LITURGIA DEL DOMINGO
Sinopsis de Homilías de D. Pablo Martínez Martínez
Año 2008-09 - CICLO B


TIEMPO ORDINARIO
TIEMPO DE PASCUA
SEMANA SANTA
TIEMPO DE CUARESMA
TIEMPO ORDINARIO
TIEMPO DE NAVIDAD
TIEMPO DE ADVIENTO


Fuente: Parroquia de San Valero
22.11.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo
Ciclo B
Evangelio: Jn 18, 33b-37
Pilato entró de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
—¿Eres tú el Rey de los judíos?
Jesús contestó:
—¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
—¿Acaso soy yo judío? —respondió Pilato—. Tu gente y los príncipes de los sacerdotes te han entregado a mí: ¿qué has hecho?
Jesús respondió:
—Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
—¿O sea, que tú eres Rey?
Jesús contestó:
—Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz.


La solemnidad de Cristo Rey, con la que termina el año litúrgico, nos invita a poner a Cristo en el primer lugar de nuestros intereses y de nuestro corazón.

En este año, la Iglesia nos propone el Evangelio en el que el Señor acepta el título de Rey con una connotación especial: Él es Rey de la verdad y sólo el que está en la verdad puede entenderle, escucharle, seguirle.

Preguntó Pilato a Jesús: ¿“Eres tú el rey de los Judíos”?. “Tú lo dices: soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz“

El problema es que la verdad suele aparecer fraccionada: cada uno tiene su verdad y cada uno cree que su verdad es la auténtica e incluso la única. ¿Cómo hacer para no caer en un subjetivismo que nos haga estar engañados, viviendo en la mentira, mientras creemos estar con la verdad y con Cristo? Sólo hay un camino seguro: escuchar y seguir al Cristo vivo, a la Iglesia.

Dentro del pretorio, la Verdad es interrogada por el poder de la fuerza. Desde el primer momento, el juez pasa a ser reo. El poder acabará crucificando la Verdad, pero la Verdad reinará desde la Cruz, a pesar y por encima de la fuerza.

Nos invita este domingo a hacer un acto de fe no sólo en la divinidad de Cristo, sino también en la presencia de Cristo en la Iglesia. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha, dijo el Señor a sus apóstoles y en ellos a todos nosotros.

¡Virgen María!, ¡Madre de Cristo y de la Iglesia! ¡Virgen del Pilar! : muéstranos a Jesús no sólo Rey de la verdad, sino también Camino seguro y Vida Eterna.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.11.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 13, 24-32
«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre, y en ese momento todas las tribus de la tierra romperán en llantos. Y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. Y enviará a sus ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos.
«Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
«Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre».


En todos los textos bíblicos de hoy se nos muestra nuestra última y definitiva esperanza. En la primera lectura el profeta Daniel nos dice que el destino del hombre no es el polvo, sino la resurrección. En el Salmo se nos muestra la alegría: “Porque no dejarás a tu fiel conocer la corrupción”. Y en la lectura segunda de San Pablo se goza de estar para siempre en la presencia de Dios por el Sacrificio de Jesucristo para nuestra salvación.

El año litúrgico se acerca a su fin. Esto nos invita a pensar, guiados por la fe, en el fin del mundo; lo que nos lleva a entrar de lleno en el mensaje evangélico de este domingo, siendo San Marcos el que recoge una serie de avisos a sus discípulos. Hoy vemos un fragmento cuyo tema central es la Venida gloriosa del Hijo del Hombre.

“Y entonces verán venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad”. La visión del ”Hijo del Hombre”, viniendo sobre las nubes, es una manera de expresar la realización definitiva del Reino de Dios entre los hombres.

En el Evangelio, el “Hijo del Hombre” es Jesús mismo. Su Venida quiere decir la manifestación evidente de su Poder y Gloria eterna; será, al mismo tiempo la reunión universal de los elegidos en torno a Él. La “Iglesia” del Cielo, gozoso encuentro de los que en todo tiempo se han sentido y tratado como hermanos, unidos en el solo corazón de Dios y Padre. Cristo es su centro, su amor y su gloria. Cuando la “Iglesia” de la tierra, que somos nosotros, se congrega con un solo corazón y una sola alma en torno a la Mesa de Cristo, significa, esta infinita alegría que nos espera, dentro de poco, en nuestra auténtica Patria por siempre.

“Cuando veáis suceder esto, sabed que está cerca, a la puerta”. Jesús se refiere a los “signos de caducidad” de todo lo temporal de los que van a ser testigos los hombres de su generación. Entre dichos “signos”, el más impresionante fue la ruina de Jerusalén y su Templo. Como el reverdecer de la higuera anuncia el término del invierno, así los signos de caducidad del mundo deben despertar en el hombre la gozosa conciencia de estar en la frontera de la eternidad. Dios está a punto de llamar a nuestra puerta.

“El día ni la hora nadie lo sabe”. El Evangelio desautoriza toda curiosidad, tan humana, de cronometrar los planes de Dios. El cristiano prudente está siempre a punto de recibirlo.

Esta Iglesia, se llama, aquí y ahora, la propia Diócesis, que hoy, precisamente, celebra su día. Ayudarla en el desarroyo de su misión, es nuestro deber, ya que nuestra cooperación es imprescindible para la eficacia de su acción pastoral. ¿Cómo? Participando activamente en las diversas actividades que se llevan a cabo en cada una de nuestras Parroquias que forman el conjunto de la Diócesis. Con nuestra aportación monetaria en las diversas formas en que podemos hacerlo. Con nuestra oración en su favor.

Virgen del Pilar, Madre nuestra, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.



Fuente: Parroquia de San Valero
08.11.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 12, 38-44
Y en su enseñanza, decía:
—Cuidado con los escribas, a los que les gusta pasear vestidos con largas túnicas y que los saluden en las plazas; los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Devoran las casas de las viudas y fingen largas oraciones. Éstos recibirán una condena más severa.
Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas, que hacen la cuarta parte del as.
Llamando a sus discípulos, les dijo:
—En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los que han echado en el gazofilacio, pues todos han echado algo de lo que les sobra; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento.


La Homilía de hoy presenta dos pensamientos:

Primer pensamiento: Contra unos responsables de la educación religiosa del pueblo, que sólo se afanaban por su honor y provecho personal. En defensa de la gente sencilla, les dijo: “¡Guardaos de los escribas!”. Jesús y el evangelista hablaban concretamente de quienes por aquel tiempo se habían constituido maestros de la religiosidad de su pueblo. Voz de alerta frente a unos que tenían oficio de ser guías, pero en realidad desorientaban.

Estas palabras fueron pronunciadas y escritas a propósito de un determinado sector del judaísmo, que los mismos judíos también criticaron; sería error e injusticia extenderlas a todos los “escribas”, rabinos o doctores de la ley de entonces u otras épocas. El Evangelio no condena a unas personas sino que denuncia una actitud y a cuantos se incluyen en ella. Actitud de vanagloria en gestos afectados y signos de orgullo. Y mucho más condenable, la avaricia a costa de los más débiles, encubierta con hipocresía religiosa. Los evangelistas nos dejaron escritas estas palabras de Jesús para que cada uno de nosotros, en nuestras comunidades, vea si está en peligro de contagiarse con los mismos defectos. Para acusar tales defectos en otros, habría que tener la mirada limpia y sincera como Cristo.

Segundo pensamiento: Elogio de una mujer del pueblo, que en su pobreza dio todo cuanto tenía. Aquella viuda estaba en situación y en derecho de pedir. Por amor, da hasta sus últimas reservas. Al elogiarla a ella, Jesús levanta un monumento a la generosidad de los pobres. Dios es generosidad (salmo responsorial), y los que viven en el Señor respiran generosidad.

Los dos reales de la viuda, ínfimos en su valor, fueron más a los ojos de Dios que los fáciles donativos de muchos ricos.

Las grandes obras del cristianismo han sido realizadas con infinidad de sacrificios pequeños, pero heroicos.

Bien sabemos por experiencia que a la hora de hacer el bien, hay muchos pobres no solamente en dinero sino también en tiempo disponible, en cualidades personales, en salud, que dan de su pobreza mucho mejor que otros “ricos” en su estéril abundancia. Los generosos, humildes, identificados con la “viuda del Evangelio”, recordarán esta página con gratitud entrañable.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar: líbrame de toda autosuficiencia y altivez; y hazme desprendido como la viuda de este Evangelio.



Fuente: Parroquia de San Valero
01.11.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Todos los Santos
Ciclo B
Evangelio: Mt 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Este año la solemnidad de Todos los Santos se celebra en domingo. El domingo es el día del Señor. En el domingo se celebra la Resurrección del Señor. Este año coincide también la Solemnidad de Todos los Santos y tiene preferencia sobre el domingo 31 del tiempo ordinario.

Esto nos lleva a celebrar TODOS LOS SANTOS, que como hemos escuchado en la primera lectura del Apocalipsis son “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblos y lenguas” y, que se han esforzado durante toda su vida en ser fieles al Señor viviendo su Evangelio.

Vivir el Evangelio es poner en practica las “bienaventuranzas”, que acabamos de proclamar.

La primera bienaventuranza encierra y contiene todas las demás. Dice así: ”Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. El que quiera venir en pos de mí, dice Jesús, sea pobre de espíritu. Ser pobre de espíritu quiere decir que se ha de vivir de tal manera que nuestra seguridad la pongamos siempre en Dios y no en nosotros. “No soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí”, nos dice San Pablo. No tener nuestra confianza en la riqueza, ni en el poder, ni en el prestigio etc... sino hacer todo, aquí en la tierra, conformándolo a la voluntad de Dios.

Es la mejor descripción de lo que Jesús vivió, y el primer criterio de vida para todo el que quiera seguirlo; es, por tanto, el primer criterio de vida de los santos. Ser pobre en el espíritu quiere decir vivir de tal manera que no se tenga ninguna otra seguridad fuera de Dios. Quiere decir, desprenderse de todo lo que sea necesario para hacer posible, aquí en la tierra, la voluntad Dios.

Desprenderse por tanto, del dinero, para que los pobres puedan vivir mejor; y también para que ni la cabeza ni el corazón se sientan demasiado satisfechos del bienestar de este mundo y olviden el único bienestar verdadero, que es el Reino de los Cielos; y, desprenderse, al fin, de la propia vida.

Ésta es la Carta Magna que Jesús propone a sus seguidores, esto es lo que hoy celebramos en Todos los Santos, éste es el elenco en el que nosotros estamos invitados a creer. Ser cristiano es creer y vivir estas bienaventuranzas, que es la única manera de alcanzar la felicidad que todo ser humano tanto anhela. Ser cristiano es, en definitiva, buscar con empeño la voluntad de Dios y dejarse guiar siempre por ella, tan claramente expresada en las bienaventuranzas, que son objeto de la homilía de hoy.

Una vez leída la primera bienaventuranza, y una vez leídas las demás, parece que muy pocos se decidirían a ir por este camino. Y en cambio, la lectura primera, del Apocalipsis, nos ha hablado de una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar. Sí, la resurrección de Jesús ha sellado con un sello indeleble, la historia de la humanidad. Jesús resucitado ha puesto en el corazón del mundo su Espíritu. Y somos muchos los que nos sentimos tocados por este Espíritu y a pesar de infidelidades y tropiezos nos mantenemos firmes en el camino iniciado. Con muchos fallos, con terribles contradicciones, pero con la ayuda de Jesús, sobre todo, a través del sacramento del Perdón y de la Eucaristía seguimos adelante.

Virgen del Pilar, Tú que fuiste maestra en practicar las bienaventuranzas, enséñanos y danos el coraje de seguir tus pasos, que nos lleven un día a aumentar el número de Todos los Santos, cuya fiesta estamos celebrando.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.10.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXX Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 10, 46-52
Llegan a Jericó. Y cuando salía él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un ciego, Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al lado del camino pidiendo limosna. Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a decir a gritos:
—¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!
Y muchos le reprendían para que se callara. Pero él gritaba mucho más:
—¡Hijo de David, ten piedad de mí!
Se paró Jesús y dijo:
—Llamadle.
Llamaron al ciego diciéndole:
—¡Ánimo!, levántate, te llama.
Él, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le preguntó:
—¿Qué quieres que te haga?
—Rabboni, que vea —le respondió el ciego.
Entonces Jesús le dijo:
—Anda, tu fe te ha salvado.
Y al instante recobró la vista. Y le seguía por el camino.


El ciego de Jericó recobra la vista al encontrarse con Jesús. Cada uno de nosotros descubrimos por la fe que Cristo es nuestra luz y es nuestro camino.

“El ciego Bartimeo estaba sentado al borde del camino”. Jesús, con sus discípulos y bastante gente, sale de Jericó en peregrinación a Jerusalén para celebrar la Pascua. El ciego Bartimeo estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. El pobre ciego no puede peregrinar. Sentado, inmóvil a la vera del camino. A todos suplicaba una moneda, pero ni al más poderoso de este mundo se hubiera atrevido a pedirle lo único que más necesitaba : la vista.

“¡Maestro que vea!”. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, se puso a gritar: “Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí”. La multitud le increpaba para que se callara, pero el gritaba mucho más. Una y otra vez eleva la voz diciéndole: : “¡Ten piedad de mí!” Dios se deja sentir en el corazón de los sencillos. Tiene gran fe, y hace de su grito oración. En este instante, Jesús se paró y dijo a los que le acompañaban: “llamadle”. Le llaman diciéndole:¡ Ánimo, levántate, que te llama. Y él, arrojando el manto, dio un brinco y vino donde estaba Jesús. Jesús dirigiéndose a él le dijo “¿Qué quieres que te haga?”. El ciego le dijo en su lengua materna : “¡Rabbuní!” (Maestro), que vea. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Y al instante, recobró la vista.

“Y le seguía por el camino”. Se refiere al camino que subía a Jerusalén que culminó en la entrada del Domingo de Ramos. En este pasaje de Bartimeo, vemos el milagro de la fe. Y la fe nos lleva a Seguir a Jesús que en el Evangelio suele significar ser discípulo suyo.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, si un día me viese envuelto por la tentación en la ceguera de la fe y me estancara sentado, inmóvil, como Bartimeo, intercede ante tu Hijo y suplícale que me dé la fe del ciego de Jericó, su sentido de oración y su valentía en tu seguimiento.



Fuente: Parroquia de San Valero
18.10.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 10, 35-45
Entonces se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole:
—Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.
Él les dijo:
—¿Qué queréis que os haga?
Y ellos le contestaron:
—Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.
Y Jesús les dijo:
—No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado?
—Podemos —le dijeron ellos.
Jesús les dijo:
—Beberéis el cáliz que yo bebo y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está dispuesto.
Al oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan. Entonces Jesús les llamó y les dijo:
—Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las oprimen, y los poderosos las avasallan. No tiene que ser así entre vosotros; al contrario: quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos: porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos.


Camino de Jerusalén, ya muy cerca, Jesús sabe que va a la Pasión y acaba de decírselo, por tercera vez, a solas, a los doce discípulos.

Santiago y Juan se apresuran a pedirle los primeros puestos en el Reino...

“No sabéis lo que pedís”. Lo que pedían eran los primeros puestos de gloria junto a Cristo. Lo que aún no sabían es que en Cristo y junto a Cristo no hay más acceso a la gloria que la cruz, como acaban de oírselo una vez más a Jesús.

El Maestro los invita a reflexionar, preguntándoles, si están dispuestos a beber su mismo “cáliz”. Los dos hermanos dijeron que sí, que estaban dispuestos.

No sospechaban que con su respuesta se ofrecían a ser mártires; pero más tarde lo comprendieron y, no se volvieron atrás. Si así lo quieres Señor beberemos tu mismo cáliz.

El que con amor sincero se ha ofrecido a Cristo, sabrá aceptar siempre por amor la manera con que Cristo “interpreta “y realiza su ofrecimiento.

“El que entre vosotros quiera ser grande, sea vuestro servidor”. Los otros diez discípulos desde Pedro hasta Judas, se indignaron contra los dos hijos de Zebedeo. Todos aspiraban a lo mismo. Es la raíz de tantas críticas airadas. Todos soñaban con ser jefes en un reino mesiánico nacional, pleno de justicia y santidad; pero también de honor, poder y ventajas temporales.

Los evangelistas constatan esa incomprensión que rodeaba a Jesús de Nazaret, hasta de parte de sus más íntimos. Incomprensión con que lo siguen juzgando, aún hoy, algunos.

Lo escribieron en el Evangelio, movidos por el Espíritu Santo, para lección de la Iglesia de siempre. No imitar el estilo de los paganos. Quienes en la Iglesia sean “grandes” y “primeros”, a quienes toque el carisma de regir, tengan corazón de niño, alma de buen servidor, disponibilidad de esclavo. No se trata de adoptar unas formas externas, tan fáciles de fingir; las lecciones del Evangelio son espíritu y son vida. Los que vivimos en el Espíritu, entendemos qué quiere decir el Señor.

“Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida...”. Bajo este título: “el Hijo del Hombre”, entendía a Jesús la primitiva comunidad. El que redime a su pueblo sirviéndole con el sacrificio de su propia vida.

Virgen del Pilar, Tú, que te titulaste la esclava del Señor, guíame a mí también por el mismo camino; no hay otro para llegar a la Gloria.

El día de hoy está dedicado al DOMUND - Jornada Mundial de las Misiones.



Fuente: Parroquia de San Valero
12.10.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Fiesta de Nuestra Señora del Pilar
Ciclo B
Evangelio: Lc 11, 27-28
Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»
Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.»


Hoy celebramos la Solemnidad de la Virgen del Pilar. La tradición tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que por entonces, el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos, a través de Galicia y de Castilla hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde esta situada la ciudad de Zaragoza en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los convertidos, eligió como acompañantes ocho hombres, llamados varones apostólicos, con los cuales trataba de día del Reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso.

En la noche del 2 de Enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro y vió la venida de la Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, y le pidió que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba y le prometió que: “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.

Se fue la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los otros testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio, y, con el concurso de los convertidos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de SANTA MARÍA DEL PILAR, antes de regresarse a Judea. Ésta fue la primera iglesia dedicada en honor de la Santísima Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas que la Santa Sede permitió establecer el Oficio Divino en este día en el que se consigna la venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza como una antigua y piadosa creencia.



Fuente: Parroquia de San Valero
11.10.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 10, 17-30
Cuando salía para ponerse en camino, vino uno corriendo y, arrodillado ante él, le preguntó:
—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?
Jesús le dijo:
—¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo: Dios. Ya conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.
—Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia –respondió él.
Y Jesús fijó en él su mirada y quedó prendado de él. Y le dijo:
—Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme.
Pero él, afligido por estas palabras, se marchó triste, porque tenía muchas posesiones.
Jesús, mirando a su alrededor, les dijo a sus discípulos:
—¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!
Los discípulos se quedaron impresionados por sus palabras. Y hablándoles de nuevo, dijo:
—Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Y ellos se quedaron aún más asombrados diciéndose unos a otros:
—Entonces, ¿quién puede salvarse?
Jesús, con la mirada fija en ellos, les dijo:
—Para los hombres es imposible, pero para Dios no; porque para Dios todo es posible.
Comenzó Pedro a decirle:
—Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Jesús respondió:
—En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, hermanos o hermanas, madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, que no reciba en este mundo cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna.


Hoy el evangelio de San Marcos nos relata cómo hemos de proceder respecto a los bienes temporales en relación con la Vida Eterna.

En la primera lectura, Salomón nos habla de la Sabiduría declarando que la prefiere a la hermosura, al dinero y al poder. Entendían entonces por Sabiduría algo así como el sentido práctico de la vida. Con Jesucristo, la Sabiduría de Dios se nos ha hecho Evangelio. A él debemos subordinarlo todo.

“Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?. Pregunta uno que ha cumplido siempre los Mandamientos. Para salvarse, le bastaría. Pero aspira a algo más. Llama a la puerta del Evangelio y Jesús se la abre. Tiene ya en su mano la oportunidad de ser un perfecto discípulo, un apóstol. “¡Sígueme!”, le dice el Señor. Momento sublime de vocación personal, concreta, irrepetible. Recordemos nosotros este momento en nuestra vida. La tierra era buena (cumplía los mandamientos), la semilla divina; pero la malograron las riquezas.

“¡Qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en las riquezas!”. Es difícil renunciar voluntariamente a las riquezas. Camino angosto del Sermón de la Montaña. Imposible a las solas fuerzas humanas, pero Dios lo puede todo. Quiere decir que en la vida de Fe “todo es gracia”. Y la Gracia de Dios entra cuando se le abren de par en par las puertas del alma, sin condiciones. Cuando ésta es nuestra postura ante el Señor, vemos y experimentamos (ya en esta vida) que nadie que renuncia a algo por Dios no reciba una felicidad inmensamente superior a la que dejó.

A otros les parecerá imaginación. A nosotros que lo estamos viviendo en nuestro propio ser, nos parece un inmenso Oasis en medio del sequedal que vemos a nuestro alrededor en el mundo que nos toca vivir.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, Tú que te hiciste la esclava del Señor, recibiste la Gracia de ser coronada como Reina y Señora de todo lo creado. Enséñame a mí cómo seguir tus pasos de humildad, para recibir un día las grandezas de los bienaventurados.



Fuente: Parroquia de San Valero
04.10.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 10, 2-16
Se acercaron entonces unos fariseos que le preguntaban, para tentarle, si le es lícito al marido repudiar a su mujer. Él les respondió:
—¿Qué os mandó Moisés?
—Moisés permitió darle escrito el libelo de repudio y despedirla -dijeron ellos.
Jesús les dijo:
—Por la dureza de vuestro corazón os escribió este precepto. Pero en el principio de la creación los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
Una vez en la casa, sus discípulos volvieron a preguntarle sobre esto.
Y les dijo:
—Cualquiera que repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.
Le presentaban unos niños para que los tomara en sus brazos; pero los discípulos les reñían. Al verlo Jesús se enfadó y les dijo:
—Dejad que los niños vengan conmigo, y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él.
Y abrazándolos, los bendecía imponiéndoles las manos.


Durante el camino de Galilea a Jerusalén, el Evangelio nos habla hoy de la firmeza del matrimonio y de la dignidad de los niños.

“Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Los fariseos ya sabían que Jesús era contrario al “repudio” (forma legal de divorcio en Israel). Sólo les interesaba comprometerlo. Decir algo contra la ley de Moisés era exponerse a la muerte. Por eso les contesta haciéndoles otra pregunta: ¿qué os mandó Moisés”. Responden prudentemente que les permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio. Una excepción, dispensa o tolera pero no niega, antes supone la ley fundamental. Pero Jesús interpreta la tolerancia de Moisés diciendo que fue por la “dureza de corazón” de quienes la provocaron. La expresión “dureza de corazón” significa ser obstinadamente indócil a la voluntad divina. Jesús quiere restituir al mundo el ideal de Dios: en el principio no fue así, los creó hombre y mujer.

Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne; es decir, un solo ser. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Unidad que es proyecto, obra y derecho de Dios. Cuando se ha realizado en plenitud de amor, es fuente de vida, única, total y para siempre.

En casa los discípulos, seguramente sorprendidos por la firmeza doctrinal del Maestro, aún en aquel ambiente de tolerancia, volvieron a preguntarle. Él se limitó a señalar con austera claridad, las consecuencias éticas de su doctrina. Al mismo nivel de responsabilidad para el hombre y la mujer.

“EL que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Entre los derechos del niño, prima el no ponerle impedimentos para acercarse a Jesús. Advierte además, a quienes nos tenemos por adultos, que debemos aprender de los niños. Expresión contundente y clara, que Jesús nos los muestra como ejemplo a imitar.

Que María, nuestra Madre la Virgen del Pilar, nos dé el gozo y la alegría de tratar a los niños como élla trató, en su niñez, al Niño Jesús y nos haga aprender de ellos sencillez y docilidad a las enseñanzas divinas.



Fuente: Parroquia de San Valero
27.09.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 9, 38-43.45.47-48
En aquel tiempo Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba los demonios en tu nombre y no anda con nosotros, y se lo hemos prohibido». Jesús dijo: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí; y el que no está en contra de nosotros está a nuestro favor». «El que os dé de beber un vaso de agua por ser del Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa». «Al que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valdría que le ataran al cuello una rueda de molino y lo tiraran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al fuego que no se apaga. Más te vale entrar cojo en la vida que ser arrojado al fuego con los dos pies. Más te vale entrar con un solo ojo en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».


Jesús habla a los doce discípulos reunidos en Cafarnaúm. Iban discutiendo sobre honores y primeros puestos, aunque Él les anunció, por segunda vez, la Pasión. San Marcos, al escribir esto, estaría pensando en la Iglesia. En los que dentro de ella tenemos alguna responsabilidad.

Jesús les puso a un niño en medio y, mirando al niño como ejemplo de sencillez, el Maestro sigue dando lecciones de actitud apostólica, ya que les había dicho que: debían hacerse como niños.
Hoy les habla: de la comprensión, de la fidelidad a la Misión cristiana, y del “escándalo”.

“Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir”. Reconocen los discípulos que aquel actúa en nombre de Jesús: por su fe, bajo su autoridad. Pero añaden: “no es de los nuestros”. Les falta todavía el espíritu de comprensión, fruto que ha de madurar en la experiencia y la humildad. Confunden el arte de discernir quiénes están, sustancialmente, a favor o en contra de la causa de Cristo y su celo de marginar a los que actúan dentro de la gran comunión eclesial, pero no pertenecen a su grupo. Jesús en cambio, bendice al que ofrezca un vaso de agua... a quienquiera que trabaje por Él.

“El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen...”. La palabra “escandalizar”, en el evangelio, significa ordinariamente ser causa culpable de que otro pierda la fe; la fidelidad a Dios. En el alma de los “pequeños”, los sencillos, los niños, la Fe es un tesoro divino que exige respeto. Quien les contagia su propia corrupción, vea cómo lo juzga el Evangelio: “más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar”.

“Y si tu mano te escandaliza...”. Si tú mismo te vieras en el trance de aceptar el “escándalo”; si adviertes que alguien o algo pone en peligro tu fidelidad a Dios, apártalo de ti aunque te sea tan querido como tus manos, tus pies, o tus ojos. Por ser Jesús pedagogo tan sincero, no tuvo miedo de hablar con absoluta firmeza cuando se trata de cosas que comprometen la eterna salvación.

María Inmaculada, Virgen del Pilar, Tú que aplastaste la cabeza de la serpiente con el talón de tu pie; danos fuerza a nosotros también para ser comprensivos con todos, permanecer fieles a nuestro sí, en la Misión que nos ha confiado tu Hijo, y sobre todo arrojar lejos de nosotros todo escándalo.



Fuente: Parroquia de San Valero
20.09.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXV Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 9, 30-37
Salieron de allí y atravesaron Galilea. Y no quería que nadie lo supiese, porque iba instruyendo a sus discípulos. Y les decía:
—El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, y después de muerto resucitará a los tres días.
Pero ellos no entendían sus palabras y temían preguntarle.
Y llegaron a Cafarnaún. Estando ya en casa, les preguntó:
—¿De qué hablabais por el camino?
Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor. Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo:
—Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos.
Y acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
—El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado.


Jesús empleó su vida, en todo momento, en obedecer al Padre hasta el último instante de su vida, que finalizó en la muerte más ignominiosa, en la cruz. Muerte en la cruz que germinó en Resurrección.
Repetidamente les anunció a los discípulos este gran misterio. Hoy nos lo cuenta San Marcos.

“El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. “El Hijo del Hombre”, se refiere a sí mismo. “Hijo del Hombre” es decir el Hombre. Jesús es el Hombre perfecto, que representa a toda la familia humana, a la que quiere librar de la situación de pecado que la oprime, para elevarla a un orden divino de santidad y gloria.

El Hijo del Hombre, el Hombre perfecto, va a ser entregado “en manos de los hombres”. Lo martirizarán y lo matarán. No sólo los responsables directos de la Pasión, desde Judas hasta Pilatos fueron culpables, sino también todos nosotros pecadores. “Todos en Él pusimos nuestras manos...”

Mas por encima de los que lo entregaron, fue el mismo Jesús quien “nos amó y se entregó a sí mismo” por nosotros. Amar es darse. La Pasión redime a la humanidad por lo único que es capaz de redimirla: el Amor perfecto, divino y humano a un mismo tiempo. En Cristo crucificado se nos ofrece la evidencia de este Amor.

“Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Los discípulos, naturalmente, no comprendieron la revelación del misterio de la Cruz... de la verdadera Salvación a precio del perfecto Sacrificio. Acto seguido, se pusieron a discutir sobre preferencias. Ambición… sed de protagonismo. El maestro los adoctrina sobre nuestra pequeña “cruz” de cada día: la de estar al servicio de los demás. “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

“Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos....”. Parábola de la humildad. Porque amar a los niños es realidad y símbolo de todos los débiles. Jesús manda acogerlos como a Él mismo.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, admíteme en tu compañía en ese momento trascendente en que aceptaste plenamente el SÍ a ser la Madre del Hijo de Dios. No sólo lo aceptaste sino que te adelantaste a lo que hoy se nos dice en este Evangelio: a ser la esclava del Señor; la servidora. Que tu ejemplo nos arrastre a cada uno de nosotros a desdeñar los honores y ambicionar los servicios.



Fuente: Parroquia de San Valero
13.09.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 8, 27-35
En aquel tiempo salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le dijeron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas». Él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías». Y Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Desde entonces comenzó a declararles que el hijo del hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, morir y resucitar al tercer día. Esto lo decía con toda claridad. Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle. Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, riñó a Pedro diciéndole: «¡Apártate de mí, Satanás!, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres». Llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará.


Hoy, Jesús, en el Evangelio nos quiere preguntar: ¿Quién es Él?

“Y vosotros, ¿Quién decís que soy?”. Jesús camina a solas con sus discípulos por una región socialmente pagana, hacia la fuente principal del Jordán, apartado de su tierra. Y les pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. La mayoría de sus contemporáneos coincidían en reconocer que era alguien excepcional. Quizá el Bautista que había resucitado. O Elías bajado del cielo. O un profeta semejante a ellos. En resumen: uno que ha venido a preparar la hora de la salvación del pueblo de Israel oprimido por los romanos. También en nuestros días, cuando en una encuesta se pregunta: “¿qué opinas sobre Jesús?”, las respuestas suelen dar mucho que pensar... no suele haber contestaciones atinadas. Jesús, no satisfecho, quiere de sus discípulos una manera más exacta de pensar.

En el Evangelio, los “discípulos” representan a la Iglesia. Portavoz de todos, contesta Pedro: “Tú eres el Mesías”. Es decir, Cristo. No ya un profeta o un precursor; sino aquel a quien han preparado el camino todos los precursores. El que ha venido a realizar la Salvación, a inaugurar el Reino de Dios. Todos los que lo reconozcamos así, ya no tenemos necesidad de esperar otros “mesías”, ni los aceptaremos cuando se presenten como tales.

“El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho”. Entre los contemporáneos de Jesús, “el Mesías” era una esperanza tan absoluta como imprecisa. La mayor parte estaban convencidos de que iba a ser el héroe de una guerra santa, triunfador al estilo de este mundo. Por eso Jesús exigió silencio sobre su condición de Mesías, hasta que la experiencia de la cruz y la resurrección nos dejaran bien claro cuan distintos son los pensamientos de Dios sobre la manera de salvar al mundo. Pedro no pensaba aún como Dios, sino como los hombres. Su fe (como tantas veces la nuestra) tenía que pasar por la purificación. Intenta disuadir al Maestro, que le increpa como a Satanás en el desierto: ¡Quítate de mi vista! Esta escena tan realista la contaba el mismo Pedro.

“Si alguien quiere venir en pos de mí...”. Las palabras del Señor con que termina este Evangelio no piden comentario alguno, sino obediencia amorosa de la Fe. San Pedro las realizó al pie de la letra.

Madre mía, Virgen del Pilar, ayúdanos en nuestro intento a conocer con perfección a tu Hijo, Señor nuestro y Mesías y a no escandalizarnos de la cruz, camino seguro y único de SALVACIÓN.



Fuente: Parroquia de San Valero
06.09.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 7, 31-37
De nuevo, salió de la región de Tiro y vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. Le traen a uno que era sordo y que a duras penas podía hablar y le ruegan que le imponga la mano. Y apartándolo de la muchedumbre, le metió los dedos en las orejas y le tocó con saliva la lengua; y mirando al cielo, suspiró, y le dijo:
—Effetha –que significa: "Ábrete".
Y se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y empezó a hablar correctamente. Y les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Pero cuanto más se lo mandaba, más lo proclamaban; y estaban tan maravillados que decían:
—Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.


El Evangelio que acabamos de leer nos ha contado la curación de un hombre “sordo” y “mudo”. Estos hechos nos están diciendo que se va haciendo realidad, por obra de Jesús, la esperanza mesiánica que profetizó el profeta Isaías y que hemos escuchado en la 1ª lectura.

Estos gestos con los que Cristo dio la salud a algunos enfermos son signos de la Salud o Salvación radical de Vida eterna que ofrece a todos los hombres. Viene la hora de que no haya ciegos ni sordos ni mudos en relación con la Verdad. Que de nadie se deba repetir aquella expresión bíblica: “tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen...”. San Marcos pone este signo de Salvación en una tierra oficialmente pagana, en la “Deca-polis” o confederación de “diez ciudades”, hacia el nordeste de Israel. Quiere indicar con ello que los hombres de todos los pueblos, también los no israelitas, están llamados a “ver”, “oír” y “hablar” o proclamar el Evangelio de la Salvación.

“A través de la Decapolis”. Jesús, incomprendido entre los suyos, pasa de incógnito por tierra ajena. También allí acuden a Él los predilectos de Dios. Los que sufren, como hemos escuchado en el salmo responsorial: “Hace justicia a los oprimidos” etc. Los pobres que Santiago nos ha hecho saber en la segunda lectura: “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Cielo?”.

En la curación que hoy nos ocupa se suceden tres momentos: un gesto que aviva la fe; una mirada al Cielo, que expresa el origen del Poder que obra en Cristo y por Cristo; una palabra eficaz.

El evangelista conserva esta palabra – effeta – en lengua materna de Jesús. Luego pasó a la liturgia bautismal. “Abrirse los oídos”, sugiere la docilidad a la Palabra de Dios. A partir de aquí el hombre habló correctamente. En el camino normal de la Salvación, la Palabra de Dios tiene una importancia fundamental. Acogerla y traducirla a la vida. Fe y Testimonio. EL PUNTO DE PARTIDA ESTÁ EN NO HACERSE SORDO A LA PALABRA. Quien no escucha no sabe hablar. Hay que atender a la Palabra de Dios, que se expresa en la Naturaleza y en la Revelación, la que nos habla de su Espíritu en la intimidad y por los ministros autorizados.

“Les mandó que no lo dijeran a nadie”. Jesús era sincero en su voluntad de silencio. Y el pueblo era sincero en el proclamar sus obras.

“Todo lo ha hecho bien”. Resumen de la vida de Jesús y programa de sus discípulos.

Virgen María, Virgen del Pilar, llévanos hasta tu Hijo y ayúdanos a proclamar sus grandezas aún en medio del mundo en que nos toca vivir.



Fuente: Parroquia de San Valero
30.08.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 7, 1-8.14-15.21-23
Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas que habían llegado de Jerusalén, y vieron a algunos de sus discípulos que comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavar. Pues los fariseos y todos los judíos nunca comen si no se lavan las manos muchas veces, observando la tradición de los mayores; y cuando llegan de la plaza no comen, si no se purifican; y hay otras muchas cosas que guardan por tradición: purificaciones de las copas y de las jarras, de las vasijas de cobre y de los lechos. Y le preguntaban los fariseos y los escribas:
—¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los mayores, sino que comen el pan con manos impuras?
Él les respondió:
—Bien profetizó Isaías de vosotros, los hipócritas, como está escrito:
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí. Inútilmente me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos. Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres.
Y después de llamar de nuevo a la muchedumbre, les decía:
—Escuchadme todos y entendedlo bien: nada hay fuera del hombre que, al entrar en él, pueda hacerlo impuro; las cosas que salen del hombre, ésas son las que hacen impuro al hombre.
Porque del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, los deseos avariciosos, las maldades, el fraude, la deshonestidad, la envidia, la blasfemia, la soberbia y la insensatez. Todas estas cosas malas proceden del interior y hacen impuro al hombre.


Hoy el evangelio nos dice cómo los fariseos y escribas acusan al Maestro. Aquí comienza el proceso a Jesús, que culminará en la Pasión. Le echan en cara que sus discípulos no observan “la tradición de los Mayores”. En concreto, no se lavan las manos, restregando bien, antes de comer, y otras formalidades rituales. El Maestro replica a las acusaciones.

En primer lugar: Por encima de las “tradiciones” o enseñanzas de los hombres están los Mandamientos de Dios. En segundo lugar: La sincera religiosidad no consiste en lavarse las manos, sino en mantener puro el corazón.

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. Les echa en cara el vicio más reprobado en el Evangelio: la hipocresía. Antes de acusar a otros, como hicieron aquellos doctores venidos de Jerusalén, debiéramos mirar cada uno si estas palabras no reflejan también nuestro propio proceder...

“Dejando a un lado el Mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”. La palabra “tradición” era sinónimo de enseñanza por cuanto se “transmitía” de maestro a discípulo. En tiempos de Jesús, bastantes maestros religiosos de Israel exageraron el valor de su propia autoridad. En vez de explicar y aplicar a la vida práctica la palabra de Dios, a veces la ahogaban con exageraciones y aún la sustituían. Es principio fundamental, a nivel religioso, que el maestro humano debe estar al servicio de la Palabra de Dios, y no al contrario.

“Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”. De dentro quiere decir del corazón. Se entiende por “corazón”, la interioridad de la persona humana. Interioridad que Dios ve por dentro. Las obras serán la lógica del corazón. El Evangelio enumera aquí doce entre las principales suciedades que pueden salir “de dentro”. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, fraude, libertinaje, envidia, injuria, maldades, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre, esas sí que manchan al hombre. Lavar objetos y manos es cosa fácil. Hoy, como siempre, hay muchas maneras de “lavarse las manos”. Pero el Evangelio, la conciencia y Dios juzgan el corazón.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, ayúdame a revestir mi interior de un corazón limpio, donde no quepa ningun tipo de maldad ni fingimiento.



Fuente: Parroquia de San Valero
23.08.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XXI Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Jn 6, 60-69
Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron:
—Es dura esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?
Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos estaban murmurando de esto, les dijo:
—¿Esto os escandaliza? Pues, ¿si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada: las palabras que os he hablado son espíritu y son vida. Sin embargo, hay algunos de vosotros que no creen.
En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que le iba a entregar.
Y añadía:
—Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.
Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él. Entonces Jesús les dijo a los doce:
—¿También vosotros queréis marcharos?
Le respondió Simón Pedro:
—Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.


Después del sermón de Jesús sobre el PAN DE VIDA, el Evangelio de San Juan añade esta página que acabamos de leer. Nos habla de una crisis de fe bajo dos perspectivas: la de un círculo amplio de discípulos y la del grupo de los apóstoles.

Como recuerdo histórico, esta crisis de fe surgió en la última fase de la misión de Jesús por los pueblos de Galilea. Muchos se habían entusiasmado con Él convencidos de que era el promotor, en nombre de Dios, de un reino mesiánico, de cara a los intereses de este mundo. A medida que el Maestro iba revelando su pensamiento, tan distinto, se apartaban de Él. Jesús les dijo:

“Las palabras que yo os he dicho son espíritu y vida”. En estas palabras se reafirma unas siete veces la realidad del MISTERIO EUCARÍSTICO: para tener Vida eterna es necesario comer la Carne y beber la Sangre del Señor. Algunos encuentran esto inaceptable. “¿Esto os hace vacilar?,”. En esta atmósfera de “espíritu” y “vida” hay que entender las palabras del Señor: El MISTERIO DE LA EUCARISTÍA no tendría sentido sin el MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN, del que es continuidad.

“Pero hay algunos de vosotros que no creen”. Habla Jesús a discípulos (a aquellos que le seguían). Los que antes se habían abierto a la gracia de la Fe, es decir, a la atracción hacia Jesús, que infunde el Padre. El que pierde la Fe en la realidad de Cristo, en su personalidad, a un tiempo divina y humana, lógicamente perderá el amor, el respeto y la Fe a su continuidad eucarística entre nosotros.

Jesús ahora interpela a los Doce Apóstoles. Los íntimos. La esperanza de su Iglesia. ¿También vosotros os quereis marchar? (Si no tuviesen Fe, dejaría que se marchasen... pero la tienen y bien puesta). Responde Pedro por todos ellos. “Señor, ¿a quién iremos?: Tú tienes palabras de vida eterna”. Tú eres el Mesías el Hijo de Dios vivo el que tenía que venir al mundo.

María Madre mía, Virgen del Pilar, hemos de decirle cada uno de nosotros, danos a conocer a tu Hijo en toda su extensión divina y humana hecho EUCARISTÍA por nosotros.



Fuente: Parroquia de San Valero
16.08.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XX Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Jn 6, 51-58
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir entre ellos:
—¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo:
—En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.


Acabamos de escuchar, queridos hermanos, la última parte de la Homilía sobre el Pan de la Vida, ambientada en la sinagoga de Cafarnaúm. El Pan que ha bajado del Cielo y da la Vida de Dios a los hombres, es Jesucristo en la Eucaristía.

“El Pan que yo daré es mi Carne, por la Vida del mundo”. Al pronunciar la consagración del pan en la última Cena, Jesús dijo: esto es mi Carne. Dicha expresión significaba la totalidad del hombre en todo su ser. En nuestra manera de pensar y hablar diríamos “el-cuerpo-y-el-alma”. Con el mismo sentido escribió San Juan en el Prólogo de su Evangelio, al hablar de la Encarnación: “El Verbo se hizo Carne, y estableció su morada entre nosotros”. La Eucaristía es continuidad universal, cercana, íntima, de la más hermosa de las verdades: EL MISTERIO DEL HIJO DE DIOS HECHO HOMBRE, POR LA VIDA DEL MUNDO.

“Por la Vida del mundo”. Frase concisa que entraña la idea de ofrecimiento y entrega. Y pues Amor es darse, Cristo es el Hombre perfecto: el que no vive para sí, sino para los demás... hasta el infinito Amor, que ha sido darse en absoluto. Morir en Sacrificio voluntario para que los otros, que somos nosotros, tengamos Vida. Y hacer perenne, universal e íntima la entrega en sacrificio en el Pan eucarístico.

“El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene Vida eterna”. Jesús insiste en que su Carne y Sangre son auténtica comida y bebida: sacian el hambre y la sed del espíritu humano, que nada ni nadie más puede saciar. La Eucaristía es convite de Dios a los hombres. En la Eucaristía, Dios nos da todo lo que es y tiene. Se nos da a sí mismo en cuerpo, sangre, alma y divinidad.

“El que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí y yo en él”. Participar con plena-Fe en la Eucaristía tiene un nombre que es realidad: Comunión.

San Juan une a la palabra “carne”, la palabra “sangre”. La palabra sangre, entre los hebreos, se consideraba sede de la vida. Derramar la sangre es dar la vida, beberla es asimilarla.

Madre mía, Virgen del Pilar, tú que fuiste la que nos diste a Jesús, enseñanos a recibirlo con la dignidad y respeto que merece; y que no nos acostumbremos a comulgar sino que cada comunión que recibimos la recibamos como si lo hiciéramos por primera vez.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.08.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ciclo B
Evangelio: Lc 1, 39-56
Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:
—Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.
María exclamó:
—Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador: porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos. Protegió a Israel su siervo, recordando su misericordia, como había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia para siempre.
María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.


Juan Pablo II, el día 15 de agosto del año 2005, Solemnidad de la Asunción de María, comenzó el comentario del Ángelus con estas sentidas palabras:

En esta solemnidad de la Asunción de la Virgen contemplamos el misterio del tránsito de María de este mundo al Paraíso: podríamos decir que celebramos su "pascua". Como Cristo resucitó de entre los muertos con su cuerpo glorioso y subió al cielo, así también la Virgen santísima, a él asociada plenamente, fue elevada a la gloria celestial con toda su persona. También en esto la Madre siguió más de cerca a su Hijo y nos precedió a todos nosotros. Junto a Jesús, nuevo Adán, que es la "primicia" de los resucitados (cf. 1 Co 15, 20. 23), la Virgen, nueva Eva, aparece como "figura y primicia de la Iglesia" (Prefacio), "señal de esperanza cierta" para todos los cristianos en la peregrinación terrena (cf. Lumen gentium, 68).

Hoy, en este año 2009, al celebrar esta misma Solemnidad de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, me veo obligado a seguir el destello que han dejado en mi vida estas palabras.

En primer lugar: ¿Qué afirma el dogma de la Asunción de María? : «Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (LG 59). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos.

Una vez conocido el contenido del dogma de la Asunción de María, lo primero que ha de venir a nuestra mente es alegrarnos en esta singularísima fiesta en honor de nuestra madre la Virgen.

En segundo lugar felicitarnos, ya que una persona de nuestra misma condición en todo, menos en el pecado, que por singular gracia disfruta ya de la Vida Eterna y goza de Dios para siempre, ha sido enaltecida por Dios como Reina del universo.

En tercer lugar, robustecer nuestra esperanza de que también nosotros estaremos con Ella disfrutando de Dios para siempre, si, como Ella, permanecemos en esta vida amando a Dios sobre todas las cosas y haciendo el bien a nuestros hermanos los hombres.

Virgen del Pilar, María, Madre nuestra, danos la fe recia que necesitamos para superar las dificultades sin fin que este mundo nos tiende para adormecernos en sus falsas promesas y borrar de nuestra mente la esperanza que hoy nos infunde la fortaleza de seguir fieles a tu Hijo Jesús en todo momento.



Fuente: Parroquia de San Valero
09.08.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XIX Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Jn 6, 41-51
Los judíos, entonces, comenzaron a murmurar de él por haber dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo». Y decían:
—¿No es éste Jesús, el hijo de José, de quien conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que ahora dice: «He bajado del cielo»?
Respondió Jesús y les dijo:
—No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí si no le atrae el Padre que me ha enviado, y yo le resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Todo el que ha escuchado al que viene del Padre, y ha aprendido, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que procede de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo que el que cree tiene vida eterna.
»Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que si alguien lo come no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.


Hoy en el Evangelio, Jesús con toda claridad nos dice: YO SOY EL PAN DE LA VIDA.

“Yo soy el PAN vivo, que ha bajado del cielo”. La expresión “bajar del cielo” es un modo de decir que usamos también en el Credo de la Misa: “Bajó del cielo y, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen”. O sea, empezó su existencia realmente humana en nuestro mundo a partir de la real existencia divina, que tenía desde siempre en aquel ámbito de Dios que la Biblia llama “Cielo”. Misterio de la Encarnación. No es de extrañar que a los oyentes de Cafarnaúm este pensamiento los desconcertase. Lo consideraban el más admirable de los hombres; pero nada más que hombre, hijo de José y María.

“El que come de este Pan”, vivirá para siempre”. “Comer” es la mejor expresión de asimilar. El Señor está hablando en primer lugar de la fe. Creer equivale a asimilar (hacer interiormente “nuestro” el pensar y sentir, la vida humana y divina de Jesús). No es fruto de un esfuerzo, ni de estudio alguno; es dejarnos poseer, dejarnos transformar, dejarnos asimilar por Él.

“Y el Pan que yo os daré es mi Carne [ofrecida en sacrificio] por la Vida del mundo”. La manera de decir en hebreo “carne” (lo mismo que “sangre”) quiere decir decir la totalidad de la persona. Comulgar en la realidad sacramental de Cristo es el acto perfecto de la auténtica fe, que nos sitúa en la auténtica Vida.

Señor danos siempre a comer este Pan, que eres Tú. Que la Virgen del Pilar, tu madre y nuestra Madre, nos dé a conocer la grandeza de la Eucaristía y nos ayude a recibirte como Ella lo hizo.



Fuente: Parroquia de San Valero
02.08.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Jn 6, 24-35
Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús. Y al encontrarle en laen ese otra orilla del mar, le preguntaron:
—Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?
Jesús les respondió:
—En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no por haber visto los signos, sino porque habéis comido los panes y os habéis saciado. Obrad no por el alimento que se consume sino por el que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a éste lo confirmó Dios Padre con su sello.
Ellos le preguntaron:
—¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?
Jesús les respondió:
—Ésta es la obra de Dios: que creáis en quien Él ha enviado.
Le dijeron:
—¿Y qué signo haces tú, para que lo veamos y te creamos? ¿Qué obras realizas tú? Nuestros padres comieron en el desierto el maná, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo.
Les respondió Jesús:
—En verdad, en verdad os digo que Moisés no os dio el pan del cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que ha bajado del cielo y da la vida al mundo.
—Señor, danos siempre de este pan –le dijeron ellos.
Jesús les respondió:
—Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed.


Asistimos en este Evangelio al diálogo que tuvo lugar entre Jesús y un grupo de personas que asistieron el día anterior a la multiplicación de los panes.

Después de este milagro de los panes realizado en un lugar desierto cercano al lago de Genesaret, se propusieron proclamarlo rey. Jesús se alejó de ellos y evitó que llevaran a cabo tal proposición.

Pasado algún tiempo, se unió a sus apóstoles a quienes les mandó que regresaran en barca a Cafarnaum, donde volvieron a encontrarse, después de buscarlo todos, al ver que ni Él ni sus Discípulos estaban allí. Y en la Sinagoga, tiene lugar un largo sermón expresando el pensamiento de Cristo en relación a uno de los temas del Evangelio: EL PAN DE LA VIDA. Valiéndose de la experiencia de las cosas de la tierra, considera las cosas del cielo. Desde el pan que nos mantiene en la vida temporal, se eleva al Pan divino que nos da la Vida eterna. Hoy el Evangelio nos muestra sólo la introducción del sermón. Les corrige por tres veces en su manera de pensar y sentir:

“Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura dando Vida eterna”. Primera rectificación: El Señor quiere que nos interesemos por los valores del espíritu. Buscad ante todo el Reino de Dios… y nosotros buscamos que nos proporcione bienes terrenos. Cristo quiere que descubramos y vivamos ya en el mundo nuestro verdadero destino: La Vida eterna. Vida que Él nos da por medio del Alimento que la contiene y la comunica, el Pan de Vida.

“Éste es el trabajo que Dios quiere, que creáis en quien Él ha enviado”. Segunda rectificación: Que nos abramos a la fe. Nosotros por solas nuestras propias fuerzas no podemos hacer nada. “Sin mí no podéis hacer nada” dirá Cristo. Creer es seguir a Cristo, poniendo en Él toda nuestra confianza.

“Es mi Padre el que os da el verdadero Pan del cielo”. Tercera rectificación. Le recuerdan el milagro del maná en la 1ª lectura. Cristo les vuelve a rectificar. Dios es el que nos está ofreciendo a ellos y a todas las personas del mundo, mucho más de lo que esperan. Un Pan del “Cielo”. Alimento que comunica la misma Vida de Dios.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, Tú que alumbraste en Belén a Jesús, tierno niño recién nacido, y nos lo diste como el único Salvador que nos da la Vida eterna , llévanos hasta Él, que se nos da como Pan de Vida y haznos gustar qué bueno es. Gustad y ved qué bueno es el Señor.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.07.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XVII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Jn 6, 1-15
Después de esto partió Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades. Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos.
Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe:
—¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos? –lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer.
Felipe le respondió:
—Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
—Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tantos?
Jesús dijo:
—Mandad a la gente que se siente –había en aquel lugar hierba abundante.
Y se sentaron un total de unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió a los que estaban sentados, e igualmente les dio cuantos peces quisieron.
Cuando quedaron saciados, les dijo a sus discípulos:
—Recoged los trozos que han sobrado para que no se pierda nada.
Y los recogieron, y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
Aquellos hombres, viendo el signo que Jesús había hecho, decían:
—Éste es verdaderamente el Profeta que viene al mundo.
Jesús, conociendo que estaban dispuestos a llevárselo para hacerle rey, se retiró otra vez al monte él solo.


Hemos escuchado hoy el relato de la Multiplicación de los Panes. La lectura evangélica de este domingo está tomada de San Juan y es una homilía centrada en Cristo y eucarística.

“Jesús dice a Felipe: ¿Con qué compraremos panes para que coman? Al trasluz de la redacción, San Juan está aludiendo continuamente a hechos de la Historia Bíblica. Al milagro de Eliseo [1ª lectura], que Jesús repite y trasciende. Al Éxodo, cuando el pueblo liberado en la fiesta de Pascua no tiene pan, y Dios se lo da. La intervención de Felipe y de Andrés subraya la imposibilidad humana de proporcionar alimento a tanta multitud. Ni doscientos denarios bastarían, cantidad que seguro no tenían a mano. Único recurso son las provisiones que ofrece un niño: cinco panes de cebada y dos peces.

“Jesús tomó los panes, dijo la Acción de Gracias y los repartió a los comensales. “Cinco mil” significan una gran multitud. Igual que en la Iglesia de los primeros días, que ya se sentía inmensa. En el detalle de la “hierba” se transparenta el salmo del Buen Pastor, [salmo responsorial del Domingo pasado]. Jesús es aquel pastor divino en quien el pueblo encuentra camino recto, protección segura, alimento y amor. Los panes que el Señor multiplica y reparte son los que ha ofrecido el niño. Los milagros de la Fe suelen ir de la mano de dos Generosidades: la infinita de Dios y la de los humildes que han puesto todo lo suyo en manos de Él.

¡Éste sí que es el profeta que ha de venir al mundo!”. Ellos lo entendían interpretando la misión de este “Profeta” en el único sentido que a ellos interesa o pueden entender, quieren proclamarlo allí mismo su Rey temporal. Éste es uno de los momentos más difíciles de la vida de Jesús. Él no ha venido para esto; su misión es extender el Reino de Dios su Padre en el mundo. Le duele mucho ser incomprendido; y se vuelve al Silencio, a la Soledad de la oración. Y esto lo hace para hablarles, de nuevo, al día siguiente, en Cafarnaúm, sobre el PAN DE VIDA.

Virgen del Pilar: Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, y dánoslo a conocer como lo que es: el Hijo de Dios, hecho hombre en tus entrañas por obra y gracia del Espíritu Santo. Que ha venido a salvarnos y llevarnos de su mano hasta la Vida Eterna.



Fuente: Parroquia de San Valero
19.07.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XVI Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 6, 30-34
Reunidos los apóstoles con Jesús, le explicaron todo lo que habían hecho y enseñado. Y les dice: —Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer. Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos. Pero los vieron marchar, y muchos los reconocieron. Y desde todas las ciudades, salieron deprisa hacia allí por tierra y llegaron antes que ellos. Al desembarcar vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.


El Evangelio de hoy es vida y movimiento. Su paisaje, el mar de Galilea.

“Volvieron los apóstoles a reunirse con Jesús...” Una vez realizada la primera misión que Jesús les mandó, como si fuera un primer contacto con la realidad de extender el reino de Dios en el mundo, volvieron a reunirse con Jesús. Su puesto era estar con el Maestro. Fueron regresando de dos en dos, hasta integrarse de nuevo en el grupo de los Doce, que con el tiempo constituirían el “Colegio Apostólico”. En este momento San Marcos los llama “apóstoles”. Como ya van siendo muchos los que propagan el Evangelio por el mundo, ve en aquella pequeña experiencia la norma de todo apostolado. El misionero es un “enviado” siempre a punto de volver al que lo envía, puesto que Cristo es siempre su único Maestro y Señor.

“Venid aparte, vosotros, a un lugar desierto y reposad un poco”. No tenían ni tiempo para comer. Es comprometido y fatigoso entregarse con sinceridad al servicio del pueblo. En todo su Evangelio, San Marcos da a entender que el pueblo siente la atracción de Jesús. La invitación del maestro a sus discípulos es cordialmente humana. Necesitan descanso. Luego vendrá la lección heroica de sacrificarlo todo por amor al pueblo. También Jesús solía buscar para sí la Paz del silencio y el reposo en algún paraje “desierto” después de una intensa actividad. Toda acción apostólica requiere el sosiego y tranquilidad del descanso y la oración en la intimidad con Dios.

“Vió una gran multitud y se compadeció de ellos”. Se adentra Jesús en la barca, con sus discípulos, adelantándose a la gente que corre por los caminos de la orilla. Temen que Jesús se les ausente. Falta poco para la Pascua y muchos ya están en plan de peregrinos. Cada año, Israel celebra esta fiesta religiosa. En Jesús se les ha encendido una esperanza. Cuando desembarcan, en vez del desierto soñado reencuentran la multitud. Cristo se emociona, y los ve como ovejas sin pastor. “Pastores” les sobran [1ª Lect.]. Carecen de un Pastor a lo divino [salmo responsorial]. En la conciencia de ser el Buen Pastor, empieza por darles su Palabra. Luego compartirán el Pan. Doctrina y alimento. Verdad y Vida. Cuando los apóstoles meditaron después esta jornada, entendieron que Jesús les había señalado su programa de acción, dando “su Palabra y Pan”.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, que yo no me sienta nunca como oveja sin Pastor; que sienta en todo momento sus impulsos en la búsqueda de la santidad y tú también, Virgen del Pilar, ven, en todo momento conmigo para no perder el Camino.



Fuente: Parroquia de San Valero
12.07.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XV Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 6, 7-13
Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus impuros. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas. Y les decía: —Si entráis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis de aquel lugar. Y si en algún sitio no os acogen ni os escuchan, al salir de allí sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos. Se marcharon y predicaron que se convirtieran. Y expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


Jesús envió a sus discípulos para que difundiesen su mensaje por los pueblos de Galilea. Los que Cristo envía se llaman misioneros y apóstoles. Esto que hizo con los doce, era una imagen de la misión universal de la Iglesia en todo el mundo.

“Y los fue enviando de dos en dos...” Los “enviados” son medio de comunicación personal entre quien los envía y los destinatarios del mensaje. Comunicación es romper el aislamiento. El “apóstol” pone en contacto a Cristo con el pueblo. Para que esto sea efectivo, mantendrá viva su conexión tanto con el pueblo al que ha sido enviado como con Cristo que es el que envía. De la intimidad personal con Cristo viene la eficacia de todo apostolado. A lo largo de su Evangelio, San Marcos suele referirse a los -principales discípulos- mediante la expresión: “los que estaban con Jesús”.

Al enviarlos “de dos en dos” sugiere su condición de testigos. Para dar testimonio válido, según la ley, eran necesarios por lo menos dos. Por otra parte, es axioma de sabiduría la utilidad de la colaboración fraterna por encima del individualismo.

“Les dio autoridad sobre los espíritus inmundos”. San Marcos tiene un especial interés en referir la victoria de Cristo sobre el demonio. Manera de recordar que en la raíz de los males humanos actúa un elemento ajeno al hombre, del que sólo podemos ser liberados por el poder de Dios. Es la gran Liberación (sin la cual resultarían inútiles las otras) que pedimos cada día en la última línea del Padrenuestro, cuando terminamos diciendo: líbranos del mal, (del malo).

“Ni pan, ni alforja, ni dinero.” Radical ejercicio de pobreza en unas primeras experiencias que los discípulos recordaban con nostalgia (Lc. 22, 35). Y les dijo: "Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?" Ellos dijeron: "Nada."

Cuando, más tarde, la actividad apostólica no podrá menos de ajustarse a cierta organización, estas palabras del Evangelio permanecerán como sincero desinterés con que el apóstol ha de conseguir su libertad de espíritu, que es condición de fidelidad al servicio de la sola Gracia de Dios. “

“Y si en algún lugar no os reciben y no os escuchan...” Al desinterés del apóstol corresponderá la ayuda de quienes reciben el mensaje. Aunque tampoco le faltarán los desaires, que sabrá superar con dignidad y firmeza.

María, Madre Inmaculada, Virgen del Pilar: alláname el camino de la evangelización. Enséñame a extender el Reino de tu Hijo Jesús dentro de mis condiciones de vida, Tú que eres la primera misionera.



Fuente: Parroquia de San Valero
05.07.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XIV Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 6, 1-6
En aquel tiempo Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.


Nos narra el Evangelio de hoy que Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Los de su pueblo no lo aceptaron; no les cabía en la cabeza que fuese él, el enviado de Dios.

“Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos”. Se trata de una visita que hizo a Nazaret cuando iba recorriendo en misión evangelizadora toda la Galilea. Ya estaban enterados de los milagros que hacía en otros pueblos. El sábado le escucharon en la Sinagoga y le oyeron cómo anunciaba el Reino de Dios al comentar las Escrituras durante la liturgia que todos los sábados se celebraba. Y de pronto se entusiasmaron de su “sabiduría”. La sabiduría es más que el conocimiento o la ciencia; es un don que pocos poseen y que hace que lo que dicen les llegue al corazón de los oyentes y penetre en su vida. Jesús cuando hablaba no dejaba a nadie indiferente; arrastraba y convencía. Los de Nazaret ya estaban, como se suele decir, en el umbral de la fe.

“¿No es éste el carpintero…?”. Al entusiasmo que les llevaba a aceptar la fe, vino el desprecio de pensar que era como todos ellos: el carpintero, el hijo de María... ¿cómo se dice que es él, el enviado de Dios y hasta el Mesías?

A Jesús le llegó muy adentro esta postura y les manifestó: "ningún profeta es bien mirado en su pueblo".

“Y se extrañó de su falta de fe”. Jesús esperaba otro proceder de su pueblo. Sin fe eran imposibles los milagros, ya que los milagros no eran sino signos de “salvación”; quien se niega a creer, renuncia a salvarse.

Virgen Santa del Pilar, danos un conocimiento profundo de tu Hijo Jesús. Él y sólo Él es el único Salvador. Que su conocimiento nos lleve a creer en Él y seguirle con fidelidad. Una vez más, como en las bodas de Caná, queremos escuchar que nos dices: “Haced lo que Él os diga”.



Fuente: Parroquia de San Valero
28.06.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XIII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 5, 21-43
Y tras cruzar de nuevo Jesús en la barca hasta la orilla opuesta, se congregó una gran muchedumbre a su alrededor mientras él estaba junto al mar. Viene uno de los jefes de la sinagoga, que se llamaba Jairo. Al verlo, se postra a sus pies y le suplica con insistencia diciendo: —Mi hija está en las últimas. Ven, pon las manos sobre ella para que se salve y viva. Se fue con él, y le seguía la muchedumbre, que le apretujaba. Y una mujer que tenía un flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho a manos de muchos médicos y se había gastado todos sus bienes sin aprovecharle de nada, sino que iba de mal en peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y le tocó el manto –porque decía: "Con que toque su ropa, me curaré"–. Y de repente se secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad. Y al momento Jesús conoció en sí mismo la fuerza salida de él y, vuelto hacia la muchedumbre, decía: —¿Quién me ha tocado la ropa? Y le decían sus discípulos: —Ves que la muchedumbre te apretuja y dices: "¿Quién me ha tocado?". Y miraba a su alrededor para ver a la que había hecho esto. La mujer, asustada y temblando, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le dijo toda la verdad. Él entonces le dijo: —Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu dolencia. Todavía estaba él hablando, cuando llegan desde la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: —Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas ya al Maestro? Jesús, al oír lo que hablaban, le dice al jefe de la sinagoga: —No temas, tan sólo ten fe. Y no permitió que nadie le siguiera, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga, y ve el alboroto y a los que lloraban y a las plañideras. Y al entrar, les dice: — ¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme. Y se burlaban de él. Pero él, haciendo salir a todos, toma consigo al padre y a la madre de la niña y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: —Talitha qum –que significa: "Niña, a ti te digo, levántate". Y enseguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. Y quedaron llenos de asombro. Les insistió mucho en que nadie lo supiera, y dijo que le dieran a ella de comer.


Todas las páginas del Evangelio tienen como finalidad, despertar la fe en Jesús. Esto lo ilumina hoy San Marcos, a través de la historia de la niña de Jairo.

“Mi niña está en las últimas; ven a imponerle las manos, para que se salve y viva”, Jairo postrado a los pies de Jesús, está expresando cómo ha de ser el amor paterno. Cuando un padre ama y sufre así por sus hijos, le es connatural abrirse a Dios. El Evangelio presenta a Jairo como ejemplo de Fe. Contra toda esperanza humana, cree y confía. Acude al Señor, se humilla y ruega.

“No temas; ten fe y basta”; la niña no está muerta; está dormida. En la figura de Jairo, San Marcos nos muestra de qué es capaz y hasta donde llega el amor paterno. Espera contra toda esperanza. Puesta a prueba su fe, cree, que si interviene Jesús se realizará lo imposible. La fe de Jairo tenía que ser sometida a toda prueba. Su hija muere. Sigue Jairo confiando en la sola Palabra de Jesús, cuando todos los demás se burlan.

Jesús habla el lenguaje de la gente sencilla de Israel: morir es “dormir”. Entendían que para despertar en la resurrección al fin de los tiempos. Pero Jesús quiere dar a entender con un signo tangible que nuestra Resurrección y nuestra vida está en El. En estos tiempos que nos toca vivir ¡cuántos hijos espiritualmente “muertos” vivirían, si tuvieran unos padres así!

“¡Niña, levántate!” El sencillo gesto de inclinarse Jesús, para tomar a la niña de la mano. Su cariñoso vocativo: ¡contigo hablo! El enérgico imperativo: ¡ponte en pie! produce la alegría de todos.

Los primeros cristianos contemplaban en esta escena la imagen significativa de su “resurrección” por el Bautismo. El Bautismo nos asocia a la Resurrección de Cristo y nos compromete a vivir en consecuencia; es decir, a no “dormir” o morir en el pecado. – De manera especial, esta encantadora escena invita a pensar en los niños o adolescentes cristianos para que sientan en sí la mano de Jesús.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, Tú que sabes mejor que nadie, después de tu Hijo Jesús, las carencias de los niños-as y jóvenes en general, díselas a tu Hijo... y así como en las bodas de Caná les dijiste a los sirvientes: Haced lo que Él os diga; diles también a los niños y jóvenes lo mismo: Haced lo que Él os diga.



Fuente: Parroquia de San Valero
21.06.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
XII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 4, 35-41
Aquel día, llegada la tarde, les dice: — Crucemos a la otra orilla. Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como estaba. Y le acompañaban otras barcas. Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, hasta el punto de que la barca ya se inundaba. Él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal. Entonces le despiertan, y le dicen: —Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Y, puesto en pie, increpó al viento y dijo al mar: — ¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento y sobrevino una gran calma. Entonces les dijo: — ¿Por qué os asustáis? ¿Todavía no tenéis fe? Y se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: — ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?


La Primera Lectura nos habla del poder de Dios, que habla desde la tormenta. Es Todopoderoso

El Evangelio narra la escena de la tempestad calmada. Esta escena nos revela el poder de Jesús, como Señor de la Creación y como Dueño del mar. Es una manifestación de su divinidad. “Hasta el viento y el mar le obedecen”.
Los Santos Padres han visto en la barca azotada por la tempestad una imagen de la Iglesia y de cada cristiano.

Ante una sociedad caracterizada por el laicismo, la indiferencia religiosa, el relativismo moral, y en medio de algunos que se llaman cristianos y están afectados por la secularización y la mundanización, los discípulos de Jesús corremos el riesgo de caer en la tentación del miedo, de la desesperanza y la falta de fe.

Jesús nos interpela: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” Si creemos verdaderamente en Cristo resucitado, no tenemos nada que temer. Él nos ha prometido que “los poderes del infierno no prevalecerán contra la Iglesia”. De la barca de la Iglesia puede decirse siempre: “Es zarandeada, pero no hundida”. Aunque parezca que Jesús duerme al borde de la barca de la Iglesia en la travesía del mundo y de la Historia, Jesús está siempre presente y activo en su Iglesia, animada por el Espíritu Santo y guiada por el sucesor de Pedro y los pastores colaboradores.

No temamos por la Iglesia, que ha viajado ya contra viento y marea durante dos mil años. La Iglesia, como dice S. Agustín, “va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, y se siente fortalecida con la fuerza del Señor crucificado para poder superar, con paciencia y amor, las persecuciones, sufrimientos y dificultades internas y externas.

En una época, como la nuestra, de decaimiento religioso, de enfriamiento de la fe y de debilidad de nuestras comunidades cristianas, urge reavivar el don de la fe, e intensificar la misión evangelizadora con el anuncio expreso de Cristo y el testimonio de una auténtica vida cristiana.

Nos dice Jesús: “No temáis, yo he vencido al mundo”. Y San Juan añade: “Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe”.

En Cristo ponemos nuestra fe y esperanza.



Fuente: Parroquia de San Valero
14.06.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO
CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
Ciclo B
Evangelio: Mc 14, 12-16.22-26
El primer día de los Ácimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos:
—¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice:
—Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: “¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”» Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí.
Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, lo encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua.
Mientras cenaban, tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:
—Tomad, esto es mi cuerpo.
Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y les dijo:
—Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.
Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.


Fiesta del Corpus. Glorificación de la Eucaristía. La palabra Eucaristía sugiere gratitud. Tenemos que dar gracias a Cristo por haber tenido la ardiente idea de regalarnos el Misterio de su Cuerpo y Sangre.

“Cuando se sacrificaba el cordero pascual”. Jesús quiso instituir su Misterio eucarístico en el ámbito de la fiesta de Pascua. Hizo suyas las instituciones de su pueblo; no para abolirlas sino para elevarlas a plenitud. La Pascua era gozoso memorial de la liberación de Egipto. Cuando los israelitas, de esclavos del Faraón pasaron a ser libres adoradores del Altísimo. La Eucaristía es nuestra PASCUA PERENNE. Signo y eficacia de la sincera libertad a la que Dios nos llama.

“Tomad, esto es mi cuerpo”. Recibid y haced vuestro todo mi ser, quiere decir Jesús. Amar es darse. En la Eucaristía aceptamos, hecho signo de pan compartido, el gesto actual de su infinito amor. El mismo amor que le movió a hacerse hombre por nosotros y a morir en la Cruz. El mismo con que ahora nos comunica su Espíritu y nos ofrece su Gloria. Aceptar la Eucaristía es comprometerse a asimilar, a hacer también nuestra la generosidad de Cristo. Arder en amor dispuesto al sacrificio. Darnos por los hermanos, como él, en espíritu de eucaristía. Liberados del egoísmo, que es el “faraón” oculto de todas las humanas servidumbres.

“Ésta es mi Sangre, Sangre de la Alianza, derramada por todos”. Alude al pacto que Dios hizo con su pueblo en el Sinaí, 1ª Lect. Era costumbre antigua sellar los pactos o alianzas con la sangre de un sacrificio. Jesús ha venido para unir a los hombres con Dios en eterna fidelidad. En Alianza perfecta, 2ª Lect. Vínculo de esta fidelidad es su propia Sangre ofrecida en Sacrificio. En el pensamiento bíblico, la sangre es la vida. Beber la Sangre eucarística de Jesús es signo eficaz de querer que Él viva en nosotros. Que nuestra vida sea la suya. Que nos infunda su manera de pensar y sentir. Su generosidad es sacrificarse por la salvación del mundo. Su gozosa relación filial con el Padre en el Espíritu. Su divina fidelidad.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, Tú que configuraste en tu seno el Cuerpo y la Sangre de Cristo, objeto de nuestra Fiesta de hoy, infunde en mí un aprecio sin límites de dádiva tan preciada y dame a conocer la grandeza del Amor que Jesús, tu Hijo, me tiene al darme en comida y bebida su propio Cuerpo y su propia Sangre, para hacerme vivir su propia Vida.

Hoy se celebra el día de la Caridad, de “CÁRITAS”.



Fuente: Parroquia de San Valero
07.06.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Ciclo B
Evangelio: Mt 18, 16-20
Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron. Y Jesús se acercó y les dijo: —Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.


Acabamos de leer la última pagina del Evangelio según San Mateo. Palabras de Cristo Glorificado a su Colegio Apostólico. Cuando San Mateo habla del Colegio Apostólico, lo considera representación y germen de todos los creyentes. El Señor resucitado no se despide, sino que afirma que estará con ellos hasta que dure el mundo. Ellos con Él son la Iglesia. Iglesia a la que el Señor transmite la consigna de evangelizar a todos los pueblos. Para que todos acepten ser discípulos de Jesús. Sellarán su Fe con el sacramento del Bautismo. Los Apóstoles, en efecto, tienen la misión de:

Bautizar “EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO”. La triple denominación “Padre, Hijo y Espíritu Santo” es expresión cristiana de nuestro conocimiento de Dios, tal como Jesús lo ha revelado. “En el nombre...” connota relación personal. Cuando, al bautizarnos, dijeron sacramentalmente estas palabras sobre nosotros, nos situaron en relación de intimidad familiar con Dios. Con Dios Padre, que nos constituye hijos suyos. Con Dios Hijo, que nos tiene por hermanos. Con Dios Espíritu Santo, que IMPREGNA Y TRANSFIGURA nuestra existencia. Infinidad de veces, día tras día, repetimos estas palabras – “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” —aplicándolas a situaciones concretas de la vida. Que sean cada vez memorial y ejercicio de esta relación familiar con Dios, en que nos constituyó el Bautismo.

“Habéis recibido un espíritu de adopción filial, en el cual gritamos: ¡Abba! (Padre)”. Consciente de ser el Hijo de Dios, Jesús solía dirigirse al Padre divino con el vocativo infantil con que los niños de su tierra hablaban al padre terreno dentro del hogar: ¡Abba! (Papaíto). Nadie en Israel había tratado a Dios con tan sencilla familiaridad. Los antiguos cristianos hicieron también suya esta oración. Les gustaba saborearla en la lengua materna de Jesús: ¡Abba!. Era en germen el “Padrenuestro”. El Espíritu Santo, que Cristo posee y nos comunica por Gracia, es el Amor sustancial en el que dialogan Padre e Hijo dentro del hogar divino de la Trinidad. El misterio de LA SANTISIMA TRINIDAD no es una abstracción filosófica. Es la ardiente experiencia de Dios que tiene Jesús y a la que nos invita en el Cielo como “coherederos” de un tesoro común. Vivamos en la Fe ya desde ahora lo que será nuestra eterna alegría.

Grítamelo fuerte al oído, Madre Inmaculada, Virgen del Pilar para que reconozca hoy y medite en mi corazón que el Señor es el único Dios... para que nunca deje de amarlo.

Hoy la Iglesia celebra el “Día pro Orantibus” (Por los conventos de clausura que se dedican especialmente a la oración).



Fuente: Parroquia de San Valero
31.05.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Ciclo B
Evangelio: Jn 20, 19-23
En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros». Después sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos».


Jesús vino al mundo para darnos a Dios. Poseer a Dios será nuestro Cielo. Recibir el Espíritu Santo, misterio de Pentecostés, significa anticipar el Cielo a la tierra.

  1. —“Exhaló su aliento sobre ellos, y les dijo: RECIBID EL ESPIRITU SANTO”. El Evangelio nos recuerda la manifestación de Cristo Glorificado a los discípulos, el mismo día de la Resurrección. Les da el Espíritu Santo. Es su regalo de Pascua a la Iglesia. Alienta sobre ellos. Este aliento es igual que “soplo”, “viento” y “espíritu”. Este gesto de exhalar el aliento evoca el de Dios cuando creó al hombre, según el Génesis. Cristo Resucitado es el creador de la nueva Humanidad. Jesús da a la Iglesia su Espíritu. El Amor sustancial le mantiene unido al Padre en relación de Hijo. Sentirse Iglesia compromete a “respirar” el Espíritu de Jesús. Tener conciencia de ser en Él y con Él hijos de Dios. Todos hermanos.
  2. —“Se llenaron todos del Espíritu Santo”. En el Libro de los Hechos, San Lucas describe el primer Pentecostés cristiano a todo color. Arquetipo de lo que tiene que ser y hacer en el mundo la Iglesia de siempre. Plenitud, transparencia y comunicación del Espíritu. Palabra ardiente – (lenguas de fuego) – que bendice a Dios y proclama a los hombres la Salvación. Palabra que, siendo una, la comprenden y hacen suya todos los pueblos, cada uno en su lengua y cultura. Catolicidad uniforme, antítesis de Babel.
  3. —“Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu”. En la primera carta a los corintios, San Pablo nos muestra su pensamiento a propósito de los “dones” espirituales o carismas. Dice que nadie es capaz (en el orden de la Salvación) de hacer algo bueno sin el Espíritu. Ni siquiera decir que “Jesús es el Señor”. El Espíritu Santo, artista silencioso, que configura desde lo más íntimo la manera de ser de cada persona humana, da a cada uno su peculiar aptitud, función o capacidad de servicio para el bien de todos.

Que el egoísmo no sea motivo de división de la Iglesia sino armonía en la diversidad.

Que por tu intercesión, Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, venga sobre mí el Espíritu Santo y me inunde de sus dones. Ven, Padre de los pobres... Ven, Luz de los corazones... Ven, Dador de todos los bienes... Ven, Consuelo de los afligidos... Ven... Ven... Ven...

Hoy también celebramos el día de la "Acción Católica y del Apostolado seglar".



Fuente: Parroquia de San Valero
24.05.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
SOLEMNIDAD
DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Ciclo B
Evangelio: Mc 16, 15-20
En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.


Nuestra patria está en la Gloria. Celebramos hoy la ASCENSIÓN de Jesús a los Cielos.

“Subió al Cielo”. Las tres lecturas de la Misa de hoy se refieren a la definitiva Glorificación de Cristo resucitado, expresada bajo la forma visible de una “ascensión” a la altura de Dios. La humanidad de Jesús fue asumida a aquella Vida, sin término, que es a un mismo tiempo Verdad, Amor y Hermosura. A aquel orden divino, que la Biblia nos ha enseñado a llamar “Cielo”. El Cielo de nuestro Dios no es una parcela de espacio enclavado más allá de las estrellas. Nuestro Cielo está en el Infinito. Es la realidad de Dios amado y poseído. Dios ha impregnado de este Infinito el corazón humano, que no será plenamente feliz hasta que descanse en Él.

Todos buscan su cielo, su “paraíso”. Cristo nos ha mostrado cuál es el único verdadero, que Él llama y nos enseña a llamar familiarmente La Casa de mi Padre. Al despedirse visiblemente de los Apóstoles, Jesús, significó su entrada en la Gloria por medio de una Ascensión. A Jesús cuando vivía en la tierra, le gustaba elevar los ojos al Cielo. Ideal hacia el que vamos con todo nuestro ser, debemos ir antes con la mirada y el corazón. Todo lo que realmente “eleva” al hombre, lo acerca a Dios. Los antiguos cristianos dijeron que Jesús se sentó a la diestra del Padre. Es una manera de afirmar, que comparte también, como Hombre, su soberanía sobre el Universo y la Historia.

“Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas las partes”. Empieza el tiempo de la Iglesia. Tiempo de extender a todos los pueblos la Misión que Jesús realizó en el limitado espacio de Israel. Misión irrenunciable, que perdurará mientras dure el caminar de los hombres en la tierra. Pentecostés completará el misterio.

“El Señor actuaba con ellos y confirmaba su Palabra”. La Ascensión no significa separación. Es el comienzo de otra manera, no menos divina, de presencia. Cristo Jesús vive, habla y actúa en el corazón de la Iglesia. La Iglesia lo comprende más y mejor cada vez que se descubre a sí misma. Presencia del Ausente, que tiene sus horas de luz en la Eucaristía – memorial de la Cruz y la Gloria; de la muerte, resurrección y Ascensión de Jesucristo.

María Inmaculada Virgen del Pilar, guía mi mirada a lo Alto donde estáis Tú y tu Hijo Jesús; hacia donde camino, al Cielo para seguir tu estela hasta alcanzar la Gloria y vivir para siempre en vuestra compañía.

Hoy celebra la Iglesia la "Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales".



Fuente: Parroquia de San Valero
17.05.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
VI Domingo de Pascua
Ciclo B
Evangelio: Jn 15, 9-17
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos. Como el Padre me ama a mí, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa». «Éste es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qué hace su señor; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre. No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros; y os designé para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: amaos unos a otros».


El Evangelio de hoy nos recuerda las ideas del domingo pasado sobre la Vid y las aplica a la vida práctica de cada día. La primera consigna: Permaneced en mí (como los sarmientos en la cepa), es decir, permaneced en mi amor. La imagen “dar fruto”, recoge el Mandamiento del Amor fraterno.

“Permaneced en mi Amor”. Imperativo principal. Condensación de toda la vida cristiana. No estar unidos con Cristo por el amor sería el único fracaso. Consigna de permanecer, iluminada por la alegoría de los sarmientos, que no mueren sino “permanecen” en la Vid. Permanecer es constancia, fidelidad. No es amor el que no se ha forjado en una decisión de absoluta fidelidad para siempre. El imperativo brota del indicativo: “Yo os he amado”. En esta afirmación se resume toda su existencia. Aceptarla es la más profunda síntesis de Fe. El amor de Jesucristo a los hombres es revelación y comunicación de su divina y eterna intimidad: “como el Padre me ha amado”. Al entrar y “permanecer” en él, el hombre entra, de pura gracia, en el diálogo interior de la misma vida de Dios. De ahí la experiencia sobrenatural cristiana de un gozo perfecto, que supera y trasciende todo lo sensible. Amar es abertura al otro, ofrenda, aceptación, servicio. Por eso el amor de Jesús al Padre se ha realizado en “guardar sus mandamientos”, como también a nosotros nos manda guardarlos para permanecer en su amor.

“Éste es mi mandamiento. Que os améis los unos a los otros”. No es consejo sino ley. Bajo ella se nos indica el cauce por donde ha de discurrir el amor-y-servicio a los hermanos. La norma es: “Como yo os he amado”, es decir, hasta dar la vida por los demás. Fue este el mandamiento que Jesús recibió del Padre. El Amor, según Cristo, tiene forma de Cruz.

San Juan evoca estas palabras a propósito de la Cena eucarística del Señor. En el ambiente de intimidad eclesial que simboliza la imagen de la Vid; donde los discípulos son sus amigos. Esta palabra —“amigos”—queda en el Evangelio como ofrecimiento de divina intimidad a todos cuantos “hacen lo que manda”. Ideal infinito; sólo posible por la Gracia. En efecto, “para dar fruto” no hemos elegido nosotros. Nos ha elegido él. La clave de la gracia está en la oración.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, tú que hiciste de tu vida una oración sin intermitencias, ayúdame y dame el gusto por la oración, para que dé mucho fruto para la Gloria de Dios y el servicio, sin regateos, a los demás.



Fuente: Parroquia de San Valero
10.05.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
V Domingo de Pascua
Ciclo B
Evangelio: Jn 15, 1-8
Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos.


La primera lectura nos invita a ver, como si fuera hoy, el comportamiento con toda viveza de la primitiva Iglesia de los Apóstoles. En la segunda nos pide San Juan a los cristianos una profunda autenticidad en el amor, la confianza y la fe. El Evangelio trae a nuestra consideración la alegoría de la Vid y los sarmientos. Todo el interés se concentra en la razón por la que existe la Vid; que es: “dar fruto”.

Hoy vamos a fijarnos en cuatro apartados: Jesús—el Padre / los que “dan fruto” / y los que “no dan fruto”.

  1. Jesús. Se define como “Yo soy la VID...” La Vid es imagen de Israel en cuanto pueblo de Dios. La palabra verdadera no se opone a falsa sino a imperfecta, provisional. Jesús se afirma real y auténtico Israel o Pueblo de Dios. Como tal, forma unidad con los discípulos (los sarmientos). Esta unidad pertenece al Padre, que la cuida.
  2. El Padre. Destacando lo principal del Padre y su inmediata providencia, concreta sobre cada uno, Jesús define la Vid-Iglesia como una inmensa fraternidad. Cada uno de nosotros es hijo, discípulo, es su obra. Somos reflejo de su Gloria.
  3. Los que “dan fruto”. Dar fruto simboliza el ejercicio del Amor cristiano, que es la vida de la Fe. Condición absoluta de “fructificar” es mantenerse en la cepa. Estar en comunión de unidad con Cristo en la Iglesia. “Permaneced en Mí y Yo en vosotros” tiene reflejo Eucarístico. Y resume todo nuestro compromiso con Dios.
  4. Los que no dan fruto. Son los que no aman ni creen. En la doctrina de San Juan, fe viva y ejercicio del amor cristiano son indivisibles. Razón de su fracaso: no permanecer en la Comunión de Cristo. Solo Él comunica la vida y el gozo de la filiación divina. Inútil el pensar y el querer del hombre sin la Gracia. Porque sin Cristo, todo es nada.

Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, Tú que diste el mejor y más saludable fruto al darnos a Jesús tu Hijo, haznos a nosotros también fructificar para la Gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.



Fuente: Parroquia de San Valero
03.05.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo de Pascua
Ciclo B
Evangelio: Jn 10, 11-18
En aquel tiempo dijo Jesús: —Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa-, porque es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen. Como el Padre me conoce a mí, así yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre.


Para afirmar que Cristo es su rey, su firmeza y su guía, el pueblo lo llama PASTOR: “El Señor es mi Pastor, nada me falta...”. Cristo por su condición de Hijo de Dios, tiene la responsabilidad de ser y sentirse Pastor de su pueblo.

“YO SOY EL BUEN PASTOR”. El único. Cuando en el vocabulario eclesiástico se le da a alguien el título de “pastor” o hablamos de una acción “pastoral”, entendemos pura transparencia de Cristo. Este Evangelio es teología del Sacrificio redentor. “El Buen Pastor da la vida por las ovejas”. Los cristianos de las Catacumbas miraban la imagen del Buen Pastor con el espíritu con que nosotros contemplamos ahora el Crucifijo. Por contraste, el egoísmo del asalariado o mercenario no ve en las ovejas que le han encomendado más que su provecho personal. “Dar la vida por las ovejas” es la idea central, que se va repitiendo, en esta página. Habla el Cristo de la Cruz y de la Eucaristía. El que, libremente, se ha entregado a sí mismo por nuestra Salvación, en infinita generosidad de dolor y amor. Con la divina seguridad de que, cuando la muerte se hace Sacrificio voluntario, florece en Resurrección. Por obediencia al Padre; quien tiene corazón de Hijo de Dios sabe que en hacer su palabra está su perfecta libertad.

“YO SOY EL BUEN PASTOR”. “Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen”. Poco antes dijo que las conoce a cada una “por su nombre propio”. “Conocer“, en el vocabulario de San Juan, lleva consigo una relación personal, inteligente, afectuosa. A los tiranos les gusta y les aprovecha masificar a la sociedad. Él, que es “buen pastor”, pone toda su alma, corazón y vida en cada una de las personas a él confiadas.

“YO SOY EL BUEN PASTOR”. “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil...” Jesús vino para unir a todos los Hombres como hermanos, hijos de un mismo Padre que está en el Cielo y en el corazón de cada uno. Se realizará plenamente el Evangelio cuando Cristo sea de todos y todos de Cristo. Sin perder sus legítimas diferencias cada uno de los hombres y de los pueblos. “Habrá un solo rebaño y un solo Pastor”. Ideal humano y divino, que será del todo verdad en el Más Allá. Pero el mundo descubriría su paz si empezase a vivirlo ya desde ahora.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, dime como es el silbo amoroso de tu Hijo, mi Buen Pastor, que tú conoces en toda su extensión, para seguirlo con presteza y docilidad.

Hoy celebra la Iglesia la “Jornada mundial de oración por las vocaciones.”



Fuente: Parroquia de San Valero
26.04.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo de Pascua
Ciclo B
Evangelio: Lc 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.» Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»


Una vez resucitado, Jesús se dio a ver a parte de sus discípulos personalmente y más tarde a todos los Apóstoles juntos. El tema de este encuentro, fue el envío a predicar el Evangelio al mundo entero.

“Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ¡Paz a vosotros!”. Son las últimas horas del día de la Resurrección. Acaban de regresar los dos de Emaús y comunican a los Apóstoles, reunidos con otros discípulos en Jerusalén, el gozo de su encuentro con el Señor. Y para infundirles la convicción de esta Presencia, se les manifiesta visiblemente con toda su realidad espiritual y corporal. Cuando San Lucas escribía esta página, algunos de sus lectores cristianos, se resistían a reconocer la verdadera “corporeidad” de Jesucristo Resucitado. Preferían considerarlo como un puro espíritu. Por eso el evangelista subraya los signos de su real presencia: mostrar las llagas de las manos y los pies, dejarse palpar, comer delante de ellos. La Paz y la alegría de la Presencia del Señor disiparon su incredulidad. La Fe resplandece sin nubes cuando se vive en alegría profunda y se mantiene la Paz interior.

“En su Nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”. San Lucas, resume brevemente en esta última página de su evangelio, lo que el Señor fue diciendo a sus Apóstoles a lo largo de muchos días, antes de dejarlos sin su presencia visible. Los envía a predicar en todas las naciones; empezando por Jerusalén, que es centro teológico de la tierra. No van a predicar teorías abstractas, sino la “CONVERSION” de los hombres a Dios, a partir del Perdón de los pecados. Los Hechos de los Apóstoles, libro escrito también por San Lucas, nos relata cómo los discípulos hicieron lo que les mandó Jesús [primera lectura]. En orden a cumplir su misión, les concede un peculiar carisma: el de comprender las Escrituras Sagradas. Quien las comprende en sintonía con el Magisterio de la Iglesia, bajo la luz del Espíritu, descubre a Dios y se descubre a sí mismo.

Todos nosotros también estamos llamados a dar testimonio con nuestras vidas de la Resurrección de Cristo, cada uno en nuestros ambientes. Hoy, más que nunca, está la sociedad necesitada de verdaderos transmisores de la Fe en Jesucristo Resucitado. Hay que darle a entender que nuestra fe no es en ninguna idea sino en una Persona, en Jesucristo, que murió por nosotros, pero que Resucitó y VIVE intercediendo por todos los humanos.

Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, después de este destierro muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vientre.



Fuente: Parroquia de San Valero
19.04.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Pascua
Ciclo B
Evangelio: Jn 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.


En la lectura evangélica de hoy conviene distinguir tres partes.

  1. Encuentro del Resucitado con sus discípulos, al anochecer del Domingo de Pascua.
    Tema: La misión de la Iglesia. “¡Paz a vosotros!”. “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Mandato de Jesús a su Iglesia. Todos los que formamos la Iglesia sabemos que Jesucristo Resucitado es el que nos envía y en Él nos apoyamos. Todos los evangelistas terminan su libro con unas palabras de Él, dando a los Discípulos la orden de llevar su Evangelio “a todo el mundo”, “a todas las naciones”, desde Jerusalén hasta el confín de la tierra. San Juan subraya que esta Misión de los Discípulos es continuidad de la que Jesús ha recibido del Padre. Por eso es deber y derecho de la Iglesia, comunicar a los hombres la Palabra y la Vida que Jesús recibió del Padre. En este encuentro del anochecer de Pascua, destaca tres ideas en torno a la Misión. Que su ambiente es la Paz y la Alegría. Que su fuerza es el Espíritu Santo presente y activo, como lo prometió en la Ultima Cena. Que entre sus prioridades sobresale la de ofrecer al hombre su liberación a partir de su interior con el Perdón de los pecados.

  2. Encuentro del Domingo siguiente, dirigido especialmente a Tomás.
    Tema: La fe de los que creerán por la Palabra Apostólica. “Dichosos los que creen sin haber visto”. Pensando en los fieles de su Comunidad, y en los de todos los siglos, San Juan nos dedica una de las más profundas bienaventuranzas del Señor. Tomás creyó bajo la experiencia de ver y tocar. Felices nosotros cuando con ferviente acto de Fe, repetimos en cada celebración eucarística, bajo la Gracia de Dios, en la elevación del Misterio: “¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!”.

  3. Epílogo de todo el Evangelio de San Juan, indicando su intención pastoral. “...Para que, creyendo, tengáis Vida en su Nombre”. San Juan entiende por Fe aceptar a Cristo con el alma y la vida. El que así cree, tiene Vida Eterna, que está por encima infinitamente, aún en esta vida, del más alto ideal humano.

Madre mía Inmaculada Virgen del Pilar, admíteme a compartir contigo la Alegría de la Resurrección de tu Hijo Jesús y aumenta mi Fe.



Fuente: Parroquia de San Valero
12.04.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Domingo de Pascua de Resurrección
Ciclo B
Evangelio: Jn 20, 1-9
El primer día de la semana, al rayar el alba, antes de salir el sol, María Magdalena fue al sepulcro y vio la piedra quitada. Entonces fue corriendo a decírselo a Simón Pedro y al otro discípulo preferido de Jesús; les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron corriendo hacia el sepulcro los dos juntos. El otro discípulo corrió más que Pedro, y llegó antes al sepulcro; se asomó y vio los lienzos por el suelo, pero no entró. En seguida llegó Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos por el suelo; el sudario con que le habían envuelto la cabeza no estaba en el suelo con los lienzos, sino doblado en un lugar aparte. Entonces entró el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó; pues no había entendido aún la Escritura según la cual Jesús tenía que resucitar de entre los muertos.


Al celebrar la Pascua, saboreamos una triple experiencia de Fe: Cristo ha resucitado—hemos resucitado con Él—somos testigos de la Resurrección.

CRISTO HA RESUCITADO. “Ha resucitado” quiere decir que Jesús de Nazaret, el que murió en la Cruz, vive con su misma realidad en la Gloria divina. Su “paso” de la Muerte a la Vida —acto de infinito poder, Sabiduría y Amor— se realizó en silenciosa trascendencia. Luego, Jesús Glorificado fue comunicando a sus discípulos la verdad de su Resurrección, que ya antes les había predicho. Sirvió de “signo” inicial el Sepulcro vacío, cuyo significado les interpretó el Ángel. Se sucedieron las diversas apariciones a algunos en particular; a María de Magdala y compañeras, a los dos de Emaús, a Pedro y otros apóstoles. Por fin, a todos reunidos. La Pascua israelita evoca el paso de la esclavitud a la libertad. Cristo, con su paso de la Muerte a la Vida, le ha dado plenitud de significación. No habría peor esclavitud para el hombre que sentirse destinado a una muerte definitiva. De ella Jesús nos ha liberado.

“Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo...” El Bautismo nos incorporó a Jesucristo. La Eucaristía mantiene viva, consciente y en pleno desarrollo, esta incorporación. Jesucristo es Él y toda la Humanidad incorporada a Él. Su Resurrección nos constituye en situación de Gloria; transfigura a lo divino nuestra existencia humana. Nos asegura que el dolor germina en Bienaventuranza y que el mismo acto de la necesaria muerte corporal nos manifestará la Vida eterna, que en Cristo ya poseemos.

“Nosotros somos testigos...” Para pertenecer al grupo fundacional de los Apóstoles fue condición haber sido testigos de la Resurrección de Jesús. La Iglesia es continuidad de la misión apostólica en el mundo. Si nuestra vida es Cristo, ha de irradiar la transparencia de su Verdad eterna, de su Amor abnegado. Y también de la Alegría cristiana, que no se compra con dinero, placer o poder. Alegría que tiene su manantial en aquella manera de vivir, que el Catecismo llama “estar en gracia de Dios”.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, la primera en participar de la Resurrección de Jesucristo, quiero en este día, que me hagas partícipe de la Alegría que albergó tu corazón al sentir la presencia de tu Hijo resucitado y resucitar con Él a la Vida de Gracia.



Fuente: Parroquia de San Valero
10.04.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Viernes Santo - Pasión del Señor
Ciclo B
Evangelio: Jn 18, 1-19,42
(...) Y, cargando con la cruz, salió hacia el lugar que se llama la Calavera, en hebreo Gólgota. Allí le crucificaron con otros dos, uno a cada lado de Jesús. Pilato mandó escribir el título y lo hizo poner sobre la cruz. Estaba escrito: "Jesús Nazareno, el Rey de los judíos". Muchos de los judíos leyeron este título, pues el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cerca de la ciudad. Y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los príncipes de los sacerdotes de los judíos decían a Pilato: —No escribas: "El Rey de los judíos", sino que él dijo: "Yo soy Rey de los judíos". —Lo que he escrito, escrito está, contestó Pilato. Los soldados, después de crucificar a Jesús, recogieron sus ropas e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y además la túnica. La túnica no tenía costuras, estaba toda ella tejida de arriba abajo. Se dijeron entonces entre sí: —No la rompamos. Mejor, la echamos a suertes a ver a quién le toca –para que se cumpliera la Escritura cuando dice: Se repartieron mis ropas y echaron suertes sobre mi túnica. Y los soldados así lo hicieron. Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre: —Mujer, aquí tienes a tu hijo. Después le dice al discípulo: —Aquí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, como Jesús sabía que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: —Tengo sed. Había por allí un vaso lleno de vinagre. Sujetaron una esponja empapada en el vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús, cuando probó el vinagre, dijo: —Todo está consumado. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (...)


En esta tarde del Viernes Santo la noticia que a todo fiel cristiano le sobrecoge es la muerte del Hijo de Dios en la cruz. Él mismo nos dijo: "Cuando yo se elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí".

Hoy nos toca mirar de hito en hito a esa cruz; mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la Redención del mundo. Venid a adorarla.
Que para nosotros no haya, en este día, ninguna noticia que pueda ensombrecer ésta de la muerte de Jesucristo. Esta muerte es fruto del amor que a todos y a cada uno de nosotros nos tiene Dios.

Esta expresión de Santa Teresa y el soneto son sacados del pregón de la Semana Santa de Calahorra. Santa Teresa de Jesús nos dice:
“Abracemos bien la cruz = y sigamos a Jesús = que es nuestro camino y luz = En la cruz esta la vida y el consuelo = y ella sola es el camino para el cielo”.

No sabemos de quién es este famoso soneto. Lo que sí sabemos es que es la oración intensa y agradecida del cristiano que ante la cruz de Cristo ha descubierto el amor de Dios:

"No me mueve mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido.
Ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú mueves, Señor, muéveme
el verte clavado en una cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido.
Muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo yo te amará
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera".



Fuente: Parroquia de San Valero
09.04.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Jueves Santo - Cena del Señor
Ciclo B
Evangelio: Jn 13, 1-15
La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara, como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó la túnica, tomó una toalla y se la puso a la cintura. Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto a la cintura. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar a mí los pies? —Lo que yo hago no lo entiendes ahora, respondió Jesús. Lo comprenderás después. Le dijo Pedro: —No me lavarás los pies jamás. —Si no te lavo, no tendrás parte conmigo –le respondió Jesús. Simón Pedro le replicó: —Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: —El que se ha bañado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos –como sabía quién le iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios". Después de lavarles los pies se puso la túnica, se recostó a la mesa de nuevo y les dijo: —¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho con vosotros, también lo hagáis vosotros.


Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, al fin extremadamente los amó. La única explicación de la cruz esta aquí. Es el amor. Un amor que va hasta el fin.

San Pablo en su primera carta a los corintios, que acabamos de escuchar, nos dice: "El Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo; que se entrega por vosotros".

Lo mismo hizo con el cáliz, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre. Y así quedó constituido el sacramento de la Eucaristía. Al mismo tiempo, instituyó el sacerdocio ministerial. Aquella misma noche, nos dio otro don, en función de la Eucaristía: Jesús constituyó sacerdotes a los apóstoles, y les dio la potestad de hacer presente el MISTERIO: "Haced esto, les dijo, en memoria mía". Desde entonces los sacerdotes estamos vinculados con la Eucaristía para ofrecer a Dios el Sacrificio de Jesús, Pan de vida a favor del pueblo. También nos dio en aquella noche santa un mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Y lo hizo de esta manera: mientras están cenando, Jesús se levanta de la mesa y comienza a lavar los pies a los discípulos. Pedro, al principio, se resiste; luego, comprende y acepta. También a nosotros se nos invita a acoger dócilmente el gesto del amor de Jesús: dejarnos limpiar de nuestros pecados. Sólo después seremos invitados a hacer nosotros lo mismo, es decir, a lavarles los pies a nuestros hermanos, que se traduce por aceptar su mandamiento nuevo: "amaos los unos a los otros como Yo os he amado".



Fuente: Parroquia de San Valero
05.04.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Domingo de Ramos
Ciclo B
Evangelio: Mc 15, 1-39
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Él respondió: «Tú lo dices.» Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:«¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.» Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?» Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?» Ellos gritaron de nuevo: «¡Crucificalo!» Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?» Ellos gritaron más fuerte: «¡Crucifícalo!» Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio - al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!» Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Llevaron a Jesús al Gólgota y lo crucificaron. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo: «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.» Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, está llamando a Elías.» Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.» Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»


La multitud de peregrinos acampados en las afueras de Jerusalén quisieron acompañar a Jesús hasta la Ciudad y el Templo, vitoreándolo como restaurador de la Dinastía de David. Con el gesto de montar en un asnillo, el Señor transforma la manifestación en la realidad del vaticinio con que el profeta Zacarías había anunciado la Entrada en Jerusalén del Rey de la Paz. En efecto, los jefes belicosos montaban a caballo o en carros de combate. El Domingo de Ramos actualiza todos los años aquella manifestación conforme al significado profético que le dio Jesús. Nuestra Bendición y Procesión de las palmas y ramos, gozo de los niños, es celebración cristiana de la no violencia.

La Entrada en Jerusalén fue una manifestación popular. Discípulos, gente sencilla y también niños. Sentían la necesidad de aclamar en público a Jesús. Al aire de los ¡Hosanna! se lanzaban gritos de entusiasmo religioso y mesiánico. Se empeñan en aclamarlo Rey. Acepta pero sin oro ni espada. Su derecho está en el nombre del Señor y su fuerza en el corazón de los humildes. Por montura, pide prestado un asnillo. El Evangelio subraya con énfasis: “el Señor lo necesita”. Con ello traduce a parábola viviente un anuncio profético de la Biblia: el del Mesías pobre y humilde —montado en un asno— que proclamará a las naciones el desarme y la Paz. Todos gritan: “¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!”. Quieren dar a entender que la Paz o será resplandor de la Gloria de Dios o no será. La Paz entre los hombres no nace de la tierra; la proclamaron desde el cielo los ángeles de Belén. Jesús, con un sencillo gesto trasforma la manifestación en una parábola viviente. Para ello pide el asnillo de Betfagé que nadie había montado todavía.

También nosotros, en este día, gritamos uniendo nuestras voces: Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el Cielo.



Fuente: Parroquia de San Valero
29.03.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
V Domingo de Cuaresma
Ciclo B
Evangelio: Jn 12, 20-33
Entre los que habían ido a Jerusalén para dar culto a Dios en la fiesta había algunos griegos. Éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe se lo fue a decir a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora en que va a ser glorificado el hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la perderá; y el que odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna. El que quiera ponerse a mi servicio, que me siga, y donde esté yo allí estará también mi servidor. A quien me sirva, mi Padre lo honrará. Ahora estoy profundamente angustiado. ¿Y qué voy a decir? ¿Pediré al Padre que me libre de esta hora? No, pues para esto precisamente he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre». Entonces dijo una voz del cielo: «Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo». La gente que estaba allí y lo oyó, dijeron que había sido un trueno. Oros decían que le había hablado un ángel. Jesús replicó: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora es cuando va a ser juzgado este mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos los atraeré hacia mí». Decía esto indicando de qué muerte iba a morir.


Las Conmovedoras palabras que hemos escuchado hoy en el Evangelio sirven de preludio a la Pasión. Están ambientadas en el Templo de Jerusalén, a propósito de la solemne entrada de Jesús como Rey de Paz.

En la primera lectura, Jeremías anuncia la Nueva Alianza: Dios estará en el centro del corazón del hombre. Para que ello sea realidad, pedimos en el Salmo un corazón puro.

La Carta a los Hebreos evoca la experiencia que tuvo Jesús del dolor y la angustia. El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas… aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia y se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

“Queremos ver a Jesús”. En la voz de aquellos peregrinos, San Juan escucha la voz de todo el mundo pagano: “Queremos ver a Jesús”. La expresión “ver” se refiere, ante todo, a la mirada interior, es decir, a través de su físico adentrarnos en lo más hondo de su Ser hombre y Dios. Es lo que el mundo pide, y no otra cosa, a los apóstoles de siempre (a los de ayer y a los de hoy, que somos nosotros). Querer ver a Cristo es igual a conocerlo, comprenderlo. Queremos hacer nuestro el deseo de San Pablo en su carta a los Efesios: que podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, del amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios.

“Si el grano de trigo al caer en tierra no muere...”. Quiere decir que, servir y seguir al único Salvador, que nos dice: por la Cruz a la Vida, es ganarla para siempre y poseerla sin fin por toda la eternidad.

“Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. La Cruz de Cristo, es centro de la Historia. “Ser levantado en alto” es expresión característica que significa la crucifixión de Cristo que salva, que nos merece la Gloria. Es “la Hora” de Jesús. Hora de ser glorificado Él y de glorificar al Padre. Pero también Hora de inmenso dolor. San Juan pone en boca de Jesús estas palabras; expresa así el dolor que como hombre sufrió Jesús: “Padre, líbrame de esta Hora...”. El dolor fue asumido por obedecer al Padre…: “¡pero si por esto he venido, para esta Hora! Padre, glorifica tu nombre”. Cada vez que decimos en el Padre nuestro “santificado” (= glorificado) sea tu “Nombre” hacemos nuestros los sentimientos de Cristo doloroso; tan divino, tan humano, tan nuestro.

Madre Inmaculada Virgen del Pilar, también nosotros queremos VER A JESUS: Muéstranoslo. Dánoslo a conocer.



Fuente: Parroquia de San Valero
22.03.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo de Cuaresma
Ciclo B
Evangelio: Jn 3, 14-21
«En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»


La primera lectura de este domingo, y el salmo, recuerdan la cautividad de Babilonia y la vuelta a la patria; esta libertad en el tiempo, presagia la última y definitiva Salvación por Jesucristo el Mesías.

La carta a los Efesios nos habla del misterio cristiano de la Salvación. Estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo — por gracia habéis sido salvados mediante la fe.

El Evangelio de este cuarto Domingo de Cuaresma pone a nuestra consideración la segunda mitad de la conversación que mantuvieron en Jerusalén Nicodemo y el Mesías Jesús.

Enseñando a Nicodemo, el Maestro le explica este misterio de Salvación desde tres puntos de vista: la de Dios Padre, la de Cristo, la nuestra. Amor—Sacrificio—Fe.

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. En el Evangelio, amar significa darse. El concepto “mundo” incluye a todos los hombres, como pecadores que somos. El Padre que está en los cielos nos ama. Tan grande es su amor como grande es su propio Hijo. Dios se nos ha dado a los hombres en Cristo Jesús. Jesús vive en medio de nosotros y es nuestro Dios. Acto de Amor del Padre, que anida en el corazón del “mundo” .Toda iniciativa humana que nazca de sincero Amor (Paz en la justicia, Progreso en orden al Bien, Libertad en la Verdad), es aliento de Cristo.

“Así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre”. Ser levantado en alto es una expresión para indicar la Crucifixión de Jesús. Hablando a un experto en la Biblia como Nicodemo, el Maestro le recuerda lo de aquella serpiente de bronce que Moisés elevó en el desierto y era un “signo de Salvación”. Los heridos de muerte que la miraban con confianza, recobraban la salud. Aquel signo bíblico se realiza ahora plenamente a favor de los que miran con Fe, con absoluta confianza, al Hijo de Dios crucificado por nuestra salvación.

“Al que cree en Él, no se le condena; pero el que no cree ya está condenado...”. Cree quien acepta con todo su entender, obrar y sentir, el Amor de Dios, que se nos ha hecho presente en el Sacrificio de Jesús. Negarse es rechazar la Salvación.

Virgen Santa del Pilar, a la par que el Padre, Tú también, al pie de la Cruz, nos diste a tu Hijo Jesús para manifestarnos el Amor que nos tienes. Enséñanos a ser agradecidos a tan infinito Amor del Padre y tuyo y a aceptarlo, correspondiendo con una entrega generosa de nuestra persona a ambos (al Padre y a Ti).

También hoy celebramos el día del Seminario. Recordamos a todos aquellos que se preparan para ser sacerdotes y que un día, en un momento determinado y de una manera muy singular, que nunca olvidarán, escucharon la llamada de Jesús a seguirle y trabajar con él en la extensión de su Reino y le dijeron que , que contara con ellos.
El lema de este año es: Apóstol por gracia de Dios. San Pablo se dio cuenta de que la vocación a ser apóstol de los gentiles, era don del Espíritu para dar a conocer la buena noticia de la salvación.
El mundo de hoy precisa, más que nunca, de la Iglesia fundada por Jesucristo; y la Iglesia, necesita de sacerdotes para anunciar su mensaje salvador.
En este día se nos pide oración para que los jóvenes que sientan la llamada de Jesús, respondan con generosidad a ser sacerdotes y para que los que han dado ese ilusionante paso, perseveren hasta el fin. Se nos pide, así mismo, crear un ambiente en nuestras comunidades cristianas que favorezca en los jóvenes y en los niños el vivo deseo de seguir al Señor de cerca y por último nuestra colaboración material que haga posible la formación de los aspirantes al sacerdocio.
Que San José interceda y haga suya nuestra oración en este día del Seminario y de los seminaristas.



Fuente: Parroquia de San Valero
19.03.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de San José
Ciclo B
Evangelio: Mt 1, 16.18-21.24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: —José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado.


En el calendario católico, cuajado de miles de santos, San José es uno de los pocos que merece, por parte de la Iglesia, el honor de una fiesta de precepto. En Aragón hace unos años que no se celebra esta fiesta como se merece. Recordemos que San José es el esposo de la Virgen María, de donde le viene toda su grandeza.

  1. San José es patrono de la Iglesia. La Iglesia es la familia de Dios extendida por toda la tierra. Y San José fue el protector de la Iglesia doméstica NAZARET, como cabeza de la sagrada familia, formada por Jesús, y María con él. De ahí que se nos proponga como custodio de la Iglesia Universal. En la primera oración de hoy se recuerda que Dios confió, “los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de San José”; por eso, podemos esperar que seguirá apoyando a la Iglesia, depositaria de dichos misterios salvadores. Y en la segunda oración se afirma que José “se entregó por entero a servir a Jesús“. ¿No lo seguirá haciendo con la Iglesia, su Cuerpo Místico?

  2. San José es patrono de los aspirantes al sacerdocio. Por eso en esta fecha celebra la Iglesia el día del Seminario. San José ejerce un patronato especial sobre un grupo muy cualificado de cristianos: los seminaristas, que se preparan para ejercer el sacerdocio ministerial, que perpetua en el tiempo el sacerdocio eterno de Cristo y es que él fue el rector del Seminario de NAZARET, donde Jesús creció en desarrollo físico, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Danos Señor por su mediación jóvenes aspirantes al sacerdocio.

  3. San José no sólo es patrón: es también modelo a imitar. José es llamado justo—bueno y –fiel. A todos nos invita a imitarle en estas virtudes básicas en la práctica de la vida cristiana.

Virgen del Pilar, tú que conoces mejor que nadie a tu esposo José, enséñanos y ayúdanos a ser fieles imitadores suyos.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.03.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo de Cuaresma
Ciclo B
Evangelio: Jn 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.


Jesucristo Templo de la Divinidad... Idea principal en el Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma. La lectura del Éxodo, invita a repasar, una vez más, el Decálogo. Ley fundamental del Dios que nos hace libres: “Yo soy el Señor, que te saqué de la esclavitud...” El Salmo canta la hermosura de esta ley, inscrita por el Creador en lo más íntimo del corazón humano. San Pablo confiesa la razón de su invencible eficacia apostólica: “Predicamos a Cristo Crucificado; escándalo para los judíos, necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

El Evangelio de hoy nos dice: “Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: "Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado." Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: “El celo de tu casa me devora”. El Templo es la Casa de Dios. Espacio consagrado, donde la presencia de Dios tiene que notarse. Por ser Hijo de Dios, Cristo llamaba al Templo “La casa de mi Padre”. En él fue presentado siendo niño, por María; en él consagró su juventud.

Unos cuantos, pertenecientes al alto sacerdocio judío, habían montado allí su negocio. Sobre todo, la familia de Anás. No le perdonaron aquel acto de denuncia profética. Fue una más, entre las razones, seguramente la principal, de la condena contra Jesús dictada por el Sanedrín.

Jesús no hablaba del templo material, hablaba del “Templo de su Cuerpo”. Podéis destruir este “Templo”, que yo lo levantaré (lo “resucitaré”) en tres días. Se refería a su Muerte y Resurrección.

A partir del Misterio Pascual, el Cuerpo de Jesús Glorificado es el único “Templo” de la Divinidad. Cuando los creyentes “entramos” en él, nos sentimos en la Casa de Dios. Pregustamos el Cielo, aquí en la tierra; el Cuerpo de Jesucristo Glorificado se nos hace Realidad concreta en la Eucaristía. Unidos en ella formamos la Iglesia. Cuando abramos los ojos a la Verdad en el Mas Allá, descubriremos, lo que ya intuimos en este mundo. Las personas entregadas en alma y vida a Cristo, gozarán de Dios en Cristo Glorificado.

Virgen del Pilar dánoslo a conocer por la fe, como tú lo conoces por la VISION.



Fuente: Parroquia de San Valero
08.03.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Cuaresma
Ciclo B
Evangelio: Mc 9, 2-10
Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte a un monte alto, y se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes y muy blancos; tanto que ningún batanero en la tierra puede dejarlos así de blancos. Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Tomando Pedro la palabra, dice a Jesús: Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor. Entonces se formó una nube que los cubrió, y se oyó una voz desde la nube que decía: Éste es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino sólo a Jesús con ellos.
Mientras bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Ellos retuvieron estas palabras, discutiendo entre sí qué era lo de resucitar de entre los muertos.


El domingo pasado veíamos a Jesucristo en el desierto, tentado por el diablo. Hoy se nos muestra en la montaña. (La montaña es lugar de divina Revelación. En el Sinaí Dios se manifestó a Moisés. En el monte Horeb (el monte de Dios) Dios se manifestó a Elías. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. El “Tabor” al que se refiere, un monte elevado, es, para un autor muy versado en Sagrada Escritura, el Sinaí del Evangelio. Moisés y Elías, los dos profetas que hablaron con Dios, reaparecen ahora hablando con Jesús. Para manifestarse o “revelarse” a los hombres, Dios utiliza: Luz para los ojos y palabra para los oídos.

“Se transfiguró delante de ellos”. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". De manera parecida reconoció también Saulo al Señor, en el camino de Damasco.

El Cristo de la Transfiguración es el Cristo Glorioso; de ahí que Pedro, fuera de sí, deseaba quedarse eternamente en el Tabor; y le dijo a Jesús: ¡Qué bien se esta aquí! Se formó una nube, que los cubrió y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo Amado: escuchadle”. La misteriosa nube era la Voz del Cielo, que habla a los tres discípulos, y les revela que Jesús de Nazaret, su maestro, es el Hijo de Dios. Principio fundamental de la Fe cristiana. “El Amado”. Infinito acto de Amor-hecho-sacrificio, que el Padre ofrece a los hombres. “Escuchadle”. Este breve imperativo es todo cuanto Dios Padre dice a la humanidad en el Nuevo Testamento. La antigua Ley, figurada en Moisés y Elías, se “transfigura” en la Palabra de Cristo.

“Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”. La experiencia del Tabor es signo de la Resurrección. Una semana antes, Jesús había hablado por primera vez a los discípulos de la cruz. La catequesis de Cuaresma nos va introduciendo, paso a paso, en la convicción del Misterio Pascual. Ni Gloria sin Cruz ni Cruz sin Gloria. Quien sabe mirar la Cruz con ojos de Fe, ve en ella misma, por transparencia, la Gloria.

Virgen Santa del Pilar danos sed de altura, de luz y de paz para que vayamos a saciarla en donde únicamente puede ser: en el Evangelio.



Fuente: Parroquia de San Valero
01.03.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
I Domingo de Cuaresma
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 12-15
Enseguida el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. Y estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás; estaba con los animales, y los ángeles le servían.
Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio.


Todos los años, el Evangelio del primer domingo de Cuaresma nos recuerda los “cuarenta” días que Jesús pasó en el desierto, tentado por Satanás. San Marcos reduce este recuerdo al hecho esencial, sin narrar las tres tentaciones concretas.

  1. Tentación. En el lenguaje bíblico, ”tentar” significa someter a prueba. Para nosotros, personas de Fe, la tentación es la prueba de nuestra Fidelidad. En seguida, después del Bautismo de Jesús, donde desciende sobre él el Espíritu y la voz del Padre dice de él: Éste es mi Hijo, el mismo Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo, cuarenta días y cuarenta noches siendo tentado por Satanás.
    Por fidelidad al mismo Espíritu, Jesús va ahora al desierto. En el lado contrario está Satanás; el adversario de Dios; el que eligió ser in-fiel.
    El auténtico Hijo de Dios tiene que enfrentarse con él y superarlo. Tras la expulsión de Satanás de unos cuantos poseídos por el, el Evangelio de San Marcos proclama la victoria de Cristo sobre el Espíritu del mal que esclaviza a los hombres. Los cuarenta días en el desierto son preludio de esta victoria. Y nos dicen a nosotros que, si queremos ser más fuertes que el espíritu del Mal, tenemos que contar con el Espíritu de Dios, y serle dóciles.

  2. Desierto. Muchos israelitas contemporáneos de Jesús iban también al desierto para sentir más cerca a Dios. En el silencio hecho oración. En la austeridad, que es ejercicio práctico de pobreza. La cifra de “cuarenta” es en recuerdo del Éxodo. Jesús quiso permanecer esa larga temporada en el desierto, para enseñarnos que las obras de Dios no quieren prisas.

  3. Conclusión. Terminado el episodio del desierto, sigue el comienzo de la Misión de Jesús en Galilea. Dice que ha llegado la plenitud de la Historia, y el mundo tiene que transformarse ya en Reino de Dios.

PROGRAMA DE CUARESMA: “Convertíos y creed en el Evangelio”.

Virgen del Pilar, Tú que te quedaste sola al comenzar la Misión en Galilea tu Hijo Jesús, admíteme en tu soledad para madurar mi conversión y creer sin fisura alguna en el Evangelio.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.02.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Miércoles de Ceniza
Ciclo B
Evangelio: Mt 6, 1-6.16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, telo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."


Hoy la Iglesia comienza, con el miércoles de ceniza, el gran tiempo de gracia: La CUARESMA. El tiempo de Cuaresma nos invita a renovar nuestro compromiso bautismal por medio de la oración más profunda, penitencia individual y social, ayuno y arrepentimiento de nuestros pecados. Tiempo que nos prepara para la gran fiesta: la Pascua. En la primera lectura, el profeta Joel nos hace una intensa llamada a la conversión. Es un movimiento de retorno al Dios Creador y Salvador por medio de la oración, el ayuno y los actos de penitencia. En el siguiente texto, San Pablo nos ofrece algunos pensamientos muy profundos. Cristo no cometió pecado, pero por nosotros cargó con todos los pecados de la humanidad y nos invita a la reconciliación: “Dejémonos reconciliar por Dios”. También Él dice que “Ahora es el tiempo de gracia”.

El evangelio de hoy nos enseña, que ni siquiera la mano izquierda se debe enterar de lo que hace la derecha. Parecería una exageración, pero detrás de este evangelio se encuentra la enorme riqueza y el enorme valor de Cristo. Pues, cuando quiere que le ofrezcamos un sacrificio, un acto de generosidad, quiere que se la ofrezcamos sólo a Él y para Él. Lo que llaman algunos “rectitud de intención”. Es decir, hacer las cosas sólo por amor a Cristo. Esperando la recompensa no del aplauso de los hombres sino de Dios. Cada uno de nosotros, recogiendo esta enseñanza, hemos de entrar en este tiempo de gracia, siendo fieles a la llamada que nuestra Madre la Iglesia nos hace: oración, ayuno, abstinencia… y sobre todo transformar el corazón según las promesas de nuestro Bautismo.

Virgen del Pilar ayúdanos a ser fieles al espíritu de penitencia que requiere esta Cuaresma.



Fuente: Parroquia de San Valero
22.02.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
VII Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 2, 1-12
Y, al cabo de unos días, entró de nuevo en Cafarnaún. Se supo que estaba en casa y se juntaron tantos, que ni siquiera ante la puerta había ya sitio. Y les predicaba la palabra. Entonces vinieron trayéndole un paralítico, llevado entre cuatro. Y como no podían acercarlo hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: —Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, y pensaban en sus corazones: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?» Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban para sus adentros de este modo, les dijo: —¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decirle al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decirle: «Levántate, toma tu camilla y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados —se dirigió al paralítico—, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y se levantó, y al instante tomó la camilla y salió en presencia de todos, de manera que todos quedaron admirados y glorificaron a Dios diciendo: —Nunca hemos visto nada parecido.


Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. La gente invade el interior y contorno de la casa donde se aloja (sin duda la de Pedro). Les anuncia la Palabra. Y su Palabra se muestra divinamente eficaz en la doble y plena liberación de un hombre. Liberación de la enfermedad y también del Pecado. Israel esperaba de sólo Dios el Perdón de los pecados. Gracia que condiciona la “salud” o salvación de cada uno [salmo responsorial] y la felicidad de todos en la era Mesiánica [primera lectura]. Cuando unos maestros religiosos que estaban allí entendieron que Jesús concedía esta gracia exclusiva de Dios al paralítico, lo tacharon de blasfemo. También de blasfemia será acusado la noche de la Pasión. Hoy empieza, según San Marcos el Proceso de Jesús.

“Y vinieron trayéndole un paralítico...” Tenía fe. Otros enfermos ponían en acto su fe acercándose a Jesús. El paralítico no puede; se ofrecen al servicio de su fe las manos, el ingenio y la decisión de cuatro amigos que abren camino, por donde no hay camino, hasta llegar a Jesús. Conmovedor ejemplo de solidaridad.

“Para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...” Ésta es la frase central de esta página. Todas las curaciones de enfermos, en el evangelio, son signos reales de la salvación total. Aquí Jesús lo declara explícitamente: El “Hijo del Hombre” tiene Poder en la tierra para perdonar pecados. Cuando Jesús da a entender que Él es el Hijo del Hombre, insinúa y prepara la afirmación suprema de que es Hijo de Dios. Su Poder llega a la interioridad de la conciencia donde el hombre sincero se sabe y se siente pecador. El hombre, siendo como es imagen viva de Dios, cuando se aparta de Él, por el pecado, se hincha de su propia verdad y libertad. En los pecados personales está la raíz de toda esclavitud. Poder y Misión de Cristo, que luego confió a los apóstoles, es, liberar al hombre del pecado. Como signo y prueba, dijo al paralítico: ¡levántate y camina!

“Y se levantó al instante”. El gesto de “levantarse”, en San Marcos, insinúa la imagen de una resurrección. Duele ver tantas vidas religiosas y humanamente postradas, como el paralítico de Cafarnaúm. Para todos, si quieren, la Palabra de Cristo sigue siendo divinamente eficaz; su Poder en la tierra es gloriosamente humilde, y se realiza perdonando. Sólo aceptando su perdón podrá el hombre resucitar.

Madre Nuestra Virgen del Pilar, sabemos bien de tu empeño por los pecadores, danos también a nosotros esa ansia de desterrar el pecado en este mundo que nos toca vivir, escuchando con empeño tus palabras en Lourdes y en Fátima y rezando por su conversión.



Fuente: Parroquia de San Valero
15.02.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
VI Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 40-45
Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: —Si quieres, puedes limpiarme. Y, compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: —Quiero, queda limpio. Y al instante desapareció de él la lepra y quedó limpio. Enseguida le conminó y le despidió. Le dijo: —Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés por tu curación, para que les sirva de testimonio. Sin embargo, en cuanto se fue, comenzó a proclamar y a divulgar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios. Pero acudían a él de todas partes.


Desde Cafarnaúm, donde se encuentra con sus discípulos, Jesús sale a proclamar el evangelio en otras ciudades de la comarca. En esta ocasión realiza la purificación de un leproso. Aquí vemos el proceder de Cristo con todo el que busca en Él la Salvación.

“Si quieres, puedes purificarme”. En la mentalidad de aquellos pueblos (reflejada en la 1ª lectura) la “lepra” era la suma de todos los males que pueden abrumar a un hombre. La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: "¡Impuro, impuro!". Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento. Dolor indecible. Creían que eran malditos de Dios por algún gran pecado. Por eso, marginación total: es un “impuro” que comunica impureza a los “limpios” que lo toquen o se acerquen a él. El “leproso” del Evangelio es arquetipo del hombre que está consciente de necesitar la Salvación. Cada persona humana, por ser Imagen de Dios, debería ser un reflejo de Santidad. Pero la conciencia, si es sincera, le acusa de lo contrario. El “leproso” según el Evangelio acude a Cristo, se postra en humillación y suplica con honda fe: “si quieres, puedes purificarme”. Purificar a un leproso con un solo acto de voluntad está por encima de cualquier poder humano.

“Quiero: queda limpio”. Contra aquellos modos de proceder que acabamos de ver (convencionalismos hechos ley), Jesús toca al leproso. Su mano humana comunica pureza; es decir, Santidad divina. San Marcos subraya en el “Quiero” de Jesús la afirmación de un Poder sobre todo poder.

“Empezó a proclamar y a divulgar el hecho...” Por una parte le manda que se calle y por otra lo envía a los sacerdotes para cumplir las normas legítimas y para que conste el testimonio. A lo largo de todo el Evangelio de San Marcos, se nota una difícil alternancia entre la sincera voluntad de silencio y un inevitable destino de proclamación. Es lógica del Misterio cristiano. El Dios de la Gloria quiere revestir su Gloria de Humildad. Y la Humildad de Gloria, clave y síntesis del Misterio, es la Cruz. Pero un Leproso purificado, el Hombre redimido, no puede menos de mostrar su gratitud proclamando a Cristo y exultando en cantos de liberación (salmo responsorial). San Pablo también nos dice hoy la alegría que da hacerlo todo para Gloria de Dios: “Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. Sed mis imitadores, como lo soy de Cristo.”

Virgen del Pilar, contigo quiero yo también cantar el Magnificat, y exultar de gozo, viéndome libre del pecado por el sacramento del perdón.



Fuente: Parroquia de San Valero
08.02.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
V Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.


El Domingo pasado vimos a Jesús “enseñando con autoridad” en la sinagoga. Hoy San Marcos completa el programa con otras tres escenas. En esta “jornada de Cafarnaúm”, quiere darnos a conocer las líneas maestras de la actividad de Jesús: enseñar su doctrina, atender a los enfermos, alternar con los discípulos y hacer oración.

“Fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés”. Además del oficio religioso en la sinagoga, la fiesta del sábado se celebraba reuniéndose gozosamente familiares y amigos en torno a la mesa. Jesús empieza su convivencia con los discípulos; su familia en espíritu y Preludio de la Iglesia. Simón Pedro y Andrés pusieron a disposición del Maestro “la casa” que poseían en Cafarnaúm. La suegra de Simón, la que debía actuar como ama de casa, estaba enferma. Jesús le devuelve la salud y ella les sirve a la mesa. La imagen de Jesús dando la mano a aquella enferma representa la obra del Salvador que ha venido a tender la mano a la humanidad y levantarla de su postración en el pecado. “Los peregrinos a Tierra Santa visitamos los restos arqueológicos de aquella casa de San Pedro”.

“Cuando se puso el Sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos”. Terminado el reposo oficial del sábado con la puesta del sol, la gente, le llevó sus enfermos y poseídos a la casa de Pedro. San Marcos menciona los dos géneros de milagros: los que dan la Salud al hombre y los que escenifican la victoria contra Satanás. Para evitar el equívoco de un mesianismo mal comprendido, Jesús no quería que se revelase al pueblo su identidad de Hijo de Dios hasta que estuviese unida a la experiencia de la Pasión. La Fe pública, según San Marcos, empezó en labios de un pagano al pie de la Cruz, cuando dijo: “Verdaderamente éste es el Hijo de Dios”.

“Muy de madrugada se fue a un lugar desierto y estaba allí en oración”. Dialogar a solas con el Padre era para Jesús principio y término de toda actividad. Y lección hecha ejemplo para sus Discípulos. Trabajar y no orar, tiempo perdido. Cuando los discípulos intentan reducir la presencia del Maestro en Cafarnaúm, los empieza a educar en vista a un horizonte universal, diciéndoles: no he venido para tal o cual pueblo, sino para todos.

Madre mía Virgen del Pilar, tú que formaste parte del primer colegio evangélico junto con San José, enséñanos a unir nuestro trabajo con la oración, sabiendo, como nos ha dicho Jesús, que trabajar en el apostolado sin orar es tiempo perdido.



Fuente: Parroquia de San Valero
01.02.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 21-28
Entraron en Cafarnaún y, en cuanto llegó el sábado, fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Y se quedaron admirados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas. Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro, que comenzó a gritar: —¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios! Y Jesús le conminó: —¡Cállate, y sal de él! Entonces, el espíritu impuro, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él. Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se preguntaban entre ellos: —¿Qué es esto? Una enseñanza nueva con potestad. Manda incluso a los espíritus impuros y le obedecen. Y su fama corrió pronto por todas partes, en toda la región de Galilea.


Hoy, San Marcos, desde la aldea de Cafarnaúm, junto al lago, nos presenta este Evangelio que podríamos resumirlo en, la fuerza sobrenatural de la palabra de Cristo.

“Entraron en Cafarnaúm y, el sábado inmediato, enseñaba en la sinagoga”. La actividad principal de Jesús en Galilea fue la de ENSEÑAR. Comunicar a los hombres, en lenguaje humano, el Pensamiento de Dios. Oficio de “Profeta” [1ª lectura]. Dichoso el pueblo que sabe oír la voz de Dios [Salmo].

Jesús enseñaba cada sábado a todo el pueblo en la sinagoga. Allí escuchaban dos o tres lecturas de la Biblia con su comentario, cantaban los himnos tradicionales, se sentían hermanos en amor, patria y fe. La Iglesia de los apóstoles heredó de la sinagoga nuestra liturgia de la Palabra, que introduce y ambienta la celebración eucarística. Es Jesús mismo, Palabra viviente de Dios, quien en ella sigue hablando, “enseñando” a su pueblo.

“Y estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad“. Y no como los escribas, letrados o doctores de la ley, que solían hablar en las sinagogas. Administradores de palabras que no llegan al alma; palabras aprendidas por obligación y recitadas por oficio. Habituado a soportarlos, cuando el pueblo oyó a Jesús sintió como cosa nueva la emoción de estar en contacto con la todopoderosa Palabra de Dios. Palabra de Dios que se nos hace cercana y familiar en labios de Jesús, traducida al humano lenguaje del Evangelio.

“Y se decían unos a otros: ¿qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo: hasta a los espíritus inmundos les manda, y le obedecen”. San Marcos ilustra la eficacia de la Palabra de Cristo por medio de un signo impresionante: la liberación de un hombre poseído por el Espíritu del Mal. En esta jornada ejemplar, ante la presencia de quien es la Santidad, el impuro se manifiesta incompatible. Le vence la sola Palabra. Demostración de su divina Autoridad. Y signo de que el Evangelio, Doctrina siempre nueva, libera al hombre que se deja guiar por ella.

Madre mía Virgen del Pilar, tú que junto a San José fuiste Maestra de Jesús durante su infancia, sé también Maestra nuestra y ayúdanos a dejarnos llevar por la palabra de Jesús, que es el Maestro por antonomasia.



Fuente: Parroquia de San Valero
29.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Festividad de San Valero
Patrono de Zaragoza
Ciclo B
Evangelio: Mt 5, 1-12
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.


Hoy celebramos la Solemnidad de San Valero, patrón de Zaragoza, nuestra ciudad, y titular de nuestra Parroquia, Fue obispo de Zaragoza en el siglo IV y maestro de San Vicente mártir y aguerrido defensor de la fe cristiana... Fue llevado cautivo a Valencia, ciudad del Turia, acompañándole su diacono, San Vicente, que fue martirizado allí durante la persecución de Diocleciano.

En el año 1050, su cuerpo fue llevado a la sede episcopal de Roda de Isábena, entonces cabeza eclesial de Aragón.

El capítulo de Roda de Isábena envió a Zaragoza, en sucesivos momentos, primero un brazo, y más tarde el cráneo del obispo confesor, San Valero.

No hay duda acerca de que era Valero quien gobernaba la diócesis a comienzos del siglo IV. Éste es nuestro Patrón. Éste ha de ser nuestro modelo.

La Palabra de Dios, pronunciada por Jesucristo, encendió la luz de la fe en los primeros cristianos; pronunciada por sus ministros enciende la fe en el mundo. La Palabra de Dios es:

  • PRINCIPIO DE LA VERDADERA FELICIDAD, como acabamos de escuchar en el Evangelio a través de las bienaventuranzas. En otra ocasión estaba Jesús predicando y una mujer le dice, a voz en grito: “Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”; pero Jesús dijo: “Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. (Lc 11, 27-28)
  • CIMIENTO DE FIRME SANTIDAD. “El que escucha mi palabra y la pone en práctica, se parece al hombre prudente que edificó su casa sobre roca; vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa, pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca”. (Mt 7,21-26)
  • ALIMENTO DEL ALMA. “Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mt 4, 4)
  • SEÑAL DISTINTIVA DEL VERDADERO AMOR DE CRISTO. “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”. (Jn 14, 23)
  • REMEDIO DEL TEMOR. “Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir tranquilo”. (Salmo 4)
  • FUENTE DE VIDA ETERNA. “En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna”. (Jn 5, 24)

San Valero hizo bandera de su vida de esta Palabra de Dios hasta sufrir por ella el cautiverio y el Exilio, lo que le mereció alcanzar la santidad, que hoy veneramos en su persona. Que esta palabra de Cristo habite abundantemente en vosotros, nos dice con San Pablo. Fijaos bien que nos dice habite, o sea, que esté de asiento en nosotros. Esto supone no solamente oír o leer la Palabra de Dios sino apropiarnos lo que oímos o leemos y guardarlo permanentemente en nosotros para que nos guíe en nuestro obrar. Si hacemos patrimonio de nuestra vida cristiana la palabra de Dios, ella será la chispa que encenderá en nosotros la fe... pues la fe es la firme seguridad de lo que esperamos. Gracias a la fe, el entendimiento asiente a las verdades que no ve con mayor firmeza que a las que ve, porque el motivo de la fe es la autoridad divina —la Palabra de Dios.
Hoy San Valero nos exhorta a imitarle.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 14-20
Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio.
Y, al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Y, al instante, dejaron las redes y le siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que remendaban las redes en la barca. Y enseguida los llamó. Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.


Ya, antes de la venida del Señor, nos narra el profeta Jonás, en la 1ª Lectura, la conversión de los ninivitas ante la llamada que Dios por medio de él, les manifestó. Comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida". Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.

Jesús en este Evangelio anuncia:

  1. “El tiempo ha llegado a su plenitud y está aquí el Reino de Dios”. La cercanía del Reino de Dios es la verdad central del Evangelio. El anuncio gozoso de la Buena Noticia es la Salvación. El Reino de Dios indica que Dios ha de reinar en cada uno de nosotros y en toda la tierra. Hemos de tener plena consciencia de que Dios es Dios. Centro de la vida del hombre y la única y eterna razón de nuestro vivir. En Cristo han llegado a su plenitud todas las esperanzas que depositó Dios en nosotros. Todo lo demás en este mundo, son valores relativos [2ª lectura de San Pablo en su 1ª a los Corintios 7 29-31]: “Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa”. Más adelante, Jesús revelará que Dios es nuestro Padre. Que, por consiguiente, todos somos una universal familia de hermanos y, como tales debemos vivir en ayuda mutua, en caridad sincera.
  2. “Convertíos y creed en el Evangelio”. Expresión que encontramos en el día de miércoles de ceniza “Convertirse” es “creer en el Evangelio”. “Creer” es aceptar, en pensamiento y obras, el Evangelio o “Buena Noticia”. “Convertirse” significa “volverse” hacia una buena dirección, diametralmente opuesta a la mala dirección en que uno estaba “caminando”. Si caminaba de cara a las cosas y a espaldas de Dios, volverse hacia Dios y dar la espalda a las cosas. Que cuanto más uno camina, y corre de espaldas a la Verdad, tanto más se aleja de ella.
  3. “Y le siguieron”. Aquellos pescadores comprendieron, por instinto divino, que el Reino de Dios se nos ha hecho presente en la persona de Jesús. Y fueron los primeros en hacer del camino de Jesús su propio camino. “Seguir a Jesús” es la definición evangélica – la más antigua y hermosa – del perfecto cristiano.

Nos dirigimos, como siempre, a nuestra madre la Virgen del Pilar para recabar de Ella la decisión, sin fisuras, de caminar siempre de cara a Dios... a Ella se lo pedimos, como verdadera maestra que fue, en el seguimiento de Cristo. Ven con nosotros a caminar, siempre y en todo lugar, no nos dejes solos para no perdernos en el camino.

Hoy también celebramos la “Jornada de la Infancia misionera” con el Lema “Con los niños de Asia… buscamos a Jesús.”



Fuente: Parroquia de San Valero
18.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Evangelio: Jn 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»


El Evangelio de hoy está ambientado en la ribera del Jordán, poco después del Bautismo del Señor. Recuerda el día y la hora en que unos discípulos de Juan descubrieron a Cristo y decidieron seguirle. Día y hora de su Vocación. Pocos relatos de Vocación superan la del niño Samuel. Dios, que se complace en hablar con los niños, lo llama por su nombre propio en el silencio del corazón. El maestro sacerdote le indica, cómo debe responder. Muchos más niños descubrirían el glorioso camino de la vida, si alguien les enseñase a decir: “Habla Señor que tu siervo escucha” [1ª lectura]. “Aquí estoy para hacer tu voluntad” [salmo].

  1. —“Los dos discípulos [de Juan] oyeron sus palabras y siguieron a Jesús”. Juan era testigo. Cuando miraba a Jesús, veía en su rostro la Verdad de Dios. Quien ve la Verdad y la siente en sí como una llama, al dar testimonio prende su propio fuego en el corazón de los que le escuchan. Por eso, aquellos dos discípulos siguieron a Jesús. Parece que el Evangelista Juan se identifica con uno de ellos. Cuando escribía estas líneas, pasado más de medio siglo, recordaba el lugar, el día y hora de su Vocación.

  2. —“Les preguntó: ¿qué buscáis?”. Todas las palabras que San Juan escribe en su Evangelio resultan transparentes. En lo inmediato que dicen se adivina lo infinito que sugieren. Quien busca a Cristo con sinceridad, ya lo tiene en el alma. Descubre su morada (sabe donde está). Lo “ve”, lo contempla con sus propios ojos – porque para San Juan – el Cristo de la Verdad es la Luz que ilumina todo su ser.

  3. —“¡Hemos encontrado al Mesías (es decir, a Cristo)!”. Quien acepta el testimonio, luego se convierte él mismo en testigo. A las pocas horas de descubrir a Jesús, la alegría comunicativa de Andrés ya ha conquistado a su hermano. La Vocación puede y suele venir a través del rostro luminoso de un hermano, un amigo, un maestro. Simón, hermano de Andrés, recibirá el sobrenombre de Pedro que quiere decir Roca.

Nosotros también encontramos un día a Cristo. ¿Recordamos, como los apóstoles, el lugar, el día y hora de nuestra Vocación? Madre Nuestra Virgen del Pilar, graba bien, a fuego de amor en nuestros corazones, los detalles más significativos a través de los cuales sentimos la llamada de tu Hijo Jesús a su seguimiento. Tú que eres Maestra en guardarlo todo en tu corazón. Ayúdanos a mantenernos firmes en nuestra entrega.



Fuente: Parroquia de San Valero
11.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Fiesta del Bautismo del Señor
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 6b-11
En aquel tiempo, proclamaba Juan: - Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: - Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.


La Iglesia de los apóstoles hizo del Bautismo del Señor una fiesta inaugural. Señaló la hora de la acción, dejando atrás el silencio de Nazaret. La fiesta del Bautismo del Señor, popular desde los primeros cristianos se celebra con gran solemnidad. Jesús, al pasar por la tierra, mantuvo en reserva su divina personalidad. Fue el Bautismo en el Jordán el momento preciso y claro de ser presentado como Hijo de Dios.

“Vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán”. Terminan los años de silencio. Jesús, con su vida sencilla en Nazaret, ha divinizado la sencillez de la vida cotidiana: Hogar, Sinagoga, Taller. Llega la hora de emprender su vida pública y su acción mesiánica. Peregrina tres o cuatro jornadas hasta el lugar donde Juan enseña a los que se preparan para recibir el Reino de Dios. Los exhorta a la penitencia a través del “bautismo” o inmersión en el Jordán. Jesús entra también, de la mano de Juan, en el río sagrado.

“Vió rasgarse el Cielo y bajar el Espíritu sobre él”. Experiencia que Jesús tuvo en aquel momento de su Vocación. “Vocación” es el Amor con que Dios elige a cada uno desde la eternidad y lo destina y dispone a realizar su misión en el mundo. Jesús sabía ya su vocación. La leía en el corazón del Padre. Unir Cielo y tierra, Dios y los hombres. Ser plenitud del Espíritu Santo para comunicar su presencia y sus dones por todo el mundo. La presencia de Dios en el Jordán, expresa con signos (“rasgarse el Cielo”, “bajar el Espíritu en forma de paloma”) la conciencia mesiánica de Jesús.

Y se oyó una voz del Cielo...” Definición de Jesús, proclamada por el Padre Dios: “TÚ ERES MI HIJO...” La “Voz del Cielo” alude a varias profecías del Antiguo Testamento que hemos escuchado en la 1ª lectura. Pero, en el pleno sentido con que la consigna el Evangelio, afirma la real Filiación de Jesús dentro de la misma Divinidad con el Padre y el Espíritu Santo. El misterio del Bautismo en el Jordán es “manifestación espléndida” de Jesús como Mesías y Dios.

Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar. Qué alegría sentimos al escuchar al Padre que dice: TÚ ERES MI HIJO AMADO, MI PREFERIDO... y Tú dices también con el Padre Dios: y el mío. ¡Qué grandeza ser Madre de Jesús igual que Dios es Padre!. Llévanos a Jesús y dánoslo a conocer en toda su dimensión.



Fuente: Parroquia de San Valero
06.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Epifanía del Señor
Ciclo B
Evangelio: Mt 2, 1-12
Después de nacer Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: —¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle. Al oír esto, el rey Herodes se inquietó, y con él toda Jerusalén. Y, reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les interrogaba dónde había de nacer el Mesías. —En Belén de Judá –le dijeron–, pues así está escrito por medio del Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel. Entonces, Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella; y les envió a Belén, diciéndoles: —Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que también yo vaya a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y entonces, la estrella que habían visto en el Oriente se colocó delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Y, después de recibir en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino.


El Misterio del Hijo de Dios hecho hombre se realizó en silencio. Pero tenía que manifestarse a todo el mundo. “Epifanía” es una palabra griega que significa “Manifestación espléndida” que tiene por símbolo el amanecer de la luz.

La liturgia del día de hoy y sus mejores participantes, que son los niños, celebran con alborozo la Epifanía que los creyentes en Cristo consideramos como la primera y más espléndida manifestación: la ofrecida a los “Magos de oriente”, a quienes Dios habló valiéndose de una estrella. En la primera lectura del Libro de Isaías, el profeta, testigo de las ruinas de Jerusalén, canta la gloria del Señor en su restauración. Todos los pueblos verán en ella el resplandor de la Gloria de Dios. En la Carta a los Efesios, San Pablo proclama la Unidad en Cristo. Su admiración y gozo era ver cómo los paganos buscaban y hallaban la Paz en Jesucristo, como un día los Magos en Belén.

En el Evangelio de la Infancia, que acabamos de escuchar, su autor San Mateo recoge en su dimensión histórica un relato donde cada persona, gesto y actitud tienen su perfecta significación.

  1. Herodes. Un perseguidor entre los más perversos de su tiempo. Llevado por su tiranía sin control, le sobresalta el anuncio de un Mesías que él piensa que viene a limitar su realeza. Astucia, furor, sangre inocente. Contrasta palmariamente el poderoso rey Herodes y la humildad del Rey de los judíos.

  2. Los colaboradores de Herodes. Con dolor, el evangelista presenta a los dirigentes religiosos e intelectuales del judaísmo de su tiempo interpretando correctamente las Escrituras, pero al servicio de “Herodes” y a “toda Jerusalén” participando en sus sentimientos.

  3. Las primicias de la Fe. Los Magos. En contraste unos Magos venidos del extranjero o de la gentilidad personifican la Fe en camino. Para el que tiene corazón de Fe, todo es signo de la Fe. En la simbología de Israel, la “Estrella” era cifra del Mesías. A su Voz la docilidad de los Magos se realiza buscando a Cristo. Ascética de una Fe que ha de ser, al mismo tiempo, regalo y conquista, humildad de consulta y alegría de descubrimiento. Lo adoraron. Protagonista de toda la narración es el Niño. La”Estrella” fue sintonía de su palabra silenciosa, la que llama por dentro a quienes tienen corazón de Fe. Los Magos realizan la definitiva actitud cristiana en su gesto litúrgico de adorar. Actitud de reconocer y darse a Dios en Cristo. Actitud hecha sacrificio, y sinceridad en la entrega “oro, incienso y mirra”. San Mateo buen pedagogo de la Fe no deja de advertir que los Magos, buscando a Jesús, lo encontraron con María.



Fuente: Parroquia de San Valero
04.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Navidad
Ciclo B
Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.


Escuchamos hoy una vez más la primera página del Evangelio de San Juan que se leyó en la Misa del día de Navidad. Nos la ofrece la liturgia de hoy como una meditación teológica ante el Jesús que ha nacido en Belén.

  1. “En el principio existía la Palabra...”. Se refiere al “Principio” según la primera línea del Génesis, cuando de la Nada surgió el Universo. La PALABRA DE DIOS, que ya existía Eterna Omnipotente, como era, formó el Cielo y la Tierra. Al margen de Ella no hay Pensamiento ni vida.
    La Palabra de Dios es Dios mismo, ”Verbo” del Padre, en eterno diálogo interior. Nuestro Universo es la realización de un Pensamiento de Dios. Y nosotros, los hombres, somos la razón de ser de este Universo. Dios nos eligió en Él (en Jesucristo, su Verbo o Palabra) antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e inmaculados en su presencia por amor.
    La grandeza de nuestra vida humana no es ilusión. Cada uno de nosotros ha vivido desde toda la eternidad en el corazón de Dios. Corazón o intimidad de Dios que es su Palabra. Para que podamos abrazarla y acunarla ha venido hasta nosotros y se ha hecho niño en Jesús.

  2. “Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”. En su humildad, la Palabra de Dios necesita testigos. Como San Juan Bautista dio testimonio de Jesús, aun a costa de su vida, nosotros también le hemos de acoger y dar testimonio de Él en todo momento.

  3. “La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros”; “carne” es un modismo que significa la tangible realidad humana. Jesús es DIOS CON NOSOTROS. La Palabra pide respuesta. Diálogo. En Jesús de Belén, de Nazaret, del Calvario y del Cielo nos habla Dios. A los ojos y al corazón. Felices nosotros si sabemos hacer de nuestra existencia—existencia eterna—un diálogo interior.
    Que María Nuestra Madre la Virgen del Pilar nos enseñe.



Fuente: Parroquia de San Valero
01.01.2009
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
Ciclo B
Evangelio: Lc 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron deprisa, y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, manifestaron lo que les habían dicho acerca del niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. Todo tal y como se les había dicho. A los ocho días, cuando debían circuncidarlo, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.


Cuatro temas importantes se dan cita en esta fecha del 1º de Enero:
1. Santa María Madre de Dios.
2. La imposición del nombre de Jesús.
3. Jornada mundial de la paz.
4. El inicio del Año Nuevo.

Los cuatro temas hay que verlos cristianamente bajo el prisma de Belén, en la octava del nacimiento de Jesús.

  1. Después de contemplar al Hijo de Dios, recién nacido, la Iglesia nos invita a fijar los ojos en María, la Madre que nos trajo al mundo a Jesús. San Pablo nos dice hoy en su carta a los Gálatas: “Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de una Mujer”. Sí, la Virgen no es sólo la madre humana del hombre Jesús de Belén y Nazaret, sino también la madre divina del Hijo eterno del Padre.
    Precisamente porque el Hijo de María es Hijo de Dios, nosotros somos sus hijos adoptivos (hijos en el Hijo).
    Y hermanos de Cristo. Porque de la maternidad divina de María se sigue su maternidad de los hombres. “Mujer, dijo Jesús en la cruz, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre”. Hemos de vivir pues como Jesús nuestro Hermano mayor.

  2. “A los ocho días tocaba circuncidar al Niño, y le pusieron por nombre, Jesús“. Nombre que significa Salvador.

  3. Jornada mundial por la paz, promovida por el Papa Pablo VI desde 1968. Porque Jesús ostenta el título de “Príncipe de la Paz“. Su saludo habitual era: ”Paz a vosotros“. Poco antes de su muerte quiso que su paz se prolongara a toda la historia y dijo ”Mi paz os dejo, mi paz os doy“. La paz de Jesús es una paz que anida en el corazón humano y se extiende a todas las relaciones con los hombres.

  4. Todos estrenamos el calendario con un deseo: ¡¡Feliz año nuevo!! Año nuevo, vida nueva... deseemos y vivamos la “vida nueva” que nos trajo Jesús en su Navidad. SANTA MARIA MADRE DE DIOS: Danos a Jesús, danos su paz.



Fuente: Parroquia de San Valero
28.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Fiesta de la Sagrada Familia
Ciclo B
Evangelio: Lc 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: - «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.


Celebramos hoy la Fiesta de la Sagrada Familia, imagen en la que debiera mirarse toda familia en el mundo que nos toca vivir y, conformar su vida con el ideal de familia que Dios nos trazó en su propio hogar de Nazaret, la que Él formó aquí en la tierra.

El Evangelio de este día nos narra una escena entrañablemente familiar en el pueblo judío, como era la presentación del hijo primogénito en el templo. “Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor”.

María y José escucharon maravillas sobre su niño. “Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”. Aquí empieza la vida normal de cada día. Puesto el evangelista a resumir todo lo que acontecía en aquel hogar encantador, se fija sólo en el hijo, deja adivinar la acción e influencia de los padres, y dice sencillamente que “el niño crecía y se robustecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios se manifestaba en Él”. Ese crecimiento humano de Jesús no hubiera sido posible en un hogar deshecho o formado a medias. Pero Jesús tuvo ante la vista, desde su más tierna edad, a un hombre honrado a carta cabal y a una madre solícita como ninguna otra.

La piedad con Dios, la fidelidad al culto, el amor entrañable, el trabajo asiduo, la amistad cordial con los paisanos, la diversión sana en las fiestas del pueblo, todo eso formó a Jesús en un hombre perfecto.

Éste es el camino a seguir para nuestras familias, que Dios nos pone delante a fin de que nos miremos en él. Por lo tanto renunciemos al modelo de familia que se nos quiere imponer al margen de éste: concebir la vida de manera tan materialista que ya no se conoce la austeridad, que no esté empeñada en una formación seria, con el debido respeto al padre a la madre, a los mayores, a la autoridad etc.

No negamos valores de la familia moderna, pero nos preocupan seriamente sus males, que son numerosos.

De lo que todos nos damos cuenta, más que nada, es de que Dios ha hecho muy bien al proponernos en Jesús, María y José una Familia ideal, la más bella que ha existido y debiera ser ejemplo a seguir por nuestras familias cristianas.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Natividad del Señor
Misa del Día
Ciclo B
Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.


Navidad es un misterio infinito que se expresa en signos sencillos y humildes. Junto al Pesebre coinciden a un mismo nivel la adoración de los Ángeles, la de los Magos de Oriente y la de los pastores. Podemos contemplar a Dios en el rostro de un Niño. En esta Misa del día de Navidad las lecturas giran en torno a un tema fundamental: Jesucristo es la PALABRA de Dios. Hablar es comunicar a otro algo de mí pensar y sentir. El que habla sincero, comunica al otro algo de su propia intimidad.

Dios nos ha hablado. A la Palabra de Dios a los hombres, se le llama Revelación. Durante siglos, Dios se fue revelando a los hombres progresivamente por medio de sus profetas. Pero al llegar el momento vértice de la historia, Dios nos ha hablado con definitiva claridad en su Hijo. Y ésta es la idea que desarrolla el Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús es la PALABRA que revela a nuestros ojos humanos la inaccesible intimidad de Dios. Este prólogo del Evangelio de San Juan es la página más profunda de cuantas se han escrito.

Era imposible para el hombre ver a Dios; pero el Hijo, que vive eternamente en la intimidad del Padre, nos lo ha manifestado. Porque él es su PALABRA, el “Verbo”. Eterno como el Padre; Dios, como Él. Creador de todas las cosas. En la PALABRA había Vida y Luz.

Para manifestarnos al Padre “ha venido al mundo”. Más claro: siendo Dios, se ha hecho “hombre”, y ha puesto su tienda (establo de Belén), entre nosotros, en la tierra.

“Las tinieblas”, o el “mundo” en su sentido peyorativo, no lo aceptaron. Si trasladamos a nuestros días esta vivencia constataremos, sin duda, que somos, quizá muchos, unos más y otros menos, los que todavía no lo aceptamos y seguimos en tinieblas y en el mundo que nos lleva a su antojo, prescindiendo de la venida de Dios, hecho Niño en Belén, que quiere hacernos participar de su vida divina. Pero San Juan Bautista dio testimonio de Él. Y los apóstoles (testigos inmediatos) vieron su Gloria: la Gloria divina que Él tiene como Unigénito del Padre. Su nombre: Jesucristo, plenitud y fuente de la gracia y la Verdad. Su regalo para quienes lo reciben con Fe es el de ser, a imagen suya, hijos de Dios.

Esta primera página del Evangelio de San Juan la saben muchos de memoria. Gozada inmensa de Fe para quien la repase mirando a Jesús en la Cuna. ¿Por qué no yo mismo y cada uno de los que me escucháis? La PALABRA que creó y sostiene el universo nos habla aquí en silencio a los ojos. No hay persona auténtica que pueda cruzar su mirada con la de un niño y no sonreír. ¡Qué mejor acto de Fe que el de responder con una sonrisa sincera a la del Niño de Belén!

En la humildad de su carne la PALABRA nos revela toda la intimidad del Corazón de Dios. Junto al Pesebre de Belén encontraremos también a San José y a Santa María protagonista con el Espíritu Santo de este INCONMENSURABLE MISTERIO.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Natividad del Señor
Misa de la Aurora
Ciclo B
Evangelio: Lc 2, 15-20
Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros:
«Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»
Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.


La abundancia de textos en la liturgia de la Navidad es un regalo de pensamiento y emoción. Memorial de un hecho histórico, su valor presente, su trascendencia eterna.

Memorial de un hecho histórico. Entronque y conjunción con la historia del mundo. San Lucas quiere relacionar los acontecimientos religiosos con la situación civil. Fiel a la historia nos narra el imperio de Augusto, el censo bajo Quirino. La Salvación avanza en el cauce de esta situación. Actúa con hechos concretos. No es mito ni especulación. Jesucristo está en el centro tangible de la historia humana. San Lucas alude intencionadamente al “censo”, que fue pretexto y punto de partida que llevó a José y María a acceder hasta Belén, acudiendo puntuales a la llamada con espíritu evangélico.

Su valor presente. Navidad, “Evangelio” de la alegría a los pobres. Gran parte de la narración se concentra en el anuncio a los pastores. Un Ángel del Señor, que es transparencia de Dios se les presentó y les dijo: No temáis, os traigo la gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor”. El Ángel les dice a los pastores quién es el Niño. Es el Salvador; por eso lo llamarán “Jesús”. El Mesías en quien se cumple toda la esperanza. El Señor. Con el título de “Señor” los cristianos expresaban su Fe en la divinidad de Cristo. En su humildad el Niño del Pesebre es centro del Universo y de la Historia. El pueblo sencillo, el que escucha al Ángel de Navidad, sólo entiende por Salvación la que trae el Niño del Pesebre. Con prontitud los pastores fueron a Belén. Vieron al Niño acostado en el Pesebre y en Él reconocieron al Señor de la Gloria. En el gozo con que los pastores comunican a los demás su experiencia y la expresan con cánticos de alabanza, hemos de poner también nuestro gozo y, como ellos comunicarlo a los demás.

Su trascendencia eterna. Cielo y tierra al unísono. El Canto de Navidad inaugura un nuevo estilo. La Gloria de Dios y su Amor es Paz de los hombres; la Paz entre los hombres es Gloria de Dios. Aquellos “pastores”, primicias de la Fe, son ya Evangelio hecho vida. No saben permanecer inactivos: corren, comprueban, comunican... María, silencio activo. Toda su palabra es el Niño. Gracias a ella tenemos el Evangelio. CONTEMPLACIÓN DE JESUCRISTO DIOS, HIJO Y PALABRA DEL PADRE. Miremos el Misterio de la Navidad eterna en la perspectiva de Dios. El Verbo de Dios viene a ser hombre con los Hombres para elevarlos al conocimiento, amor y vida íntima del Padre.



Fuente: Parroquia de San Valero
25.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Natividad del Señor
Misa de Medianoche
Ciclo B
Evangelio: Lc 2, 1-14
En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento.
Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. El ángel les dijo:
—No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.
De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace".


Todo lo que aconteció en esta noche santa nos lleva a la seguridad de que Jesús es el Emmanuel: “Dios—con—nosotros”. Navidad es Paz, Alegría, Gozo, Salvación… El Evangelio de San Lucas nos narra el misterio de Belén en tres escenas:

El Nacimiento del Niño. La Virgen Madre “dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”. Jesús es el Hijo de Dios. La Virgen María y San José no tienen para su Niño más cuna que un pesebre. Dios se anonada hasta este extremo.

El anuncio del Ángel a los pastores. Los pastores de Belén simbolizan a todo el pueblo de los sencillos. Les habla un Ángel, luz de revelación que viene de lo alto. Dice quién es el Niño. Es el Salvador; por eso lo llamarán Jesús. En su humildad el Niño del pesebre es centro del Universo y de la historia. Él es la salvación. En Navidad sólo se entiende por SALVACIÓN la que trae el Niño del pesebre. La que el himno de Belén canta en dos valores inseparables: la paz a los hombres y la Gloria de Dios.

La visita de los pastores al Niño. Diligente prontitud para aceptar y verificar el mensaje del Ángel. Milagro de la Fe, que ven un Niño acostado en un pesebre y reconocen al Señor de la Gloria. Los pastores comunican a los demás su experiencia y la expresan con cánticos y alabanza. San Lucas nos presenta a María junto a José y el Niño. Nosotros también al contemplar el Misterio de la Navidad no podemos prescindir de ninguno de los tres: MARÍA JOSÉ Y EL NIÑO. Hablemos con María, hablemos con José y presentemos al Niño nuestro corazón y digámosle: tómalo, tuyo es.....es mi regalo, es mi don.



Fuente: Parroquia de San Valero
21.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
IV Domingo de Adviento
Ciclo B
Evangelio: Lc 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.


A medida que nos acercamos al aniversario de la fecha más decisiva de la historia, la que parte en dos mitades el tiempo en antes y después de Cristo, hemos de ir preparando con esmero la Navidad. Para ayudarnos, hoy, el último domingo de Adviento, la Iglesia en su liturgia, centra nuestra atención en dos personajes que son la clave del misterio de Belén: Jesús y María. La figura de María como camino y la de Jesús como meta.

María fue la que nos trajo a Jesús. Lo mismo que fue la portadora de Jesús al mundo en Belén, en la primera Navidad, María sigue siendo el puente espiritual que nos acerca a Cristo en la Navidad de cada año y de cada día. Medianera de todas las gracias; por lo que podemos decir que también hoy nos viene Jesús por medio de María. María—camino, es también ejemplo de todo cristiano. No temas, María, le dijo el ángel…. y ella confiada se puso en manos de Dios. Nosotros también ponemos nuestra confianza en nuestro Padre Dios. María la llena de gracia, que a nosotros se nos comunica a través del Bautismo. La actitud de María ante el Padre es de colaboración total con Dios: “Hágase en mí según tu palabra”. Uno de los mejores piropos, digno de los folletos preciosos de D. Damián Iguacen a la Virgen, sería: “Nuestra señora del SÍ”. María ejemplo también de servicialidad. “Aquí está la esclava del Señor”, se proclama servidora y no sólo de Dios sino también de los demás.

¿Y Jesús? El ángel, lo primero que dice de Él es que: “Le pondrás por nombre JESUS”. Pero lo que nos importa, sobre todo, es tener presente que “Jesús” significa “Salvación de Dios”, porque el Hijo de Dios vino a salvarnos de nuestros pecados.

“Será grande”. A pesar de lo cual, Jesús nacerá como un niño nacido en un establo de Belén, por no tener para Él lugar en la posada. Pero, según el parámetro de Dios, será el ser humano más grande, precisamente por anonadarse a sí mismo. Él se hace hombre para hacernos a nosotros participes de su naturaleza divina. “Se llamará Hijo del Altísimo”. Sin embargo quiso presentarse como el hijo de María, la que se llama a sí misma: la esclava del Señor; “su reino no tendrá fin”.

El reinado de Jesús tiene por trono un pesebre, elegido libremente, por cetro una mano tendida. La realeza de Jesús es el servir y su dominio es el amor.

Para recibir a este Jesús, como se merece, tenemos que imitar a María, colaboradora incondicional de Dios y servidora de los demás. Así haremos adecuadamente el último tramo que nos separa de Belén.



Fuente: Parroquia de San Valero
14.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
III Domingo de Adviento
Ciclo B
Evangelio: Jn 1, 6-8.19-28
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: “Tú quién eres?” El confesó sin reservas: “Yo no soy el Mesías.” Le preguntaron: “Entonces, qué? Eres tú Elías?” El dijo: “No lo soy.” “eres tú el Profeta?” Respondió: “No.” Y le dijeron: “¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?” contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", Como dijo el profeta Isaías.” Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.” Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.


El camino del Adviento se aproxima al término. Presentimos la alegría de su encuentro. El profeta Isaías, en la 1ª lectura nos dice: ”Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios”. En el salmo hemos recitado el Magnificat: Qué bien proclama la Virgen María: “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”; nos invita también a nosotros a alegrarnos. “Estad siempre alegres”, “en acción de gracias” nos dice San Pablo en la 2ª lectura. El Evangelio de San Juan, define la misión del Bautista Precursor: “Vino para dar testimonio de la Luz... Para ser la voz que grita en el desierto… Para dárnoslo a conocer”.

VINO PARA DAR TESTIMONIO DE LA LUZ. En el Evangelio de San Juan “ver” significa “experimentar”. San Juan experimentó con la vista, con la mente y con el corazón la cercanía del Señor. El que así ha visto la “Luz” -el “Mesías”-, cuando habla, tiene una fuerza irresistible para ser testigo de esa Verdad. Tener experiencia de Jesús es para nosotros, no sólo saber mucho de él, sino vivir en él, llevarlo siempre en la mente y en el alma; verlo a través de la oración y dejarse empapar por él, dando testimonio suyo hasta el martirio, si preciso fuera. Juan Bautista fue mártir por la Verdad. Por la Luz divina, que ilumina al mundo en Jesucristo. Juan el precursor no era la Luz, pero sí su testigo, ejemplo de todos los sinceros testigos del Señor.

YO SOY LA VOZ QUE GRITA EN EL DESIERTO: “ALLANAD EL CAMINO DEL SEÑOR”. San Juan repite su apelación al libro de Isaías. No es más que portavoz de un mensaje divino: “Enderezad el camino del Señor”. El camino del Señor es el que tenemos que seguir también nosotros para ir a su encuentro. Somos cada uno de nosotros mismos: nuestra vida, nuestras instituciones, nuestro mundo. A Dios no se va por la mentira, ni por el propio interés. Se va a la Verdad, que es el Señor, por el camino recto, sin recovecos.

“ESTÁ EN MEDIO DE VOSOTROS Y NO LO CONOCÉIS”. Testimonio y acusación del Profeta a sus conciudadanos, que hoy también la hace a cada uno de nosotros y a nuestra sociedad. La que tanto debe a Cristo, y tanto se esfuerza en ignorarlo y hasta desterrarlo de nuestra cultura afincada en las raíces cristianas.

La Iglesia repite cada día el Magnificat como himno propio, y hoy mismo, en el salmo de esta Eucaristía, se siente muy identificada a María, llena de júbilo por la presencia en su interior de Jesús. Nosotros también, como Iglesia que somos, nos sentimos identificados con Ella en su júbilo y, por el mismo motivo, por la presencia de Jesús en cada uno de nosotros.



Fuente: Parroquia de San Valero
08.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Ciclo B
Evangelio: Lc 1, 26-38
El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor esta contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel.


Doble aspecto del Dogma de la Inmaculada. La Inmaculada concepción de María—nueva Eva, como la llaman los Padres de la Iglesia—nos habla de la PRESERVACION ABSOLUTA DE TODO PECADO y también, de la PLENITUD DE GRACIA. La liturgia de la Iglesia canta a Dios “porque libraste a la Virgen María de toda mancha de pecado original para que en la plenitud de la gracia fuera digna Madre de tu Hijo”.

María concebida sin pecado: Cierto que “Dios creó al hombre incorruptible y le hizo imagen de su misma naturaleza, pero por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen”. Puede decir San Pablo: “por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, que alcanza a todos”. A todos, menos a una mujer, que lleva nuestra misma sangre, pero a quien no contaminó el pecado. Así le canta el pueblo llano: “Vos, aunque hija de Adán,-- sois de culpa preservada,-- y así no estáis sentenciada – como los demás están.”

María llena de gracia y llena de Dios: Si el pecado, efectivamente, abundó, más sobreabundó la gracia. A la tiranía del pecado se le opone el suave yugo de la gracia. Ello es posible sólo desde Jesucristo, el hombre “lleno de gracia y de verdad”. En la carne de Jesús, Dios, se ha acercado de tal suerte al hombre que todos los hombres tienen abierto el camino de la salvación y de la vida eterna. Justo es que la primera en participar de la plenitud de Dios sea la Madre de Jesús. Desde el comienzo de su existencia en el seno materno, María pertenece a Dios por entero. Las maravillas que Dios ha hecho con esta mujer de nuestra raza, el pueblo las sigue cantando: ”Pues carne que había de ser—traje y vestido de Dios—para tomarla de Vos --¡¡¡cómo la debió hacer”!!!

María, comienzo de la Iglesia: María es “comienzo de la Iglesia, Esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura”. La hermosura de Dios llegó hasta María. Esa misma hermosura rejuvenece el rostro de la Iglesia limpiándola de todo pecado. Al final de la Historia, Dios habrá hecho con su Iglesia, y con nosotros, lo que hizo con María desde el principio. Y la gracia, la salvación y la vida, reinarán para siempre.

Quiero terminar con los versos del himno del Oficio de Lectura: “¡Oh cuanto la tierra os debe!, puesto que por Vos Dios volvió la noche en día, por Vos, más blanca que nieve, el pecador alcanzó paz y alegría!”.



Fuente: Parroquia de San Valero
07.12.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
II Domingo de Adviento
Ciclo B
Evangelio: Mc 1, 1-8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordan. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: "Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo."


En la 1ª Lectura de hoy el profeta Isaías nos dice que ha terminado la cautividad. Viene el Señor a su pueblo: abridle camino: “Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor”. El salmo canta una esperanza: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan”.
San Pedro, en la segunda lectura, nos dice: “No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día”. El Señor no tarda en cumplir su promesa de “un cielo nuevo y una nueva tierra”. El Apocalipsis nos dice: “Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos; y ya no habrá muerte; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas”. Lo que no comprendemos es que las etapas del avanzar humano, hacia su definitivo “cielo nuevo y tierra nueva”, se van cubriendo sin prisa, a estilo divino, con ritmo de eternidad. Toda la vida cristiana es “ADVIENTO”. San Juan Bautista nos invita a una esperanza activa del encuentro con el Señor:

“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor”. Con la predicación de Juan Bautista comienza el “Evangelio” de Jesús, que nos indica el camino por donde hemos de encontrar al Señor. Sin líneas torcidas. El Niño del Pesebre quiere encontrarse, a un mismo nivel, con todos: los Magos de Oriente y los Pastores de Belén, cada uno de nosotros...

“Juan el Bautista proclamaba en el desierto un bautismo de conversión”... Para llegar al encuentro cordial con el Niño del Pesebre, Señor de la Gloria, es necesario convertirse. Por ser profeta de la Esperanza, Juan fue profeta de la Conversión. Invitaba a ella mediante un “bautismo” o baño ritual en el Jordán.
Cada uno de nosotros, cada grupo etc. que se mueve hacia su egoísmo, camina de espaldas a Dios. Cuanto más camina en esa dirección, más se aleja de Él, que es fuente única de Esperanza. “Convertirse” es volverse de cara a Dios y caminar en esa dirección.

“Viene detrás de mí el que es más fuerte que yo...” Juan llevaba a Dios en el corazón y lo transparentaba en su rostro. El pueblo sencillo llegó a sospechar que Juan era el Mesías de Dios. El, humilde, les dijo: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias”. Juan Bautista nos invita a revivir en cada uno de nosotros su espíritu de ser apóstoles dando a conocer en nuestros días al Salvador, que un año más celebraremos su venida en Navidad.

Virgen del Pilar, concebida sin mancha alguna de pecado, te prometemos ser como tú y San Juan Bautista, transparencia de Cristo a los ojos del pueblo que nos observa; ayúdanos a conseguirlo con tu apoyo.



Fuente: Parroquia de San Valero
30.11.2008
Homilía de D.Pablo Martínez Martínez
Sacerdote de San Valero
I Domingo de Adviento
Ciclo B
Evangelio: Mc 13, 33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!


ADVIENTO. O sea, preparación para la Navidad, que es preludio de la gloriosa Venida del Señor. Caminando hacia Belén iniciamos el encuentro con el Niño Jesús, Dios hecho hombre. Él viene a salvarnos. Y nosotros somos los que, movidos por Él, vamos hacia su encuentro. Él es nuestro último destino. Dios que se nos ha hecho visible en Jesucristo; al que esperaban con ardiente deseo los primeros creyentes. Cristiano es el que cree con sencillez, ama con alegría y, espera en todo momento. La Liturgia del Adviento es ejercicio de Esperanza.

El evangelista San Marcos, repite cuatro veces en el Evangelio que acabamos de escuchar, que tenemos que velar mientras esperamos a Cristo; espera, que la hemos de hacer, con una gran fe y un gran amor, como nos dice en el Evangelio de hoy: “Velad, porque no sabéis cuando vendrá el Señor de la casa”. Vendrá – no sabemos cuándo – estad en vela.

El evangelista nos recuerda la parábola de los talentos. El amo se marchó de viaje y dejó su casa y responsabilizó a cada uno de sus criados de la tarea que le dejó encomendada, encargando al portero que velara. Dios es el dueño de la casa que es el Cielo. Ahora es el tiempo de la Iglesia; nosotros somos sus servidores durante la ausencia visible del Señor. Nos toca vigilar hasta que él vuelva. Nuestra vigilancia ha de ser activa. Cada uno en su lugar, siendo fiel al Señor. No sabéis cuando vendrá, si al atardecer, o a media noche, o al amanecer.

“¡Velad!”. Insiste el evangelio de hoy con este imperativo. Diciéndolo a los Apóstoles nos lo dice también a nosotros. “Velar” es mantener despierto el espíritu. San Pablo, en la carta a los romanos (Rom 13, 11-14) nos dice: “Porque es ya hora de levantaros del sueño; que la salvación esta más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la Luz. Como en pleno día, procedamos con decoro. Revestíos, más bien, del Señor Jesucristo”.

¡Madre Inmaculada, Virgen del Pilar! Guía nuestros pasos por la Luz, que es la Verdad y se llama Jesús, y muéstranoslo en Belén, hacia donde caminamos hasta llegar a la celebración de esta nueva Navidad del año 2008.