DIVINA MISERICORDIA


Todos los viernes a las 9:30 h.
Exposición del Santísimo y rezo de la Coronilla.



A la Divina Misericordia

Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo, y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo Consolador; te confiamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros pecadores, sana nuestra debilidad, vence todo mal, haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Eterno Padre, por la dolorosa pasión y la resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.




Santa Faustina Kowalska
Apóstol de la Divina Misericordia

"Cuánto deseo la salvación de las almas. Mi queridísima secretaria: escribe que deseo derramar mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal que quieran acoger mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en mi Misericordia. Mis entrañas están colmadas de Misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de mi Misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria mía, que el director de las almas soy Yo Mismo directamente, mientras indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo".
(Del diario de Sor Faustina Kowalska, 1784).
El 30 de abril del año 2000, al canonizar a la beata Sor María Faustina Kowalska, el Papa Juan Pablo II concluyó un proceso que él mismo había iniciado en 1965, siendo Arzobispo de Cracovia. Fue a él a quien, en 1967, ya como Cardenal, le correspondió concluir el proceso informativo diocesano, y a quien, en 1993, ya como Papa Juan Pablo II, le correspondió beatificarla.

En una peregrinación realizada por el Papa a la tumba de Sor Faustina en 1997, refiriéndose a la propia conexión con la misión de Sor Faustina, el Papa declaró: "El mensaje de la Divina Misericordia siempre ha estado muy cercano y es muy estimado por mí..., y en cierto sentido ha forjado la imagen de este Pontificado".

Sor Faustina, primera santa del nuevo milenio, nació en Polonia en 1905, en una pobre y numerosa familia campesina, en la cual se le inculcó fuertemente, en particular a través de su padre, el amor a Dios. Con tan sólo un año y medio de estudios escolares, y habiendo trabajado en el servicio doméstico, ingresó en 1925, por inspiración divina, en el Convento de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde combinó sus deberes religiosos con las tareas de cocinera, jardinera y portera de esa Comunidad.

A esta sencilla monja, dotada de una profunda vida interior, la escogió el Señor Jesús como "Secretaria" y "Apóstol" de su Divina Misericordia, "en preparación de su segunda venida". A través de ella quiso Jesús recordar al mundo la eterna verdad del amor misericordioso de Dios al hombre, transmitiendo nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia e inspirando un movimiento de renovación de la vida religiosa en el espíritu de confianza y Misericordia.

Jesús dijo a Sor Faustina: "Deseo que mi Misericordia sea venerada; le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en mi Misericordia" (Diario, 998). (...) Es una señal de los últimos tiempos; después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo; que recurran, pues, a la Fuente de mi Misericordia y que se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos". (Diario, 848).

La vida espiritual de Sor Faustina se basó en la humildad profunda, la pureza de intención y la obediencia amorosa a la voluntad de Dios, a imitación de las virtudes de la Virgen María. Escribió y sufrió en secreto. Solamente su director espiritual y algunas de sus superioras fueron conscientes de que algo especial pasaba en su vida. Después de su fallecimiento por tuberculosis múltiple, a los 33 años de edad, hasta sus compañeras más cercanas se quedaron asombradas al descubrir las profundas experiencias místicas y los grandes sufrimientos que le habían sido dados a esta hermana, siempre tan alegre y humilde.

Sor Faustina escribió en su diario dirigiéndose a Jesús: "Mi mayor deseo es que las almas te conozcan, que sepan que eres su eterna felicidad, que crean en tu bondad y alaben tu infinita Misericordia". En un comentario profético, Sor Faustina escribió en su diario: "Siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que apenas empezará. Oh, almas que duda, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios".