TIEMPO PASCUAL 2008
Horarios y actividades
|
El centro del tiempo litúrgico es el domingo, fundamento y núcleo de todo el año litúrgico, que tiene su culminación en la Pascua anual, fiesta de las fiestas.
Catecismo de la Iglesia Católica Compendio, n. 241
|
|
PASCUA
|
MISAS DIARIAS
Lunes a viernes: 7:15, 9, 12, 19 y 20 horas.
Sábados: 7:15, 9, 19 y 20 horas.
Domingos y Festivos: 9, 11, 12, 13 y 20 horas.
EUCARISTÍA CON LAUDES
Los miércoles a las 9 horas.
ROSARIO ANTE LA EUCARISTÍA
Los miércoles a las 19,30 horas.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA
Los jueves a las 9,30 horas.
EUCARISTÍA CON VÍSPERAS
Los jueves a las 19 horas.
CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
Los viernes a las 9,30 horas.
VIA LUCIS
14 Estaciones por el camino de la Pascua.
Los viernes al finalizar la Misa de las 19 horas.
CONFERENCIAS PASCUALES
Miércoles 16, jueves 17 y viernes 18 de abril, a las 19,30 horas.
Dirigidas por D. Faustino Esono Nguema.
|
|
Regina Coeli
V/. Reina del cielo, alégrate, aleluya.
R/. porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya,
V/. ha resucitado, según su palabra, aleluya.
R/. Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
V/. Alégrate y goza, Virgen María, aleluya,
R/. porque ha resucitado el Señor, aleluya.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
|
|
PREGÓN PASCUAL
|
Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque él ha pagado por nosotros al Eterno Padre la deuda de Adán, y derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.
|
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangra consagra las puertas de los fieles. Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tienieblas del pecado. Ésta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! ¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Ésta es la noche de la que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo». Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos. En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! Te rogamos, Señor, que este cirio consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos. Amén.
|
|
|
|