NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA
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La novena a la Divina Misericordia comenzará el 2º Domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia, a las 7:30 de la tarde, después del rezo del Santo Rosario, en el templo de San Valero.
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NOVENA
Por la señal de la Santa Cruz...
Oración para todos los días
Corazón Misericordioso de Jesús, en recuerdo de tu Pasión y Muerte, y pensando en el desamparo de tu agonía, me uno a Ti y te ofrezco mi vida pidiéndote el perdón de mis pecados y los del mundo entero. Expiraste, Jesús, pero un manantial de Vida brotó para las almas y un mar de Misericordia se abrió para el mundo entero. ¡Fuente de Vida, insondable Misericordia Divina! Abarca el mundo entero y derrámate sobre nosotros. Amén.
Día primero
Por los pecadores de todo el mundo.
- Misericordiosísimo Jesús, que te compadeces de nosotros y nos perdonas, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita. Acógenos en la morada de tu Corazón y no permitas que salgamos jamás de él. Te lo pedimos por el amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.
- Padre Eterno, vuelve tu mirada compasiva hacia toda la Humanidad y, en especial, hacia los pecadores, todos unidos en el piadosísimo Corazón de Jesús. Por los méritos de su Pasión, muéstranos tu Misericordia para que alabemos su omnipotencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Jaculatoria
Manantial de sangre y agua, que brotaste del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confiamos.
Oración final de Juan Pablo II
Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo, y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo Consolador; te confiamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros pecadores, sana nuestra debilidad, vence todo mal, haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu Misericordia, para que en Ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Eterno Padre, por la dolorosa pasión y la resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.
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Día segundo
Por los sacerdotes y religiosos.
- Misericordiosísimo Jesús, de quien procede toda bondad, multiplica tus gracias sobre las almas consagradas a tu servicio, para que puedan hacer obras dignas de misericordia; y que todos aquellos que las vean, glorifiquen al Padre de Misericordia que está en el cielo.
- Padre Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa hacia el grupo elegido de tu viña, las almas de sacerdotes y religiosos; dótalas con la fortaleza de tus bendiciones y, por el amor del Corazón de tu Hijo, al que están unidas, concédeles el poder de tu Luz para que guíen a otros por el camino de la salvación, y a una sola voz canten alabanzas a tu Misericordia por los siglos de los siglos. Amén.
Día tercero
Por las almas devotas y fieles.
- Misericordiosísimo Jesús, que del tesoro de tu Misericordia distribuyes tus gracias a raudales entre todos y cada uno de nosotros. Acógenos en tu compasivo Corazón y no permitas que salgamos nunca de él. Te imploramos esta gracia en virtud del más excelso amor: aquél con el que tu Corazón arde fervorosamente por el Padre Celestial.
- Padre Eterno, vuelve tu piadosa mirada hacia las almas fieles, que guardan el legado de tu Hijo. Por los méritos y dolores de su Pasión, concédeles tu bendición y tenlas siempre bajo tu tutela. Que nunca claudique su amor ni pierdan el tesoro de la fe, sino que, con todos los Ángeles y Santos, glorifiquen tu infinita Misericordia por los siglos de los siglos. Amén.
Día cuarto
Por los que no creen en Jesús o no le conocen.
- Piadosísimo Jesús, Tú que eres la Luz del mundo, recibe en la morada de tu Corazón compasivo a aquellos que todavía no creen en Ti o que no te conocen. Que los rayos de tu Gracia les iluminen para que, unidos a todos los fieles, ensalcen tu maravillosa Misericordia; y no les dejes salir de la morada de tu Corazón desbordante de piedad.
- Padre Eterno, vuelve tu mirada compasiva hacia las almas de aquellos que todavía no te conocen, pero que están siempre presentes en el Corazón de Jesús. Atráelas a la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de tu Misericordia por los siglos de los siglos. Amén.
Día quinto
Por las almas de nuestros hermanos separados.
- Misericordiosísimo Jesús, que eres la Bondad misma y no niegas la luz a aquellos que te buscan. Recibe en el seno de tu Corazón, desbordante de piedad, a nuestros hermanos separados. Encamínalos, con la ayuda de tu Luz, hacia la unidad de la Iglesia, y no les dejes marchar de la morada de tu Corazón, que es todo Amor. Haz que también ellos glorifiquen la generosidad de tu Misericordia.
- Padre Eterno, vuelve tu piadosa mirada hacia las almas de nuestros hermanos separados, especialmente hacia aquellas que han malgastado tus bendiciones y abusado de tus gracias, manteniéndose lejos de Ti. También ellas están acogidas en el Corazón misericordioso de Jesús. No mires sus pecados, sino el amor de tu Hijo y los dolores que sufrió por ellas durante su Pasión. Haz que puedan glorificar tu gran Misericordia por los siglos de los siglos. Amén.
Día sexto
Por las almas mansas y humildes, y las de los niños pequeños.
- Misericordiosísimo Jesús, que dijiste: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón”: acoge en tu seno desbordante de piedad a todas las almas mansas y humildes, y a las de los niños pequeños. Son la delicia del cielo y las preferidas de tu Padre, que se recrea en ellas. Tienen su morada, Jesús, en tu piadosísimo Corazón.
- Padre Eterno, vuelve tu mirada llena de Misericordia hacia estas almas mansas y humildes y de los niños pequeños, acurrucadas en el seno del Corazón de Jesús. Son las más semejantes a tu Hijo y su fragancia asciende desde la tierra hasta tu Trono. Te suplicamos, por el amor que te inspiran y el gozo que te proporcionan, que bendigas a toda la Humanidad, para que con una sola voz entone alabanzas a tu Misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
Día séptimo
Por las almas que especialmente veneran y glorifican mi Misericordia.
- Misericordiosísimo Jesús, cuyo Corazón es el Amor mismo: recibe en tu piadosísimo Corazón a aquellas almas que de una manera especial alaban y honran la grandeza de tu Misericordia. Dótalas con el poder de Dios y haz que, en medio de las dificultades y aflicciones, sigan adelante confiadas en tu Misericordia. Que unidas a Ti, carguen sobre sus hombros el peso de toda la Humanidad. Así no serán juzgadas con severidad, sino que tu Misericordia las protegerá especialmente cuando llegue la hora de la muerte.
- Padre Eterno, vuelve tu mirada hacia las almas que alaban y honran tu infinita Misericordia y que moran protegidas en el Corazón de Jesús. Estas almas viven el Evangelio, sus manos están rebosantes de obras de misericordia y su corazón te entona cánticos de alabanza, Altísimo Señor, exaltando tu Misericordia. Haz que se cumpla en ellas la promesa de Jesús: “A las almas que veneren mi infinita Misericordia las protegeré durante toda su vida como a mi propia Gloria, y muy especialmente en la hora de la muerte.”
Día octavo
Por las almas que están detenidas en el Purgatorio.
- Misericordiosísimo Jesús: introduzco ahora en el seno de tu Corazón desbordante de Misericordia a las almas del Purgatorio, almas que tanto aprecias, pero que todavía han de pagar la pena de sus pecados. Que el manantial de Sangre y Agua que brotó de tu Corazón apague las llamas purificadoras para que, también allí, sea glorificada tu Misericordia.
- Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que padecen el Purgatorio y que Jesús acoge en su Corazón, desbordante de piedad. Te suplico, por la dolorosa Pasión de tu Hijo y por la amargura que anegó su Sacratísima Alma, que te muestres misericordioso con las almas que se purifican a la espera de gozar de tu visión. Míralas a través de las Sacratísima Llagas de tu Hijo muy amado, pues creemos firmemente que tu Bondad y Compasión son infinitas. Amén.
Día noveno
Por las almas tibias e indiferentes.
- Misericordiosísimo Jesús, que eres la Piedad misma. Atraigo a tu compasivo Corazón a las almas enfermas de tibieza. Que estas almas heladas, parecidas a cadáveres, y que te llenan de repugnancia, se calienten con el fuego de tu puro Amor. Jesús, todo compasión: ejerce la omnipotencia de tu Misericordia y atráelas a Ti, que eres llama de Amor viva. Haz que ardan con santo fervor, porque Tú lo puedes todo.
- Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas tibias que, a pesar de todo, Jesús cobija en el seno de su Corazón lleno de piedad. Te ruego, Padre de Misericordia, por los sufrimientos que tu Hijo padeció, y por sus tres largas horas de agonía en la Cruz, que ellas también glorifiquen el mar sin fondo de tu Misericordia. Amén.