CONFERENCIAS DE ADVIENTO
Índice
Año 2008
Año 2007
Conferencias de Adviento
Año 2008
En este tiempo fuerte de Adviento se impartirán en el templo de San Valero tres conferencias dirigidas a prepararnos bien para recibir al Señor que viene y vivir una santa Navidad.
Serán el martes 16, miércoles 17, y jueves 18 de diciembre de 2008, a las 19,30 horas.
Conferencias de Adviento
Año 2007
|
Los pasados días 11, 12 y 13 de diciembre de 2007, fueron pronunciadas tres conferencias de Adviento, dirigidas por D. Pablo Martínez Martínez.
Por su interés, reproducimos a continuación una sinopsis de estas conferencias.
|
|
SINOPSIS
|
Primer día: ESPERANDO LA VENIDA DEL SEÑOR
SITUACION LITÚRGICA
1º Síntesis histórica.
Históricamente el Adviento (advenimiento) nació como una preparación para la Navidad. Como toda preparación a una festividad solemne, tiene un carácter de renovación de la vida cristiana a través de la penitencia. Fue introducido en el siglo V (en España un concilio provincial de Zaragoza instituyó un pequeño Adviento de 8 días en el año 380), y ya desde el principio se leyó en la Misa del primer domingo el evangelio de la "parusía". PARUSÍA. La segunda venida de Jesucristo, nuestro Señor a la tierra. En muchas referencias el Nuevo Testamento menciona la parusía como evento glorioso del triunfo de Jesucristo y el establecimiento de su reino (Mateo 24:3-14; 1Tes 4:15-17; 2 Pedro 1:16).
Algunos han querido ver en el hecho de que el año litúrgico comience y termine con este evangelio un simbolismo: CRISTO, ALFA Y OMEGA DE LOS TIEMPOS Y VIDA DEL CRISTIANO.
Y así es en realidad, aunque, la liturgia no haya nacido conforme a un plan predispuesto. Probablemente, queriendo preparar a los cristianos para la celebración de la primera venida del Señor, la de misericordia, se escogió un evangelio que nos recuerda la segunda, como juez, que todavía debemos esperar y para la que debemos vivir prevenidos.
No cabe duda que hay una estrecha conexión entre ambas venidas. Aun prescindiendo del contraste entre una y otra, muy comentado por los Padres de la Iglesia, la Encarnación tuvo por fin llevarnos a la Gloria después de un juicio favorable. El primer paso de la redención es el nacimiento de Cristo. El último y definitivo. La resurrección de los muertos.
Para que la venida final de Cristo sea feliz, será preciso que le recibamos bien en su venida humilde, en Belén. Para que le recibamos bien en su venida humilde, muy oportuno será considerar su última venida.
2º Idea Litúrgica.
La Iglesia no quiere que nos limitemos a recordar las fiestas, sino que las vivamos. Su deseo, durante el Adviento es que nos preparemos para la venida del Señor de un modo parecido a como debieron prepararse los buenos judíos cuando esperaban al Mesías.
De aquí dos consecuencias: 1ª Los judíos esperaban al Redentor. Nosotros esperamos la última venida de Cristo, en la cual se consumará nuestra redención. Los judíos vivían sostenidos por esta esperanza y debieron preparar sus caminos mediante una vida santa y penitente. Luego es hora ya de que nosotros, alentados por nuestra redención total, que se aproxima, dejemos las obras de las tinieblas y vivamos en la luz.
El carácter, pues, del Adviento es de esperanza y aliento: "levantad vuestras cabezas". Hay que emprender la carrera del año litúrgico mirando a Cristo... San Pablo compendia el pensamiento de la Iglesia en dos palabras que constituyen el programa de toda una vida: "Revestíos de Cristo".
Si la noche de la humanidad fue larguísima antes de Cristo, también hoy y ahora nosotros nos dormimos como nos dice San Pablo en la espera de su definitiva y última venida. Pues, bien, el Adviento proclama : Ha llegado la hora de oír la voz que nos invita a que, con la mirada en el pesebre y en el Juez, al mismo tiempo, nos desprendamos de lo que hayan dejado en nosotros las obras de las tinieblas, y, en un Adviento penitente, como el Apóstol nos dice: "a cara descubierta, contemplemos la Gloria del Señor como en un espejo y nos transformemos en la misma imagen, de gloria en gloria, a medida que obra en nosotros el Espíritu del Señor". (2ª Cor. 3,18).
Todas las lecturas del tiempo de Adviento, que son muy abundantes, nos llevan al encuentro del Señor. Hoy me fijo en la carta de San Pablo a los romanos. 13, 11-14. Pretende sacudir nuestra inercia, despertarnos, porque se acerca el día de la Luz y, al mismo tiempo, infundirnos aliento para emprender la carrera del año litúrgico.
Contiene tres ideas ensambladas para formar un pensamiento total. 1. Hora es ya de que despertéis del sueño. 2. Por consiguiente, echemos de nosotros las malas obras (las obras de las tinieblas). 3. Y revistámonos de las obras de Jesucristo. El revestirnos de Cristo será el pensamiento litúrgico de todo el año. Cuando al terminar el año nos volvamos a encontrar con Cristo Juez, habremos de presentarle en cada uno de nosotros no un hombre, ni una mujer, sino otro Cristo.
-
"Hora es ya de que despertéis del sueño". Ya es la hora, no el día, ni el mes, ni el año(es el momento preciso, ahora mismo, ya) de levantaros del sueño. Varias formas nos vienen a la mente con esta expresión de San Pablo. La primera, sacudir de nosotros la modorra espiritual en que solemos pasar la vida; es hora de despertar del sueño, en paladín castellano, diríamos: despabilaos. Hay que calar hondo en el significado de la expresión como lo han hecho los santos. Sueño es lo que parece real, y sin embargo no lo es; porque cuando llega la luz del día, se esfuma como un fantasma. ¿Qué es pues real y qué es sueño en este pasaje? Sueño es todo lo que, al no venir de Cristo, carece de valor. Todo lo que no sea de Cristo, diría San Pablo. Está dormido aquel a quien las exageradas preocupaciones humanas le impiden atender a su salvación. Nuestra Salvación esta ahora mas cerca si nos percatamos de que Belén está ya al volver de la esquina y allá en la cueva nos espera el Niño el Salvador.
-
"Por consiguiente echemos de nosotros las malas obras". Las obras de las tinieblas. Si observamos detenidamente veremos un paralelismo típico en el lenguaje del Apóstol. Desaparecen las tinieblas y alborea el día. Dejemos las obras de la noche y nos revistamos de las armas de la luz.
Las obras de las tinieblas. La relación de las tinieblas con el pecado es de frecuente uso bíblico. La palabra noche le recuerda a San Pablo todos los pecados en general, de los cuales menciona algunos como más frecuentes. Enumera como ejemplo, cuatro enlazados entre sí. De la gula sale la lujuria; de ella envidias y celos; de éstos, las riñas etc. Son los mismos pecados de los que Cristo aconseja que nos limpiemos: "Estad atentos, no sea que se emboten vuestros corazones". (Lc21, 34)
-
"Revestíos de Jesucristo". Para desentrañar teológicamente el sentido de esta frase, nos conviene recurrir a un pasaje de la carta a los Gálatas (Ga.3, 27): "Cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis revestido de Cristo". La palabra revestirse significa en el uso bíblico quedar poseído, compenetrado, impregnado. Os revestisteis, “quedasteis como embebidos, impregnados de Cristo, lo absorbisteis y fuisteis absorbidos, os penetrasteis de El y fuisteis penetrados. Se trata de una absorción que no despersonaliza, sino que aúna voluntades, de suerte que yo no quiera mas que lo que quiera El, que ya no viva yo, sino que Cristo viva en mi, por su imitación.
San Pablo recapitula este pensamiento de revestirse en Cristo en la carta a los Colosenses (Cl 3, 12-14): "Revestíos pues dice de entrañas de misericordia, bondad, humildad, benignidad, mansedumbre, longanimidad..., y sobre todo revestíos de la caridad, que es vínculo de perfección".
Cuando San Agustín oyó la frase toma y lee, sus ojos toparon con este trozo de San Pablo. (Aludir a nosotros).
|
|
Segundo día: LA CONVERSIÓN
Nos preparamos en el Adviento para la venida del Señor. Hoy, nos invita la Iglesia a través de San Juan Bautista, a la. Conversión, a poner nuestra confianza en Dios. Tema central de este tiempo litúrgico y de toda la vida cristiana es Jesucristo, único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre. El acontecimiento más importante de la historia del hombre es la Encarnación y Nacimiento del Hijo de Dios. Por eso contamos los años a partir de su nacimiento. En Jesucristo, Dios y hombre, el amor infinito de Dios se ha humanizado...se ha hecho comprensible para nosotros y hasta palpable, como pronto celebraremos el 2007 aniversario de su nacimiento en Belén, manifestándonos todo su amor. El Papa Juan Pablo II en su visita a Estados Unidos, el año 1979, decía en Filadelfia: Lo que cuenta realmente en la vida es que somos amados por Cristo y que a su vez nosotros le amamos. En comparación con el amor de Jesús, todo lo demás es secundario y, sin el amor de Jesús, todo lo demás es inútil.
Si esto es así como el Papa nos lo recordó en Filadelfia, nos interesa salir al encuentro de Jesús que nace en Belén y albergarlo nosotros en nuestro corazón. De ahí que nuestro empeño ha de ser prepararle la mejor acogida a través de la conversión del corazón.
El profeta Isaías nos dice que ha terminado la cautividad. Viene el Señor a su pueblo: abridle camino. Uno de los salmos canta una esperanza, que será abrazo de la Justicia con la Paz. San Pedro modera la impaciencia de quienes no comprendemos que las etapas del avanzar humano hacia su definitivo "cielo nuevo y tierra nueva"se van cubriendo sin prisa, a estilo divino, con ritmo de eternidad.
La vida cristiana es toda ella ADVIENTO. Disponerse al encuentro con el Señor. Esperanza activa que hoy nos recomienda San Juan Bautista. Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor. Con la predicación de Juan Bautista comienza el Evangelio de Jesús. Evangelio significa "albricias". Novedad que irradia alegría. Jubiloso mensaje de Salvación. Juan le preparó el camino que nos indica por donde ha de venir el Señor a su pueblo. Sin estridentes arrogancias ni deprimentes humillaciones. Sin líneas torcidas. El Niño del Pesebre quiere encontrarse, a un mismo nivel, con los Magos de Oriente y los pastores de Belén. El Bautista proclamaba en el desierto un Bautismo de conversión. Para llegar al encuentro cordial con el Niño del pesebre y Señor de la Gloria, es necesario convertirse. Por ser el profeta de la Esperanza, Juan fue profeta de la conversión. Invitaba a ella mediante un bautismo o baño ritual en el Jordán.
Mientras cada uno de nosotros o cada grupo social se mueven hacia su egoísmo, caminamos de espaldas a Dios. Cuanto más caminamos en esta dirección mas nos alejamos de El, que es fuente única de Esperanza. Convertirse es volverse de cara a Dios y caminar hacia Él. San Juan Bautista nos presenta la conversión bajo la metáfora de un camino que tenemos que construir en terreno desigual. La igualdad del camino solo podremos conseguirla rebajando nuestro orgullo y neutralizándolo con la humildad.; virtud que suele estar hoy en las antípodas del hombre contemporáneo que se cree superior porque domina mas la naturaleza ect., olvidando que se puede ser un gigante en la ciencia y la técnica y un enano en el desarrollo humano y moral. En el tiempo que nos toca vivir, necesitamos barrenos de humildad para dinamitar nuestra autosuficiencia. Pero, al mismo tiempo, hemos de elevar los valles de nuestro complejo de inferioridad que nos lleva a cierta depresión y desaliento ante las dificultades en que a veces nos vemos sumidos. Esta conversión de la que estamos necesitados nos ha de llevar a una confianza sin límites en Dios, como también nos dice San Pedro en su segunda carta. Dios no quiere que nadie perezca. Alguien ha escrito: La oruga mirando al cielo se vuelve mariposa. Sin embargo hay que tener en cuenta que esta confianza en Dios no es un aval de nuestra pereza e inactividad. A Dios rogando y con el mazo dando.
Si Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, Encaminemos, Verifiquemos y Envidemos.
|
|
Tercer día: MARÍA Y EL ADVIENTO
La Persona más relevante del Adviento es María sobre la que va a tener lugar esta última conferencia. Aunque sin nombrarla ha estado latente su presencia a través de las dos conferencias anteriores.
Así como la Iglesia en toda la liturgia del Adviento, nos hace sentir su presencia, un servidor ha querido también guardar ésta, la mejor página del Adviento, para María. ¡Qué mejor página preparatoria para la llegada de Cristo a la tierra, que la que tiene por objeto a la Santísima Virgen María, sin la cual, por expreso deseo de Dios, no hubiera sido realizada!
La escena de la Anunciación está en la mente de la Iglesia sobre todo en el Adviento. Aparece con toda claridad la importancia de María en el plan de Salvación. El fiat de María (hágase), su "SÍ" rotundo tuvo importancia decisiva a la hora de realizarse el plan de Dios para nuestra Salvación.
El Hágase de Dios creó de la nada todas las cosas; el hágase de María dio curso a la redención de todos nosotros (de toda la humanidad). La "Lumen Gentium" 53 y 56 del concilio Vaticano II nos dice: "Al abrazar con todo el corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios Omnipotente."
En la liturgia revivimos la escena de la Anunciación, escuchamos el diálogo entre el Angel y la Virgen y en nuestra contemplación se nos corta la respiración esperando la decisión de María, el "momento de la verdad" como solemos decir: El SÍ, con el que comienza nuestra redención.
Se hace una opción y a partir de ese momento nuestra vida adquiere el sentido trascendente que implica la seguridad en la esperanza de nuestra Salvación. Esperanza que cobra especialmente sentido en el Adviento, tiempo litúrgico que nos acerca al aniversario 2007 del Nacimiento de Cristo.
La Virgen María no dudó, contestó con presteza, sin reserva alguna y con gozo sabiendo que la concepción era por obra del Espíritu Santo, e hizo un acto de fe, diciendo SÍ, a la propuesta de Dios. Aceptó el don divino a favor de todos nosotros. Y nosotros asentimos en ella a nuestra salvación.
Para San Irineo la obediencia de la Virgen remedió la desobediencia de Eva, y así aquella que se convirtió en la nueva Eva y en la abogada de aquella que había sido engañada por la serpiente. San Agustín decía, y a nosotros se nos ha ocurrido también muchas veces, que la Virgen María concibió al Hijo de Dios en su mente antes de concebirlo en su cuerpo.
María esta presente a lo largo de todo el adviento. Ella posee el secreto de este tiempo. Adviento es el tiempo de la esperanza, y nosotros invocamos a Nuestra Señora como Madre de la Esperanza, o Esperanza Nuestra Salve. Ella es la Esperanza de la Iglesia y de cada uno de sus miembros. En su estado actual de Gloria, unida perfectamente en cuerpo y alma con el Señor, vemos a que alturas estamos llamados también nosotros.
El Sacrosanto Concilio sobre la Sagrada Liturgia en el nº 103 dice: En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la Santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en Ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que Ella misma, toda entera, ansía y espera ser.
Siguiendo el modelo de María, "Mujer de esperanza que supo acoger, como Abrahán, la voluntad de Dios, esperando contra toda esperanza" se invita a los fieles a prepararse a salir al encuentro del Salvador que viene. "María... la mujer dócil a la voz del Espíritu Santo" TMA 48 nos dicen Virginia y R. Azcuy en "El soplo de DIOS; diez lecciones sobre el Espíritu Santo (Universidad de la Rioja)". Buscando sencillamente TMA 48 obtendréis más información.
Para terminar citaré, y leeré, al pie de la letra, el nº 4 de su Exhortación Apostólica "Marialis Cultus" de Pablo VI que dice de esta manera: "Los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, velando en oración y cantando en alabanza para salir al encuentro del Salvador que viene".
EXAMEN
- ¿Sientes la necesidad de que Dios, que ha nacido en Belén, nazca también en tu corazón?
- ¿Te das cuenta de que Dios te pide una auténtica conversión a una vida más cristiana?
- ¿Quieres preguntar al Señor qué espera de ti?
- ¿Estás dispuesto-a a responder afirmativamente, como María, a lo que Él te pida?
- ¿En qué vas a cifrar el amor servicial y acogedor con las personas con las que convives y te relacionas a diario?
Pablo Martínez Martínez A LA MAYOR GLORIA DE DIOS
|

|
|
|
|