Conocí al Rvdo. P. José Bachs siendo sacerdote y entablamos una gran amistad. Murió siendo Párroco de Santa Tecla, en Barcelona. Se alegró mucho cuando nuestro Arzobispo aprobó como Pía Unión nuestro Oasis de Jesús Sacerdote (Argentona-Barcelona). Un día me aconsejó que consagrara el Oasis a San José. "Verás -me decía-cómo nunca os faltará nada". Así lo hice y después de tantos años lo he comprobado siempre.
Pues bien, fue el Rvdo. Bachs quien contaba un hecho insólito de la persecución religiosa en España, que ocurrió en el pueblo de Calanda (Teruel) en agosto de 1936. Así lo contaba él:
Este suceso singular e insólito me lo contó el camarero de un restaurante que existe a la entrada de la villa de Calanda (Teruel). Era en julio o agosto de 1936, cuando paró a la puerta del establecimiento un camión del que bajaron unos milicianos armados para tomar unas copas. Quedó el camión parado a la puerta del bar y, al cesar el ruido del motor, se oyeron unos cánticos religiosos a Dios, a la Virgen y a los Santos.
Había también allí, refrescándose la garganta, otro chófer que igualmente tenía estacionado su camión ante el establecimiento. Al oír aquellas voces piadosas y concordes, nuestro camionero preguntó a los milicianos qué clase de carga llevaban. Muy tranquilos respondieron que llevaban atados a muchos religiosos para fusilarlos. Sorprendiéndose, el buen camionero salió a la calle y, saltando a la caja del camión, comenzó a hablar con los futuros mártires. ¡Y no bajaba!
Salieron del bar los milicianos y se encararon con él: "Ya los has visto. ¿Es que quieres seguir tú también su suerte?" Y el camionero, sin apearse, contestó: "En efecto. Me quedo. Poséis fusilarme con ellos... Yo quiero morir también mártir. Me convencen la paz, la alegría, el amor que rezuman por sus ojos y por sus labios. Me parece que con ello hago lo mejor. ¡Bendita sea la Virgen del Pilar! Ella me ayudará, ya que yo no merezco, ni mucho menos, morir mártir."
Uno de los religiosos le dio las cuentas del Santo Rosario y comenzó a recitarlo fervorosamente con ellos. Y... arrancó el camión. Y fue este camionero un héroe de Cristo, impensado, del que nadie ha sabido jamás su nombre, apellidos ni domicilio. ¡Un camionero de Dios! Como tantos que cruzan nuestras carreteras, día y noche, conservando en su corazón la fe y el amor a Dios y a su Santa Iglesia.
Me emocionó el relato y prometí contarlo, porque creo que es un santo del Cielo, a quien probablemente nadie invoque y nosotros podemos hacerlo con la seguridad de ser escuchados por su mediación. Yo lo hago ya... ¡con éxito!
Es admirable lo que puede hacer Dios en un alma cuando ha sido tocada por el dardo del amor divino... Su alma se iluminó y su corazón se encendió en amor a Dios. Dejó su familia, su trabajo, sus amigos, sus ilusiones, su porvenir y su vida para morir por Cristo. ¡Qué premio tan grande habrá recibido en el Cielo!
¡Mártir desconocido,
ruega por nosotros!
Rvdo. Muñoz Iranzo,
Oasis de Jesús Sacerdote
(Argentona-Barcelona)