LITURGIA DEL DOMINGO
Sinopsis de Homilías de D. Pablo Martínez Martínez
Año 2009-10 - CICLO C
TIEMPO DE CUARESMA
TIEMPO ORDINARIO
TIEMPO DE NAVIDAD
TIEMPO DE ADVIENTO
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Fuente: Parroquia de San Valero 07.03.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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III Domingo de Cuaresma
Ciclo C
Evangelio: Lc 13, 1-9
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pareceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos perecereis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: "Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo, encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas".
“Dijo entonces el Señor al viñador: Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”
Cuando somos jóvenes nos parece que el tiempo es infinito y con frecuencia lo desperdiciamos, como si fuésemos poseedores de una fortuna inagotable. Después, al envejecer, quisiéramos hacer lo que no hicimos y con frecuencia comprobamos que ya se nos ha pasado la edad, ya no tenemos fuerzas.
Con respecto a Dios sucede algo parecido. Estamos tan seguros de su bondad que nos parece que, ésta, no se va a acabar nunca y por eso pensamos que siempre, en cualquier momento, podemos convertirnos y dar los frutos de santidad que Él espera. Que la bondad de Dios es infinita ya lo sabemos, pero para colocar la idea de Dios en su justo término, para hacernos comprender que el amor de Dios (SU BONDAD) no esta reñida con la justicia, es por lo que Jesús nos contó la parábola de la higuera que no daba fruto.
La certeza que nos da nuestra fe de saber que hasta en el último instante un pecador puede pedir perdón y ser perdonado, no debe inducirnos a la pereza. Dios, efectivamente, nos da muchas oportunidades, pero estas no son infinitas. Llegará un momento en la vida de cada uno en el cual las oportunidades para amar se habrán acabado y quizá entonces querremos pedir una prórroga, una hora más de vida, para hacer lo que no hicimos durante tantos años y días perdidos. Aprovechemos que nuestro corazón late todavía para agradecer a Dios sus bienes y hacer las obras de caridad y amor que nos pide la fe que profesamos.
Si Dios ahora me llamara, ¿podría presentarme ante Él con las manos llenas?.
Virgen Inmaculada, del Pilar, tú que siempre fuiste la llena de gracia, ayúdame a mí también a llenar mi vida de buenas obras.
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Fuente: Parroquia de San Valero 28.02.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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II Domingo de Cuaresma
Ciclo C
Evangelio: Lc 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caía del sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
“Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña para orar” . “Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió”, transfigurándose delante de ellos.
El Evangelio de este domingo nos muestra un ejemplo concreto sobre la necesidad de orar para poder resistir la tentación. Cristo, preocupado por fortalecer a sus discípulos para la inminente prueba de la Cruz, se los llevó al monte Tabor y allí se transfiguró ante ellos. Con su manera de describir a Jesús transfigurándose, San Lucas insinúa el mejor elogio de la oración: la oración transfigura, nos llena de luz.
Quería robustecer su fe en que Él era el Hijo de Dios y en que Dios estaba de su parte, para que cuando le vieran colgando del madero no entraran en crisis.
Si eso hizo el Maestro con aquellos discípulos que tantas veces le habían visto ya hacer milagros, cuánta más necesidad tendrá de hacerlo con nosotros.
Él quiere prepararnos para las pruebas de la vida, quiere darnos fuerzas para que resistamos los golpes.
Nosotros, en cambio, lo que no queremos es que esas pruebas existan, lo cual es imposible.
Por eso, porque es inevitable tener problemas y sufrir tentaciones, nos conviene “dejarnos iluminar”, dejarnos fortalecer.
Y para eso, la oración y la participación en la Eucaristía son los mejores instrumentos. ¡Ah, sin olvidarnos por supuesto de nuestro recurso confiado a Nuestra Madre la Virgen del Pilar!
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Fuente: Parroquia de San Valero 21.02.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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I Domingo de Cuaresma
Ciclo C
Evangelio: Lc 4, 1-13
En aquel tiempo Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán. El Espíritu Santo lo llevó al desierto, donde durante cuarenta días fue tentado por el diablo. Durante esos días no comió nada, y al final tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús le respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre». Luego el diablo lo llevó a un lugar alto, le mostró todos los reinos del mundo en un instante y le dijo: «Te daré todo este imperio y el
esplendor de estos reinos, porque son míos y se los doy a quien quiero. Si te pones de rodillas y me adoras, todo será tuyo». Jesús respondió: «Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás». Entonces lo llevó a Jerusalén, lo subió al alero del templo y le dijo: «Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: Ordenará a sus ángeles que cuiden de ti, que te lleven en las manos para que no tropiece tu pie con ninguna piedra». Jesús le respondió: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios». Y acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta el tiempo oportuno.
Vuelve, un año más, la Cuaresma. Tiempo de revivir y saborear la mas honda realidad de nuestra existencia: la de estar consagrados a Dios desde el Bautismo.
El Evangelio de las tentaciones vencidas nos da una lección de FIDELIDAD. Jesús vuelve del río Jordán. Proclamado Hijo de Dios. Lleno del Espíritu Santo. Tiene la Misión de invitar a sus hermanos de todo el mundo a que compartan la gloria de ser también, como Él, hijos de Dios, hombres de Espíritu.
Pero le sale al encuentro el tentador. Aquel contra el que pedimos protección todos los días al término del Padrenuestro, cuando decimos: ”no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. Aquel que, desde la creación de Adán, de continuo ronda en torno al hombre con la obsesión de contagiarlo. Fue infiel a Dios, y quiere contagiar su infidelidad a todos los hombres.
- Jesús ”era llevado por el Espíritu al desierto”. La perfección del hombre está en ser dócil al Espíritu. Por fidelidad a él, Jesús perseveró en el desierto.
Israel, liberado de Egipto, fue vencido en el desierto por el hambre; cayó en tentación y quiso volver a la esclavitud.
La firmeza de Jesús es la del Israel auténtico: la del Hijo de Dios que persevera hasta el fin. Porque “no sólo de pan vive el hombre”; los gustos y los intereses temporales no son lo único ni lo principal en la vida del hombre que tiene Fe.
- “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”, responde Jesús al Tentador cuando le ofrece todos los reinos del mundo si se arrodilla delante de él. Anteponer al amor y servicio del único Dios como razón suprema de la vida del hombre, cualquier valor temporal, es caer en la tentación.
- “No tentarás al Señor tu Dios”. Si eres Hijo de Dios tírate del alero del templo abajo... Está mandado le contestó Jesús: “No tentarás al Señor tu Dios”.
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión. Quiere decir que la guarda de la Fidelidad, pide una vigilancia permanente.
Madre Inmaculada, Virgen del Pilar, ven con nosotros al caminar y no nos dejes caer en la tentación.
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Fuente: Parroquia de San Valero 17.02.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Miércoles de Ceniza
Ciclo C
Evangelio: Mt 6, 1-6.16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».
Las tres lecturas de hoy expresan con claridad el programa de conversión que Dios quiere de nosotros en la Cuaresma: convertíos y creed en el Evangelio; convertíos a mí de todo corazón; dejaos reconciliar con Dios; Dios es compasivo y misericordioso...
Cada uno de nosotros, la comunidad, y toda la sociedad entera, necesitamos oír esta llamada urgente al cambio pascual, porque todos somos débiles y pecadores.
El miércoles de ceniza es un día en el que expresamos nuestro deseo de convertirnos a Dios. Hoy venimos al templo a que nos impongan la ceniza para expresar con este gesto que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio. La ceniza indica nuestra condición débil y caduca; nuestra situación pecadora; oración y súplica ardiente para que el Señor venga en ayuda nuestra; y resurrección, pues el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo. Como Abrahán en el Génesis podemos decir: “Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor”.
Hoy hemos de asumir una actitud de humildad, que viene de humus “tierra”: Polvo y ceniza somos los humanos, aunque estamos llamados a convertir nuestras vidas en vidas revestidas de gracia que nos configuran con Cristo siguiendo sus pasos en la tierra hasta llegar a la gloria transfigurados con Él y participando de su Resurrección. La Cuaresma que hoy empieza nos conducirá a esta realidad: a convertirnos y creer en el Evangelio.
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Fuente: Parroquia de San Valero 14.02.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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VI Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Lc 6, 17. 20-26
En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si
todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»
“Dichosos los pobres porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que lloráis porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres y os excluyan y os insulten a causa del Hijo del hombre.”
Cristo sorprendió a sus contemporáneos con aquel sermón conocido como sermón de la montaña, en el que proclamó las bienaventuranzas. Ese mensaje sigue siendo hoy sorprendente y aparentemente contradictorio como entonces. ¿Cómo voy a considerarme dichoso si paso hambre, si lloro o si soy perseguido?.
Lógicamente, no se trata de una invitación al masoquismo, como si la felicidad estuviera ligada a las desgracias. Se trata de una visión diferente de la vida y de los valores a los que damos importancia.
Las bienaventuranzas se entienden desde el amor, porque son manifestaciones del amor. Serían algo semejante a esto:
”Dichoso tú que has dado limosna para que otros tuvieran algo para comer o con qué vestir. Dios te lo va a recompensar en el Cielo y vas a encontrar una alegría y una paz inmensa en la tierra.”
”Dichoso tú que ahora estás aguantando las burlas de los que te rodean porque tienes principios morales y no quieres renunciar a ellos. Llegará un día en que te darás cuenta de que elegiste el camino correcto, mientras ves cómo lo pasan mal, víctimas de sus excesos, los que ahora se ríen de ti”.
“Dichoso tú si te critican por ser discípulo de Jesús e incluso si por ese motivo pierdes algún buen negocio. No te quepa duda de que Dios te lo pagará con creces, tanto en el Cielo como en la tierra.”
En definitiva, lo que el Señor nos dice es esto:
“Dichoso tú cuando amas, cuando compartes, cuando perdonas, cuando eres fiel a tu conciencia. Dichoso tú porque estás invirtiendo en alegría y en felicidad, tanto en la tierra como en el cielo. Y esta alegría no te la quitará nadie”.
Vamos a pedirle a la Virgen del Pilar que nos enseñe a acompañar al solitario y al que sufre; a dar la cara por Cristo y a trabajar por la paz.
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Fuente: Parroquia de San Valero 07.02.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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V Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Lc 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Remad mar adentro, y echad las redes para pescar.» Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Apoyándose en una “pesca milagrosa,” San Lucas en el Evangelio de este domingo, nos da a entender la manera como Dios llama a las personas a colaborar con él en la extensión de su Reino de diferentes maneras.
El Profeta Isaías dice “escuché la voz del Señor, que decía: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Contesté: Aquí estoy, mándame.
San Pablo dice: Cristo se apareció a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía; después se le apareció a Santiago; por último se me apareció también a mí, como a un aborto, y todos os transmitimos lo mismo: Que Cristo murió como dicen las escrituras, por nuestros pecados, que fue sepultado y que resucitó al tercer día. Tanto ellos como yo esto es lo que predicamos.
San Lucas nos da hoy la oportunidad de reflexionar sobre Cristo maestro a la orilla del lago de Genesaret.
“La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios”. El pueblo recibe con agrado la Palabra de Dios porque la oye sincera sencilla y clara. En la Palabra de Dios se descubre a sí mismo. Pide a Simón Pedro servirse de su barca y la convierte en cátedra para una Liturgia de la Palabra, oficiada en el templo de la naturaleza.
“¡Rema mar adentro...!”. Despidiéndose del pueblo, Jesús les hace vivir una parábola expresada con hechos. Reunir en la playa, como acaba de hacer Jesús, una multitud de hombres para orientarlos hacia el Reino de Dios, se puede comparar a la alegría del pescador que consigue llenar de peces sus redes y su barca. Simón Pedro, contrariado por un reciente fracaso profesional, obedece por pura docilidad a la consigna del Maestro. “Por tu palabra y sólo por ella, echaré las redes “, dice el futuro apóstol. –Salta a la vista que San Lucas nos da a entender cuál tendrá que ser el estilo de la obediencia de los que deseen consagrarse al servicio del Evangelio por la salvación del mundo.
“Desde ahora serás pescador de hombres”. Jesús nos habla a cada uno en su concreto lenguaje. Al pescador con el lenguaje de los pescadores.
Destaca también la resolución de DEJARLO TODO PARA SEGUIR A CRISTO. Sin oro ni espada. No hay más alto amor ni más gozoso que darse por entero al seguimiento de Jesús. Por algo la Virgen María, desde el Pilar de Zaragoza, nos dice: Haced lo que Él os diga.
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Fuente: Parroquia de San Valero 31.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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IV Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Lc 4, 21-30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?» Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Y añadió: «Os aseguro ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas
fue enviado Elías, a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos hablan en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.» Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
Jesús, según el Evangelio de hoy, sigue presidiendo la lectura bíblica que inició el domingo pasado, y hace su “homilía” en la sinagoga de NAZARET.
Declara que el futuro de las profecías es ya Presencia en su persona. Declara abierto el “Hoy” de la Redención: bienaventuranza de los pobres, liberación de los oprimidos, luz de los ciegos.
Según San Lucas, esta homilía de NAZARET es programa y resumen de toda la predicación de Jesús.
De la misma manera, nos hace ver las reacciones de los asistentes que delatan las varias actitudes con que el pueblo de Israel acogió el mensaje del Mesías.
Para muchos fueron “palabras de gracia”, quiere decir que comunicaban la “gracia”, el favor, el amor de Dios a su pueblo.
Pronto en algunos ambientes la primera admiración se enturbió con razonamientos humanos. Les parecía demasiado, para ser Mesías, su “condición humana:”… “¿No es éste el hijo de José?”
El hecho de la ENCARNACION siempre ha hecho más difícil su asentimiento y aceptación a los soberbios de corazón, como canta María en el Magnificat.
Los de Nazaret tuvieron envidia de los de Cafarnaum, porque su profeta, Jesús, se puso a realizar milagros allí en Cafarnaum y no en su patria, Nazaret, paisanos de toda la vida. Afecto interesado que querían rebajar la imagen del Mesías, que tenía que ser gloria de todo Israel y luz de todo el mundo.
Lo empujaron fuera del pueblo... con intención de despeñarlo. Termina con un rasgo de victoria: abriéndose paso a través de ellos, Jesús “avanzaba” siguiendo su camino.
Quiere decir: Su presencia gloriosa, su Evangelio, su Iglesia, siguió y seguirá su camino. A Él y a la Virgen del Pilar, María su madre y nuestra madre les decimos: Venid con nosotros a caminar. Dadnos fuerza en estos momentos difíciles que nos toca vivir.
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Fuente: Parroquia de San Valero 29.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Festividad de San Valero - Patrono de Zaragoza
Ciclo C
Evangelio: Mt 5, 1-12a
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Un año más nos reunimos en el recinto sagrado de este templo Parroquial para tributar a nuestro excelso Patrón San Valero el homenaje de nuestra devoción y gratitud. Una vez más clavamos nuestra mirada en San Valero para recordar el luminoso mensaje de su vida.
San Valero es de hoy como de ayer y siempre. Su postura ante la vida y su lección tienen vigencia entre nosotros los hombres del siglo XXI. Vosotros lo habéis entendido así, por eso llenáis este templo para manifestarle vuestro cariño.
No importa que los perfiles de su vida se difuminen en la penumbra de los siglos; lo importante es, queridos hermanos, que imitemos en nuestra existencia su vida ejemplar: vida y ejemplo preciosos que quiero poner a vuestra consideración en esta mañana.
San Valero, natural de Zaragoza, la ciudad de los “innumerables mártires”, la que más mártires ofrecieron su vida por ser fieles a Jesucristo. Valero es uno de los mas célebres prelados de la Iglesia de España y uno de los más ilustres confesores de Cristo.
Fue obispo de Zaragoza en el siglo IV, maestro de San Vicente mártir y aguerrido defensor de la fe cristiana. Fue llevado cautivo a Valencia, ciudad del Turia, acompañándole su diacono, San Vicente, que fue martirizado allí durante la persecución de Diocleciano, con los mayores suplicios, y a Valero lo desterró.
Valero, a partir de entonces, residió en Enate, cerca de Barbastro, donde vivió unos doce años, dedicado a la oración y penitencia en el templo que había hecho edificar en honor de su diácono, una vez conocido su martirio.
En el año 1050, su cuerpo fue llevado a la sede episcopal de Roda de Isábena, entonces cabeza eclesial de Aragón.
El capítulo de Roda de Isábena envió a Zaragoza, en sucesivos momentos, primero un brazo y, más tarde el cráneo del obispo confesor, San Valero.
Éste es nuestro Patrón. En la hornacina central del retablo, lo vemos sujetando con fuerza la Biblia, fuente de donde sacó toda su santidad.
La Palabra de Dios, pronunciada por Jesucristo, encendió la luz de la fe en los primeros cristianos; pronunciada por sus ministros, entre ellos nuestro Patrón, enciende la fe en el mundo.
La Palabra de Dios es:
1º PRINCIPIO DE LA VERDADERA FELICIDAD, como acabamos de escuchar en el Evangelio a través de las bienaventuranzas. En otra ocasión estaba Jesús predicando y una mujer le dice a voz en grito: “Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”; pero Jesús dijo: “Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. (Lc 11, 27-28)
2º CIMIENTO DE FIRME SANTIDAD. “El que escucha mi palabra y la pone en práctica, se parece al hombre prudente que edificó su casa sobre roca; vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa, pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca”. (Mt 7,21-26)
3º ALIMENTO DEL ALMA. «Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mt 4, 4)
4º SEÑAL DISTINTIVA DEL VERDADERO AMOR DE CRISTO. “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”. (Jn 14, 23)
5º REMEDIO DEL TEMOR. Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir tranquilo. Salmo 4.
6º FUENTE DE VIDA ETERNA. “En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna”. (Jn 5, 24)
San Valero hizo bandera de su vida de esta Palabra de Dios hasta sufrir por ella el cautiverio y el Exilio, lo que le mereció alcanzar la santidad que hoy veneramos en su persona. Que esta palabra de Cristo habite abundantemente en vosotros, nos dice con San Pablo. Fijaos bien que nos dice habite, o sea, que esté de asiento en nosotros. Esto supone no solamente oír o leer la Palabra de Dios sino apropiarnos de lo que oímos o leemos y guardarlo permanentemente en nosotros para que nos guíe en nuestro obrar.
Si hacemos de la palabra de Dios patrimonio de nuestra vida cristiana, ella será la chispa que encenderá en nosotros la fe... pues la fe es la firme seguridad de lo que esperamos. Gracias a la fe, el entendimiento asiente a las verdades que no ve, con mayor firmeza que a las que ve, porque el motivo de la fe es la autoridad divina —la Palabra de Dios. Hoy San Valero nos exhorta a imitarle y nuestra Madre la Virgen del Pilar nos ayuda para que así sea.
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Fuente: Parroquia de San Valero 24.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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III Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Lc 1, 1-4; 4, 14-21
Ya que muchos han intentado poner en orden la narración de las cosas que se han cumplido entre nosotros, conforme nos las transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, me pareció también a mí, después de haberme informado con exactitud de todo desde los comienzos, escribírtelo de forma ordenada, distinguido Teófilo, para que conozcas la indudable certeza de las enseñanzas que has recibido.
Entonces, por impulso del Espíritu, volvió Jesús a Galilea y se extendió su fama por toda la región. Y enseñaba en sus sinagogas y era honrado por todos.
Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado y se levantó para leer. Entonces le entregaron el libro del profeta Isaías y, abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
por lo cual me ha ungido
para evangelizar a los pobres,
me ha enviado para anunciar la redención
a los cautivos
y devolver la vista a los ciegos,
para poner en libertad a los oprimidos
y para promulgar el año de gracia del Señor.
Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Y comenzó a decirles:
—Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.
El Evangelio de hoy consta de dos partes, el prólogo y el comienzo de la misión en Galilea.
San Lucas empieza su evangelio con un prólogo en el que declara: El tema del libro son las cosas que han sido llevadas a pleno cumplimiento (por Dios) entre nosotros, es decir: la realización de todas las profecías y esperanzas.
Más concretamente, “todo lo que Jesús hizo y enseñó.” La fuente es la tradición o testimonio magisterial de “los que desde el principio fueron testigos oculares y constituidos ministros de la Palabra”. Es decir de los apóstoles. En cuanto al método, dice que ha procurado tres cualidades: investigación completa, exactitud, y orden pedagógico.
El escrito de san Lucas se propone como finalidad, que el amigo Teófilo y los demás cristianos que lo lean como él, reconozcan la firmeza de lo que les enseñaron al catequizarlos de viva voz. Este prólogo nos da a conocer mejor el origen de los Evangelios que muchas teorías actualmente en moda.
Comienzo de la misión en Galilea. Esta segunda parte presupone el Bautismo en el Jordán y las tentaciones que Jesús superó en el desierto. Dice que a continuación Jesús, impulsado por el Espíritu Santo, empezó a proclamar el Evangelio por todas las sinagogas de Galilea. El pueblo lo admiraba.
Como ejemplo de esta visita a Galilea, describe una visita a Nazaret. El centro de la celebración en la sinagoga era la recitación y comentario de unos textos bíblicos. Jesús asume el oficio de lector. Escoge su pasaje predilecto. El que lo define “Mesías”. La homilía de Jesús en Nazaret irradia gozo y sorpresa. Lo que dijeron los profetas es “hoy una realidad. ”En todo su Evangelio, San Lucas siente predilección por el adverbio “hoy”. Cristo es actualidad.
Virgen del Pilar, hoy, como nos dice San Lucas en el Evangelio, Jesús sigue siendo nuestro Maestro. Llévanos hasta Él y haznos dóciles a sus enseñanzas.
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Fuente: Parroquia de San Valero 17.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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II Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Jn 2, 1-11
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino." Jesús le contestó: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora." Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él diga. "Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: "Llenad las tinajas de agua." Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó: "Sacad ahora y llevádselo al mayordomo." Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora."Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.
En el evangelio de este domingo se destaca la idea de Epifanía. De la misma manera que Jesús se manifestó a los Magos de Oriente en Belén y a Juan Bautista en el Jordán, hoy empieza a manifestarse a los discípulos y futuros apóstoles en Caná de Galilea.
Jesús, María y sus discípulos asisten a los festejos del matrimonio de unos conocidos, teniendo en cuenta el estilo con que se desarrollaban tales fiestas (en el Evangelio de hoy las bodas de Caná). Esta asistencia revela la cordialidad que les une con los novios. En aquella tierra, la celebración de la boda de un paisano, que solía durar varios días, era una explosión de alborozo, cantos y danza. María, previamente presente, parece haber sido la razón de que fuera invitado también Jesús con sus recientes discípulos. Cuando uno de ellos, San Juan, recordaba aquella jornada, veía en la acción de María y Jesús una transparencia del Misterio de la Iglesia.
El hecho es que se está agotando el vino y sin vino no hay banquete. Si la noticia cunde, nadie perdonará la imprevisión de los esposos. María lo advierte. Comunica la situación a Jesús.
María le sugiere que no tienen vino. La primera respuesta de Jesús es aparentemente una evasiva. Tal vez para darle ocasión a María de la plena confianza que pone en Él.
María interpreta, comprende y pone a unos servidores a las ordenes de Jesús y les dice: “haced lo que Él os diga”. Allí había seis tinajas de piedra. Les dice Jesús: “Llenad las tinajas de agua”. Las llenaron hasta arriba. Sacadlo ahora y llevadselo al maestresala. Cuando provó el agua convertida en vino quedó maravillado pues no sabía de dónde era (los sirvientes sí lo sabían, pues habían llenado las tinajas de agua). Y así Jesús en Caná de Galilea manifestó su Gloria y creyeron en Él sus discípulos.
El evangelista subraya la idea principal: Jesús manifestó a los discípulos su Gloria. La Gloria del hijo de Dios, que es plenitud de Amor y Verdad.
Virgen del Pilar, tú que descubriste la necesidad de los novios en Caná, mira también en nosotros la falta de fe que se detecta en el mundo actual; y enséñanos a obedecer a Jesús en cuanto Él nos diga.
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Fuente: Parroquia de San Valero 10.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Fiesta del Bautismo del Señor
Ciclo C
Evangelio: Lc 3, 15-16.21-22
Como el pueblo estaba expectante y todos se preguntaban en su interior si acaso Juan no sería el Cristo, Juan salió al paso diciéndoles a todos:
—Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatarle la correa de las sandalias: él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Se estaba bautizando todo el pueblo. Y cuando Jesús fue bautizado, mientras estaba en oración, se abrió el cielo y bajó el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma. Y se oyó una voz que venía del cielo: —Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido.
Jesús dejó Nazaret, bajó al Jordán y quiso ser “bautizado” por el Precursor. El “bautismo” que administraba Juan equivalía a una liturgia penitencial. Con el rito de entrar en el agua purificadora, el pueblo afirmaba su voluntad de convertirse. “Conversión” es volverse de cara a Dios. Juan les había dado a entender que Dios está muy cerca.
Cristo bajó al Jordán de la misma manera que subiría a la cruz: solidario con los hombres pecadores. Fraternidad redentora, que toma sobre Sí, como si fuese propio el pecado de todos.
El “bautismo” en el Jordán da lugar a una divina manifestación: Dios Padre declara que Jesús de Nazaret es su Hijo, el amado, el predilecto. Es decir, revela la identidad plenamente humana y plenamente divina de nuestro Salvador, Jesús.
“Después de bautizarse Jesús y mientras oraba se abrió el cielo”. A San Lucas le gustaba presentar con frecuencia la imagen de Cristo en oración. Cuando Jesús se disponía a orar CENTRABA MENTE Y CORAZÓN en un vocativo: Abba- Padre.
“Bajó el Espíritu sobre ÉL”. El símbolo del cielo abierto preludia la intercomunicación que ha de unir, en Cristo, cielo y tierra, las realidades del orden divino con las del orden humano. Si Dios pone su Espíritu sobre alguien (1ª lec) es para darle autoridad y fuerza en orden a cumplir esa misión. La experiencia del Jordán le indicó a Jesús que llegaba la hora de realizarla en plenitud. Termina el vivir silencioso de Nazaret y empieza la actividad pública, que culminará en el misterio Pascual.
“Vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo...”. Palabra del Padre, que verifica en la humanidad de Jesucristo la experiencia que, como Dios, tenía desde la eternidad. Fue vocación de Cristo actuar en la tierra esta experiencia de amor filial y comunicarla a sus hermanos los hombres. Cuando los evangelistas describieron el “Bautismo” de Jesús pensaban en el bautismo sacramental cristiano, por el que el Padre nos da su Espíritu y nos incorpora a su Hijo. El cristiano que vive su bautismo y ha aprendido a llamar Padre a Dios, sabe que en lo más hondo de su corazón resuena constante la voz celeste que le dice también: “tú eres mi hijo, mi amado”
Virgen del Pilar Madre nuestra, llévanos hasta Aquel, que siendo el Hijo del Padre no deja de ser también tu Hijo.
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Fuente: Parroquia de San Valero 06.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Solemnidad de la Epifanía del Señor
Ciclo C
Evangelio: Mt 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: « ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido
la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo,
para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Epifanía quiere decir “espléndida manifestación” de lo que estaba oculto. La gran y última Epifanía de Cristo será su Glorificación universal al fin de los tiempos. Pero ya durante la vida terrena de Jesús hubo algunas epifanías.
Nuestra liturgia contempla hoy y reproduce en espíritu la que describe San Mateo en el evangelio de la Infancia.
Al poner por escrito la gesta de los Magos, San Mateo reflejó la situación de su Iglesia, que en contraste con cierta hostilidad de los ambientes judíos, cada día eran más los que procedentes del paganismo abrazaban el Evangelio. Pensando en ellos, San Mateo elevó el gesto de aquellos orientales adoradores del Niño, siendo ejemplo de la Fe de todos los pueblos. Fe Generosa y tenaz que, siglo tras siglo, ha constituido y sigue constituyendo la mejor Epifanía de Jesucristo en la Historia.
LOS MAGOS Y LA ESTRELLA. Para el que tiene corazón de Fe, todo es signo de Dios. Los pastores de Belén escucharon a un ángel. A los Magos, les fue toque de atención un fenómeno singular del firmamento, (la estrella). La Gracia habla al oído interior de cada hombre en su propio lenguaje. Cuando el espíritu no es rebelde, infinidad de caminos llevan a Belén.
JERUSALÉN. Llamada a ser luz de Dios y capital del mundo (primera lectura). Su vocación no dejará de cumplirse. Pero es exactamente, en la línea torcida de la maldad de Herodes, de lo que Dios se vale para llevar a los Magos hasta Belén.
EL NIÑO. Estrella y término de todos los caminos del hombre, simbolizados en el de los Magos. Los Magos, cayendo de rodillas adoraron al Niño, Jesús, el Salvador. Generosos, en signo de su entrega personal le ofrecen su oro, su incienso, su mirra. Testigo de la religiosidad apostólica, San Mateo observa que los Magos, Peregrinos de la Fe, encontraron a Jesús con “María su madre”.
Virgen del Pilar, cuando nosotros encaminamos nuestros pasos hacia tu santa capilla en el Pilar, también , al postrarnos a tus plantas, te encontramos con tu Hijo Jesús en tus brazos. Dánoslo, que lo necesitamos. Gracias, Señora. Hemos venido a verte y nos vamos con los dos.
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Fuente: Parroquia de San Valero 03.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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II Domingo de Navidad
Ciclo C
Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al
mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía
antes que yo." Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Escuchamos hoy una vez más la primera página del Evangelio de San Juan que se leyó en la Misa del día de Navidad. Nos la ofrece la liturgia de hoy como una meditación ante Jesús que ha nacido en Belén.
“En el principio existía la Palabra...”. Se refiere al “Principio” según la primera línea del Génesis, cuando de la Nada surgió el Universo. La PALABRA DE DIOS, que ya existía Eterna Omnipotente, como era, formó el Cielo y la Tierra. Al margen de Ella no hay Pensamiento ni vida.
La Palabra de Dios es Dios mismo, ”Verbo” del Padre, en eterno diálogo interior. Nuestro Universo es la realización de un Pensamiento de Dios. Y nosotros, los hombres, somos la razón de ser de este Universo. Dios nos eligió en Él, (en Jesucristo, su Verbo o Palabra) antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e inmaculados en su presencia por amor.
La grandeza de nuestra vida humana no es ilusión. Cada uno de nosotros ha vivido desde toda la eternidad en el corazón de Dios. Corazón o intimidad de Dios que es su Palabra. Para que podamos abrazarla y acunarla ha venido hasta nosotros y se ha hecho niño en Jesús.
“Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”. En su humildad, la Palabra de Dios necesita testigos. Como San Juan Bautista dio testimonio de Jesús, aun a costa de su vida, nosotros también le hemos de acoger y dar testimonio de Él en todo momento.
“La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros”; “carne” es un modismo que significa la tangible realidad humana. Jesús es DIOS CON NOSOTROS. La Palabra pide respuesta. Diálogo. En Jesús de Belén, de Nazaret, del Calvario y del Cielo nos habla Dios. A los ojos y al corazón. Felices nosotros si sabemos hacer de nuestra existencia —existencia eterna— un diálogo interior.
Que María, Nuestra Madre la Virgen del Pilar, nos enseñe.
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Fuente: Parroquia de San Valero 01.01.2010
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
Ciclo C
Evangelio: Lc 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron deprisa, y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, manifestaron lo que les habían dicho acerca del niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. Todo tal y como se les había dicho. A los ocho días, cuando debían circuncidarlo, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción
MARÍA MADRE DE DIOS, la Virgen María, que según el anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su corazón y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios Redentor”.
La Maternidad divina es la fuente de todas las grandezas y privilegios de María. La Iglesia nos enseña a amar y honrar a María porque es Madre de Dios, Madre del Creador como decimos en las letanías, porque María, sin dejar de ser una criatura humana, es verdadera Madre de su Creador, Madre del Hijo de Dios, a quien ha dado un cuerpo humano, fruto de sus entrañas y de su sangre.
A la vista de este misterio enorme, Santo Tomás en su Suma Teológica nos dice: "No se puede pensar en una dignidad más alta, porque después de Cristo, ninguna criatura humana se ha unido con Dios de modo más íntimo y sublime como María que es su Madre".
A los que se extrañan de cómo es posible que el Evangelio nos haya dicho tan pocas cosas de María, les responde Santo Tomás de Aquino: "¿Qué más quieres?". Fue suficiente decir de ella estas palabras: de la cual nació Jesús. Sí, María, para enamorarnos de ti sólo nos basta saber que eres Madre de Dios.
Aunque ya desde la eternidad Dios había predestinado a María a ser Madre de su Hijo, no quiso que lo fuese inconscientemente, sino que, llegada la hora de realizar su designio, quiso pedir a la Virgen su consentimiento. El mensaje del ángel revela a María la misión que Dios le ha reservado: “Tú concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”. María pregunta y el ángel le explica el misterio de su maternidad, que se obrará sin perder su virginidad.
¿Qué puede hacer María sino consentir?. Por eso María da su consentimiento, pronuncia su hágase, con todo el amor de su alma acepta voluntariamente. En el mismo instante se realiza el misterio. El Verbo de Dios encarnado está en ella por la vida corporal que María comunica al Hijo.
Gran Misterio. En el fondo de este misterio encontramos el sí de una criatura humana. Dios ha creado al hombre libre; por eso quiere Dios que todos nosotros, como María, aceptemos con plena libertad lo que Él nos pide. Nos llama a la más alta dignidad de ser hijos de Dios. Lo seremos si hacemos de nuestra vida un servicio a Dios, fieles a su voluntad en el lugar y misión que nos ha colocado y servidores de los demás, como hermanos de un mismo Padre, Dios.
Virgen del Pilar, Madre de Dios y Madre nuestra, a tus pies nos postramos en este singular día en que celebramos la singular fiesta de tu Maternidad Divina. Danos tu bendición.
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Fuente: Parroquia de San Valero 27.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Fiesta de la Sagrada Familia
Ciclo C
Evangelio: Lc 2, 41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén a buscarlo. Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?". Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas. Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.
Guiada por el Concilio Vaticano II, la Iglesia decidió celebrar la Fiesta de la SAGRADA FAMILIA en la fecha más cercana a la Navidad.
El Hijo de Dios, nacido en Belén, viene a renovar desde dentro la vida del hombre, cuyo manantial y cauce es la familia. La 1ª lectura, es una glosa al cuarto mandamiento en estilo sapiencial, es decir, consejos y reflexiones de un anciano que creía en el sentido común, educado en el respeto a la Ley de Dios. En la Carta a los Colosenses se intercalan dos temas: una llamada urgente al espíritu de reconciliación y paz en la comunidad cristiana y el comienzo de una síntesis de moral y pedagogía familiar, que podíamos llamar el catecismo de la familia.
Al hogar en la tierra del Hijo de Dios, los creyentes le damos el nombre de SAGRADA FAMILIA. Hoy es su Fiesta.
Cada familia tiene sus recuerdos. Los Evangelios de la Infancia de Jesús evocan y nos ayudan a meditar las circunstancias por las que pasó la familia de José, María y Jesús: Peregrina en el Templo – Exiliada en Egipto – Escondida en Nazaret.
Peregrina en el Templo. “Y cumplidos los días, lo llevaron al Templo a Jerusalén para presentarlo al Señor”. Purificación de María, presentación de Jesús: Aquí estoy para hacer tu voluntad, y fidelidad de José.
Exiliada en Egipto. ”Levántate, coge al Niño y a su madre y huye a Egipto”. José, con la esposa y el Hijo, ante la amenaza de Herodes, avisado por el ángel del Señor, huyen al extranjero. Jesús y los suyos tienen que saborear desde primera hora la aspereza del exilio.
Escondida en Nazaret. ”Se retiró a la comarca de Galilea y se estableció en una población llamada Nazaret”. En la casa de Nazaret fueron vida, antes de ser palabra. Se respiraba el Magnificat. Se cumplía con amor cuanto dicen hoy la 1ª y 2ª lecturas de la Misa. A aquella familia la llamamos “sagrada” porque realiza en la tierra la santidad de Dios. Toda familia humana es “sagrada”, y no es de extrañar que el espíritu del mal concentre contra ella toda su maldad.
Nuestro pueblo tiene a honor haber dado a la Sagrada Familia su corazón, y nosotros también.
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Fuente: Parroquia de San Valero 25.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Solemnidad de la Natividad del Señor Misa del Día
Ciclo C
Evangelio: Jn 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era
Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y
sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la
luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz,
sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al
mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no
la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de
sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: "El que viene detrás
de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."» Pues de su plenitud todos
hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia
y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es
quien lo ha dado a conocer.
Navidad es un misterio. Junto al Pesebre coinciden los Ángeles, la ciencia de los sabios orientales y el villancico de los pastores. Vemos a Dios en el rostro de un Niño, recien nacido y puesto en el pesebre.
En esta Misa del día de Navidad las lecturas tocan un tema fundamental: Jesucristo es la PALABRA de Dios. Hablar es comunicar a otro algo de mi pensar y sentir. El que habla sincero, comunica al otro algo de su propia intimidad.
Dios nos ha hablado. A la Palabra de Dios a los hombres se le llama Revelación... Durante siglos, Dios se fue revelando a los hombres progresivamente por medio de sus profetas. Pero al llegar el momento culminante de la historia, Dios nos ha hablado con claridad en su Hijo. Y ésta es la idea que desarrolla el Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús es la PALABRA que revela a nuestros ojos humanos la intimidad de Dios. Este prólogo del Evangelio de San Juan es la página más profunda de cuantas se han escrito.
Era imposible para el hombre ver a Dios; pero el Hijo, que vive eternamente en la intimidad del Padre, nos lo ha manifestado. Porque Él es su PALABRA, el “Verbo”. Eterno como el Padre; Dios, como Él. Creador de todas las cosas. En la PALABRA había Vida y Luz: gracia y verdad.
Para manifestarnos al Padre “ha venido al mundo”. Más claro: siendo Dios, se ha hecho “hombre”, y ha puesto su tienda (establo de Belén), entre nosotros.
“Las tinieblas”, o el “mundo” en su sentido peyorativo, no lo aceptaron. Si trasladamos a nuestros días esta vivencia constataremos, sin duda, que somos, quizá muchos, unos más y otros menos, los que todavía no lo aceptamos y seguimos en tinieblas, prescindiendo de la venida de Dios, hecho Niño en Belén, que quiere hacernos participar de su vida divina.
Pero San Juan Bautista dio testimonio de Él. Y los apóstoles (testigos inmediatos) vieron su Gloria: la Gloria divina que Él tiene como Unigénito del Padre. Su nombre: Jesucristo, plenitud y fuente de la gracia y la Verdad. Su regalo para quienes lo reciben con Fe es el de ser, a imagen suya, hijos de Dios.
Esta primera página del Evangelio de San Juan la saben muchos de memoria. Gozada inmensa de Fe para quien la repase mirando a Jesús en la cuna. ¿Por qué no yo mismo y cada uno de los que me escucháis? La PALABRA que creó y sostiene el universo nos habla aquí en silencio a los ojos. No hay persona auténtica que pueda cruzar su mirada con la de un niño y no sonreír. ¡Qué mejor acto de Fe que el de responder con una sonrisa sincera a la del Niño de Belén!
En la humildad de su carne, la PALABRA nos rebela toda la intimidad del Corazón de Dios.
Junto al Pesebre de Belén encontraremos también a San José y a la Virgen María; protagonista con el Espíritu Santo de este INCONMENSUSABLE MISTERIO.
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Fuente: Parroquia de San Valero 25.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Solemnidad de la Natividad del Señor Misa de la Aurora
Ciclo C
Evangelio: Lc 2, 15-20
Luego que los ángeles se apartaron de ellos, y volaron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Pasemos hasta Belén, y veamos este verbo que ha sido hecho, y que el Señor ha hecho y nos ha manifestado. Vinieron, pues, a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al Niño reclinado en el pesebre. Y viéndole, se certificaron de cuanto se les había dicho de este Niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron igualmente de lo que los pastores les habían contado. María empero conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón. En fin los pastores se volvieron, no cesando de alabar y glorificar al Señor por todas las cosas que habían oído y visto, según se les había anunciado.
En esta Misa de la aurora celebramos el hecho histórico del nacimiento de Jesús en Belén, en sintonía con la historia del mundo. San Lucas quiere relacionar los acontecimientos religiosos con la situación civil. Fiel a la historia nos narra el imperio de Augusto, el censo bajo Quirino. Actúa con hechos concretos en la entraña del mundo. No es mito ni especulación. Jesucristo está en el centro tangible de la historia humana. Su valor presente. Navidad, “Evangelio” de la alegría a los pobres. Gran parte de la narración se concentra en el anuncio a los pastores. Los pastores de Judá pertenecían entonces a la categoría social más humillada. Un Ángel del Señor, se les presentó y les dijo: No temáis, os traigo la gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor”.
Cuando el pueblo de los humildes descubra que su alegría está en la salvación de Cristo, también los evangelizadores sentirán el gozo de haber cumplido su misión, como aquellos ángeles. El Ángel les dice a los pastores quién es el Niño. Es el Salvador; por eso lo llamarán “Jesús”. El Mesías en quien se cumple toda la esperanza. El Señor. Con el título de “Señor” los cristianos expresaban su Fe en la divinidad de Cristo. En su humildad, el Niño del Pesebre es centro del Universo y de la Historia. No los césares. Augusto y otros como él que quisieron se les llamase Salvador. Pero el pueblo sencillo, el que escucha al Ángel de Navidad, solo entiende por Salvación la que trae el Niño del Pesebre. Con prontitud los pastores fueron a Belén. Vieron al Niño acostado en el Pesebre y en Él reconocieron al Señor de la Gloria. En el gozo con que los pastores comunican a los demás su experiencia y la expresan con cánticos de alabanza, hemos de poner también nuestro gozo y, como ellos comunicarlo a los demás.
Su trascendencia eterna. Cielo y tierra al unísono. Sobre la cuna de Belén y el rostro de los pastores inciden en unidad los intereses divinos y humanos. La Gloria de Dios y su Amor es Paz de los hombres; la Paz entre los hombres es Gloria de Dios. Aquellos “pastores”, primicias de la Fe, son ya Evangelio hecho vida. No saben permanecer inactivos: corren, comprueban, comunican... María, silencio activo; pero un alma excepcional que habla con el silencio. Toda su palabra es el Niño. Gracias a ella tenemos el Evangelio. CONTEMPLACIÓN DE JESUCRISTO DIOS, HIJO Y PALABRA DEL PADRE. Éste es el Misterio de la Navidad: el Verbo de Dios viene a ser hombre con los Hombres para elevarlos al conocimiento, amor y vida íntima del Padre.
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Fuente: Parroquia de San Valero 25.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Solemnidad de la Natividad del Señor Misa de Medianoche
Ciclo C
Evangelio: Lc 2, 1-14
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,
pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".
Es tradicional celebrar esta noche el Nacimiento de Jesús en Belén. A medianoche, signo del silencio con que Dios entró en la historia de los hombres. Todo lo que sucedió en esta noche santa nos está diciendo que Jesús es el Emmanuel: “Dios—con—nosotros”, anunciado por los profetas.
El Evangelio de San Lucas nos propone la celebración del misterio de Belén en tres escenas: el nacimiento del Niño Jesús, el anuncio del ángel y la visita de los pastores.
El Nacimiento del Niño. La Virgen Madre “dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”. Meses antes, el Ángel Gabriel le había anunciado que Jesús sería el Mesías, el Hijo de Dios.
El anuncio del Ángel a los pastores. Los pastores de Belén simbolizan a todo el pueblo de los sencillos. Les habla un Ángel, revelación que viene de lo alto. Dice quién es el Niño. Es el Salvador; por eso lo llamarán Jesús. En su humildad, el Niño del pesebre es centro del Universo y de la historia. No los césares, Augusto y otros que quisieron que se les llamase Salvador. El pueblo de los sencillos, el que escucha al Ángel de Navidad, sólo entiende por SALVACION la que trae el Niño del pesebre. La que el himno de Belén canta : paz a los hombres y la Gloria de Dios.
La visita de los pastores al Niño. Sin tardanza alguna se ponen en camino, para verificar y aceptar el mensaje del ángel. Milagro de la Fe, que ven un Niño acostado en un pesebre y reconocen al Señor de la Gloria.
En el gozo con que los pastores comunican a los demás su fe, se ve prefigurado el entusiasmo con que los cristianos vivían y propagaban su Fe.
Admirador y discípulo espiritual de María, San Lucas nos la presenta junto a José y el Niño. Nosotros también al contemplar el Misterio de la Navidad no podemos prescindir de ninguno de los tres: MARÍA, JOSÉ Y EL NIÑO.
Hablemos con María, hablemos con José y presentemos al Niño nuestro corazón y digámosle: tómalo, tuyo es... es mi regalo, es mi don.
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Fuente: Parroquia de San Valero 20.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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IV Domingo de Adviento
Ciclo C
Evangelio: Lc 1, 39-45
Y en aquellos días, levantándose María, fue con prisa a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel. Y aconteció que cuando Isabel oyó la salutación de María, la criatura dio saltos en el vientre. Y fue llena Isabel del Espíritu Santo. Y exclamó en alta voz y dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí? Porque he aquí luego que llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura dio saltos de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que creíste, porque cumplido será lo que te fue dicho de parte del Señor.
En este último Domingo de Adviento, ponemos nuestra mirada en María, Madre de Jesús, que lo trae al mundo, dándole a luz en Belén.
El Evangelio de hoy se fija en María que se puso en camino y fue aprisa a la montaña a saludar a Isabel y a prestarle ayuda en la espera y alumbramiento de su hijo Juan el Bautista. María madre y esperanza del Salvador que ya se encuentra en su seno. Ella, la anunciada por el profeta Miqueas como madre del Rey eterno, que va nacer en Belén y es nuestra Paz. [1ª lect.]
Antes de emprender el camino, la Virgen había aceptado en Nazaret su llamada a ser la madre de Dios, diciendo al ángel: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y Cristo, a su vez, y a la par con ella, viniendo al mundo, le decía a Dios: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” [2ª lect.] Ofrenda sacerdotal del sacrificio de sí mismo, puesto en manos del Padre por la salvación del mundo. Ofrenda que en este año sacerdotal hemos de hacer también todos los sacerdotes, participantes de su único sacerdocio, estimulados por el ejemplo del santo cura de Ars, Juan María Vianney.
María en el misterio de la Visitación es plenitud transparencia y comunicación de Cristo. Por eso, a su voz, el hijo de Isabel exulta de alegría. En el encuentro de las dos madres, el Evangelio contempla el de los dos niños. El niño de Isabel personifica toda la esperanza; el de María toda la Salvación, cuyo signo principal es la alegría.
Isabel, la madre de Juan, entona un himno de alabanza a la madre de Jesús, el Salvador.“¡Bendita tú entre las mujeres..!”. Y “bendito el fruto de tu vientre”.
“¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?”. Isabel interpreta el signo profético con que su niño da testimonio de la presencia del Salvador y por ello proclama la grandeza de su Madre. “La Madre de mi Señor”. Al poner por escrito este título de María, pone en la palabra “Señor” el acento trascendente y divino que tenía en la Iglesia de su tiempo.
“¡Dichosa tú que has creído...!”. Bienaventurada por la Fe. Se la repetirán a María todas las generaciones. Creer es abrazar la palabra que viene de Dios. Como la Virgen María en Nazaret. Siempre que la Iglesia se reconoce a sí misma en María, la perfecta creyente, descubre que toda su fuerza y su gozo infalible está en la Fe.
Virgen del Pilar haznos sensibles a la presencia de tu Hijo Jesús en el Sagrario.
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Fuente: Parroquia de San Valero 13.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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III Domingo de Adviento
Ciclo C
Evangelio: Lc 3, 10-18
Las muchedumbres le preguntaban: Entonces, ¿qué debemos hacer? El les contestaba: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga otro tanto. Llegaron también unos publicanos para bautizarse y le dijeron: Maestro, ¿qué debemos hacer? Y él les contestó: No exijáis más de lo que se os ha señalado. Asimismo le preguntaban los soldados: Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas.
Como el pueblo estimase, y todos se preguntaran en su interior, si acaso Juan no sería el Cristo, Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene quién es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. Tiene el bieldo en su mano, para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, y quemará la paja con fuego inextinguible.
Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.
Estamos ya a mitad del Adviento. La cercanía de la Navidad nos invita a la alegría. El Señor está cerca. Cuando se siente venir a Aquel a quien se ama, ya lo tenemos en el corazón, “En medio de ti” nos ha dicho el profeta Sofonías. El evangelio de San Lucas nos ofrece un resumen de lo que San Juan Bautista decía a la gente cuando los preparaba para la inminente venida del Mesías en la Navidad.
“¿Qué debemos hacer?”. Poco antes San Juan Bautista, el Precursor, les ha dicho con toda sinceridad de profeta, que urge “hacer”, o lo que es lo mismo, dar frutos de auténtica conversión. Y van preguntando qué es lo que a cada uno le toca “hacer”. El verbo “hacer” es la palabra más destacada. No nos salvan los sentimientos ni las teorías, Dios quiere nuestras obras. Obras de ayuda fraterna entre los hombres. Que el que anda sobrado de pan lo comparta con quien no tiene pan. Y lo mismo el abrigo, la cultura, los beneficios del progreso.
También le preguntaron los publicanos: Y nosotros... ¿qué tenemos que hacer?”. Se refiere a empleados en el engranaje fiscal del país. Los fariseos en Israel los consideraban ladrones, indignos del pueblo de Dios. Un fariseo no les habría ofrecido más salvación que renunciar al oficio. Pero Juan Bautista no discrimina a nadie. En toda situación se puede ser del Mesías. Exige (y no es poco) cumplir el deber profesional.
“Más comprometedora la pregunta de unos militares. “¿Qué hacemos nosotros?”. Eran gente armada puesta para respaldar la aplicación de las leyes. Su tentación, la injusticia violenta. Su “conversión” les dice el Bautista consiste en que no hagan extorsión a nadie, ni se aprovechen con denuncias, sino que se contenten con lo que cobran.
“Viene el que puede más que yo”. Sospechaban si Juan Bautista no sería el Mesías. Pero él les dijo: Yo solo soy la voz que prepara el camino. Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo. Él os bautizará con el Espíritu Santo. Así la Iglesia y cuantos trabajan en Ella por la salvación, no tenemos que buscar más gloria que la de ser transparencia sin sombras de la Gloria de Cristo.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo. Y a nosotros nos exhorta hoy y nos anuncia la Buena Nueva. Preparémonos a celebrar con júbilo la Navidad, o esa, el Nacimiento del Hijo de Dios en Belén. La Virgen María nos lleve hasta Él.
Virgen del Pilar, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre y nuestra única Salvación.
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Fuente: Parroquia de San Valero 08.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Ciclo C
Evangelio: Lc 1, 26-38
En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María.
Y entró donde ella estaba y le dijo:
—Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.
Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo:
—No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.
María le dijo al ángel:
—¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?
Respondió el ángel y le dijo:
—El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.
Dijo entonces María:
—He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y el ángel se retiró de su presencia.
La Inmaculada concepción de María, nueva Eva, como la llaman los Padres de la Iglesia, es la ausencia de toda sombra de pecado en una mujer de nuestra raza y la sobreabundancia de la gracia divina ya en el momento de ser concebida.
María concebida sin pecado: Cierto que “Dios creó al hombre incorruptible y le hizo imagen de su misma naturaleza, pero por la envidia del diablo, entró la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen”. Puede decir San Pablo en su carta a los (Rom 5, 12) con toda verdad, que por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte que alcanza a todos.
El pecado se convirtió en tirano de todos los hombres. De todos, menos de una mujer que lleva nuestra misma sangre, pero a quien no contaminó el pecado. Así le cantamos el pueblo llano: “Vos, aunque hija de Adán, -- sois de culpa preservada,-- y así no estáis sentenciada – como los demás están.”
María llena de gracia [llena de Dios]: Si el pecado, efectivamente, abundó, más sobreabundante es la gracia. Al reino y tiranía del pecado se opone el suave yugo de la gracia: “Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia”. (Rom 11, 31). Ello es posible sólo desde Jesucristo, el hombre “lleno de gracia y de verdad”. En la carne de Jesús, Dios, se ha acercado de tal suerte al hombre que todos los hombres tienen abierto el camino de la salvación y de la vida eterna. Justo es que la primera en participar de la plenitud de Dios sea la Madre de Jesús. Desde el comienzo de su existencia en el seno materno, María pertenece a Dios por entero. Las maravillas que Dios ha hecho con esta mujer de nuestra raza el pueblo las sigue cantando: ”Pues carne que había de ser — traje y vestido de Dios — para tomarla de Vos - ¡cómo la debió de hacer!”.
María es “comienzo de la Iglesia, Esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura”. La hermosura de Dios llegó hasta María. Esa misma hermosura rejuvenece el rostro de la Iglesia limpiándola de todo pecado. Cuando la Iglesia sea eternamente joven y goce de la juventud perenne de Cristo, será llegado el momento de ser presentada como Esposa del Cordero. Al final de la Historia, Dios habrá hecho con su Iglesia - y con nosotros - lo que hizo con María desde el principio. Y la gracia, y la salvación, y la vida reinarán para siempre.
En este año que el Papa ha querido hacer sacerdotal, le pedimos a la Inmaculada que los sacerdotes, a imitación del santo cura de Ars, seamos siempre y en todo momento fieles a la llamada que Cristo nos ha hecho a participar de su sacerdocio.
Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, ayúdanos a imitar tu proceder en el fiel cumplimiento de la voluntad de Dios.
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Fuente: Parroquia de San Valero 06.12.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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II Domingo de Adviento
Ciclo C
Evangelio: Lc 3, 1-6
El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el Sumo Sacerdote Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan el hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados, tal como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas. Todo valle será rellenado, y todo monte y colina allanados; los caminos torcidos se harán rectos, y los caminos ásperos serán suavizados. Y todo hombre verá la salvación de Dios.
Es adviento. Viene el Señor. Hace falta prepararnos. Los profetas fueron maestros en el arte de preparar el camino de Dios. Hoy, en este segundo domingo, escuchamos la voz del mayor de los profetas: Juan Bautista.
“Vino la Palabra de Dios sobre Juan”. Antes de manifestarse como voz de la Palabra de Dios, Juan el Bautista había vivido años en el desierto preparando el día de su manifestación. Fue, en la soledad y el silencio del desierto, donde aprendió cómo hacer esa manifestación.
San Lucas sitúa el comienzo de la misión del Bautista en el año quince de Tiberio, que corresponde más o menos al 28 de nuestra era, dando a entender que el Evangelio es un Hecho encuadrado en la Historia real.
“Preparad el camino del Señor”. Viene el Señor y quiere llegar a nosotros por un camino recto y llano. Sin tortuosidades de falsedad. Sin la soberbia del corazón, que es la razón de todas las injusticias.
A nosotros nos toca, también ahora en el Adviento, hacer lo mismo que él hizo. En el silencio de nuestro interior prepararnos para recibir al Niño Jesús con un corazón limpio donde renazca una vez más.
“Y todos verán la salvación de Dios”. La salvación de Dios es Jesús. “Ver” a Jesús significa reconocerlo, gozar de su presencia, aceptarlo. Jesucristo es de todos. Preocupa pensar que, teniendo tan cerca su Salvación (niño, envuelto en pañales y recostado en un pesebre de Belén), quedan tantos que no la pueden ver: unos porque no la conocen, y otros porque no la quieren reconocer.
Virgen del Pilar, muéstranos a tu Hijo el Niño Dios que un año más vamos a celebrar su nacimiento en Belén. Dánoslo a conocer sobre todo a los que no saben nada de Él.
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Fuente: Parroquia de San Valero 29.11.2009
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Homilía de D.Pablo Martínez Martínez Sacerdote de San Valero
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I Domingo de Adviento
Ciclo C
Evangelio: Lc 21, 25-28.34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -"Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre".
Vuelve el Adviento a despertar en todos y cada uno de nosotros el sentido de la Esperanza. La fe en la última venida del Señor, es para San Pablo la base de la formación cristiana. Hoy en su carta a los tesalonicenses expone y nos recuerda que cuando venga Cristo nos juzgará del amor a Dios y del amor a los hermanos antes de aceptarnos en su Reino. Este tema lo considera el Apóstol fundamental. Empezamos otro año litúrgico.
Dios viene a nosotros, y nosotros durante cuatro semanas que completan el Adviento, salimos a su encuentro. Dios ya se nos hizo presente en Jesús. Por eso celebramos su venida en la Navidad. Teniendo ya a Dios en Cristo por la fe y el amor, esperamos ahora su Venida gloriosa.
“Verán venir al Hijo del Hombre...”. La venida del Hijo del Hombre (es decir, de Cristo glorioso) inaugura el Reinado universal y eterno de Dios. Corresponde al momento decisivo en el que todos seremos juzgados por Dios y se nos examinará del amor, como nos ha dicho San Pablo.
“Se acerca vuestra liberación”. Lo dice Jesús a sus discípulos, es decir, los que se mantengan fieles, a pesar muchas veces, de las persecuciones. Cuando venga el Señor para juzgar al mundo, no han de sentir miedo, sino alegría cuando vean venir a su libertador. Muchas de las comunidades cristianas a las que San Lucas dirige su Evangelio tenían que vivir inmersas en el paganismo ambiental, que las “perseguía” no sólo con la violencia sino también y más por la presión social y el contagio de sus costumbres corrompidas.
“Estad siempre despiertos”. Velad en oración (dice por consiguiente a los cristianos), no sea que se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día.
La venida del Hijo del Hombre, de Cristo glorioso, está presente desde su Resurrección. A cada persona humana se le manifiesta en la hora, siempre cercana, de su paso a la eternidad. Toda nuestra vida es Adviento. Preparación de una perenne feliz Navidad.
Madre mía Inmaculada, Virgen del Pilar, ayúdame a preparar con toda el alma, durante el Adviento, el encuentro con Jesús en la Navidad, para que en su última venida en Gloria me acepte definitivamente en su Reino.
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