre a gentes sencillas. Relacionaba su pensamiento con las cosas que tenían entre manos y ante los ojos. Los que lo escucharon durante algún tiempo saborearon luego sus ideas relacionadas con el campo, con el mar, con el pastor, con el rostro de un niño… en fin con todo; porque el Evangelio completo no deja sin “idea” ni una sola de las “cosas” que formaban parte de la vida ordinaria del pueblo de Palestina en tiempo de Jesús. De esta manera nos da a entender que todo lo creado está proclamando la acción de Dios, lo mismo en su inmenso conjunto que en cada cosa o acontecimiento actual. Dice Jesús: ”Felices los ojos que ven y los oídos que oyen”.

“Salió el sembrador a sembrar...” Reflexión ante una tierra sembrada. Como en la mayor parte de parábolas, Jesús está aludiendo a su experiencia personal: lleva tiempo “sembrando” Evangelio en su patria y, parece, que el fruto es mínimo. Dos pensamientos me vienen a la mente:

  • el 1º de optimismo a largo plazo: la cosecha, al fin, será espléndida (al ciento, sesenta, treinta por uno). Se refiere al Reino Futuro, al final de los tiempos, pero también, como signo y preludio de la Iglesia o Comunidad de sus discípulos ya en este mundo. Hoy San Pablo en su Carta a los Romanos 8,18-23 nos dice: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros”.
  • El 2º que de nada servirá que la semilla sea fecunda si es mala la tierra en que ha caído.

“Oíd lo que significa la parábola”. El “terreno” pasa a ser cada uno de nosotros y la “semilla” LA PALABRA DE CRISTO. Cuatro respuestas:

  • Absoluta indiferencia... No les interesa. Ni quieren pensar en ella.

  • Superficialidad. Puro sentimiento. Sin “raíces”. Ningún esfuerzo. Traicionará la Fe a la primera dificultad.

  • Voluntad de servir a dos señores. A Dios, y a los ídolos de la Riqueza, del Placer, la Comodidad, el Orgullo… Naturalmente dejará de servir a Dios.

  • TIERRA BUENA. La del que ha superado los defectos enunciados. La semilla se hará espiga. La Palabra de Dios fructificará en vida cristiana profunda, permanente, sincera.

Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, tú que fuiste la mejor tierra, que llegó a fructificar, dándonos al mismo Cristo, Dios y Hombre verdadero. Estimula nuestra generosidad para ser fieles a Dios dando el fruto que pide de nosotros.



Fuente: Parroquia de San Valero
06.07.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XIV Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 11, 25-30
En aquel tiempo Jesús dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos. Sí, Padre, porque así lo has querido. Mi Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera manifestar. Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy afable y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».


En este primer domingo, dentro del AÑO JUBILAR DE SAN PABLO, vamos a tener en cuenta su Carta a los Romanos, que forma parte de la Liturgia de este Domingo, en su segunda Lectura 8, 9. 11-13 en la que nos dice que el Espíritu ha de dominar siempre sobre la carne. Efectivamente es Dios, a través de su Espíritu el que ilumina y orienta al hombre para que triunfe sobre las inclinaciones desordenadas de la carne.

En el Evangelio, acabamos de leer unas palabras de Jesús, que podemos desmenuzar en tres apartados. En el 1º, Da gracias al Padre; en el 2º, Se llama Hijo de Dios; en el 3º, nos dice Venid a mí.

  1. “Te doy gracias Padre, Señor de Cielo y tierra, porque has escondido estas cosas y las has revelado a la gente sencilla”. Jesús habla por experiencia. Lleva tiempo evangelizando. La “gente sencilla”, los que tienen alma y corazón de niño, le han hecho caso. Son los que escuchan con agrado el sermón de la Montaña. Los que aprendieron a rezar sinceramente el Padrenuestro. El humilde es capaz de recibir y abrazar la Verdad. El orgulloso, por el contrario, se encierra en sí mismo, como único centro. No deja entrar la luz de lo alto. A los que Jesús llama “sabios y entendidos”.
  2. “Todo me ha sido entregado por mi Padre...”. En el segundo apartado Jesús, el más humilde de los hombres, da gracias, como la Virgen en el Magnificat, porque el Padre lo ha colmado de grandeza. Ha puesto en sus manos el Universo. El Misterio de la Filiación divina de Jesús, sólo lo sabe Dios —y, por tanto, él puede y quiere “revelarlo”; es decir, comunicar al hombre este conocimiento por la gracia de la Fe. La identidad de Dios —la de ser PADRE— sólo la conoce Jesús, y, por tanto, sólo Él puede revelarla, y de hecho la ha revelado. Como dice en el primer apartado, “estas cosas” únicamente las acepta la “gente sencilla”. Los que mantienen el alma y el corazón abierto al cielo de las Bienaventuranzas.
  3. “Venid a mí...” El tercer apartado habla a los sencillos. Invita, alienta y ofrece. INVITA a adherirse a él: “venid a mí”. “Tomad mi yugo”, es decir, “entrad en mi escuela”. Mi yugo es suave y mi carga ligera. ALIENTA indicando que su escuela es humana. No regida por el dominio, sino por el amor. El Maestro es cordialmente suave y humilde —como han de ser los suyos. OFRECE “el reposo del alma”. La Paz -que sólo Él puede dar.

Madre mía, Virgen del Pilar, enséñanos a ser sencillos y humildes de corazón, como Jesús tu Hijo; ya que Él nos dice aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón.



Fuente: Parroquia de San Valero
29.06.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
SOLEMNIDAD DE
SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES
Ciclo A
Evangelio: Mt 16, 13-19
En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesárea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
El les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?".
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo."
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo." Ahora te digo yo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en latierra, quedará desatado en el cielo.»


Celebramos la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, los dos puntales de la Iglesia Católica, que se granjearon la más íntima amistad de Jesucristo, y permanecieron fieles a Él hasta derramar su sangre en cumplimiento de su misión apostólica de extender el reino de Dios en el mundo. Pedro al frente de la Iglesia recién instituida. (Pedro es el amigo entrañable de Cristo, el hombre elegido que se arrepiente de haber negado al que es su Maestro, y al que ratifica su amor sempiterno al ser preguntado, por tres veces, si le ama). Pablo fue llamado para anunciar a todos los pueblos el mismo reino de Dios.

A Pedro le dice el Señor: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”; y Pedro, hombre impetuoso y apasionado por Cristo, le dice: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Cristo le respondió: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el Cielo!” “Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedara atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Pedro aceptó, como nos narran los hechos de los apóstoles, esta difícil y costosa misión arrostrando toda clase de dificultades, cárceles y maltratos de todo género hasta llegar a dar su vida por el nombre de Jesús, ya que sufrió el martirio en la colina vaticana, hacia el año 65.

Pablo, nos dice él mismo, nació en Tarso, en una familia en la que la piedad era hereditaria de las tradiciones y observancias fariseas. Era muy joven cuando se cuenta de él que tomó parte en el martirio de san Esteban que murió apedreado. Pablo guardaba a sus pies los vestidos de los testigos.

La página fuerte, referente a Pablo, fue la de su conversión: Se dirigía a Damasco persiguiendo a los cristianos y le salió al paso Jesús y de perseguidor acérrimo lo convirtió en Apóstol de los gentiles. Pablo está seguro de haber visto a Cristo Resucitado, como lo vieron los Apóstoles. De la misma manera que se le apareció a Pedro, a Santiago y a los doce.
—Y en último término se me apareció también a mí, como a un aborto—, nos dice en su Primera Carta a los Corintios c15. Yo sé bien, nos dice San Pablo, que mi conversión no me vino por razonamiento alguno, sino de un cambio repentino y radical debido a la gracia omnipotente del que tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciase entre los gentiles. Carta a los Gálatas 1,15. Toda su vida, desde entonces, la entregó sin reservas a difundir el Evangelio. Sabe que la misión que se le ha encomendado no puede eludirla. “¡Ay de mí si no evangelizare!”. Y, a pesar de toda clase de dificultades sin cuento, termina también como Pedro, en Roma, derramando su sangre por extender la fe.

Ayer fue proclamado por el Papa todo este año, año jubilar de San Pablo. Todos tuvimos ocasión de disponernos para celebrarlo, preparándonos con la Celebración de la Penitencia, el Sacramento del Perdón.

Recemos hoy, especialmente por el Papa, sucesor de Pedro, en este su singular DÍA; y seamos generosos en la aportación para “El Óbolo de San Pedro”.

Virgen del Pilar, haz que permanezcamos fieles toda nuestra vida a los puntales de la Iglesia San Pedro y San Pablo.



Fuente: Parroquia de San Valero
22.06.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XII Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 10, 26-33
No les tengáis miedo, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. ¿No se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.
A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.


Hoy el Evangelio según San Mateo subraya una consigna: ¡NO TENGÁIS MIEDO!

“No tengáis miedo... proclamad...” Jesús desarrolló su magisterio personal en un ámbito reducido. Un País insignificante. Poco tiempo. Grupos de discípulos escasos y no selectos. Para él, que era Sabiduría de Dios, debió significar uno de los aspectos de su”anonadamiento”. Pero contaba con que los Apóstoles llevarían a todas las partes su Evangelio. Se lo da a entender valiéndose del dicho popular: “no hay nada tan oculto que no llegue a saberse”. Así pues, les dice, lo que yo os he enseñado al oído proclamadlo después vosotros a todo el mundo. El Libro de los Hechos da testimonio de cómo la Iglesia de los Apóstoles vivió este espíritu misionero universal, sin el cual no hay Iglesia. “NO TENGAIS MIEDO”, sigue diciendo el Señor a la Iglesia de siempre. También a la de hoy... a todos y a cada uno de nosotros.

“No tengáis miedo a los que matan...” Sólo será apóstol el que esté dispuesto a ser mártir. El Evangelio prevé una situación límite, en la que no queda mas opción que dar la vida por la Fe y la Palabra o callar la Palabra negando la Fe. Los asesinos podrán matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Maestro realista, Jesús propone dos motivos de Fidelidad. El riesgo de la Condenación para el que apostata y, sobre todo, la seguridad de que el Amor del Padre está presente en el sacrificio de sus hijos. No que Dios se complazca en el sufrimiento. Pero sabe que sólo el dolor, voluntariamente aceptado, por ser fiel a Dios, purifica y eleva a infinita perfección lo único que vale ante el Padre, que es el amor sincero, como el de su Hijo en Getsemaní.

“El que se pone de mi parte ante los hombres... el que me niega ante los hombres...” Confesar abiertamente a Cristo o negarlo es cuestión de ser o no ser para la Vida eterna. Simón Pedro lo negó en el patio de Caifás por miedo al ambiente. Pero luego se rehabilitó y dio testimonio de Él entre amigos y enemigos hasta la muerte. Para más de uno de nosotros, el miedo al “qué dirán” puede ser la única razón de perder y de negar la Fe. Que la gracia de Dios y su propia sinceridad les ayude (también a nosotros si nos encontramos en la misma situación) a imitar a Pedro en el retorno.

¡¡Virgen santa!! . ¡¡Virgen pura!! Vida Esperanza y dulzura del alma que en Ti confía... mientras mi vida alentare todo mi amor para Ti...; mas si mi amor te olvidare, Virgen del Pilar, Madre mía, Tú no te olvides de mí. Y hazme volver de nuevo a Ti.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.06.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XI Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 9,36 - 10,8
En aquel tiempo al ver Jesús a la gente, se compadecía de ella, porque estaban cansados y decaídos como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Pedid al dueño de la mies que mande obreros a su mies». Reunió a sus doce apóstoles, y les dio poder de echar los espíritus inmundos y de curar todas las enfermedades y dolencias. Los nombres de los doce apóstoles son: primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago, el de Alfeo, y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le traicionó. Jesús envió a estos doce con estas instrucciones: «No vayáis por tierra de paganos, ni entréis en ciudad de samaritanos. Id a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id predicando que el reino de Dios está cerca. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, echad a los demonios: gratis lo habéis recibido, dadlo gratis.


Jesús quiso, para continuar su Obra, instituir el Apostolado. En este domingo, vemos en primer lugar, el empeño de Jesús, que: “Sintió entrañable compasión por el Pueblo... porque eran como ovejas sin Pastor”. El pueblo tenía a sólo Dios por “Pastor” auténtico. Por indignidad de los pastores, Jesús encontró a las multitudes “extenuadas y abandonadas” y su corazón, conmovido, se compadeció de ellas. Así surgió la idea de establecer el equipo apostólico fruto de su Amor al Pueblo.

“La mies es mucha pero los trabajadores pocos...” Al decir esto, Jesús pensaba, de momento, en Israel; y como les dijo mas tarde a los Apóstoles, pensaba también en la Iglesia y en todo el mundo. Para los que reconocemos el destino eterno del hombre, es máximo deber cristiano hacer lo posible para que haya “trabajadores” que le ayuden a descubrir la dignidad para la que han sido creados. Jesús, que conoce el misterio de la libertad humana, indica el método: Rogad al Señor de la mies... que envíe obreros a su mies.

El colegio Apostólico. Jesús aceptó las categorías de su pueblo, para elevarlas y trascenderlas. Ya que Israel contaba con doce tribus, eligió a Doce nuevos Apóstoles. “Doce” era la cifra significativa de universalidad. “Israel” estaba llamado a ser germen del mundo, transfigurado en Pueblo de Dios. Los Doce Apóstoles son figura de perfecta unidad en el Nombre y Amor de Jesús dentro de una sincera diversidad en carácter y opción. Hasta el extremo de coincidir un “Publicano”, Mateo, con un “zelota”, Simón. (Signo del respeto de Dios a la libertad humana, uno fue traidor).

Su Poder y Misión. Autoridad absoluta para echar al Demonio y sanar la Dolencia del Pueblo en su asociación a la Obra del Mesías. Obra y Misión de liberación en orden a la Redención y Salvación.

Su programa. Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

Vosotros, y un servidor también, estamos llamados a trabajar en el Campo de Dios. Más en estos tiempos de tanta escasez de “trabajadores”. Que nuestra Madre Inmaculada, la Virgen del Pilar, que con tanto empeño cooperó con su Hijo, nos dé también a nosotros el tirón que necesitamos para empresa tan apremiante.



Fuente: Parroquia de San Valero
08.06.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
X Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 9, 9-13
Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos.
Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?»
Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»


El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús llamando a un “publicano” para que le siga. La expresión “seguir a Jesús” significa la consagración personal-total del discípulo a su maestro, en nuestro caso a Jesús. Nadie puede seguirlo si no es llamado por Él. El que le sigue renuncia a todo y a sí mismo. Su gesto es la más alta realización de afecto a Cristo y de interés por la salvación del pueblo.

La vocación que contemplamos hoy es de uno de los doce Apóstoles, “Mateo el publicano”, que fue el que escribió el primer Evangelio.

Pasamos de Cafarnaúm a la casa de “Mateo”, donde celebra con Jesús la alegría de su vocación. Dice San Lucas 5,29 que organizó “un gran convite” al que fueron invitados sus, hasta ahora, colegas. Empleados del fisco, a los que el Evangelio da el nombre de “publicanos”. Según los “fariseos”, había que llamarlos pecadores públicos. Jesús se sentó a la mesa con los pecadores. Como Dios que era y el mejor comunicador, hablaba a los ojos con sus obras, haciéndolas expresión viva de su Misión. Aquella comunión de mesa, signo social de su pueblo, pasaba a ser signo religioso de Amor salvífico. Según los fariseos, comer con los pecadores contagiaba de pecado. Les contesta con la parábola del médico, cuyo deber es estar con los enfermos para darles la salud.

“No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”. Proverbio que es una parábola en germen: los enfermos son el hombre-pecador; el médico, Cristo. Precisamente San Mateo ha situado esta escena en la sección de su Evangelio que presenta al Mesías curando enfermos. Bajo la dolorosa realidad de cada uno de ellos se transparenta el signo del pecador, que es, ante Dios, ciego, paralítico, leproso etc... No hay persona que no necesite Salud-trascendente (SALVACIÓN) en su vivir, pensar y ser libre. Y no es capaz de lograrla por sí solo. O la acepta de Cristo o acabará mendigándosela a los ídolos, entendiendo por ídolos todo lo que le atrae alejándolo de ÉL.

La frase con que concluye hoy el Evangelio asevera que su Venida al mundo tiene por objeto llamar-a-sí a los pecadores. Se entiende para salvarlos.

María Inmaculada, Virgen del Pilar: Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.



Fuente: Parroquia de San Valero
01.06.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IX Semana del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 7, 21-27
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?"
Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»


El evangelio de hoy nos sitúa al final del sermón de la Montaña. Jesús nos marca las condiciones que tenemos que cumplir para entrar en el reino de los Cielos. Nos dice con toda claridad que, para entrar en el Reino de los Cielos, no es suficiente con decir “Señor, Señor”. En la primitiva Iglesia decirle a Jesús (“Señor”) era un verdadero reconocimiento de que Cristo era verdadero Dios Soberano. Él, hoy, nos dice que necesitamos una fe arraigada en una entrega a Cristo de todo nuestro ser con la palabra y con la vida. Santiago apóstol nos dice: “¿Qué le aprovecha a uno decir —yo tengo fe— si no tiene obras?”; “La fe si no tiene obras, está muerta”; “Como el cuerpo sin el alma está muerto, así también está muerta la fe sin obras.”

Para llevar a efecto esta condición, nos dice, a renglón seguido, que tenemos que cumplir la Voluntad del Padre que está en el Cielo. Al escuchar esto podríamos pensar que somos súbditos y siervos de Dios y realmente lo somos. Pero al dirigir nuestra mirada al Dios, que Jesucristo nos ha revelado, nos damos cuenta de que es Padre y así nos ha enseñado a llamarle cuando nos dirigimos a Él en la oración. Y esto ya nos hace sentirnos hijos, y como hijos nos sale espontáneamente de lo hondo de nuestro corazón, cumplir, con alegría y con toda libertad, cuanto su Voluntad nos manifieste, y sentirnos dichosos. Y nos lo dice con su ejemplo por delante. No he venido a hacer mi voluntad, sino la del que me envió. Yo hago siempre lo que le agrada a mi Padre. Mi manjar es hacer su voluntad.

Aquel día (se refiere al día del Juicio final), sigue Jesús diciéndonos que, a quienes presumen de profetizar en su nombre, de haber echado demonios y de hacer muchos milagros en su nombre, pero no cumplieron su voluntad, les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados”.

Al que escucha las palabras de Dios y no las pone en práctica, Jesús lo llama necio, que edifica su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa y se hundió totalmente. En cambio, al que sí escucha las palabras de Dios y las pone en práctica lo llama prudente que edificó su casa sobre roca y nada la pudo hundir.
Como en otras ocasiones con el fariseo y el publicano, las vírgenes sensatas y las necias, etc. también en este episodio nos habla Jesús de estos dos hombres con opuestas posturas y con sus correspondientes consecuencias.

Virgen del Pilar, Madre mía, ayúdame a imitar al hombre prudente edificando mi vida cristiana sobre la ROCA, que es CRISTO.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.05.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
VIII Semana del Tiempo Ordinario
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Ciclo A
Evangelio: Jn 6, 51-59
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».


Somos un pueblo que se ha puesto en marcha a partir de la Ascensión del Señor y la venida del Espíritu Santo. Hemos sido enviados a vivir en misión y en peregrinación. Enviados, caminamos hasta la Pascua plena en el Cielo. Cada uno de nosotros, y la Iglesia toda, estamos en camino. La Eucaristía nos recuerda que el Señor está con nosotros, verdaderamente presente. Aunque muchas veces nos acomodamos, olvidando el camino, buscando nuestras propias seguridades, sabemos que, la única seguridad y la única fuerza para el camino diario, es el Pan que nos hace presente a Jesús Resucitado. ¡¡Hoy, en admirable contemplación, celebramos el don de la vida en la EUCARISTIA!! La Eucaristía es, antes que nada, Memorial de lo que Dios nos ha hecho y nos ha dado. De cómo Él ha realizado con nosotros toda la historia de salvación para llevarnos hacia Él.

Además de Memorial, la Eucaristía es “Comunión con la Sangre y con el cuerpo de Cristo”. Este lenguaje del Evangelio de hoy es fuerte, intenso, es lenguaje de AMOR DE DIOS. Es lenguaje de pertenencia. Porque la Eucaristía es alimento que compromete para una pertenencia total. El amor es por vocación eterno y absoluto. Por eso el Evangelio habla de “comer la carne y beber la sangre”. Habla de “vivir en mí y yo en Él”. Habla de “tener vida eterna” y de “vivir para siempre”. Cada vez que comulgamos hemos de preguntarnos todos, y cada uno, ¿de quién soy, a quién pertenezco? ¿Nos damos cuenta del compromiso que adquirimos? La Eucaristía, compromete todo nuestro ser.

La Eucaristía como memorial y como presencia de Dios en nuestro camino; y la Eucaristía “compromiso de comunión y pertenencia” nos lleva a sacar una consecuencia importante para nuestra vida: si comemos del mismo pan, formamos un solo cuerpo. Se trata de algo connatural al que comulga con Jesucristo: Él crea comunión. Él nos une a todos en el mismo amor.

Hoy al mirar el pan y el vino de la Eucaristía convertidos en el Cuerpo y la Sangre del Señor, nos invita a que nos miremos también los unos a los otros. Es impensable mirar con amor hacia el Altar sin mirarnos con amor los unos a los otros. Sobre todo en este día en que Cáritas quiere hacernos mirar hacia los pobres en lo material y en lo espiritual. Es impensable un cariño verdadero hacia la Eucaristía sin saber tratarnos con cariño y calor dentro de la comunidad eclesial. Convirtamos esta celebración en un caluroso “gracias” al Dios que nos alimenta con su propia vida. “Gracias”, que hacemos extensibles, a nuestra Madre Inmaculada, la Virgen del Pilar, pues fue Ella quien nos lo dio virginalmente concebido y virginalmente alumbrado... Virgen María... enséñanos a tratarlo como tú lo hacías.



Fuente: Parroquia de San Valero
18.05.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
VII Semana del Tiempo Ordinario
Solemnidad de la Santísima Trinidad
Ciclo A
Evangelio: Jn 3, 16-18
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios».


Esta celebración litúrgica de la SANTÍSIMA TRINIDAD brinda un momento oportuno para pensar en Dios. Este domingo nos da la ocasión de conocer y gustar mejor nuestra participación en el Misterio de la Vida de Dios. Entre los testimonios de Jesús sobre Dios, el Evangelio de la Misa escoge un fragmento de su entrevista con Nicodemo. Fue San Juan quien resumió la extensa conversación, dándole forma de una catequesis sobre la Fe. En el fragmento que hemos leído, se pueden anotar estas consideraciones:

  1. – Dios ama al mundo. San Juan entiende por “mundo” la Humanidad en cuanto está inmersa en situación de pecado. Y en esta situación es en la que Dios la amó. Porque Dios es Amor. Se identificó ya como tal en el Sinaí [1ª lectura]. A nivel divino, la idea de Amor trasciende toda limitación y debilidad. Es la fuerza interior del infinito, que, por serlo, tiende infinitamente a comunicarse; como tiende la luz a iluminar y el fuego a dar calor.
  2. – Jesucristo, expresión de amor de Dios a los Hombres. Jesús vivió en la tierra con la clara conciencia de ser Hijo de Dios. Cuando lo llamaba “Padre”, ponía en esta palabra toda la experiencia de su eterno diálogo con Él. Al enviar y entregar a su Hijo a los hombres, Dios se dio en Él a sí mismo. Dar-se es la sinceridad del Amor.
  3. – El amor compartido del Padre y del Hijo, esa comunicación total, esa amistad eterna, es el Espíritu Santo, Amor en plenitud —beso del Padre y del Hijo— como gustan llamarlo algunos Santos Padres. Los fieles de la Iglesia Apostólica cuando expresaban la experiencia de su intimidad con Dios, miraban a Jesucristo y su obra como un infinito regalo o “Gracia” divina. En hermandad con Él, se sentían también hijos de Dios, saboreando el Nombre y el Amor del Padre. Sabían por Fe y experiencia que esta familiaridad era fruto de la participación o comunión del Espíritu Santo. Así nos expresamos nosotros también: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Vivir esta consagración será nuestro cielo, que ya presentimos en la tierra.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, tú que eres la mas cercana de todas las personas a la Santísima Trinidad, por ser hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo; haznos sentir su presencia en nosotros ya que en nosotros habita siempre que estamos en gracia.

Hoy celebra la Iglesia el “Día pro Orantibus”, es decir, por todas las comunidades de Vida Contemplativa. Ellos no cesan de orar por todos nosotros. Sus oraciones nos protegen. Pidamos en este día para que surjan vocaciones consagradas a este fin. A ellos, les dice el Señor, que han elegido la mejor parte.



Fuente: Parroquia de San Valero
11.05.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Domingo de Pentecostés
Ciclo A
Evangelio: Jn 20, 19-23
Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:
--La paz esté con vosotros.
Y dicho esto les mostró las manos y el costado.
Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. Les repitió:
--La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, así os envío yo.
Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
--Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.


En la fiesta de Pentecostés se inauguró la Misión de la Iglesia. Misión que, a partir de entonces, es alma de la historia humana hasta el Fin. No celebramos un hecho del pasado y concluido. Ayer, hoy y siempre, la Iglesia es continuidad viva de Pentecostés. Artífice de esta continuidad, es el Espíritu Santo.

Las lecturas, himnos y oraciones de la liturgia de este día son tesoro de reflexión teológica —tan necesaria en nuestro tiempo— a propósito del Espíritu Santo.

  1. —“Recibid el Espíritu Santo”. El Evangelio de San Juan nos muestra al Señor resucitado infundiendo su Espíritu a la Comunidad apostólica el día de Pascua. Regalo de la Redención. Jesucristo subraya sus palabras con un gesto significante: exhaló su aliento sobre ellos. Evocación del gesto con que Dios creó al hombre según el relato del Génesis. El hombre es barro (materia) vivificada y transfigurada por el “aliento” (por el Espíritu) de Dios. Jesús, infundiéndoles su Espíritu, quiere crear en el mundo la nueva humanidad: Una comunidad de hombres dignos de Dios y de sí mismos. Comunidad compuesta por los Apóstoles y otros Discípulos unánimes en oración con María la Madre de Jesús. Un reino del Espíritu, que sea preludio y anticipo del Reino Eterno. La Iglesia hoy invoca con fuerza: Ven Espíritu Creador... ¡renueva la faz de la tierra!
  2. —“Se llenaron todos de Espíritu Santo”. San Lucas en el Libro de los Hechos de los Apóstoles describe a todo color el primer Pentecostés cristiano: Viento y fuego: signos bíblicos de la presencia activa de Dios. En el corazón de la Iglesia siempre es Pentecostés. Como María, la Iglesia ha de ser: Plenitud, transparencia y comunicación del Espíritu Santo. Plenitud, pues sin el Espíritu, el barro divinizado, volvería a ser barro. Transparencia, porque la luz no existe donde no resplandece. Comunicación, ya que administrando bienes divinos sólo se tiene lo que se da. En la humanidad renovada tiene que haber muchos pueblos y muchas lenguas, pero un mismo entender y gozar la Palabra de Dios.
  3. Nuestra Madre Inmaculada, la Virgen del Pilar, inundada del Espíritu Santo, nos dé a entender y gozar la Palabra de Dios, rumiándola en nuestro corazón, como en todo momento hizo Ella, viviendo de su enseñanza.

N.B. En este domingo se celebra el “Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar”. Con el lema: “Laicos llamados a ser Sal y Luz del mundo.” Así nos lo dice Jesús en el Evangelio: sois sal que sazona todo el vivir y luz que ilumina a todas las gentes… Luz para iluminar a todos los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la Paz.



Fuente: Parroquia de San Valero
04.05.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
La Ascensión del Señor
Ciclo A
Evangelio: Mt 28, 16-20
En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».


El Libro de los Hechos (1-1-11) nos da a conocer EL MISTERIO DE LA ASCENSIÓN. Con la Ascensión comienza el tiempo de la Iglesia en el mundo. La Carta a los efesios espera de nosotros que nos gloriemos en Cristo, puesto a la derecha del Padre en el cielo y que hagamos de Él centro único de nuestro vivir.

  1. – “Y ascendió al Cielo”. “Cielo” significa el ámbito de la realidad de Dios. La humanidad de Jesús es asumida a compartir la Gloria del Padre. Desde este momento, todos nosotros y el mundo entero proclamamos al mismo tiempo la Gloria de Dios y la de Jesucristo Dios-y-Hombre. Así mismo destaca la dimensión universal y misional de la Ascensión. A partir de ella los Apóstoles van a recibir desde el “Cielo” el Espíritu Santo, que los impregnará de Fuerza divina para irradiar el testimonio de Jesús desde el lugar de la redención, Jerusalén, hasta todo el mundo.
  2. – “Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y el Espíritu Santo ”. El Resucitado convoca a los Apóstoles en Galilea, donde les había adoctrinado con el Sermón de la Montaña. Tres afirmaciones nos ofrece San Mateo en una síntesis de todo el Evangelio.
    • Cristo ha sido constituido por el Padre Señor del Universo (“en el cielo y en la tierra”).
    • La Iglesia de sus Apóstoles tiene el deber y el derecho de proclamar a todos los pueblos su Doctrina, administrar su Bautismo, enseñar sus Mandamientos.
    • Cuando la Iglesia desarrolla esta Misión, en ella está presente y activo Cristo Glorificado. Sin intermitencias (“todos los días”). Sin límite (“hasta el fin del mundo”).
  3. – “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la Gloria... ilumine los ojos de vuestro corazón”. Que os infunda el divino regalo de su Sabiduría, que transciende todo humano pensar y sentir. Comprender ya en esta vida la cercanía de Cristo Glorioso, invisible a nuestros ojos pero evidente en el corazón. La Ascensión no nos lo aleja; nos lo interioriza. Celebrar el Misterio de Jesús elevado a los Cielos nos recuerda que todos los humanos tenemos nuestro centro en su Altura. Y que si vivimos “en Cristo Jesús “, sentiremos el Cielo muy cerca, muy dentro de nosotros.

Contigo, Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar y sobre todo en este Mes de Mayo, haznos comprender, vivir y gozar este gran Misterio.



Fuente: Parroquia de San Valero
27.04.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
VI Domingo de Pascua
Ciclo A
Evangelio: Jn 14, 15-21
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y está en vosotros». «No os dejaré abandonados; volveré a estar con vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis, porque yo vivo y vosotros también viviréis. Aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, vosotros en mí y yo en vosotros. El que conoce mis mandamientos y los guarda, ése me ama; y al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».


La lectura evangélica de este domingo pone a nuestra consideración, la presencia divina en la Iglesia a partir de la Resurrección. Presencia del mismo Jesucristo. Presencia del Padre. Presencia del Espíritu Santo.

  1. – Presencia de Jesucristo. “No os dejaré huérfanos: vengo a vosotros”. Les anuncia la Resurrección. Con la Resurrección comenzó la Presencia de Jesucristo Glorificado en la Iglesia. El Evangelio habla de esta presencia como de una “Venida”. La misma Venida-y-Presencia que al fin de los tiempos se manifestará al Mundo Entero. Las Apariciones a los Discípulos fueron presencia del Resucitado. Pregustaron el Gozo que al final de los tiempos se realizará tras vivirla aquí en la fe. “Vosotros me veréis”. Como los de Emaús, que empezaron a “ver” auténticamente al Señor Glorificado, desde el momento en que se retiró de su mirada corporal. La Eucaristía es nuestro Emaús. Presencia (real) del (en apariencia) Ausente. La Fe es ver con los ojos del espíritu la Verdad divina que se nos manifiesta por la Revelación. Dice que el mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce. San Juan llama mundo a los que libre y deliberadamente rechazan la Fe.
  2. – Por Cristo con el Padre. “Aquel Día, (re)conoceréis que Yo estoy en mi Padre, vosotros en Mí y Yo en vosotros”. “Aquel Día” quiere decir la Pascua perenne de la Iglesia. “Estar en Cristo y Cristo en nosotros” es la sublime experiencia de la Vida cristiana según San Juan. Participando de su Filiación divina, estamos con Él en nuestro Padre. Criterio, sabor y manifestación de esta intimidad con Dios es la Caridad sincera y la guarda de los Mandamientos.
  3. – En el Espíritu Santo. A lo largo del “Sermón de la Cena”, Jesús anuncia cinco veces a su Iglesia la Venida-y-Permanencia del Espíritu Santo. Hoy escuchamos la primera invitación a que nos preparemos a revivir en profundidad la fiesta perenne de Pentecostés. Es infinita la actividad del “Espíritu Santo” en la Iglesia. Espíritu de la Verdad, mantiene ardiente el diálogo-de-vida entre nuestra Fe y la Verdad de Dios. Dicen que la más alta conquista de la inteligencia es llegar a comprender que Dios vive en nosotros. Y la mas honda sabiduría, sentir y gustar que nosotros vivimos en Dios. El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre ello.

Tu Virgen María, Virgen del Pilar, que así lo comprendiste y gustaste, dánoslo a nosotros también a comprender y gustar.



Fuente: Parroquia de San Valero
20.04.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
V Domingo de Pascua
Ciclo A
Evangelio: Jn 14, 1-12
No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dijo:
--Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?
--Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida -le respondió Jesús-; nadie va al Padre si no es a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto.
Felipe le dijo:
--Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
--Felipe -le contestó Jesús-, ¿tanto tiempo como llevo con vosotros y no me has conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo no las hablo por mí mismo. El Padre, que está en mí, realiza sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas porque yo voy al Padre.


El Evangelio de hoy nos habla de la despedida de Jesús en el Cenáculo, horas antes de su Pasión y Muerte. Les comunica que se va al Padre (Pasión y muerte); que se va a prepararles sitio y luego volverá (Resurrección y gloria); y que los llevará con Él y caminarán juntos y os llevaré a donde yo estoy.

  1. – “Me voy a prepararos sitio”. Habla del dolor infinito de su cruz y se expresa con la sabrosa alegoría de un viaje a la Casa del Padre. Para que los hombres pecadores pudiéramos entrar en esa “Casa”, es decir, en la intimidad interna con Dios, quiso adelantarse Él, sacrificado por todos en redentora actitud, asumiendo nuestros pecados.
  2. – “Luego de haber ido a prepararos sitio, volveré...” Promesa de la Resurrección. Ausencia de unas horas, preludio de una eterna Presencia. Al “volver”, Jesús Glorificado trae a los suyos, a la Comunidad Apostólica, a la Iglesia la Gloria divina que Él ya respira en la Casa del Padre.
  3. – “Y...os llevaré conmigo, para que donde estoy Yo estéis también vosotros”. Caminar juntos y permanecer siempre juntos. Ya, nuestro nuevo Papa Benedicto XVI, nos hizo el jueves pasado un llamamiento a la unidad. Ésta es la idea cumbre de la espiritualidad del Nuevo Testamento: seguir a Cristo; trabajar, padecer y gozar; morir y vivir en Cristo. Estar con Cristo es el Cielo en la tierra. La afirmación principal que resume todo el evangelio es: YO SOY EL CAMINO Y LA VERDAD Y LA VIDA. El Camino del que habla Jesús no es una línea trazada en el campo, que debamos recorrer. Es su misma Persona. Dejar que Él viva, piense, sienta y actúe en nuestro “caminar”, que es nuestro vivir. Jesús-Camino es la Verdad que se nos da en el Evangelio, la Vida que arde en nosotros por la Eucaristía. Felipe apóstol, suplica, como tantos ingenuos, una experiencia tangible del Padre Dios. Hay que recordar que en este mundo, basta Cristo. Que en la humanidad glorificada de Cristo (el que tenemos en el Evangelio, en la Eucaristía) DIOS se nos hace transparente, cercano, de casa.

Así lo entendiste tú, María Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, junto con San José. Que nosotros también lo entendamos de la misma manera; y en Cristo Glorificado, Dios se nos haga cercano, de casa, transparente.



Fuente: Parroquia de San Valero
13.04.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo de Pascua
Ciclo A
Evangelio: Jn 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»


TE NECESITO
    El lema actual y personal para cada uno de nosotros es: TE NECESITO.
  • Es una llamada que nos invita a todos. El lema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones es una invitación sin excepción.
  • Contemplamos a Jesús como el Buen Pastor que llama a las ovejas por su nombre y las guía. Jesús nos necesita para ser pastores como Él.
  • Contemplamos a Jesús como la puerta por la que se llega a los pastos de vida.
    Él nos invita a ser puertas que ofrezcan una vida en abundancia a nuestro mundo de hoy sabiendo que Él es la vida que ofrecemos.
    San Pedro ya lo ha hecho. Su discurso provocó la conversión de quienes le escuchaban.
  • Los peligros y las tentaciones de todo pastor: convertirse en salteador del rebaño.

Domingo del Buen pastor. El pueblo que escuchaba a Jesús, comprendía la alegoría religiosa del Pastor y su Rey. También nosotros cantamos, con ternura y confianza, el Salmo: El Señor es mi pastor; nada me falta con Él...

Al llamarse Pastor de Israel, Jesús se define Mesías. Para la Iglesia de los Apóstoles y de las Catacumbas, la imagen del Buen Pastor era símbolo del Amor de Cristo. El vocablo “pastoral” se extendió también (y ahora quizá más que nunca) a la acción eclesiástica. Por respeto a su origen, quienes lo hacemos nuestro (el vocablo PASTORAL), nos comprometemos a mostrar ante el mundo transparencia del único Pastor, Jesús.

  1. – “Jesús les dijo esta comparación”. Se refiere esta comparación a un aprisco en plena vida. Significa el Pueblo de Dios. El vallado tiene una única puerta que define dos estilos. Entrar y salir por ella es libertad y derecho del Pastor. Saltar el muro, es nocturnidad del ladrón.

  2. – “Yo soy la Puerta”. La imagen de la Puerta no tiene sentido material, sino funcional. PUERTA quiere decir legítimo entrar y salir. Línea de encuentro entre familiares y amigos. Norma de gozosa libertad que lleva el hogar al mundo y el mundo al hogar. La Puerta juzga al que, con gesto de ladrón, se empeña en entrar sin pasar por élla. Las palabras con que el Señor acusa a “ladrones y bandidos” aluden a situaciones concretas de la historia reciente de su Pueblo. Falsos redentores equivocados y criminales, expertos en robar, matar, destruir.

  3. – “Yo he venido para que tengan vida”. Éste es el pensamiento central de todo el capítulo. Nos lleva a las siguientes reflexiones: “Yo soy el buen pastor”. El que entrega su propia Vida en Sacrificio, a fin de que el Pueblo, tenga la vida verdadera, “abundante”. En el Evangelio, la palabra Vida tiene una infinita plenitud de significado; condensa toda la Misión Pastoral de Jesús y, por tanto, de su Iglesia, como, por ejemplo, hemos constatado a través de toda la vida de Juan Pablo II.

Si Jesús es la Puerta, Tú, Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, no dejas de ser la mejor aldaba para llamar y entrar por ella. Llévanos contigo a Jesús.



Fuente: Parroquia de San Valero
06.04.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo de Pascua
Ciclo A
Evangelio: Lc 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel día a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén: iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?".
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: "¿Eres el único forastero en Jerusalén, que no sabe lo que ha pasado allí estos días?".
Él les preguntó: "¿Qué?" Ellos le contestaron: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: ya es el tercer día desde que sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado; pues fueron de mañana el sepulcro, no encontraron su cuerpo e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron".
Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esta para entrar en su gloria?".
Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron diciendo: "Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída".
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: "¿No ardía vuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?".
Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón".
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Jesús Resucitado está presente en la Iglesia. El Evangelio de los discípulos de Emaús es una meditación sobre esta Presencia. Presente en la Palabra de Dios. En la Fracción del Pan. En la Comunidad Apostólica.

  1. —En la Palabra de Dios. El hecho real de aquel camino de Emaús, es como una liturgia de la Palabra. Sin darse cuenta los dos caminantes están escuchando a Jesús de Nazaret. Cuando se proclama en la comunidad eclesial la Palabra de Dios y se explica, Cristo está presente. Jesucristo, la Palabra viva, penetra en nuestro corazón y hace que nuestro pensar y sentir sea elevado y sintonice con el pensar y sentir de Dios. A los dos de Emaús, antes hundidos en el pensamiento, les arde el “corazón” mientras escuchan al Maestro, desconocido para ellos. Explicar las Sagradas Escrituras, como Jesús hizo con los dos de Emaus, para provecho de cada uno de los fieles, es oficio principal de la Iglesia; y, sobre todo, de la gracia de Dios; fundamento de toda Catequesis, desde el nivel infantil hasta la mas alta Teología.

  2. —En la Fracción del Pan. Ya en la Iglesia, aun en vida de los Evangelistas, se leía y comentaba la Palabra de Dios para prepararse a la celebración Eucarística =(A la Fracción del Pan). “Quédate con nosotros que anochece...” Oración sencilla y plena de deseo de la compañía de Jesús en cada uno de nosotros también. La Eucaristía es hogar de la Fe. En el momento en que los ojos exteriores de los dos discípulos se quedan sin la imagen del acompañante, se les ilumina la mirada interior de la verdad para “ver” y sentir la real presencia de Cristo. Cada Eucaristía nos reenciende el júbilo de Emaús.

  3. —En la Comunidad Apostólica. Sin esperanza, los dos discípulos de Emaús se iban de Jerusalén, donde habían quedado los Apóstoles. Aquella noche, Jesús se quería manifestar a todos, reunidos, para cenar con ellos en signo de fraternidad y darles la Misión de llevar el Evangelio al mundo. Es el tema de las siguientes líneas de San Lucas, que son continuidad del relato de Emaús. La experiencia de Cristo pone en el alma de los dos la necesidad de volver a Jerusalén. Es decir, a la Comunidad Apostólica, donde el amor de cada uno a Cristo se funde en el amor y unidad de todos.

En la espera del Espíritu Santo, toda la Comunidad Apostólica, unidos y en compañía de María la Madre de Jesús, pedían en la oración su pronta venida. Como entonces, también nosotros ahora, con María del Pilar, pedimos los dones de los que hoy carecemos.



Fuente: Parroquia de San Valero
30.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Pascua
Ciclo A
Evangelio: Jn 20, 19-31
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.»
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.»
Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»
Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»
Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.
Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.


Se encuentran en el Evangelio algunas bienaventuranzas que no están entre las del Sermón de la Montaña. Hoy escuchamos la principal: FELICES LOS QUE TIENEN FE.

  1. – “Vino Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros”. Fue la primera Pascua y el primer domingo cristiano. A la misma hora que se habían reunido tres días antes, el Jueves Santo. Entonces Jesús se despidió anunciándoles que volvería. Les prometió la Paz, la Alegría, el Espíritu. Los exhortó a que permanecieran unidos. Jesús se hace presente “en medio” de ellos. Trasciende la materia, pero se deja tocar. Manos y corazón llagados. Señor de la Gloria y Cristo de la Cruz. Humano y Dios. Su presencia, es la Alegría. Su Palabra, la Paz. Transfiere su propia Misión a la Iglesia, comunicándole, como aliento creador, el Espíritu Santo, que les da el poder de perdonar los pecados.

  2. —“Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. San Juan evangelista debió de encontrarse con más de un difícil “Tomás” a lo largo de su vida. A Tomás apóstol, constituido patrono de los que dudan, lo recuerda con afecto: Se ha escrito, dice, para que creáis y creyendo tengáis Vida.

  3. – “Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!”. Expresión de fe viva en el Jesús divino de la Gloria, y en el Jesús humano de las llagas abiertas; confesión que infinidad de nosotros pronunciamos en nuestro interior en el momento de la consagración. Tenemos que agradecer al Señor, que nos declara dichosos a cuantos creemos sin necesidad de haber visto. Como aquellos a quienes se dirige San Pedro en la 2ª lectura de hoy. La Fe cristiana está enraizada en la Comunicación Apostólica, que es: Doctrina, Fraternidad, Eucaristía, Oración... La incredulidad empieza por no frecuentar, por ausentarse, por alejarse de ese Hogar de la Fe. Las últimas líneas sirven de resumen a todo el Evangelio de San Juan. Dicen que su autor lo escribió para que mantengamos la Fe en Jesús, y creyendo obtengamos la vida.

Sepamos agradecérselo a Él y a su Madre Inmaculada, la Virgen del Pilar que nos lo dio. Hagamos lo que Él nos diga.



Fuente: Parroquia de San Valero
23.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Domingo de Pascua de Resurrección
Misa del día - Ciclo A
Evangelio: Jn 20, 1-9
El día siguiente al sábado, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces echó a correr, llegó hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo:
—Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro.
Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó antes al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos. Y los discípulos se marcharon de nuevo a casa.


Al celebrar la Pascua, saboreamos una triple experiencia de Fe: Cristo ha resucitado; Hemos resucitado con Él; Somos testigos de la Resurrección.

  1. – CRISTO HA RESUCITADO. “Ha resucitado” quiere decir que Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el que murió en la Cruz, vive con su misma real humanidad en la Gloria divina. Su “paso” de la Muerte a la Vida se realizó en silenciosa trascendencia. Luego, Jesús glorificado fue comunicándose, en primer lugar, sin duda, a su madre Maria; después a los discípulos como ya antes les había predicho. Sirvió de signo el Sepulcro vacío, cuyo significado les interpretó el Ángel que proclama el Misterio y les dice: el Crucificado ya no está aquí; VIVE. Se sucedieron las diversas apariciones a algunos en particular: a María de Magdala y compañeras, a los de Emaús, a Pedro y otros discípulos. Por fin a todos reunidos. A tenor de lo que veían y sentían, actuaba dentro de cada uno la gracia divina de la Fe, más convincente que cualquier humana evidencia.

  2. – HEMOS RESUCITADO CON ÉL “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo...” Los textos de la Carta a los Colosenses que acabamos de escuchar nos impelen a aspirar a los bienes del Cielo, no a los de la tierra. Porque por el Bautismo hemos sido incorporados a Jesucristo. La Eucaristía mantiene viva, consciente y dinámica esta incorporación. Su Resurrección nos constituye en situación de Gloria. Transfigura a lo divino nuestra existencia humana. Nos asegura que el dolor germina en Bienaventuranza y que el mismo acto de la necesaria muerte corporal nos manifestará la Vida Eterna, que en Cristo ya poseemos.

  3. – SOMOS TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN. En la primera lectura que hemos escuchado, San Pedro, según el libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice: "Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén". Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado; a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Para pertenecer al grupo apostólico fue condición haber sido testigos de la Resurrección de Jesús. La Iglesia es continuadora de la misión apostólica en el mundo. Si nuestra Vida es Cristo, ha de irradiar a los demás a Cristo, rezumando alegría cristiana. Alegría que tiene su manantial en aquella manera de vivir, que el catecismo llama “estar en Gracia de Dios” de la cual estuvo llena la Virgen María desde el primer instante de su concepción.

    A ti, Virgen del Pilar, como siempre, nos dirigimos, para pedirte la gracia de darnos a conocer a tu Hijo resucitado, y hacernos testigos de su resurrección.



Fuente: Parroquia de San Valero
21.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Viernes Santo - Las siete palabras
Ciclo A
Evangelio: Jn 18, 1-19, 42
(...) Y, cargando con la cruz, salió hacia el lugar que se llama la Calavera, en hebreo Gólgota. Allí le crucificaron con otros dos, uno a cada lado de Jesús. Pilato mandó escribir el título y lo hizo poner sobre la cruz. Estaba escrito: "Jesús Nazareno, el Rey de los judíos". Muchos de los judíos leyeron este título, pues el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cerca de la ciudad. Y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los príncipes de los sacerdotes de los judíos decían a Pilato:
--No escribas: "El Rey de los judíos", sino que él dijo: "Yo soy Rey de los judíos".
--Lo que he escrito, escrito está, contestó Pilato.
Los soldados, después de crucificar a Jesús, recogieron sus ropas e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y además la túnica. La túnica no tenía costuras, est
--No la rompamos. Mejor, la echamos a suertes a ver a quién le toca -para que se cumpliera la Escritura cuando dice:
Se repartieron mis ropas
y echaron suertes sobre mi túnica.
Y los soldados así lo hicieron.
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre:
--Mujer, aquí tienes a tu hijo.
Después le dice al discípulo:
--Aquí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, como Jesús sabía que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
--Tengo sed.
Había por allí un vaso lleno de vinagre. Sujetaron una esponja empapada en el vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús, cuando probó el vinagre, dijo:
--Todo está consumado.
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (...)


  1. PADRE PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Jesús en la cruz nos enseña su amor, su amor hasta el fin. Lo primero que piensa es en perdonar, seguir amando a los que lo han rechazado. No saben lo que hacen; no sabemos lo que hacemos. Si nos descuidamos podríamos terminar siendo cristianos solamente de nombre pero en el fondo no siendo verdaderos seguidores de Jesús.

  2. EN VERDAD EN VERDAD TE DIGO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAISO. Uno de los ladrones cree en Jesús. Hoy le decimos San Dimas, el buen ladrón. Es el primero recibido en el cielo por Cristo. Desde la cruz le da la bienvenida al reino de Dios. Jesús en la cruz es Jesús triunfante, nada le pudo quitar su voluntad de buscar gente para el reino de Dios. También nosotros nos acercamos a Cristo en la cruz sabiendo que nos va a recibir.

  3. MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO... AHÍ TIENES A TU MADRE. Jesús da a su madre a San Juan. San Juan era el único apóstol que quedó con Jesús al pie de la cruz. Y nosotros, ¿hemos quedado con Cristo siempre?. Nosotros profesamos el amor a su madre, la Virgen María. La consideramos nuestra madre y la madre de todos. Ella es la madre de la iglesia, la primera que amó a Jesús y la primera redimida por Jesús. Ahora queremos pedirle que nos mantenga fieles a su Hijo.

  4. DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? Estas palabras son el comienzo del Salmo 21 (22) que comienza expresando un sentido de abandono pero termina en la fe de que Dios está presente. De la oscuridad Dios nos hace pasar a la luz. Los que se sienten abandonados pueden clamar a Dios con estas palabras, pidiendo auxilio, pidiendo la presencia de Dios. Si alguna vez nos hemos sentido abandonados, debemos darnos cuenta de que Cristo pasó por el mismo sufrimiento.

  5. TENGO SED. Hemos visto a Jesús en la cruz y nos hemos acercado. Jesús tiene sed de estar con nosotros. En Cristo crucificado vemos el amor que nos tiene y que continúa a pesar de nuestra indiferencia.

  6. TODO ESTÁ CUMPLIDO. Todo ya terminó. Todo ya termina y todo ya comienza. Todo es diferente ahora. Hemos visto a Cristo en la cruz y ahora podemos acercarnos a Cristo resucitado como amigo. Y si amamos a Jesús, amaremos a las personas que viven con nosotros.

  7. PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU. Jesús sufrió, Jesús fue abandonado, pero siempre sabía a donde iba. No tenía ninguna duda de que todas sus acciones fueran parte de su camino al Padre. Dios amó al mundo tanto que dio a su único Hijo para que todos los que creen en él tengan la vida eterna: (Juan 3, 16). El camino de Cristo por este mundo es el camino al Padre. Con nosotros Cristo ha compartido lo más precioso, su vida con el Padre. En Cristo somos hijos de Dios, en Cristo tenemos vida, en Cristo hemos nacido de nuevo. Cristo triunfa en la cruz. Llega al final de su peregrinación al Padre y llega al Padre acompañado con nosotros. Éste es su momento glorioso, ésta es la victoria de la cruz.



Fuente: Parroquia de San Valero
20.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Jueves Santo - Cena del Señor
Ciclo A
Evangelio: Jn 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
Llega a Simón Pedro; éste le dice:
Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?
Jesús le respondió:
Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.
Le dice Pedro:
No me lavarás los pies jamás.
Jesús le respondió:
Si no te lavo, no tienes parte conmigo.
Le dice Simón Pedro:
Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.
Jesús le dice:
El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.
Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: No estáis limpios todos.
Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo:
¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.


En esta tarde del Jueves Santo celebramos, con gozo, la Cena del Señor. Cena entrañable, cargada de sentimientos, por ser la última Cena del Señor en la cual volcó todo su corazón e instituyendo la Eucaristía y el Sacerdocio Ministerial, perpetuó para siempre su presencia entre nosotros y nos legó también el Mandamiento Nuevo del amor.

  1. INSTITUYÓ LA EUCARISTÍA. "Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo".
    Tomando pan y vino en sus santas manos pronunció sobre ellos las palabras que convirtieron el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre: tomad y comed todos de Él porque ESTO es mi CUERPO; tomad y bebed todos de ÉL porque éste es el CALIZ de mi SANGRE. Y así perpetuó su presencia para siempre entre nosotros. Cristo no es alguien del pasado. Cristo sigue con nosotros; es nuestro compañero de camino. Es viva realidad actual, y todo ello a través del signo tan pequeño y frágil como es el pan y el vino, pues es presencia actual de Cristo.
  2. INSTITUYÓ EL SACERDOCIO MINISTERIAL. Aquella misma noche, nos dio otro don, en función de la EUCARISTíA. Jesús constituyó sacerdotes a los apóstoles, y les dio la potestad de hacer presente el MISTERIO: les dijo: "HACED ESTO EN CONMEMORACION MIA". Desde entonces los sacerdotes estamos vinculados con la EUCARISTÍA para ofrecer a Dios el Sacrificio de Jesús, Pan de vida a favor del pueblo. Juan Pablo II dirigía estas palabras en el nº 4 de su Carta a los sacerdotes en el Jueves Santo del año 2004: "Por eso, a la vez que fijamos nuestra mirada en Cristo que instituye la Eucaristía, tomemos nuevamente conciencia de la importancia de los presbíteros en la Iglesia y de su unión con el Sacramento eucarístico. En la Carta he querido repetir que el Sacramento del altar es don y misterio, y que el sacerdocio es también don y misterio, pues ambos brotaron del Corazón de Cristo durante la última Cena".
  3. Y NOS DIO TAMBIÉN EL MANDAMIENTO NUEVO DEL AMOR. Mientras están cenando, Jesús se levanta de la mesa y comienza a lavar los pies a los discípulos. Pedro, al principio, se resiste; luego, comprende y acepta. También a nosotros se nos invita a acoger dócilmente el gesto del amor de Jesús: Dejarnos limpiar de nuestros pecados. Sólo después seremos invitados a hacer nosotros lo mismo, es decir, a lavarles los pies a nuestros hermanos, que se traduce por aceptar su mandamiento nuevo: "amaos los unos a los otros como Yo os he amado".


Fuente: Parroquia de San Valero
16.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Domingo de Ramos
Ciclo A
Evangelio: Mt 27, 11-54
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
Jesús compareció ante el gobernador, quien le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?». Pero él no le respondió nada, hasta el punto de que el gobernador se quedó muy extrañado. Por la fiesta el gobernador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó a todos los que estaban allí: «¿A quién queréis que os deje en libertad? ¿A Barrabás o a Jesús, a quien llaman el mesías?». Pues sabía que lo habían entregado por envidia. Estando en el tribunal, su mujer mandó a decirle: «No resuelvas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho hoy en sueños por causa de él».Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Y al decirles el gobernador: «¿A quién de los dos queréis que os suelte?», ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato les dijo: «¿Qué haré entonces con Jesús, a quien llaman el mesías?». Todos dijeron: «¡Que lo crucifiquen!». Él replicó: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». Viendo Pilato que nada conseguía, sino que aumentaba el alboroto, mandó que le trajeran agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Vosotros veréis!». Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Entonces puso en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado.
Luego los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno de él a toda la tropa. Lo desnudaron, le vistieron una túnica de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; y, arrodillándose delante, se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!». Le escupían y le pegaban con la caña en la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Cuando salían, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota (que significa la Calavera) dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suertes. 36 Y se sentaron allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron la causa de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban por allí le insultaban moviendo la cabeza y diciendo: «¡Tú que destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!». Del mismo modo los sumos sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos se burlaban de él y decían: «Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. ¡Es rey de Israel! ¡Que baje de la cruz y creeremos en él! Confiaba en Dios. Que lo libre ahora, si es que lo ama, puesto que ha dicho: Soy hijo de Dios». Los ladrones crucificados con él también lo insultaban.
Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con fuerte voz: «Elí, Elí, lemá sabactani?» (que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «¡Éste llama a Elías!». En aquel momento uno de ellos fue corriendo a buscar una esponja, la empapó en vinagre, la puso en una caña y le dio de beber. Los otros decían: «¡Deja! A ver si viene Elías a salvarlo». Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron y, saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión, por su parte, y los que con él estaban custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, tuvieron mucho miedo y decían: «Verdaderamente éste era hijo de Dios».


Último domingo de Cuaresma. "De ramos" y "de pasión". Contraste (que es armonía) entre los Hosanna del Monte de los Olivos y la Cruz, tan próxima del Calvario.

La conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén da a este domingo su encanto popular. Liturgia imitativa que hace resonar de año en año el eco de aquel ¡¡¡HOSANNA!!! en que se encontraron la revelación de Cristo y la Fe pura de los niños.

"Decid a la Hija de Sión: Mira a tu Rey, que viene a ti; humilde, montado en un asno...". El maestro Jesús sabía hablar a los ojos. Con el gesto de pedir prestado el asno de Betfagé, transforma aquella expansión de entusiasmo, en el recuerdo que todos conocían de la profecía de Zacarías. Zacarías había anunciado que el Mesías de los Pobres se presentaría a Jerusalén actitud de Paz. Exigiendo el desarme: "suprimirá los carros de guerra... los caballos... el arco de combate...". Signo de esta actitud, entrar montado en un asno inofensivo; los belicosos montaban a caballo... —La Liturgia procura a su manera actualizar aquella Manifestación por el Reinado de la Paz: Ramos de olivo en manos inocentes. Hosanna triunfal en labios sin odio. Posiblemente muchos de los que entonces aclamaron a Jesús ardían en ideales de horizonte terreno. Incluso de "santa" violencia. (Jesús los desautorizó en el Calvario). "Mira a tu Rey humilde, hija de Sión...". La palabra correspondiente a "humilde" es la misma que emplea San Mateo en la segunda Bienaventuranza y cuando el Señor se declara a sí mismo "suave y sencillo de corazón". Interpretada por el Evangelio, la liturgia de las palmas es aclamación a Jesucristo Rey de los humildes. De los no-soberbios. Es decir, de los auténticos "pobres" según la Biblia. Los no-violentos, que trabajan y hasta saben morir por la Paz.

El relato de la Pasión es el núcleo más antiguo del Evangelio. Se configuró en torno a la celebración eucarística. Por eso empieza con la evocación de la Cena en que Jesús la instituyó. La Eucaristía ilumina el sentido teológico de la Pasión. La entrega del Cuerpo y de la Sangre es Realidad-hecha-signo de la Generosidad divina con que Cristo se da por nosotros en Sacrificio de Alianza eterna. Y se nos da para incorporarnos a Él. Los que viven la Eucaristía se sitúan con naturalidad en el centro de la Cruz. San Pablo resumía la Pasión diciendo que "Cristo nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotros". Darse es la palabra infalsificable del Amor. En la Pasión, Cristo nos la dice con infinita evidencia.

Madre mía dolorosa tu tomaste parte activa de la Pasión. Háznosla sentir también a nosotros ya que somos los causantes por nuestros pecados. Ayúdanos a arrepentirnos de todo corazón.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de San José
Ciclo A
Evangelio: Mt 1, 16.18-21.24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo.
La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
—José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado.


Este año, por coincidir la Solemnidad de San José con la semana Santa, ha sido trasladada al sábado día 15.

Hoy, como todos los años, estamos celebrándola con el mismo cariño y veneración que se merece. San José era descendiente de la familia de David a través de Jacob y Helí. El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando le dijo: "Alégrate llena de gracia"; el Señor está contigo. "No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo". ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el que ha de nacer será llamado Hijo de Dios".

José, confirmado por un ángel de la divina maternidad de María, tomó consigo a María, su mujer, y la recibió en su casa. Cumpliendo una disposición de César Augusto, acude a Belén de Judea, siendo de la casa y de la familia de David, para inscribirse él y su familia.

Y sucedió que, mientras estaban allí, a María se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su Hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no tenían sitio en el alojamiento. Fue visitado por los pastores y los magos. José preparó a los ocho días la ida a Jerusalén para circuncidar al niño y ponerle el nombre de Jesús. Advertido, en sueños, por un ángel, huyó a Egipto para huir de la persecución de Herodes, hasta que el ángel le dijera; y nuevamente advertido, volvieron a vivir en Nazaret. Cuando Jesús tuvo 12 años, volvió con José y María al templo de Jerusalén y Jesús se quedó en el templo entre los doctores; a los tres días de angustiosa búsqueda, lo encontraron en el templo.

Respecto a su actividad José era carpintero artesano. Siempre es presentado como esposo de María y “padre” de Jesús, considerado su Hijo tanto por su esposa como por los extraños.

Se le llama "justo". Todas las informaciones respecto a San José son en función de la persona y función salvífica de Jesús.

Lo primero y principal en San José es: Que es el esposo de la Virgen María. De aquí le vienen todas las prerrogativas que Dios le ha concedido. Él es ejemplo a imitar por todos los que contraen matrimonio.

Que es Patrono de la Iglesia. La Iglesia es la gran familia de Dios extendida por toda la tierra. Y San José fue el protector de la Iglesia doméstica NAZARET, como cabeza de la sagrada familia, formada por Jesús, y María con él. De ahí que se nos proponga como custodio de la Iglesia Universal.

Que es Patrono de los aspirantes al sacerdocio. Ya que él fue el rector del Seminario de NAZARET, donde Jesús creció en desarrollo físico, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres.

San José no sólo es patrón: es también modelo a imitar. José es llamado justo-bueno y fiel. A todos nos invita a imitarle en estas virtudes básicas en la práctica de la vida cristiana.

Virgen María, tú que conoces mejor que nadie a tu esposo José, enséñanos y ayúdanos a ser fieles imitadores suyos.



Fuente: Parroquia de San Valero
09.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
V Domingo de Cuaresma
Ciclo A
Evangelio: Jn 11, 1-45
Había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús:
Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.
Al oírlo Jesús, dijo:
Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. Al cabo de ellos, dice a sus discípulos:
Volvamos de nuevo a Judea.
Le dicen los discípulos:
Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?
Jesús respondió:
¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él.
Dijo esto y añadió:
Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.
Le dijeron sus discípulos:
Señor, si duerme, se curará.
Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente:
Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él.
Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos:
Vayamos también nosotros a morir con él.
Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús:
Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Le dice Jesús:
Tu hermano resucitará.
Le respondió Marta:
Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.
Jesús le respondió:
Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?
Le dice ella:
Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.
Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído:
El Maestro está ahí y te llama.
Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él. Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo:
Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo:
¿Dónde lo habéis puesto?
Le responden:
Señor, ven y lo verás.
Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían:
Mirad cómo le quería.
Pero algunos de ellos dijeron:
Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?
Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús:
Quitad la piedra.
Le responde Marta, la hermana del muerto:
Señor, ya huele; es el cuarto día.
Le dice Jesús:
¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?
Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo:
Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.
Dicho esto, gritó con fuerte voz:
¡Lázaro, sal fuera!
Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice:
Desatadlo y dejadle andar.
Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.


El Evangelio de la resurrección de Lázaro es una fuerte llamada a la Esperanza. Sería bueno meditarlo sin prisa. La Cuaresma nos invita a meditar, no sólo a "leer" todos los días el Evangelio.

  1. “Yo soy la resurrección y la vida”. Afirmación contundente y llena de vida que recopila todo el mensaje de tan largo Evangelio. En esta página de San Juan todo es a un tiempo realidad y signo. La real muerte y vuelta a la vida temporal de Lázaro significa la futura Resurrección a la Gloria eterna. Y, al mismo tiempo, "Resurrección" espiritual del pecador a la Gracia. Nos ha de llenar de alegría, descubrir a un Jesús, tan humano, que llora por el amigo; y tan divino, que tiene poder sobre la muerte, tanto del cuerpo como del alma.

  2. “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Resucitar es recobrar plenamente la propia vida después de haber muerto. Eterno regalo de Cristo a los que creen en Él. Cuando los catecúmenos escuchaban este Evangelio, como preparación a su próximo Bautismo en la noche de Pascua sentían el gozo de verse liberados del pecado, para emprender su renovada vida de gracia llenos del Espíritu de Cristo. De esta vida sinceramente “espiritual” nos ha hablado San Pablo en la segunda lectura.

  3. “Y todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. La resurrección de Lázaro es un ejercicio práctico de Fe, que Marta realiza, al contestarle a Jesús: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Fe total, que es adhesión a la persona de Cristo en plenitud de pensamiento, corazón y obras. Fe que el Bautismo consagra y la Eucaristía mantiene en llama viva. Así entendida, la Fe es manantial de Vida eterna, germen de Resurrección. Por encima del inevitable destino de nuestra muerte corporal, que ningún progreso ha suprimido ni suprimirá, el que cree – y sólo el que cree – tiene Esperanza. Esperanza de Vida Eterna.

Virgen del Pilar, Madre Inmaculada, llena nuestra vida de pureza del alma tan necesaria en nuestros días. Pureza que nos mantenga en la Fe que recibimos en el Bautismo y que avala nuestra Resurrección con Cristo tu Hijo.

Hoy celebramos el día del Seminario. Se nos hace una llamada para dirigir nuestra mente hacia el lugar en que se fraguan las vidas de aquellos que sintieron un día la llamada de Dios, a seguirle de cerca, y con decisión y alegría le contestaron "aquí nos tienes Señor". Para que un día, participemos de tu sacerdocio y cooperemos contigo a establecer Tu Reino en el mundo.

  1. Para enseñar la Palabra de Dios y garantizar la calidad de la educación cristiana.

  2. Para anunciar el Evangelio aquí y en países de misión.

  3. Para perdonar los pecados en nombre de Jesús.

  4. Para presidir la Eucaristía y dar el Pan de la Vida.

  5. Para animar la comunidad cristiana, la Parroquia y los grupos de fe, procurando ser ejemplo y apoyo.

  6. Para estar cerca y ayudar a los pobres, los necesitados, los que sufren, como hizo Jesús.

  7. Para enseñar a rezar y relacionarse con Dios como Padre y a ver lo que el Espíritu quiere de cada uno y descubrir que estamos llamados a la felicidad eterna.

  8. Para orientar con criterios morales y evangélicos en los problemas de la vida y el mundo actual.

  9. Para impulsar la responsabilidad de los seglares en la sociedad y dentro de la Iglesia.

  10. Para servir a la unidad eclesial, coordinando a todos en comunión con el Obispo.

Hoy a todos se nos pide: A los jóvenes que “Si escuchas hoy su voz” ¡¡ Síguele!! . Y a todos nosotros: Oración: “Envía obreros a tu mies”. Y Generosa ayuda económica. No seamos tacaños con la Iglesia, pues todos somos Iglesia.



Fuente: Parroquia de San Valero
02.03.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo de Cuaresma
Ciclo A
Evangelio: Jn 9, 1-41
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:
- «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego? »
Jesús contestó:
- «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
- «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
- «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían:
- «El mismo.»
Otros decían:
- «No es él, pero se le parece.»
Él respondía:
- «Soy yo.»
Y le preguntaban:
- «¿Y cómo se te han abierto los ojos?»
Él contestó:
- «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »
Le preguntaron:
- «¿Dónde está él? »
Contestó:
- «No sé.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
- «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
- «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban:
- «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
- «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
- «Que es un profeta.»
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
- «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres contestaron:
- «Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.»
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él." Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
- «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él:
- «Si es un pecador , no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntaron de nuevo:
- ¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»
Les contestó:
- «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
- «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.
Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»
Replicó él:
- «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera, de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron».
- «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
- «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó:
- «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo
- «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
- «Creo, Señor.»
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
- «Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
- "¿También nosotros estamos ciegos?"
Jesús les contestó:
- «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»


El Evangelio de este Domingo central de la Cuaresma es el de aquel ciego a quien Cristo regaló la Luz. Lo leían a los catecúmenos en esta jornada del "gran escrutinio". Ya en las Catacumbas, el arte contemporáneo, representaba la historia del ciego de nacimiento como símbolo del Bautismo. En efecto, la Iglesia antigua vió en esta página del Cuarto Evangelio una meditación bautismal.

  1. - "Mientras estoy en el mundo soy la Luz del mundo". Uno de los símbolos mas expresivos de la Biblia fue el de la "Luz". Sobre todo en contraste con las "Tinieblas". Cuando San Juan narra los milagros que obró el Señor los presenta, además, como signos de una realidad sobrenatural. En la curación del ciego de nacimiento describe el proceso del hombre que pasa espiritualmente de las "tinieblas" a la "Luz".
  2. - "Creo Señor. Y se postró ante Él". La iluminación del ciego es a un mismo tiempo hecho histórico y signo de transformación sobrenatural. Tres perspectivas:
    a) la luz (el ciego que cree);
    b) las tinieblas (los “fariseos”que se niegan a creer);
    c) los imprecisos...
    A. —El ciego no tenía la culpa de serlo. Pobre y sincero, acepta la presencia y el contacto misterioso (o unción con el barro) de Jesús. Va con docilidad a lavarse en el agua significativa de Siloé. Consciente de que su Luz es Gracia, lo proclama frente a la ironía y las insidias, hasta ser testigo-mártir de la Verdad, y, en consecuencia, excluido de la sociedad de los hipócritas. Reconoce a Cristo, cree en Él y lo adora.
    B. —Los que San Juan llama “fariseos” representan el pecado contra el Espíritu, o sea, cerrar los ojos para negar la Luz. Actitud tan infeliz como inútil.
    C. —Entre la Luz y las tinieblas, los imprecisos (vecinos y familia del mendigo). Han visto o presienten la Verdad. Pero no están dispuestos a comprometer por élla su situación.
  3. - "Para que los que no ven, vean, y los que ven queden ciegos". Los que ven quiere decir los que, en las cosas de Dios, están seguros de saberlo ya todo con sus propios alcances. Autosuficientes. No hay camino mejor para perder la Fe (o no tenerla nunca) que la soberbia de mente y corazón. Por el contrario, "los que no ven" los que tienen conciencia de su limitación, saben ir con paso humilde, en actitud bautismal, al agua de Siloé. Se identifican con la Luz que los iluminó un día: CRISTO.
    Madre Inmaculada:¡llevános a la Luz, llevános a ¡Jesús!


Fuente: Parroquia de San Valero
24.02.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo de Cuaresma
Ciclo A
Evangelio: Jn 4, 5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
- «Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La Samaritana le dice:
- «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?».
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó:
- «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice:
- «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos con sus ganados?».
Jesús le contestó:
- «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice:
- «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
Él le dice:
- «Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
- «No tengo marido».
Jesús le dice:
- «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
La mujer le dice:
- «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice:
- «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice:
- «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice:
- «Soy yo: el que habla contigo».
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: - «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?».
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían:
- «Maestro, come».
Él les dijo:
- «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis».
Los discípulos comentaban entre ellos:
- «¿Le habrá traído alguien de comer?».
Jesús les dijo:
- «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
- «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».


Hoy y los próximos dos domingos vamos a ver tres páginas sublimes del Evangelio de San Juan. Tres pasos de una catequesis bautismal: la meditación del Agua, de la Luz, y de la Vida. La Cuaresma ha de ser "primavera" del espíritu. Reflorezca en nuestra conciencia la alegría de haber sido bautizados, de ser hijos de Dios.

El primer domingo de Cuaresma vimos al Hijo de Dios luchando contra el mal en el Desierto. El segundo, lo contemplamos gozando de la Gloria del Padre en la Transfiguración. Hoy, tercer domingo, vamos a reflexionar sobre su tesoro que es el “Espíritu Santo” (bajo la alegoría del Agua viva”).

La primera lectura recuerda la peregrinación de Israel por el Desierto. Imagen de la vida humana. Sin el agua de aquella Roca, que era símbolo de Dios, hubieran muerto de sed. En la segunda lectura, San Pablo habla sin alegorías y dice: el “agua” es el Espíritu Santo, que ha impregnado nuestro corazón.

  1. – “Si conocieras el don de Dios...” El “don” o regalo de Dios es la presencia eficaz de Cristo entre nosotros. En la gran familia humana. En la vida de cada uno. La “samaritana” lo está viendo y lo ignora.

  2. – “...tú le pedirías de beber, y Él te daría Agua viva”. En este diálogo entre el Maestro y la mujer samaritana, San Juan resume todo el Mensaje Cristiano. A ella, pecadora y sin horizonte, Jesús le ofrece un manantial interior de felicidad. Si se lo acepta, nunca más tendrá sed. Un Manantial de Agua viva, que no se agotará en toda la eternidad. A través de esta página de San Juan, Cristo nos está diciendo a todos los humanos sedientos (sin más horizonte que el del pozo) que le pidamos el Espíritu Santo. El Espíritu que nos enseñe a adorar a Dios tal como Dios quiere ser adorado. Que nos eleve por encima de miserias que dividen, como dividían a judíos y samaritanos. Que nos libere de creer que no somos más que materia y nos ilumine en la verdad de pensar y sentir como hijos de Dios.

  3. – “Contemplad los campos, que ya están dorados para la siega”. El Evangelio de la “samaritana” es una invitación misional optimista a todos nosotros, discípulos de Cristo, a la Iglesia. La mayor parte creían entonces que Samaría estaba muy lejos del Evangelio. Jesús, junto al pozo de Jacob, se despreocupa hasta de la comida por su misión de evangelizar. Son muchos, tal vez, los “campos “de nuestro mundo que están esperando que les hablemos de Dios, del Espíritu, de la Verdad. Nuestra Madre Inmaculada nos ayudará a evangelizar a su estilo.



Fuente: Parroquia de San Valero
17.02.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Cuaresma
Ciclo A
Evangelio: Mt 17, 1-9
Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús:
—Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo:
—Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle. Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. Entonces se acercó Jesús y los tocó y les dijo:
—Levantaos y no tengáis miedo.
Al alzar sus ojos no vieron a nadie: sólo a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó:
—No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.


La Cuaresma nos prepara a la Pascua. El Éxodo fue el camino que condujo a la Patria. Prometida. La vida mortal de los que somos hijos de Dios tiene por destino la Gloria. El domingo pasado vimos al Hijo de Dios pasando su Cuaresma de sacrificio y tentación en el desierto. Hoy lo contemplamos transfigurado.

Jesús, el mejor maestro, hablaba a los ojos más que a los oídos. "Transfigurarse" ante los discípulos fue lección de Teología. Ocho días antes les había dicho, por primera vez, que es necesario pasar por la Cruz. Les pareció absurdo. Por eso, en el Tabor, les deja entrever —como anticipo de la Resurrección— la otra cara del Sacrificio. El Sacrificio es la puerta de acceso a Dios. Tenebrosa cuando se mira desde aquí. Resplandeciente si se contempla desde la Verdad (El Evangelio).

Los evangelistas condensaron en breves líneas el recuerdo de aquella hora. TRANSFIGURACIÓN—REVELACIÓN—SILENCIO.

  1. —Transfiguración. Luz intensa, no natural, que aviva la presencia de Dios. Significa, en el Tabor, que Jesús es Plenitud y Comunicación de la Divinidad. Luz repleta de Amor, Amor hecho Bondad, que infunde Bienaventuranza. Felicidad. —De ahí la reacción de Pedro, quien por estar ante Jesús manifestado, se siente del todo feliz.
  2. —Revelación. La nube envuelve también a los tres discípulos, germen de la Comunidad de la Nueva Alianza, es decir, de la Iglesia. La voz desde la nube es divina Revelación. El que habla, al decir "mi hijo" se llama PADRE. Su doctrina es una afirmación: Jesús, auténtico hombre, es EL HIJO DE DIOS. En Él está todo su Amor. En obedecerle se resume toda ley: ESCUCHADLE.
  3. —Silencio. Al término, “Jesús solo”. Sin Resplandor ni Nube. Sin profetas... quien ha escuchado al Padre ya no necesita ni a Moisés ni a Elías. Pedro, Santiago y Juan tienen que "bajar de la montaña" y caminar con Cristo hacia la Cruz, en silencio. La verdadera Gloria (que en las horas de Tabor sólo se pregusta) está al otro lado del Sacrificio.
  4. Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, transida de dolor, dame espíritu de sacrifico durante la Cuaresma para no errar el camino que me conduce a través tuyo hasta Jesús.



Fuente: Parroquia de San Valero
10.02.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
I Domingo de Cuaresma
Ciclo A
Evangelio: Mt 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre. Y el tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó diciendo: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras». Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios». Después el diablo lo llevó a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo: «Todo esto te daré si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto». Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.


Fue el Espíritu Santo quien guió los pasos de Jesús hacia el Desierto. Allí, con aquel ejercicio ascético de "cuarenta días y cuarenta noches" nos dejó el modelo de la Cuaresma cristiana. Nuestra Cuaresma ha de ser ejercicio práctico de Espiritualidad.

Cristo venía del Bautismo del Jordán, donde se manifestó sobre él el Espíritu, al tiempo que la voz del Padre decía: "Tú eres mi Hijo, el amado". Jesús vivió el silencio de aquellos días en la ardiente conciencia de sentirse HIJO DE DIOS. Con la misión de comunicar esta gloria a sus hermanos los hombres. Gracias a él en nuestro Bautismo recibimos también el Espíritu Santo que nos constituyó hijos de Dios. Que la Cuaresma haga reflorecer en nosotros, como una primavera del alma, la feliz responsabilidad de vivir como tales.

El Espíritu quiso que Jesús fuese tentado. Es decir, que venciese la TENTACION. Adán Sucumbió (1ª Lc.), y con él todos nosotros (2ª Lc.) Confesémoslo (Salmo). La Cuaresma es tiempo de purificación. En el último inciso del Padre nuestro, llamamos "liberación" a la victoria contra el Mal que nos tienta. Cuando no se antepone esta victoria personal contra el Pecado, se pierde todo proyecto humano de liberación.

En el relato evangélico de las tres tentaciones tenemos escenificada la victoria de cristo contra Satanás. El tentador quería desviar su misión de Hijo de Dios. La lección espiritual, en cada una de las tres escenas, se centra en el texto Bíblico que cita Jesús. Los tres textos son del Deuteronomio. El Deuteronomio es una meditación sobre la Historia del Éxodo. Cada una de las tres escenas alude a situaciones de la peregrinación de Israel por el Desierto, en las que el Pueblo se reveló contra Dios.
Jesús inculca una docilidad plena.

  1. El hombre vive, no sólo de pan, sino también de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Alusión a la historia del maná. Jesús la explanó en el sermón de la montaña.

  2. No tentarás al Señor tu Dios. El diablo sugiere a Jesús una exhibición espectacular, fantástica. Así aceptarían todos sus enseñanzas. Pero la Fe no quiere razones mágicas. Fluye por cauces humanos, sencillos.

  3. Al Señor, tu Dios, adorarás. SÓLO a Él, único Señor y centro de la vida. "Adorar a Satanás" es alegoría de vender alma y conciencia a otros dioses por ventajas temporales.

Madre nuestra, María Inmaculada, ayúdanos a vencer toda tentación a imitación de tu Hijo Jesús.



Fuente: Parroquia de San Valero
06.02.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Miércoles de Ceniza
Ciclo A
Evangelio: Mt 6, 1-6.16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».


Las tres lecturas de hoy expresan con claridad el programa de conversión que Dios quiere de nosotros en la Cuaresma: convertíos y creed en el Evangelio; convertíos a mí de todo corazón; dejaos reconciliar con Dios; Dios es compasivo y misericordioso...

Cada uno de nosotros, la comunidad, y toda la sociedad entera, necesitamos oír esta llamada urgente al cambio pascual, porque todos somos débiles y pecadores.

El miércoles de ceniza es un día en el que expresamos nuestro deseo de convertirnos a Dios. Hoy venimos al templo a que nos impongan la ceniza para expresar con este gesto que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio. La ceniza indica nuestra condición débil y caduca; nuestra situación pecadora; oración y súplica ardiente para que el Señor venga en ayuda nuestra; y resurrección, pues el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo. Como Abrahán en el Génesis podemos decir: "Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor".

Hoy hemos de asumir una actitud de humildad, que viene de humus "tierra": polvo y ceniza somos los humanos, aunque estamos llamados a convertir nuestras vidas en vidas revestidas de gracia que nos configuran con Cristo siguiendo sus pasos en la tierra hasta llegar a la gloria transfigurados con Él y participando de su Resurrección. La Cuaresma que hoy empieza nos conducirá a esta realidad: a convertirnos y creer en el Evangelio.



Fuente: Parroquia de San Valero
03.02.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
4º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán "los Hijos de Dios".
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Hoy escuchamos las BIENAVENTURANZAS según San Mateo. Así las aprendimos en el Catecismo. Nos introducen y al mismo tiempo resumen el "Sermón de la Montaña". Nos dan a entender el ideal del hombre según el Evangelio. Cuando Jesús las iba proclamando, felicitaba a aquel pueblo sencillo que le seguía. Con ello daba a entender como quería que fuera, en cualquier época o circunstancia, su Pueblo, la Iglesia. Siempre que la Iglesia siente la necesidad de reafirmarse en lo esencial, vuelve a la meditación de las Bienaventuranzas. Para todos nosotros que creemos en el Evangelio significa una apasionante invitación a la santidad, de donde única y exclusivamente mana la felicidad.

Nueve veces el sermón de la montaña nos llama ¡¡DICHOSOS!!. La verdadera Felicidad infunde un súper-concepto sentido de plenitud. Manantial de alegría, que desea comunicarse a los demás. Si un cristiano no se considera feliz es que todavía no ha descubierto el Evangelio.

La Felicidad "la recibimos", porque la Felicidad es regalo de Dios. Y Dios la da de pura gracia a quienes por gracia suya viven liberados, en espíritu y práctica, del afán de poseer y dominar; a los humildes, a los dispuestos al sacrificio, a los amantes de la Justicia (es decir, del plan de Salvación que tiene Dios sobre el Mundo). También es condición para conseguir la Felicidad, hacer Misericordia, irradiar Paz, tener limpio, no sólo manos y rostro, sino ante todo, el corazón. Quien vive así, será lógicamente calumniado y perseguido por las mismas razones que lo fue Cristo; pero también en ello recibirá Felicidad.

¿Por qué han de estar contentos los que se dejan llevar por las Bienaventuranzas? "Porque de ellos es el Reino de los Cielos". Las demás expresiones de la segunda parte de cada una de las Bienaventuranzas (poseerán La Tierra Prometida, verán a Dios, etc.) son diversas maneras de decir la misma realidad: "el Reino de los Cielos". Esta expresión significa la plena comunión con Dios. "El Reino de los Cielos será eterno"; pero ya está presente en la Esperanza de los que tenemos Fe (que nos permite pregustarlo ya en esta vida).

Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, así nos lo hiciste saber cuando dijiste: Dichosa me dirán todas las generaciones. Que aprenda de Ti a vivir las bienaventuranzas. Seré feliz. La mejor recompensa.



Fuente: Parroquia de San Valero
29.01.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
San Valero, Obispo, Patrono de Zaragoza
Ciclo A
Evangelio: Mt 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán "los Hijos de Dios".
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Hoy celebramos la Solemnidad de San Valero, patrón de Zaragoza, nuestra ciudad, y titular de nuestra Parroquia. Fue obispo de Zaragoza en el siglo IV y maestro de San Vicente, mártir y aguerrido defensor de la fe cristiana... Fue llevado cautivo a Valencia, ciudad del Turia, acompañándole su diacono, San Vicente, que fue martirizado allí durante la persecución de Diocleciano.

En el año 1050, su cuerpo fue llevado a la sede episcopal de Roda de Isábena, entonces cabeza eclesial de Aragón.

El capítulo de Roda de Isábena envió a Zaragoza, en sucesivos momentos, primero un brazo y, más tarde el cráneo del obispo confesor, San Valero.

No hay duda acerca de que era Valero quien gobernaba la diócesis a comienzos del siglo IV. Éste es nuestro Patrón. Este ha de ser nuestro modelo.

    La Palabra de Dios, pronunciada por Jesucristo, encendió la luz de la fe en los primeros cristianos; pronunciada por sus ministros enciende la fe en el mundo. La Palabra de Dios es:

  1. PRINCIPIO DE LA VERDADERA FELICIDAD, como acabamos de escuchar en el Evangelio a través de las bienaventuranzas. En otra ocasión estaba Jesús predicando y una mujer le dice, a voz en grito: "Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron"; pero Jesús dijo: "Bienaventurados mas bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen".

  2. CIMIENTO DE FIRME SANTIDAD. El que escucha mi Palabra y la pone en práctica, será como varón prudente que edifica su casa sobre roca.

  3. ALIMENTO DEL ALMA. No sólo de pan vive el hombre...

  4. SEÑAL DISTINTIVA DEL VERDADERO AMOR DE CRISTO. Si alguno me ama guardará mi Palabra y de que un hombre es de Dios... el que es de Dios oye la palabra de Dios.

  5. REMEDIO DEL TEMOR. Quien me escucha vivirá tranquilo, seguro.

  6. FUENTE DE VIDA ETERNA. En verdad, en verdad os digo que el que escucha mi Palabra y cree en el que me envío tiene la Vida eterna.

San Valero hizo bandera de su vida, de esta Palabra de Dios hasta sufrir por ella el cautiverio y el Exilio, lo que le mereció alcanzar la santidad, que hoy veneramos en su persona. Que esta palabra de Cristo habite abundantemente en vosotros, nos dice con San Pablo. Fijaos bien que nos dice habite, o sea, que esté de asiento en nosotros. Esto supone no solamente oír o leer la Palabra de Dios sino apropiarnos lo que oímos o leemos y guardarlo permanentemente en nosotros para que nos guíe en nuestro obrar. Si hacemos patrimonio de nuestra vida cristiana la palabra de Dios, ella será la chispa que encenderá en nosotros la fe... pues la fe es la firme seguridad de lo que esperamos. Gracias a la fe, el entendimiento asiente a las verdades que no ve con mayor firmeza que a las que ve, porque el motivo de la fe es la autoridad divina —la Palabra de Dios. Hoy San Valero nos exhorta a imitarle. Una mirada cada uno de nosotros a nuestro interior... ¿Es así nuestra fe como la de San Valero, cimentada en la Palabra de Dios? Las bienaventuranzas nos han marcado el camino a seguir.

Ahora nos vamos a acercar a la Eucaristía. Es CRISTO, EL QUE NOS LLAMA. Sepamos comprometernos con Él, empujados por nuestro Patrón San Valero, para hacer un mundo más cargado de amor y más digno.

Virgen Santa del Pilar, muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vientre y enséñanos a serle fieles a imitación de San Valero.



Fuente: Parroquia de San Valero
27.01.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
3º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mt 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.


Una vez recibido el Bautismo en el Jordán de manos de Juan el Bautista, comenzó su vida pública. Viendo que en Jerusalén los grandes del pueblo judío comenzaban a interferirle, se retiró a Galilea.

  1. Lugar del Ministerio de Jesús. Llegada la hora de proclamar el evangelio al mundo, Jesús deja el silencio de Nazaret y establece su centro de actividad en Cafarnaúm, a orillas del mar de Galilea. Por estar muy en contacto con los extranjeros, la llamaban "Galilea de los gentiles", signo de la evangelización del mundo pagano. Dice que Jesús se "retiró" a Galilea. Para San Mateo el verbo "retirarse" suele connotar persecución o peligro. Para el Mesías de las Bienaventuranzas se mostraba ajena y hostil la mentalidad de los influyentes. Su Evangelio necesitaba un horizonte humano de modestia y sencillez. Galilea le sirvió de Patria.
    Si nosotros queremos escuchar y hacer nuestro el Mensaje de Jesús, hemos de disponernos a ser receptivos con humildad y sencillez.

  2. Tema de su predicación. El programa de la Misión de Jesús se resume en un indicativo: "Llega el Reino de los Cielos" y un imperativo: "¡Convertíos ¡". El Reino de los cielos es un modismo de San Mateo que quiere decir Reino de Dios. Jesús hablaba el lenguaje de su pueblo, que se expresaba así. Hoy nos diría que DIOS ES Y SERÁ EL ÚNICO CENTRO DE NUESTRA VIDA. De nuestra vida personal y comunitaria. Jesús transfiguró el concepto que los hombres teníamos de Dios manifestando que es su Padre y nuestro Padre. El Programa del REINO de Dios está en el "Padre nuestro". Las Bienaventuranzas que escucharemos el próximo domingo, señalan el camino de la conversión.

  3. La llamada a un grupo inicial de discípulos, que le acompañarán siempre. Jesús los empezó a llamar sus "seguidores". Primicias de los apóstoles o misioneros. Los que en su Nombre y con su Gracia comunicarán a los hermanos —en pensamiento, corazón y vida— la Verdad de Dios. Entre ellos estamos nosotros, como también estuvo su Madre (Apóstol por excelencia y Corredentora) de la que hemos de aprender.



Fuente: Parroquia de San Valero
20.01.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
2º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Jn 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquél de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu Santo que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es aquél que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo le he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios».


San Juan, el profeta que bautizaba en el Jordán, recibió de Dios la Misión y la Gracia de ser TESTIGO DEL MESÍAS ante Israel. Dar testimonio significa decir la verdad de la que uno está seguro con irresistible convicción, porque la ha visto. Se da por supuesto que Dios le reveló de alguna manera el misterio de la personalidad de Jesús en aquella hora sublime cuando lo bautizó en el Jordán. Antes "no lo conocía". El testimonio de Juan el Precursor lo vemos en cuatro afirmaciones.

  1. "Jesús es el Siervo de Yahvé". Lo expresa con una alegoría inspirada en Isaías: "Éste es el cordero de Dios...". Se refiere a aquel "Siervo", esperanza de salvación para Israel y todo el mundo, del que habla reiteradamente la segunda parte del libro de Isaías (p.ej. en la 1ª lectura de hoy). Evoca al mismo tiempo la inmolación liberadora del Cordero de Pascua. Y también su eterna victoria sobre el Mal, dice el Apocalipsis. La Iglesia actualiza cada día la afirmación de Juan en uno de los momentos más entrañables de la Eucaristía: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Porque el "mundo", o sea, la Humanidad dejada a si misma, piensa y actúa en clave de Pecado. Y el Mesías – "Cordero" lo "quita": es decir, lo asume sobre sí para anularlo en su propio Sacrificio. Jesucristo Redentor.

  2. "Jesús, aunque nació después de Juan, existía antes que él". Los lectores del cuarto evangelio y nosotros vemos insinuada en esta expresión su "Condición Divina". Quiere decir que, antes de la Teofanía, aunque tuviese un alto aprecio de Jesús de Nazaret, no "conocía" el misterio de su condición de Dios. De ahí su gozo de menguar para que crezca su Gloria.

  3. "Jesús es para nosotros plenitud y comunicación del Espíritu Santo". Amaestrado por el mismo Dios, Juan ha comprendido que reside en Jesús la plenitud del Espíritu Santo por el signo de su descenso sobre Él, como una paloma después del Bautismo del Jordán. El Mesías comunicará el Espíritu Santo, especialmente por medio de un nuevo y superior Bautismo.

  4. "Jesús es el Hijo de Dios". Afirmación definitiva, fundamento de la Fe. Yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios termina San Juan. Jesús de Nazaret, que yo conocía, es el Hijo de Dios.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, dame el conocimiento de tu hijo Jesús para que descubra en Él al Hijo de Dios.



Fuente: Parroquia de San Valero
13.01.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Fiesta del Bautismo del Señor
Ciclo A
Evangelio: Mt 3, 13-17
Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistía diciendo:
-Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?
Jesús le respondió:
-Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia.
Entonces Juan se lo permitió. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y entonces se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz desde los cielos dijo:
-Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido.


Jesús dejó Nazaret, bajó al Jordán y quiso ser "bautizado" por el Precursor. El "bautismo" que administraba Juan equivalía a una liturgia penitencial. Con el rito de entrar en el agua purificadora, el pueblo afirmaba su voluntad de convertirse. "Conversión" es volverse de cara a Dios. Juan les había dado a entender que Dios está muy cerca.

Cristo bajó al Jordán de la misma manera que subiría a la cruz: solidario con los hombres pecadores. Fraternidad redentora, que toma sobre Sí, como si fuese propio el pecado de todos.

El "bautismo" en el Jordán da lugar a una divina manifestación: Dios Padre declara que Jesús de Nazaret es su Hijo, el amado, el predilecto. Es decir revela la identidad plenamente humana y plenamente divina de nuestro Salvador, Jesús.

  1. -"Después de bautizarse Jesús, y mientras oraba, se abrió el cielo". A San Lucas le gustaba presentar con frecuencia la imagen de Cristo en oración. Cuando Jesús se disponía a orar CENTRABA MENTE Y CORAZÓN en un vocativo: Abba- Padre.

  2. -"Bajó el Espíritu sobre ÉL". El símbolo del cielo abierto preludia la intercomunicación que ha de unir, en Cristo, cielo y tierra, las realidades del orden divino con las del orden humano. Si Dios pone su Espíritu sobre alguien (1ª lec) es para darle autoridad y fuerza en orden a cumplir esa misión. La experiencia del Jordán le indicó a Jesús que llegaba la hora de realizarla en plenitud. Termina el vivir silencioso de Nazaret y empieza la actividad pública, que culminará en el misterio Pascual.

    3. -"Vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo...". Palabra del Padre, que verifica en la humanidad de Jesucristo la experiencia que, como Dios, tenía desde la eternidad. Fue vocación de Cristo actuar en la tierra esta experiencia de amor filial y comunicarla a sus hermanos los hombres. -Cuando los evangelistas describieron el "Bautismo" de Jesús pensaban en el bautismo sacramental cristiano, por el que el Padre nos da su Espíritu y nos incorpora a su Hijo. El cristino que vive su bautismo y ha aprendido a llamar Padre a Dios, sabe que en lo más hondo de su corazón resuena constante la voz celeste que le dice también: "tú eres mi hijo, mi amado".

Virgen María llévanos hasta Aquel, que siendo el Hijo del Padre no deja de ser también tu Hijo.



Fuente: Parroquia de San Valero
06.01.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Epifanía del Señor
Ciclo A
Evangelio: Mt 2, 1-12
Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle."
En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron:
"En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel."

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: "Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando lo encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle."
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.
Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.


El vocablo griego Epifanía quiere decir "espléndida manifestación" de lo que estaba oculto. Sugiere el amanecer de una luz intensa. La gran Epifanía de Cristo será su Glorificación universal al fin de los tiempos. Pero ya durante la vida terrena de Jesús hubo algunas epifanías que la preludiaban. Nuestra liturgia contempla hoy y reproduce en espíritu la que describe San Mateo en el evangelio de la Infancia.

Al poner por escrito la gesta de los Magos, San Mateo reflejó la situación de su Iglesia En contraste con cierta hostilidad de los ambientes judíos, cada día eran más los que, procedentes del paganismo, abrazaban el Evangelio. Pensando en ellos, San Mateo elevó el gesto de aquellos orientales adoradores del Niño (gesto que debió realizarse en divina sencillez) a arquetipo de la Fe de todos los pueblos. Fe Generosa y tenaz que, siglo tras siglo, ha constituido y sigue constituyendo la mejor Epifanía de Jesucristo en la Historia.

  1. LOS MAGOS Y LA ESTRELLA. Para el que tiene corazón de Fe, todo es signo de Dios. Los pastores de Belén escucharon a un ángel. A los Magos les fue toque de atención un fenómeno singular del firmamento (la estrella). La Gracia habla al oído interior de cada hombre en su propio lenguaje. Cuando el espíritu no es rebelde, infinidad de caminos llevan a Belén.

  2. JERUSALÉN. Llamada a ser luz de Dios y capital del mundo (primera lectura). Su vocación no dejara de cumplirse. Aunque, en perspectiva inmediata, San Mateo tiene que reconocer con pena la mala voluntad de Herodes el Grande, prototipo de todos los "Herodes", y la servil cooperación de sus sometidos. Pero es exactamente en la línea torcida de su maldad que Dios lleva a los Magos hasta Belén.

    3.-EL NIÑO. Estrella y término de todos los caminos del hombre, simbolizados en el de los Magos. Los Magos, cayendo de rodillas adoraron al Niño, a Jesús, al Salvador. Generosos, en signo de su entrega personal le ofrecen su oro, su incienso, su mirra. Testigo de la religiosidad apostólica, San Mateo observa que los Magos, Peregrinos de la Fe encontraron a Jesús con "María su madre".


Fuente: Parroquia de San Valero
01.01.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
octava de Navidad - Ciclo A
Evangelio: Lc 2, 16-21
Y vinieron presurosos los pastores y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón.
Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.


Cuatro temas importantes se dan cita en esta fecha del 1 de enero:

    1.- Santa María Madre de Dios.
    2.- La imposición del nombre de Jesús.
    3.- Jornada mundial de la paz.
    4.- El inicio del Año Nuevo.

Los cuatro temas hay que verlos cristianamente bajo el prisma de Belén, en la octava del nacimiento de Jesús.

  1. Después de contemplar al Hijo de Dios, recién nacido, la Iglesia nos invita a fijar los ojos en María, la Madre que nos trajo al mundo a Jesús. San Pablo nos dice: "Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de una Mujer". Sí, la Virgen no es sólo la madre humana del hombre Jesús de Belén y Nazaret, sino también la madre divina del Hijo eterno del Padre.
    Precisamente porque el Hijo de María es Hijo de Dios, nosotros somos sus hijos adoptivos (hijos en el Hijo).
    Y hermanos de Cristo. Porque de la maternidad divina de María se sigue su maternidad de los hombres. "Mujer, dijo Jesús en la Cruz, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre". Hemos de vivir pues como Jesús nuestro Hermano mayor.

  2. "A los ocho días tocaba circuncidar al Niño, y le pusieron por nombre, Jesús". Nombre que significa Salvador.

  3. Jornada mundial por la paz, promovida por el Papa Pablo VI desde 1968.
    Porque Jesús ostenta el título de "Príncipe de la Paz". Su saludo habitual era: "Paz a vosotros".
    Poco antes de su muerte quiso que su paz se prolongara a toda la historia y dijo "Mi paz os dejo, mi paz os doy". La paz de Jesús es una paz que anida en el corazón humano y se extiende a todas las relaciones con los hombres.

  4. Todos estrenamos el calendario con un deseo: ¡Feliz año nuevo!
    -Año nuevo, vida nueva...- deseemos y procuremos la "vida nueva" que nos trajo Jesús en su Navidad.
    SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS: DANOS a Jesús, danos su paz.



Fuente: Parroquia de San Valero
30.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Festividad de la Sagrada Familia
6º día de la octava de Navidad - Ciclo A
Evangelio: Mt 2, 13-15.19-23
Cuando se marcharon los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
- Levántate, coge al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.
José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes; así se cumplió lo que dijo el Señor por el Profeta: "Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto".
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:
- Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.
Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel.
Pero al enterarse de que Arquéalo reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría nazareno.


Los textos bíblicos que preceden al Evangelio nos invitan a reflexionar sobre la familia cristiana. Estar en familia requiere un esfuerzo de amable generosidad en la convivencia, nos dice la segunda lectura. El salmo nos presenta el hogar del justo como bendición de felicidad.
Y la primera lectura nos insiste en que al padre y a la madre se les debe respeto, amor y asistencia hasta el fin de la vida.

San Lucas nos narra la peregrinación de la Sagrada Familia a la ciudad y templo de Jerusalén.

  1. "Iban cada año a Jerusalén por la fiesta de Pascua". Jesús y los suyos vivían enraizados en las instituciones de su país. "Según la costumbre". Cada primavera subían a Jerusalén en caravana festiva.

  2. "¿No sabíais que yo debo estar en la Casa de mi Padre?". Por ser consciente de ser Él, el Hijo de Dios, tiene por hogar suyo "la casa de su Padre". EL templo de Jerusalén era como signo y ámbito de la total Presencia de Dios. Con su palabra y su actitud, Jesús adolescente afirma su vocación. Por encima de cualquier vinculación humana. Aun a costa de hacer sufrir a los mas queridos. Diciendo que José y María no comprenden, el evangelista quiere significar que se trata de un Misterio absoluto.

  3. "Y bajó con ellos a Nazaret". No desmiente su vocación. Porque si el Templo le es hogar, la casita de Nazaret le es Templo Presencia viva del Padre hecha transparencia en María y José. Por eso obedece.

  4. Este año todas las familias cristianas, y a cuantos les importa la institución familiar, tenemos un lugar de cita en España, en la Plaza de Colón de Madrid a las 11 de la mañana, donde defenderemos nuestra manera de ser familia y escucharemos a diferentes personas entre ellas al Santo Padre BENEDICTO XVI que desde Roma se dirigirá a todos los presentes físicamente en el acto y a cuantos les estaremos acompañando desde la lejanía, en espíritu a través de la Televisión. Se esperan también familias de otros países, sobre todo de Europa.

Así procede la Sagrada Familia. Jesús, José y María ayudadnos a crecer como Jesús en sabiduría y gracia. Junto al portal de Belén quiero contemplar y copiar vuestras virtudes y como María guardarlo en mi corazón.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Homilía de la Misa de Navidad
Misa del día - Ciclo A
Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio con Dios.
Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Navidad es un misterio infinito que se expresa en signos sencillos y humildes. Junto al Pesebre coinciden a un mismo nivel la adoración teológica de los Ángeles, la ciencia de los sabios orientales y el villancico de los pastores. Podemos contemplar a Dios en el rostro de un Niño. En esta Misa del día de Navidad las lecturas giran en torno a un tema fundamental: Jesucristo es la PALABRA de Dios. Hablar es comunicar a otro algo de mi pensar y sentir. El que habla sincero, comunica al otro algo de su propia intimidad.

Dios nos ha hablado. A la Palabra de Dios a los hombres se le llama Revelación. Durante siglos, Dios se fue revelando a los hombres progresivamente por medio de sus profetas. Pero al llegar el momento vértice de la historia, Dios nos ha hablado con definitiva claridad en su Hijo. Y ésta es la idea que desarrolla el Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús es la PALABRA que revela a nuestros ojos humanos la inaccesible intimidad de Dios. Este prólogo del Evangelio de San Juan es la página más profunda de cuantas se han escrito.

Era imposible para el hombre ver a Dios; pero el Hijo, que vive eternamente en la intimidad del Padre, nos lo ha manifestado. Porque él es su PALABRA, el "Verbo". Eterno como el Padre; Dios, como Él. Creador de todas las cosas. En la PALABRA había Vida y Luz: gracia y verdad.
Para manifestarnos al Padre "ha venido al mundo". Más claro: siendo Dios, se ha hecho "hombre", y ha puesto su tienda (establo de Belén), entre nosotros, en la tierra.

"Las tinieblas", o el "mundo" en su sentido peyorativo, no lo aceptaron. Si trasladamos a nuestros días esta vivencia constataremos, sin duda, que somos, quizá muchos, unos más y otros menos, los que todavía no lo aceptamos y seguimos en tinieblas y en el mundo que nos lleva a su antojo, prescindiendo de la venida de Dios, hecho Niño en Belén, que quiere hacernos participar de su vida divina. Pero San Juan Bautista dio testimonio de Él. Y los apóstoles (testigos inmediatos) vieron su Gloria: la Gloria divina que Él tiene como Unigénito del Padre. Su nombre: Jesucristo, plenitud y fuente de la gracia y la Verdad. Su regalo para quienes lo reciben con Fe es el de ser, a imagen suya, hijos de Dios.

Esta primera página del Evangelio de San Juan la saben muchos de memoria. Gozada inmensa de Fe para quien la repase mirando a Jesús en la Cuna. ¿¿¿Por qué no yo mismo y cada uno de los que me escucháis??? La PALABRA que creó y sostiene el universo nos habla aquí en silencio a los ojos. No hay persona auténtica que pueda cruzar su mirada con la de un niño y no sonreír. ¡¡¡ Qué mejor acto de Fe que el de responder con una sonrisa sincera a la del Niño de Belén ¡!!

En la humildad de su carne la PALABRA nos rebela toda la intimidad del Corazón de Dios. Junto al Pesebre de Belén encontraremos también a San José y a la protagonista con el Espíritu Santo de este INCONMENSUSABLE MISTERIO.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Homilía de la Misa de la Aurora
Ciclo A
Evangelio: Lc 2, 15-20
Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros:
«Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»
Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

La abundancia de textos en la liturgia de la Navidad son un regalo de pensamiento y emoción.
1 Memorial de un hecho histórico,
2 Su valor presente,
3 Su trascendencia eterna.

  1. Memorial de un hecho histórico. Entronque y conjunción con la historia del mundo. San Lucas quiere relacionar los acontecimientos religiosos con la situación civil. Contempla el Misterio desde su circunstancia exterior. En la sincera objetividad de los hechos y personas sabe expresar el alma, los sentimientos, las ideas. Fiel a la historia nos narra el imperio de Augusto, el censo bajo Quirino. La Salvación avanza en el cauce de esta situación. Actúa con hechos concretos en la entraña del mundo. No es mito ni especulación. Jesucristo está en el centro tangible de la historia humana. -San Lucas alude intencionadamente al "censo", que fue pretexto y punto de partida de la revolución zelota. José y María, en cambio, interpretan las circunstancias, acudiendo puntuales a la llamada con espíritu evangélico.

  2. Su valor presente. Navidad, "Evangelio" de la alegría a los pobres. Gran parte de la narración se concentra en el anuncio a los pastores. Los pastores de Judá pertenecían entonces a la categoría social más humillada: "el pueblo de la tierra". Un Ángel del Señor, que es transparencia de Dios se les presento y les dijo: "No temáis, os traigo la gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor". Cuando el pueblo de los humildes descubra que su alegría está en la salvación de Cristo, también los evangelizadores sentirán el gozo de haber cumplido su misión, como aquellos ángeles. El Ángel les dice a los pastores quién es el Niño. Es el Salvador; por eso lo llamarán "Jesús". El Mesías en quien se cumple toda la esperanza. El Señor. Con el título de "Señor" los cristianos expresaban su Fe en la divinidad de Cristo. En su humildad el Niño del Pesebre es centro del Universo y de la Historia. No los césares. Augusto y otros como él que quisieron se les llamase Salvador. Pero el pueblo sencillo, el que escucha al Ángel de Navidad, sólo entiende por Salvación la que trae el Niño del Pesebre. Con prontitud los pastores fueron a Belén. Vieron al Niño acostado en el Pesebre y en Él reconocieron al Señor de la Gloria. En el gozo con que los pastores comunican a los demás su experiencia y la expresan con cánticos de alabanza, hemos de poner también nuestro gozo y, como ellos comunicarlo a los demás.

  3. Su trascendencia eterna. Cielo y tierra al unísono. En la concepción bíblica del Universo, mediaba una distancia trascendental entre el Cielo de Dios y la tierra de los hombres. El Himno de Navidad inaugura un nuevo estilo. Sobre la cuna de Belén y el rostro de los pastores inciden en unidad los intereses divinos y humanos. La Gloria de Dios y su Amor es Paz de los hombres; la Paz entre los hombres es Gloria de Dios. Aquellos "pastores", primicias de la Fe, son ya Evangelio hecho vida. No saben permanecer inactivos: corren, comprueban, comunican... María, silencio activo. Pero un alma excepcional que habla con el silencio. Toda su palabra es el Niño. Gracias a ella tenemos el Evangelio. CONTEMPLACIÓN DE JESUCRISTO DIOS, HIJO Y PALABRA DEL PADRE. Miremos el Misterio de la Navidad eterna en la perspectiva de Dios. Poema de la Encarnación; el Verbo de Dios viene a ser hombre con los Hombres para elevarlos al conocimiento, amor y vida íntima del Padre.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Homilía de Nochebuena
Misa del Gallo - Ciclo A
Evangelio: Lc 2, 1-14
Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.
Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.
El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»

NAVIDAD. Nació el Niño, que realiza para siempre la profecía del "Emmanuel". Para los que tenemos Fe, Navidad es el gozo sin límite de saber y sentir que "Dios-está-con-nosotros".

El Evangelio se desarrolla en dos fases:

  1. El nacimiento y sus circunstancias. Empieza el ángel anunciando a María, que va a tener un hijo; será el Mesías, el Hijo de Dios, como hemos ido viendo durante el Adviento. Por aquellos días, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

  2. El mensaje a los pastores. Un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El mensaje a los pastores es Voz de Dios que revela a los hombres la gloria de su Hijo por medio de los ángeles. San Lucas ve en los ángeles de Navidad el preludio y signo de los Apóstoles de Cristo. Luz en la oscuridad. Evangelio de alegría para el pueblo. Hablan a pastores, gente sencilla y de mala reputación en aquel país. Preludio y signo de los que sabrán entrar en sintonía con el Niño del Pesebre. CON LA PALABRA DE DIOS. Tres afirmaciones sobre el Niño en el mensaje angélico: es el Salvador _ el "Mesías" o Cristo_ el Señor. Jesucristo es el Único Salvador. El hombre no se salva a sí mismo, ni por otros salvadores que no sean el Único. De este Único, el ángel da a los pastores un signo de identidad: la Pobreza... lo encontrareis envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Un inmenso coro de ángeles rubrica el mensaje: Gloria a Dios en el Cielo, -- y en la tierra, -- paz a los hombres que Dios ama. Quiere decir, triple abrazo cordial, inseparable: del Cielo con la Tierra; - de Dios con los Hombres; de la Gloria divina con la Paz del mundo. Con el himno, los ángeles felicitan a la humanidad por el nacimiento de su "Emmanuel", Dios y Hombre.

Plenitud conjunta de todos los valores del Cielo y de la Tierra. Al mismo tiempo que felicitan, los ángeles invitan: si de veras queréis la Paz, seguid el Camino de BELÉN. La respuesta de los pastores es la docilidad a la llamada que les hacen los ángeles y la constatación de la realidad.
Realidad, que les llena de gozo y de generosidad ansiosos por comunicar a todos el Acontecimiento.

La Virgen Inmaculada, acompañada de San José, fueron los primeros en comunicar a los pastores la alegría de la 1ª NAVIDAD. Ella también a nosotros nos la comunicará si acudimos como los pastores a Belén para encontrar, como ellos al Niño Dios en el pesebre.



Fuente: Parroquia de San Valero
23.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo de Adviento
Ciclo A
Evangelio: Mt 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Ernmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


ADVIENTO nos hace revivir la certeza de que Dios es la Esperanza del hombre. Por eso el Hombre, forjado a imagen de Dios, es, por definición, Esperanza. Hemos escuchado en los textos bíblicos de Adviento la voz de los grandes Profetas de la Esperanza activa: Isaías y Juan Bautista. Próxima la Navidad, el Evangelio evoca otra figura de Adviento: San José, Maestro en el arte de acoger a Cristo en la intimidad, con el silencio que es vocación de la mayoría.
Podemos contemplar cuatro escenas...

  1. —Perspectiva de San José. Noche cerrada para un joven todo amor y todo rectitud. Sin respuesta para su silencio interrogante, escoge el dolor de caminar en tinieblas sin camino. Momento propicio para la revelación. Dios se le comunica en sueños; es decir, le habla con evidencia misteriosa al fondo de la intimidad por medio de un Ángel, que le dice: "José, hijo de David no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo".

  2. —Testigo de la virginidad de María, San José pone, bien a las claras, su incondicional humildad: deja todos los caminos abiertos al plan de Dios y espera su Palabra, poniendo en Él toda su confianza.

  3. —El Ángel del Señor, transparencia del mismo Dios, le confirma su vocación de Esposo de María. Le confiere la Misión de poner al Niño divino el Nombre de Jesús. Misión que es ejercicio real de paternidad.

  4. —José acepta y cumple gozosamente la Palabra de Dios. Cuando llegó la hora, puso al Niño el nombre de Jesús. "Jesús" concreta la significación de emmanuel; Dios está con nosotros para salvarnos.

La Navidad cristiana es para nosotros sinfonía de Amor, Alegría y Gratitud en torno al Nombre y Realidad de JESUS.

Que en este Adviento de Esperanza, San José y la Virgen Santa María del Pilar nos transfundan el arte de saberlo pronunciar y sentir como ellos.



Fuente: Parroquia de San Valero
16.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo de Adviento
Ciclo A
Evangelio: Mt 11, 2-11
Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo:
"¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino. Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él."


El tercer domingo de Adviento nos exhorta a caminar con Fe hacia la culminación de la Esperanza. Es un camino que hemos de recorrer con alegría, sin impaciencia, sin amarguras, sin desaliento.

  1. Con alegría. La 1ª Lectura de Isaías, tiene por centro una categórica afirmación: Dios viene a salvarnos.
  2. Sin impaciencias, como nos dice Santiago en la 2ª Lectura. Como el labrador que, durante meses, vive de pura fe en la fecundidad de la semilla.
  3. Sin amarguras. Sin la amargura contagiosa de los que quieren segar al día siguiente de sembrar.
  4. Sin desaliento. Toda la vida del cristiano es ADVIENTO; serenidad de paciencia activa.

En la Lectura del Evangelio podemos distinguir dos partes: una sobre la identidad de Jesús, otra sobre la de Juan Bautista.

  1. El interrogante: "¿quién es Jesús?" se lo plantearon muchas veces sus oyentes. Jesús reveló su personalidad más en obras que en afirmaciones. El lector o los que somos sus discípulos, tenemos que reflexionar; si hizo "las obras del Mesías", es realmente el Mesías; si muchas de sus obras son divinas es que es el Hijo de Dios. Éste es el interrogante de la primera parte de la Lectura del Evangelio: ¿Ha llegado ya la hora del Reino de Dios? ¿Jesús es o no el Mesías, "el que ha de venir" para inaugurarlo?. En la manera de preguntar se insinúa una desilusión: o "¿habrá que esperar todavía a otro?". El proceder de Jesús defrauda a quienes pensaban otro estilo de libertador, que limpiase deprisa de mal y de malos al pueblo de Dios. Por respuesta Jesús invita a considerar sobre sus obras y sobre su predicación: los milagros de salud son signo de que llega la hora de la salvación; en la evangelización de los pobres se manifiesta el rostro auténtico del Ungido del Señor: Misericordia, humildad y pobreza no son ocasión de escándalo, sino GARANTIA de la Misión de Cristo. (Aviso y norma para sus seguidores)
  2. Jesús no desaprovecha la ocasión de adoctrinar al pueblo sobre el Reino de Dios. En Él todos (también Juan) van a ser elevados a un orden superior, divino, donde el más pequeño excede todo valor humano. María Inmaculada ejemplo de Misericordia, humildad y sencillez, guíanos hasta Jesús bien repletos de estas virtudes.


Fuente: Parroquia de San Valero
09.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Adviento
Ciclo A
Evangelio: Mt 3, 1-12
En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo:
-Convertíos, porque está al llegar el Reino de los Cielos. Éste es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas».
Llevaba Juan una vestidura de pelo de camello con un ceñidor de cuero a la cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre.
Entonces acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la comarca del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Al ver que venían a su bautismo muchos fariseos y saduceos, les dijo:
-Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que va a venir? Dad, por tanto, un fruto digno de penitencia, y no os justifiquéis interiormente pensando: «Tenemos por padre a Abrahán». Porque os aseguro que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. Ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego.
Yo os bautizo con agua para la conversión, pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Él tiene en su mano el bieldo y limpiará su era, y recogerá su trigo en el granero; en cambio, quemará la paja con un fuego que no se apaga.


Adviento es infinita Esperanza. Es Dios quien la ha puesto en el horizonte de los hombres e invita a caminar hacia ella. La actitud para emprender el camino es LA CONVERSIÓN. La Conversión es el mensaje propio de este domingo. El pregonero, San Juan Bautista.

En la 1ª lectura, Isaías nos dice que nuestro objetivo inmediato es la Conversión-a-la-Esperanza: un mundo reconciliado - lobos en paz con los corderos-unidos bajo el Espíritu del Mesías. Forja de esta Paz, amada y no impuesta será la justicia. Así lo ha glosado el Salmo responsorial. Mensaje tan reciente hoy como entonces.

San Pablo también nos recuerda en la 2ª lectura que "todas las Escrituras fueron escritas [por Dios] para enseñanza nuestra". A fin de que por ellas "mantengamos la Esperanza". Dichosos nosotros si nos inspiramos en los Libros Sagrados y no en fáciles mitos para vivir.

El Evangelio nos habla de Juan el Bautista. Se marcha al desierto para reencontrar a Dios y a sí mismo en la oración continua, en el silencio activo y en la austeridad. Se nos presenta en el desierto haciendo su llamada a la "conversión" ante la venida del Reino de Dios, con su aspecto austero. Su oficio de "precursor" le lleva a dirigirse a la multitud y llamarlos para preparar el camino a Jesús, invitándolos a la conversión y arrepentimiento de sus pecados. Acudían a el las gentes de Jerusalén, de Judea y del Valle del Jordán. Confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Preparar el camino del Señor es un tema constante en la Biblia; Dios al realizar sus obras, quiere siempre la mediación humana. Cristo no entra en las personas ni en las instituciones si no le abre el camino un precursor.

El mensaje: Convertíos porque ha llegado la Hora de Dios. Conversión es no negarse a abrir los ojos del entendimiento y del corazón, que necesitan luz divina. O lo que es lo mismo: -Creed en el Evangelio-. Convertirse no es teoría; es "Dar fruto" ¿cual ha de ser el fruto? Por respuesta, todo el Evangelio.

Preparemos la Navidad caminando con María y José hasta Belén. Sigamos sus huellas.



Fuente: Parroquia de San Valero
02.12.2007
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
I Domingo de Adviento
Ciclo A
Evangelio: Mt 24, 37-44
Lo mismo que en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues, como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta el día mismo en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada.
Por eso: velad, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor.
Sabed esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría ciertamente velando y no dejaría que se horadase su casa. Por tanto, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.


Hoy es el primer día del Año litúrgico. Según antigua costumbre, hemos leído unas líneas del "sermón escatológico". Resumen de las enseñanzas con que Jesús adoctrinaba a sus discípulos en vista al definitivo Reino de Dios. Adaptándose a la manera de entender de su pueblo, les hizo comprender que en este mundo todo pasa y se desmorona. Que el tiempo es un vuelo a la eternidad. Que nuestra vida en la tierra sólo vale en cuanto es preparación, signo y preludio de la Vida plenamente feliz a la que estamos llamados en la Casa del Padre. El momento trascendental será la VENIDA DE CRISTO. Es decir, nuestro personal encuentro con El. Abrazo de eterna comunión. Ser rechazado en este encuentro; constituiría el único verdadero fracaso, infinito, del hombre.

El Libro de Isaías canta la Jerusalén ideal; La Ciudad de Dios, que será Hogar de todos los pueblos del mundo. Su ritmo, la Paz que se realizará en el trabajo (no espadas, sino arados...).

En la Carta a los Romanos, San Pablo nos exhorta a vivir en el "ahora" de la Salvación. La noche ya pasó; renunciar, pues, a lo que era propio de las tinieblas (criterios paganos, degradación moral ect...). Amanece; basta ya de dormir. Se acerca el pleno Día (la Venida del Señor). Vestirse de Cristo (= configurar nuestra personalidad a imagen de la Suya).

El fragmento del "sermón escatológico" que acabamos de leer inspira estas reflexiones:

  1. -"No sabéis qué día va a venir vuestro Señor". Cada día y minuto nos puede ser la frontera da la eternidad. Recordar esto no turba ni espanta a quienes tenemos al Señor por Amigo, que ya vive en el corazón.

  2. -"¡Permaneced en vela!". "Velar" es estar despierto mientras tantos duermen... "Ya es hora de despertar". Estas palabras decidieron la conversión de San Agustín cuando hizo caso de aquella voz: toma y lee.

  3. -"¡Estad preparados!". No como los irreflexivos del tiempo de Noé. Ni como el descuidado que no guarda la casa. El Señor juzgará a cada uno por sus obras. Nada estimula mejor a liberarnos de esa común pereza de espíritu como pensar en el cercano, sublime, gozoso Encuentro con el Dios que viene - Encuentro del que Navidad será albricias y pregustación. María ven con nosotros a caminar al encuentro del Señor que viene.